29 jul. 2010

Cataluña prohíbe la corrida de toros

Hace unos años, en el transcurso de una cena de celebración del cumpleaños de un buen amigo mío, y a raíz de una conversación que versaba sobre las lenguas peninsulares y su dispar implantación y cuidado en diferentes partes del territorio del estado español, un par de sabelotodos (uno de ellos profesor en una prestigiosa universidad australiana, aunque no necesariamente prestigioso, más bien todo lo contrario) se miraron entre sí con una sonrisita de sarcástica complicidad cuando comenté — de una forma que debiera haber resultado enigmática para ellos, desconocedores de la realidad del estado español, pero la cual no consiguió otra cosa que la típica sonrisita sardónica de quien se escuda en su privilegiada poltrona de dominio administrativo para sentar cátedra — que España es Cataluña, mas la inversión del silogismo terminaba ahí: Cataluña no es España.

La ignorancia, petulancia y engreimiento del antedicho mediocre calculador de horas y dineros, aunque hábilmente escurridizo a la hora de tener que hacer cualquier trabajo que suponga un esfuerzo real, han quedado ahora, unos tres años después, patentemente demostradas. Y es que el tiempo es el único y verdadero juez, que pone a cada cual en su sitio. El Parlament de Catalunya ha aprobado la prohibición del mal llamado ‘arte’ taurino en una clara votación de los representantes elegidos por los catalanes. La decisión, que refrenda el sentimiento de la mayoría de la población catalana, se ha producido apenas dos semanas después de la polémica sentencia del Tribunal Constitucional español.

Que Cataluña quiere distanciarse en su ámbito cultural y social de la barbarie que caracteriza la lamentablemente llamada fiesta nacional debe leerse como algo muy positivo para los catalanes y para el resto de Europa. Es el reflejo de una realidad inequívoca: Cataluña (la mayoría de los catalanes) no se identifica (ni quiere que se la identifique) con las expresiones, signos y símbolos reaccionarios, casposos y atávicos de la España profunda, tenebrosa y lóbrega que se vanagloria de tener la absurda crueldad de torturar a un noble animal como divisa. ¿Matan al animal para que un público sediento de sangre pueda luego emitir un juicio ‘estético’? "¡Que le den la oreja!", dicen. Que les den educación, digo yo.

Con el tiempo es probable que haya más gestos de distanciamiento, incluso más serios e impactantes. Puede que éste sea solamente el primero de muchos. Lástima que en el País Valencià no haya ninguna intención oficial ni popular de tomar pasos para erradicar las brutales e inhumanas prácticas lúdicas que aderezan sus pueblos en las fiestas de verano.

2 comentarios:

  1. Muy interesante el comentario. El año pasado caminé el camino de Santiago por el País Vasco, Asturias y Galicia (así creo, aunque mi geografía española no es muy buena, y siempre me asusté el fuerte sentimiento regional de la gente. Igual cuando viajé con mi familia al norte de Barcelona a un pueblo (creo que se llamaba Pucierda, o algo parecido - hace muchos años ahora). Asistimos el campeonato mundial de hockey sobre hielos para menores de 18 años, porque mi hermano menor era parte del equipo nacional de Australia. Me acuerdo que los locales se sentían con los Australianos, y nos decían que esperaban que ganara nuestro equipo, incluso cuando fuimos contra España. Confundidos, les preguntamos la razón. La respuesta? Que eran de Cataluña y no de España.

    Felicito a los Catalanes por tomar el primer paso que de tomar España entera para poner fin a esta práctica.

    (confeso como estudiante de una tal prestigiosa universidad australiana que también me da una curiosidad patética de saber quién es el profe!)

    [Disculpo cualquier fallo de expresión y espero correcciones si el tiempo le da. Muchas gracias por compartir sus sentimientos con nosotros]

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  2. Tu observación está llena de perspicacia. El pueblo debía ser Puigcerdà, donde hay gran afición al hockey sobre hielo. Imagino que quieres decir que se sentaban con vosotros (no se sentían).
    Comprendo la curiosidad que tienes por saber el nombre del chupatizas; ya sabes que se dice el pecado, pero no el pecador.
    En todo caso, en España sólo la derecha rancia, casposa y reaccionaria ha intentado convertir este tema en político; como si la prohibición de la corrida en Cataluña pudiera romper la "sagrada" unidad del estado español. ¡Demasiada importancia le dan al tema! Deben de tenerles mucho miedo, digo yo.
    Recordemos que corridas de toros las hay también en Colombia y México, por ejemplo, y en el sur de Francia, y en Portugal (donde tienen otro formato y otro estilo, mucho menos sangriento). El verdadero progreso sería la eliminación voluntaria de todo "festejo" que implique la más mínima forma de tortura para un animal. Eso sí sería progreso humano.
    Y sin embargo, insisto en que para muchos catalanes, éste es un paso de distanciamiento, y creo que le seguirán muchos más, y de mayor enjundia.

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