29 ene. 2011

Reseña: La noche de los tiempos, de Antonio Muñoz Molina


Antonio Muñoz Molina, La noche de los tiempos (Barcelona: Seix Barral, 2009). 958 páginas.

En medio de la sanguinaria y demente convulsión que tiene lugar tras el levantamiento del ejército contra la II República, el arquitecto madrileño Ignacio Abel busca desesperadamente y sin éxito a la joven americana Judith Biely, su amante, por las calles de Madrid. Meses más tarde Abel se hallará en un pequeño pueblo del estado de Nueva York, Rhineberg, donde se encuentra el Burton College, adonde ha acudido invitado para impartir clases y para completar el proyecto de construcción de una gran biblioteca.

Abel ha salido de España solo; ha dejado atrás a su familia (Adela, su esposa, y Lita y Miguel, sus hijos). ¿Se ha exiliado por motivos políticos o ha huido de una vida que no le producía satisfacción alguna? En el inicio de la novela Muñoz Molina nos presenta a Abel a punto de iniciar el corto viaje en tren que le ha de llevar a Rhineberg. Durante el viaje el arquitecto va a ir rememorando la historia del amor secreto con Judith en un contexto de desquiciamiento, en el que son muy palpables la extremada crispación social y el caos que precedieron al comienzo de la guerra civil.

Tras la lectura de sus 958 páginas, La noche de los tiempos resulta un fresco admirable y plenamente convincente, en el que vemos transitar tanto a personajes ficticios como históricos (como el presidente Azaña, el doctor Juan Negrín, Rafael Alberti, Moreno Villa, José Bergamín); Muñoz Molina no ha descuidado detalle alguno. La novela progresa en un vaivén temporal, volviendo al pasado desde el presente que es el viaje en tren por tierras norteamericanas de Ignacio Abel, quien rememora su vida en los meses anteriores al desencadenamiento de la guerra civil y el sangriento desastre consiguiente.

El minucioso retrato que hace Muñoz Molina del personaje ficticio que es Ignacio Abel no lo presenta como un hombre de origen humilde, un idealista que quisiera hacer real todo el potencial de sus ideas, y quien sin embargo tiene también sus imperfecciones: las indecisiones, los silencios, la ceguera y el sonambulismo rigen su vida en medio de la catástrofe que se cierne sobre la ciudadanía. Muñoz Molina contrapone pasiones constructivas y destructivas: la pasión del amor (Ignacio Abel y Judith Biely) y el fanatismo violento, ciego e intransigente que convierte a Madrid en un pavoroso campo de batalla en el que la vida de los inocentes y los indefensos no vale nada.

En La noche de los tiempos el autor ha plasmado también algunos personajes extraordinarios: la familia de Adela, la mujer de Abel, es un estrafalario muestrario de la España católica, arcaica y anquilosada que defendió la ilegalidad de la sublevación de los militares; o, por ejemplo, un profesor judío exiliado de Alemania, Rossman, el apátrida que encarna los estragos que causaron tanto el nazismo como el estalinismo en Europa; o el extraño filántropo americano Van Doren; o el propio Eutimio, el leal capataz de las obras que dirige Ignacio Abel, a quien en un momento decisivo le salvará la vida.

Pero son sin duda Ignacio Abel y Judith Biely los personajes cuya historia construye el armazón de esta sólida narración. Veamos en un par de pasajes la descripción que hace Muñoz Molina de algunos de sus rasgos más característicos. En el primero se nos ofrece la perspectiva que Ignacio Abel tiene del futuro.

“El porvenir no era una bruma de desconocimiento o una proyección de deseos insensatos, no el vaticinio embustero de las cartas o de las líneas de la mano, la profecía siniestra de los predicadores del fin del mundo o del paraíso sobre la tierra. El porvenir estaba previsto en las líneas azules de los planos y en las maquetas que él mismo había ayudado a construir, con su amor por las cosas que pueden hacerse con las manos, dibujar con tiralíneas y luego recortar con unas tijeras escuchando el sonido del acero afilado que hiende la cartulina. La emoción estética suprema era un golpe visual instantáneo. Ver algo completo y de repente con una sola mirada, comprender con los ojos, adivinar una forma con el tacto. Ignacio Abel amaba los bloques de madera de los juegos de construcción de sus hijos, la tipografía de los libros de Juan Ramón Jiménez, la poesía de los ángulos rectos de Le Corbusier.” (p. 260-1)

“The future was neither blurry ignorance nor the projection of senseless wishes. It was not the mendacity of tarot cards or the sinister prophecy of preachers of doom or of heaven on earth. The future was laid out in the blue lines of the plans and models he himself had helped to build, with his love for the things that can be done using your own hands, drawing them with a ruling pen and then trimming them with scissors whilst listening to the sound of the sharpened steel cutting through the cardboard. A quick glance became the ultimate aesthetic feeling: suddenly seeing something complete in just one look, understanding it through your own eyes, guessing its shape with your hands. Ignacio Abel loved the wooden blocks of his children’s toys, the typography in Juan Ramon Jimenez’s books, the poetry in Le Corbusier’s right angles.”

En el segundo pasaje seleccionado, Muñoz Molina describe a Judith Biely:

“Pero era una mujer práctica aunque amara tanto las películas y las novelas, aunque tan voluntariosamente se dejara seducir por su engaño. Habría un despertar igual que habría un regreso, pero por ahora, deliberadamente, mantenía el porvenir en suspenso. Una película no dura siempre, una canción se acaba en unos pocos minutos, una novela llega a la última página y uno levanta los ojos y los tiene húmedos de lágrimas, y una congoja del todo real que le oprime la garganta. Qué raro que tardara tanto en rebelarse contra la aceptación del previsible final, que le bastara una vida tan limitada y en suspenso como las dos horas que se pasan en la oscuridad del cine. Saber que una novela sucede en otras dimensiones no priva a nadie del deleite de sumergirse en ella. Tal vez porque Madrid había sido durante tantos años una ciudad de la literatura a Judith Biely le costaba muy poco concederse la indulgencia de vivir temporalmente en el interior de algo que se parecía a una novela. No habría un precio que pagar, un daño del que arrepentirse, una desgarradura de dolorosa y larga curación. En las novelas los personajes descubren la amargura y son engañados y lo pierden todo y mueren y sin embargo se cierra el libro y es como si nunca hubieran existido y se vuelve a abrir por la primera página y están vivos de nuevo, intactos en su juventud y en su disposición de felicidad y coraje. Porque en las cartas copiosas que seguía escribiendo a su madre no había ninguna referencia a su vida secreta era como si ésta no existiera del todo, o no pudiera tener consecuencias.” (p. 295)

“But she was a practical woman, although she loved films and novels, although she willingly let herself be seduced by their deceit. There would be an awakening, just as there would be a return, yet for the time being she deliberately kept her future suspended. A film won’t last forever; a song will finish after a few minutes; you reach the last page of a novel and you look up and your eyes are filling with tears, and you feel your throat wracked with absolutely real anguish. Wasn’t it strange it was taking her so long to rise up against the predictable ending, that such a limited, suspended life was enough for her, like the two hours you spend in the darkness of a cinema? The knowledge that a novel occurs in other dimensions does not stop anyone from the pleasure of getting into it. Perhaps because Madrid had been a city of literature for so many years, it was easy for Judith Biely to indulge herself in temporarily living within something that resembled a novel. There was no price to pay, no damage to regret, and no painful rip that would take very long to heal. The characters in a novel find bitterness and are deceived, they lose everything and they die; however, you close the book and it is as if they had never existed, and then you reopen the book on the first page and they are alive again, undamaged in their young age and in their happy and courageous stance. As there was no reference to her secret life in the numerous letters she kept writing to her mother, it was as if it did not really exist, or as if it could not have any consequences.”

La relación entre Ignacio y Judith no termina debido al estallido de la guerra civil y el caos que sobreviene; es Judith la que escapa de Madrid en primer lugar, pero no lo hace huyendo de los horrores y de los crímenes, sino de sí misma. Mientras, Ignacio Abel queda en Madrid, cada vez más apartado de su vida de burgués, sin posibilidad de reencontrarse con su familia, un náufrago.

La noche de los tiempos es en muchas de sus páginas un fascinante grabado de una época que dejó en España cicatrices históricas no del todo cerradas. Muñoz Molina imprime una perspectiva narrativa minuciosa y detallista, en tanto que la voz del narrador omnisciente, que se nos presenta como alguien ecuánime, toma en ocasiones la posición de Ignacio Abel, sin que por ello cambie en absoluto el punto de vista narrativo. Sin llegar a tener la exquisitez de El jinete polaco, La noche de los tiempos no defrauda al lector exigente.

26 ene. 2011

Una foto y un poema - A photograph and a poem



Lalomanu Beach, October 2010



Our pain and our hearts have brought us back here,
to this idyllic beach, a superb place.
There’s a hint of chaos, some deathly trace:
countless shards of green broken glass appear


everywhere. Behind the road some remains
display the marks of the lethal sea-beast;
childhoods were stolen; lives suddenly ceased.
Sadly bent palm-trees heave a sigh of pain.


But further west, half-buried in the sand,
a strange white apparition has emerged.
Its presence many will not understand.


A year ago the machine was submerged:
a white-toothed monster rushed towards the land.
Lalomanu’s been since a mournful dirge.

 
Recordando a todas las personas que murieron el 29 de septiembre de 2009 en la playa de Lalomanu, y muy especialmente a Clea Salavert (6) y Alfie Cunliffe (2).


In memory of all those who perished on Lalomanu Beach on 29 September 2009, particularly Clea Salavert (6) and Alfie Cunliffe (2).

(c) Jorge Salavert, 2010.

23 ene. 2011

Singapur: Dos caras de una misma moneda

Arquitectura futurista al servicio del consumismo

Por circunstancias ajenas a mi voluntad me vi en la situación de tener que pasar diez días en la isla de Singapur, puesto que los gobiernos de Singapur y Malasia no permiten la entrada en sus territorios a viajeros cuyos pasaportes tienen menos de seis meses de validez. ¡De nada sirve que te expidan un pasaporte válido por equis años si los gobiernos no van a reconocer el periodo completo de validez del documento!


Es Singapur un país pintoresco por muy diversas razones. Su carácter multicultural y plurirreligioso ha permitido que exista en el seno de su población un alto grado de tolerancia y de respeto entre razas y hacia los creyentes de todas las religiones que se practican en la isla. Y sin embargo, todavía es posible encontrar curiosos casos de patente discriminación religiosa en anuncios, algo que en otras partes del mundo constituiría una flagrante violación de la legislación en materia de discriminación. En pleno centro de la ciudad un negocio ofrecía empleo a “Young Christian Ladies” que dominasen el idioma chino (sin especificar variedad) además del inglés.

El paraíso del consumista


El centro neurálgico de la ciudad de Singapur es una sucesión de opulentos rascacielos que albergan oficinas, tiendas y hoteles. En la zona de Orchard Road se aglutinan tiendas de todas las marcas de productos de lujo del mundo; por si dicha zona no era suficiente, Singapur ha seguido expandiéndose, ganándole terreno al mar y edificando rascacielos donde antes no había nada o simplemente marismas.




Las tres altísimas torres de Marina Bay Sands (en la foto anterior), unidas en la parte superior por algo que podría ser una especie de nave espacial, contienen una lujosa piscina, jardines, restaurantes y cafeterías además de una plataforma de observación, y albergan asimismo un muy exclusivo hotel de lujo, un casino, un centro de conferencias, innumerables restaurantes de la más alta cocina y para presupuestos muy elevados. En la planta baja del complejo puede recorrerse en góndolas de estilo veneciano un estrecho canal artificial. Por S$20 (unos AUD$16) por persona se puede acceder a la zona pública de la plataforma superior de Marina Bay Sands. Un almuerzo en uno de los restaurantes de la nueva gran atracción de Singapur viene a costar cuatro o cinco veces lo que se puede pagar por un almuerzo en cualquier otra parte de la ciudad.


La población de Singapur se deleita especialmente con dos cosas. La primera es la comida. Los restaurantes populares (como el de la zona de Bugis, en la foto) atraen a la gente a todas horas del día y de la noche, y ofrecen sabrosísimas comidas por muy poco dinero.



Pendientes de la telenovela a la hora de la cena

La segunda es el consumismo, el ir de compras. La consigna parece ser que las compras constantes dan sentido a la vida. El eslogan de una bebida de té (captado en una foto en la estación de metro de Dhoby Gaut) sintetiza una filosofía vital (perdón por el eufemismo) que me resulta totalmente vacua y falsa. Si fuera tan fácil olvidar lo malo como beberse una lata de refresco… Entre los eventos destacados para 2011 por el calendario oficial de la Oficina de Turismo de Singapur figuran unas rebajas especiales del 50% para marzo o abril.


Recuerda lo bueno y olvida lo malo, y te sentirás mejor... ¡Si fuera así de sencillo!

Las culturas asiáticas

Cada grupo étnico y religioso celebra sus fiestas en las fechas correspondientes. La comunidad china celebra por estas fechas el Año Nuevo Lunar. Este será el año del Conejo. En el mercado de Bugis se instaló un gran horóscopo público presidido por una gran figura.


Preparativos para el Año Nuevo Lunar


El 20 de enero los hindúes estaban celebrando el desfile de una festividad conocida como Thaipusam por las calles de Little India. Las agujas que se aprecian en la foto estaban insertadas en la piel, por cierto.



Un detalle del desfile que forma parte del festival hindú conocido como Thaipusam. 
Serangoon Road, 20 de enero de 2011

La única muestra de rebeldía percibida durante esta 'larga' estancia en Singapur vino en forma de jóvenes que pasan su tiempo intentando equilibrios y piruetas inverosímiles con sus monopatines en Youth Park, muy cerca de Orchard Road; muchos de ellos han adoptado una estética foránea y no parecen participar del gran ritual colectivo del consumo que parece ser la mayor actividad de los otros habitantes de la isla.

14 ene. 2011

Una breve visita a España

Una imagen que ya es historia

Una breve visita – de apenas unas tres semanas – a España me lleva a dejar constancia escrita de unas cuantas observaciones acerca de ciertos comportamientos y actitudes de los españoles en general. La reciente entrada en vigor de la ley que prohíbe fumar en recintos cerrados como bares y restaurantes, en parques de uso infantil y a las puertas de los hospitales, entre otros sitios que lógicamente debieran escapar a los malos humos, ha dado pie a una enorme polémica, con un político conservador comparando lo que es una medida de protección de la salud pública a la persecución de los judíos durante el terror nazi en la Alemania de Hitler. Tal necedad no merece ni siquiera la consideración de un comentario. Las reacciones de índole cavernaria a lo que supone, después de todo, equiparar de forma legal la legislación española con la del resto de Europa, son en cierto modo la guindilla a lo que podríamos definir como la quintaesencia hispana del desprecio al prójimo y la usurpación del espacio público.


En su columna de El País Semanal del domingo pasado (9 de enero de 2011), la escritora Rosa Montero hablaba de una “diferencia abismal entre el prurito de limpieza doméstica y el bárbaro descuido de los espacios exteriores”, y subrayaba: “a veces hasta me asalta la inquietante sospecha que no es que no les moleste la suciedad; no es que, en su ignorancia de marmolillos, no sean capaces de verla, sino que en realidad lo hacen aposta y con inquina; que agreden y ensucian y maltratan el espacio público porque lo que es de los demás es zona hostil. Porque sólo nos cabe la horda en la cabeza, nuestro grupo, nuestra pandilla, nuestra tribu, y todo lo que no sea eso es el enemigo. Es decir, el Estado, el bien común, la colectividad, la sociedad civil: todos son adversarios a los que hay que combatir y llenar de basuras para que se jeringuen”.
 
The Valencian image branding? Caca de gos! 


La foto que aparece arriba fue tomada en una calle de Valencia durante las recientes fiestas de Navidad. Es una imagen que lamentablemente se repetía una y otra vez en las calles de la ciudad del Turia, día tras día, calles por las que no transitan los turistas, naturalmente. Es una imagen ciertamente asquerosa y repulsiva, y que, en mi opinión, refleja mucho mejor ese maltrato del espacio público que caracteriza el comportamiento de muchos españoles al que se refería Rosa Montero, preocupada por el abandono de basuras en las calles. Y resultó un tanto curioso constatar que en otras grandes ciudades del territorio del estado español ese tipo de abuso y maltrato del espacio público apenas se produce; mientras sí sucedía en algunas calles de la capital del estado, Madrid, en otras, en concreto en Barcelona, no era necesario ir mirando al suelo de seguido para no ensuciarse los zapatos.

 
Otro comportamiento muy habitual en España entraña el ejercicio de un poder despótico por el simple hecho de llevar un uniforme, o quizás por el mero placer de fastidiar al prójimo. El turista puede acercarse a un guardia de seguridad, por ejemplo, a preguntar por la ubicación de una puerta de acceso; el guardia sabe perfectamente donde queda dicha puerta, pero en el 99% de las ocasiones le dirá al turista en un tono entre soez y chulesco que no es ése su trabajo, y que se dirija a otro con su pregunta. ¿Por qué no les es posible tratar a sus congéneres con un pizca de amabilidad, olvidando por un momento que esa persona que les pide ayuda o información no tiene culpa alguna de sus problemas, sean los que sean? ¿Acaso no pueden vivir sin mezquindad? Pareciera que no.

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