29 jun. 2012

Reseña: On Chesil Beach, de Ian McEwan



Ian McEwan, On Chesil Beach (Londres: Vintage Books, 2008). 166 páginas.

Nací en la mitad de la década de los 60, y crecí en una época en la que en la caduca España franquista se comenzaban a atisbar tímidamente extrañas ideas, que venían desde más allá de los Pirineos. Como con cuentagotas, Europa y la libertad que ésta significaba iban entrando con algo de disimulo en el estado español y en las conciencias de los súbditos del régimen fascista, sencillamente a través del turismo. Esencialmente, en lo que a mí me atañía y afectaba (la educación escolar), sufrí y aun sobreviví al catolicismo rancio y represor que, por increíble que parezca, apenas ha cambiado desde entonces sus preceptos y consignas, reaccionariamente aferrado a sus infalibles (¡qué risa me da esa palabra!) dogmas.

Sería no obstante fácil obviar que prácticamente hasta esa década, la represión sexual había sido algo generalizado en todo el mundo occidental. Esta novela de McEwan, de ejecución magistral, como suele ser habitual en el autor inglés, se inicia en 1962 en la cena que comparten una pareja de recién casados en su luna de miel en la costa de Dorset, en el sur de Inglaterra; de ellos, Edward y Florence, McEwan nos apunta en la primera oración del libro que son ambos vírgenes, bien educados y jóvenes, y que “vivían en una época en la que una conversación sobre dificultades sexuales era simplemente imposible.” McEwan puebla su narración de pequeños e irónicos detalles que nos recuerdan que en 1962 la modernidad no ha comenzado en esa Inglaterra cuyo imperio empequeñece por momentos: “no era un gran momento en la historia culinaria inglesa, pero a nadie le importaba por entonces, excepto a los visitantes extranjeros”.

Por otra parte, la estructuración que McEwan le da a su materia argumental es perfecta: el narrador controla en todo momento el progreso de la historia, incrustando los flashbacks que son necesarios para que el lector vaya complementando lo que está sucediendo en esa suite nupcial con datos sobre el noviazgo y las muy diferentes perspectivas con las que Edward y Florence se han aproximado a esa primera noche juntos.
Las tensiones y los nerviosismos de ambos son evidentes desde el mismo inicio; el narrador se/nos pregunta qué obstáculos tienen los novios para disfrutar de ese momento. La respuesta roza el sarcasmo: “Sus personalidades y pasados, la ignorancia y el miedo, la timidez, los prejuicios, la falta de capacidad o experiencia o de facilidad en el trato, y el remate era la prohibición religiosa, la clase social y su carácter inglés, la historia misma. No mucho en realidad.”

Creo no revelar ningún secreto a nadie si digo que el factor de la clase social, el origen familiar, fue durante mucho tiempo (y sigue siendo, en muchos aspectos) definitorio de la actitud que la otra familia demostraría respecto a un potencial yerno, como ilustra magníficamente Julian Barnes en The Sense of an Ending, por ejemplo. Esa estratificación social, tan obvia e incuestionable para los propios ingleses, resulta más llamativa y chocante para un extranjero.

En todo caso, lo que McEwan parece querer subrayar es que, como en casi cualquier otra esfera de las relaciones humanas, la incapacidad de dar con las palabras adecuadas, o la falta de comunicación, pueden abocar al desastre, como en el caso de Atonement, otra gran novela suya, en la que una mentira provoca una catástrofe irreparable.

Pese a su aparente brevedad – se lee en un suspiro – On Chesil Beach es una novela completa, y a diferencia de Saturday, que leí hace ya unos años y que me decepcionó, tiene una eficaz estructura y está escrita en una prosa limpia y cautivadora.

27 jun. 2012

Loss of languages - Pèrdua de llengües



Every time a language is lost, a worldview is lost

“What is lost when a language goes silent?”, asks Russ Rymer in his extremely valuable article titled ‘Vanishing Voices’ in National Geographic, which Trudie sent me a few days ago. Rymer draws once again our attention to the fact that languages continue to disappear all over the world: “One language dies every 14 days. By the next century nearly half of the roughly 7,000 languages spoken on Earth will likely disappear, as communities abandon native tongues in favor of English, Mandarin, or Spanish.” Just imagine that: one unique worldview vanished forever every fortnight.

Some ideas in Rymer’s article brought to my mind a column I had read during the past weekend, this one by Aragonese-born Catalan writer Francesc Serés. Serés comments on the Aragonese Government decision to invent a name for the language (Catalan) spoken in an area known as La Franja (the Strip); from now on, it will be known as Eastern Aragonese. There is of course a long history of attacks on the Catalan language, but since the Partido Popular won the Spanish state general elections in 2011, the attacks have intensified and spread to the Balearic Islands.

As Rymer says in his article, “Today any language with a television station and a currency is in a position to obliterate those without.” But the situation might be reversed where intransigent, intolerant and populist political power can deliberately flex its muscles against a minor player. It reminded me of the Valencian Government decision to switch off the TV re-transmitters (which were set up and paid for by Valencian people) that for a very long time made it possible to see, and more importantly, to listen to, Catalan TV in the País Valencià. As Serés makes it clear in his column, the far right-wing Partido Popular has time and again imposed its legislation in an attempt to forcefully erase the linguistic realities that unite many places west, south and east of Barcelona.

Rymer alerts us to another sad reality: “The ongoing collapse of the world’s biodiversity is more than just an apt metaphor for the crisis of language extinction. The disappearance of a language deprives us of knowledge no less valuable than some future miracle drug that may be lost when a species goes extinct.” Predictions are that in one hundred years’ time there may only about one hundred languages left; there is an evident parallel between species extinction and language extinction, the consequences of which I would rather not imagine.



Cada cop que es perd una llengua, es perd una visió del món

Què es perd quan una llengua es silencia?”, es pregunta Russ Rymer en el seu valuós article titulat ‘Vanishing Voices’ en Nacional Geogràfic, que Trudie em va enviar ara fa uns dies. Rymer posa una vegada més la nostra atenció al fet que les llengües continuen desapareixent arreu el món: “Es mor una llengua cada 14 dies. El segle pròxim, gairebé més de la meitat de les aproximadament 7.000 llengües parlades en la Terra probablement desapareixerà, mentre les comunitats abandonen llengües natives a favor de l'anglès, el xinès, o el castellà.” Dona por imaginar-ho: una visió singular del món  es esvaneix per sempre cada quinzena.

Algunes idees en l'article de Rymer em feren pensar en una columna que havia llegit durant el cap de setmana passat, aquesta d’un escriptor en llengua catalana nascut a Aragó, en Francesc Serés. En Serés comenta la decisió del govern d’Aragó, que ha inventat un nom per la llengua (català) parlada en una àrea coneguda com La Franja; d'ara endavant, serà coneguda com aragonès oriental. Hi ha naturalment una llarga història d'atacs vers la llengua catalana, però des de que el Partido Popular va guanyar les eleccions generals a l’Estat espanyol en 2011, els atacs s’han intensificat, i fins i tot s’han estès a les Illes Balears.

Com Rymer diu en el seu article, “Avui qualsevol llengua amb una estació de televisió i una moneda és en una posició per obliterar les altres.” Però la situació podria invertir-se, quan un poder polític populista intransigent i intolerant intencionadament pot fer força i fer-li mal als més petits. Em va recordar de la decisió del Govern valencià per apagar els repetidors de televisió (instal·lats i pagats pel poble valencià) que per un temps molt llarg va fer possible de veure, i el que és més important, escoltar, televisió catalana al País Valencià. Com Serés deixa clar en la seua columna, la dreta dura del Partido Popular moltes vegades ha imposat la seva legislació en un intent per esborrar per la força les realitats lingüístiques que uneixen molts llocs a l'oest, al sud i a l’est de Barcelona. Al nord, per ara, no hi poden fer-ne res.

Rymer ens alerta d’una altra trista realitat: “L'esfondrament actual de la biodiversitat al món és més que una apta metàfora per la crisi d’extinció de les llengües. La desaparició d'una llengua ens priva d’un coneixement no menys valuós que algun miraculós fàrmac futur que es pot perdre quan una espècie es extinga.” Les prediccions diuen que en cent anys potser només queden al món unes cent llengües; hi ha un evident paral·lel entre l’extinció d’espècies i la extinció de llengües: les seues conseqüències, preferisc no imaginar-les.

24 jun. 2012

Reseña: Five Bells, de Gail Jones


Gail Jones, Five Bells (North Sydney: Random House, 2011). 216 páginas.

¿Qué debe tener una novela para que el lector no solo la disfrute sino que además le quede una certidumbre de su valor literario tras haberla leído, o en otras palabras, que le convenza de que su lectura valía la pena leerla? Esta pregunta me ha rondado la cabeza tras terminar la lectura de Five Bells, novela que, aunque reconozco como buen libro, sin embargo no termina de convencerme, quedándome la sospecha de que no ha realizado el vasto potencial que encerraba la idea que le dio origen.
El título de Five Bells viene prestado de una primorosa elegía así titulada del poeta modernista australiano Kenneth Slessor, y publicada en 1939. Como en el poema de Slessor, el escenario es la maravillosa bahía de Sydney (por cierto, me niego rotundamente a escribir el nombre de la ciudad con i latina: ahora que la RAE ha admitido friki y okupa, no veo razón alguna para hispanizar una grafía que coexiste en inglés, en todo caso, con Sidney).
En un magnífico día de verano en Sydney, la narración sigue un poco a trompicones a cuatro personajes diferentes. Dos de ellos, Ellie y James, son ahora treintañeros que comparten un pasado secreto: fueron amigos y amantes en la temprana adolescencia, pero los giros que da la vida los separaron hasta ese sábado de enero de 2010, en que volverán a reunirse en un restaurante de Circular Quay, con vistas a la Casa de la Ópera y el famoso puente que une las dos orillas. Por su parte, Catherine es una periodista irlandesa que acaba de llegar a Australia con la intención de empezar una nueva etapa de su vida aquí. Por último, Pei Xing sobrevivió a las purgas de la Revolución Cultural maoísta, y tras emigrar a Sydney el azar la reúne con la que fue su carcelera y torturadora mientras estuvo en prisión.
Hay un breve y casi insignificante nexo argumental que parece unir a los cuatro (el posible rapto de una niña en la estación de tren por la que han pasado los cuatro). Pero es un hilo argumental intrascendente, que no conduce a nada, y en cierto modo, superfluo.
Las historias de estos cuatro personajes podrían muy bien haber dado lugar a cuatro narraciones independientes (como novelas, nouvelles o incluso cuentos autónomos). Las imperfecciones en que incurre Five Bells no estriban, por tanto, en una falta de materiales sino en su manejo. Se trata, más bien, de la falta de ensambladura de unos y otros elementos narrativos. La voz omnisciente de la narradora – y pienso yo que resulta innegable que se trata de una narradora – fuerza al lector a dar saltos de un personaje a otro, del pasado al presente y del presente al pasado, inspeccionando episodios en la memoria de uno y otro personaje. El resultado total queda un tanto desmadejado.
Y no es que no haya hilos temáticos comunes a los cuatro personajes. Sí los hay. Son temas muy recurrentes en la historia de la literatura: la pérdida de seres queridos, el dolor, el duelo, su presencia a través del recuerdo. Todos los personajes han sufrido una pérdida. Ellie perdió a su padre tras un ataque al corazón; James perdió a su Mama, la arquetípica italiana inmigrante que nunca se adaptó a su nuevo país y a quien abandonó el esposo al poco tiempo de llegar a Australia. Catherine perdió a su hermano en un accidente de tráfico, y le resultó imposible de digerir la fe ridículamente ciega que su madre y sus hermanas depositaron en la veneración de iconos católicos tras la tragedia. Pei Xing, por su parte, perdió a sus padres y confeccionó una falsa confesión incriminatoria de los crímenes su hermano contra la Revolución para poder seguir viva.
Esencialmente, pues, Five Bells trata de cómo diferentes personas reaccionan al dolor de la pérdida. Para lograr que el lector acepte una propuesta narrativa en torno a este tema, es necesario por tanto que la construcción de los personajes sea no solamente creíble sino fructífera. La estructuración del relato en saltos más o menos aleatorios no contribuye a crear una impresión de consistencia en la construcción de los personajes, que termina siendo muy desigual. No hay en Five Bells la suficiente cohesión para articular una unidad narrativa persuasiva.
Así, James nos es presentado como un atractivo hombre de mediana edad, emocional y sensible, que tiene finos gustos. Incapaz de superar su aversión a la sangre y las vísceras, james deja la carrera de medicina antes de concluir el primer año. Después vendrá la muerte de su madre, la cual tampoco puede confrontar como sería necesario. Para colmo de males, James se hunde cuando una niña que tenía a su cargo durante una excursión escolar perece en el mar. Pero en realidad el retrato que confecciona Jones nunca termina de resultar del todo plausible, al menos para mi gusto parece por momentos un tanto feminizado.
Que la novela tenga lugar en un mismo espacio (Circular Quay y la ciudad de Sydney en general) y en un periodo de 24 horas podría invitar a compararla con Ulysses. Pero Jones parece reclamar que la atención del lector se centre en el pasado de los personajes, y en el imperecedero tema del tiempo y la memoria, mientras cada uno de los cuatro personajes discurre sobre esa carga personal que son los recuerdos de las personas que ya se han ido, desde la perspectiva del aquí y ahora. Vista así, podría argüirse que la novela no avanza en una dirección definitiva. No siempre se produce una palpable distinción entre los puntos de vista de esos cuatro personajes porque no hay apenas diferencias estilísticas y de lenguaje entre ellos. Es una cuestión de gustos, claro está; pero existe el riesgo de perder lectores por el camino.
Mas también es cierto que hay lectores que saborean con mayor satisfacción los aspectos formales del lenguaje, y es a este tipo de lector al que Five Bells debería resultarles mucho más atractiva y absorbente. No me cabe duda de que Gail Jones busca explotar y demostrar (si hiciera falta hacerlo) el inmenso poder de la palabra humana, la necesidad de contar historias (o incluso nuestra propia historia), las vivencias de otros o las nuestras, para aliviar y contrarrestar las insoportables consecuencias de vivir el dolor. Five Bells hace honor a la inspiración poética del imponente poema de Slessor, y contiene hermosos pasajes, muy elaborados, pero en mi caso la narración de Jones no logró establecer una conexión con mi yo lector. Le falta algo de fuerza interna y no reúne la cohesión que requiere toda novela.
Y una última observación. La plaga que afecta a las editoriales en lengua castellana también parece extenderse a las de la lengua inglesa. Me refiero a la aparición de erratas del todo imperdonables, como es este caso: “superceded” (p. 208).


21 jun. 2012

Una definición de qué es ser escritor: Ariel Dorfman

video


Ariel Dorfman habla con Philip Adams en Late Night Live:

“Lo que me resulta interesante es que me hallo en una situación en la cual observo el mundo como un latinoamericano cuando estoy en los EE.UU., y como un estadounidense[1] cuando estoy en Latinoamérica o en Europa. De modo que puedo combinar, puedo observar, como un extraño, las cosas, y después de todo, eso es lo que es un escritor; un escritor es alguien que convierte cosas que son extrañas en cosas que resultan familiares. Eso es, claro.”


[1] Dorfman dice ‘americano’, pero en realidad quiere decir ciudadano de los EE.UU.

16 jun. 2012

Reseña: Després de Laura, de Jordi Cabré


Jordi Cabré, Després de Laura (Barcelona: Proa, 2011). 301 páginas.

“La mort és el contrari del silenci”, reza a modo de subtítulo la portada la novela de Jordi Cabré. Es una curiosa paradoja la que investiga Cabré en Després de Laura, paradoja que se configura como una suerte de enunciación ficticia de lo que siempre ha sido una aspiración muy humana (y por ende, síntoma de debilidad). Me refiero por supuesto al anhelo de que exista otra vida después de la muerte, y que en el caso de esta novela se plantea desde la premisa de que la muerte no es silencio permanente, sino el espacio/tiempo donde la más hermosa y terrible de las músicas suena en nosotros, con nosotros, en el espíritu que (debo recordarlo una vez más, muchos desean creer) se libera del cuerpo tras fallecer.

En su autobiografía, Vladimir Nabokov nos recordaba que el sentido común nos dice que la vida es “a brief crack of light between two eternities of darkness” (Speak, Memory). Quizá no sea solamente un breve instante de luz, sino también de sonido, de música. Pero la tesis que parece plantearnos Salvador Dalmau, el protagonista de Després de Laura, vendría a ser, parafraseando la cita anterior, “a brief crack of silence between two eternities of music”.

Dalmau es profesor de historia de la música en Barcelona, y complementa su sueldo tocando al piano números escogidos para funerales, como miembro de un terceto que complementan un violín y una flauta.

Cuando muere un buen amigo pianista Bernard Stengel, Salvador acude a Viena para el funeral, donde conoce a su viuda, una atractiva joven llamada Laura. Es Stengel, el difunto, quien ejerce la función de narrador. El efecto podría perfectamente terminar en algo desastroso, pero Cabré sabe llevar bien las riendas de este caballo que nunca se desboca – algo que habría podido ocurrir con suma facilidad, la verdad. No me vienen a la cabeza muchas novelas en las que un muerto conduzca la trama con soltura.

Descubrimos que Stengel ha dejado escrito en una carta que quiere que Salvador le dé clases particulares de piano a Laura. El problema es que, cuando después del funeral queda con Laura en el Café Central de Viena, apenas transcurridos unos cinco minutos Laura le besa en los labios y se lo lleva “de la mà al lavabo de les Damen,” donde se encierran en uno de los excusados y Salvador le da consuelo “com només saben fer-ho els amics de l’ànima.”

Una cosa lleva a la otra, y de regreso en Barcelona, Laura y Salvador comparten un pequeño estudio. El affaire extramarital cobra una nueva dimensión cuando gracias a la mediación de Laura, invitan a Salvador a un homenaje a su amigo en Nueva York. Allí decide romper con su vida estable (una esposa, Berta, y un hijo, Pol) y entregarse íntegramente a Laura. Pero Laura muere en la habitación de hotel, y Salvador se hunde.

En una trama paralela y complementaria, Cabré nos lleva a la historia de los últimos días de Beethoven, viejo, enfermo y sordo. Como Salvador, Beethoven también se enamoró perdidamente de una joven, la “amada inmortal”. ¿Hubo una partitura ahora perdida de la música más excelsa, la que se escucha al cruzar el último umbral? Esta trama paralela resulta por momentos fascinante, y cautivará al lector atento: los puntos de conexión entre lo que tanto Beethoven como Dalmau persiguen son numerosos y muy sugestivos.

Ante todo, el tema central de Després de Laura es la muerte. Después de la muerte de Laura asistimos al proceso inexorable de declive de Salvador Dalmau, obsesionado por encontrar la música que le reúna con Laura y abocado a morir con tal de encontrarlas, es decir, tanto la música como a Laura.

Es aquí donde más significativa se nos presenta la paradoja a la que hacía referencia al principio. Si la muerte de una persona amada puede (o debería) llevarnos a expresar lo indecible, esto es, a crear o componer, la muerte es en ese sentido lo contrario del silencio. A mi entender, Cabré obvia los numerosos y larguísimos silencios, medrosos y turbados, que se producen en la vida; no es, obviamente, lo que le interesaba descifrar en Després de Laura.

Escrita de forma esmerada tanto en su lenguaje como en su estructura, la novela está adornada con ciertos aderezos plurilingüísticos no siempre justificables pero no por ello menos bienvenidos. Si a ello añadimos la sugerencia de Banda Sonora – ¡quién pudiera conseguirla! – que precede al texto, tenemos una gran lectura.


Després de Laura fue finalista del Premi Sant Jordi de 2010. Jo la recomane.

13 jun. 2012

'Olor a muerte', un cuento en Revista Cronopio



La revista Cronopio acaba de publicar un cuento titulado 'Olor a muerte', que escribí hace unos cuantos meses. 'Olor a muerte' está narrado desde el punto de vista de un joven que rememora un episodio de su infancia y otros acontecimientos, de los que extrae una enseñanza.

'Olor a muerte' comienza así:


No es que mi padre le tuviera miedo a la muerte, pero lo que hizo aquella tarde desafiaba a todas vistas la lógica. Eso de parar el coche, bajarse y conminarle a aquella mole humana ebria que, a empujones y con un puño en vilo, amenazaba con pegarle una paliza a la pobre chica, que estaba aterrorizada, y el tipo que no paraba de repetir que iba a matarla si no se iba con él. Mi padre no conocía ni a uno ni a la otra, pero en su mirada vi una determinación ilimitada, como si nada ni nadie pudiera pararlo, o como si el mundo o la vida le debieran algo. Y quizá fuera así.

Te invito como siempre a seguir leyendo (aquí), esperando que te guste esta modesta creación mía.

9 jun. 2012

La cultura de la distracción – The culture of distraction

You've got mail!

A través de Javier Moreno (Rango Finito) llegué a este post (en inglés) del bloguero Joe Kraus,  publicado el 25 de mayo de 2012. Simplemente me limito a reproducir unos extractos traducidos al castellano, puesto que me pareció un post sumamente interesante y acertado. Espero que despierte tu interés, si es que puedes mantener la atención el tiempo necesario J.

Estamos creando una cultura de la distracción

Estamos creando y alentando una cultura de la distracción, en la cual estamos cada vez más desconectados de las personas y de los sucesos que nos rodean, y somos cada vez más incapaces de dedicarnos a pensar de forma prolongada. La gente ya siente ansiedad cuando sus cerebros no reciben estimulación.
Al hacer esto, estamos perdiendo cosas muy importantes. Amenazamos los elementos clave que subyacen en la creatividad y la perspicacia al rellenar todo nuestro tiempo “vacío” con estimulación. E inhibimos la conexión humana real cuando otorgamos prioridad a los teléfonos por encima de la gente que tenemos delante de nosotros.
¿Qué podemos hacer? ¿Es inevitable este derrotero? ¿O puede restablecerse el equilibrio?
[…]
Estamos sufriendo una crisis de atención en nuestra cultura. Nos estamos convirtiendo en una cultura distraída, una cultura que nos desconecta. […]
Estamos perdiendo mucho de nosotros mismos, de nuestras relaciones con los demás, de lo que es, en muchos modos, nuestra humanidad.
¿Qué podemos hacer al respecto? Si es una sensación generalizada, ¿hay algo que podamos hacer? ¿O escapa a nuestro control?

Parte 1. Una crisis de atención
[…]
Observa cómo el acceso a internet ha cambiado desde que aparecieron los smartphones […]. En la época anterior al smartphone accedíamos a internet aproximadamente unas cinco veces al día, en periodos más largos. Hoy en día, con los smartphones, estamos accediendo unas 27 veces al día.
La consecuencia de todo esto es que cada vez nos distraemos más. Cada vez somos menos capaces de prestar atención a nada por lo que solían ser periodos razonables de tiempo.
Y la parte curiosa de la distracción es que es una condición que va a peor. Cuanto más distraídos estamos, más probable es que nos distraigamos.
Hay quien dice que alternar nuestra atención entre cosas diversas que compiten por ella es realizar “multitareas”. Como si fuéramos un ordenador con dos centros duales que ejecutan procesos simultáneos.
Pero es que no lo somos. Hay numerosos estudios de ecografías cerebrales que demuestran que lo que llamamos multitareas en los humanos no lo son en absoluto. El cerebro solamente intenta alternar su atención entre dos tareas. Hacia detrás y hacia adelante, lo más rápido posible.
Está demostrado que no solamente somos más tontos cuando lo hacemos (en promedio, unos 10 puntos de Cociente Intelectual más tontos – es lo mismo que pasarse toda la noche sin dormir), pero además somos un 40% menos eficientes en lo que estemos haciendo, sea lo que sea.
Pero mi parte favorita sobre las multitareas es que está probado que cuanto más lo hagas, peor lo harás. Fíjate en eso. Es una de las poquísimas cosas que, cuanto más practiques, peor harás.
El motivo es que cuando practicas la distracción (eso son en realidad las multitareas – prestar atención a algo que te ha distraído de aquello a lo que le estabas prestando atención originalmente), estás entrenando tu cerebro. Lo estás entrenando para que preste atención a cosas que te distraen. Cuanto más lo entrenas a tu cerebro para que preste atención a las distracciones, más te distraerás  y menos podrás centrarte ni siquiera durante breves periodos de tiempo en las dos o tres cosas que, para empezar, estabas intentando terminar en tus ‘multitareas’.
Y eso, ¿no te parece contraproducente?
[…]
¿Por qué no podemos apartar la vista? ¿Por qué parecemos ser, la mayoría de nosotros, presa de esos aparatos incluso si sabemos que nos están creando un verdadero problema? Pienso que son dos las razones.
La primera es que estamos perfectamente mal adaptados, desde un punto de vista biológico, a estos aparatos. Nuestros antepasados estaban tranquilamente sentados en la sabana y crujió el árbol cerca de ellos; los que no levantaron la vista y vieron el león que venía a comérselos, ésos NO SON nuestros antepasados. Los que sí miraron, y vieron que solamente se trataba de un pájaro inofensivo, esos sí lo son. Estamos programados para prestar atención a toda estimulación nueva.
La segunda razón es algo que los casinos saben desde hace mucho tiempo. Para ilustrarla, deja que te pregunte si sabes cuál es la parte más rentable de la sala de juegos de un casino. Las máquinas tragaperras. Las maquinitas ganan dinero a espuertas porque emplean un principio denominado “pago al azar”. Resulta que si tiras de una manivela y paga de manera predecible, rápidamente te das cuenta y dejas de tirar. Pero, haz que el premio salga al azar y a la gente le costará muchísimo parar. Algunas veces tirarás y no sacarás nada, otras veces tiras y te dan un poco, y de vez en cuando, te tocará el premio gordo.
Piensa ahora en los mensajes de texto o las alertas de email de tu teléfono en este contexto. Algunos no son importantes. Unos sí lo son. Y muy de vez en cuando, te llegará algo muy urgente. Es un pago al azar en tu bolsillo.
La parte que me resulta asombrosa es que todos nos miramos unos a otros y nos vemos, en tanto que adultos, fracasando, y luego va y les damos estos aparatos a los niños y esperamos que ellos lo hagan mejor. Pues no, no lo hacen. De hecho, y eso lo saben los padres de cualquier adolescente, les va mucho peor…
¿Sabes cuál es la media de SMS que envía y recibe una chica de 13 a 17 años cada mes? En promedio: 4.000. Esto es, un SMS cada seis minutos cuando está despierta. A los chicos no les va mucho mejor: 3.000. Piensa en eso: te interrumpen una vez cada siete minutos.
¿Qué clase de cultura está creando eso? ¿Qué clase de entrenamiento mental está causando eso?
Yo diría que lo que está sucediendo es que nos estamos volviendo como un levantador de pesas que entrena solamente la parte superior de su cuerpo pero tiene las piernas muy pequeñitas. Estamos desarrollando excesivamente de forma radical las partes del pensamiento rápido, el cerebro susceptible de distracción, y permitiendo que las partes creativas y contemplativas de nuestro cerebro que buscan la soledad y la consolidación del pensamiento, que piensan a largo plazo,. se atrofien al no utilizarlas.  Y para mí, eso es triste y peligroso.

Parte II – ¿Qué perdemos como consecuencia de nuestra reducida capacidad de concentración y la facilidad para distraernos?
[Dice] Sherry Turkle, profesor del MIT en  tecnología y sociedad: “Nos sentimos solos pero tenemos miedo de la intimidad. Las conexiones digitales ofrecen la ilusión de la compañía sin las exigencias de la amistad. Esperamos más de la tecnología y menos los unos de los otros”. En el nivel más básico, estamos perdiendo los modales. Y en el meollo de los modales está la consideración de los demás. El reconocimiento mutuo.
[…]
Lo segundo es que, en mi opinión, estamos perdiendo creatividad y  perspicacia. Piensa en tus propios ejemplos, cuando te has sentido más creativo o cuando has logrado tu mejor rendimiento. […] Sea lo que fuere, lo más probable es que estuvieras PERDIDO EN EL MOMENTO, completamente absorbido en lo que estabas haciendo. Era algo de más largo plazo, no una reacción rápida. Estabas en la zona: tu atención estaba fijada, calma, presente.
Una vez la gente experimenta esa zona, la mayoría quiere volver ahí: es una sensación de óptimo rendimiento, de alta creatividad, de alta vitalidad.
¿Cuál es el lugar donde la gente dice sentir mayor discernimiento, donde ven las cosas claras? En la ducha. ¿Por qué la ducha? Porque no hay mucho que hacer. Estamos relajados, la mente vaga pero no está siendo bombardeada constantemente con información nueva […] La ducha es un tiempo tipo VACÍO. El tiempo que nuestra mente hace conexiones sutiles y discierne. La creatividad REQUIERE tiempo vacío.
Antes, los vacíos solían ocurrir todo el tiempo. Ahora están desapareciendo. Estás almorzando con un amigo y se levanta para ir al baño. Un vacío, un hueco. Sacas el teléfono porque no estar estimulado te hace sentirte ansioso. ¿Y haciendo cola en el banco? Solía ser un vacío. Ahora se ha convertido en oportunidad para enviar un email o un SMS.
No pensábamos que los tiempos vacíos y el “aburrimiento” fuesen valiosos. Ahora que los estamos perdiendo, nos damos cuenta de lo valiosos que eran.
En pocas palabras, en la esencia de la creatividad, del discernimiento, de la imaginación y de lo que nos hace humanos hay la capacidad de prestarle atención a CUALQUIER COSA – nuestras ideas, nuestros pensamientos, los demás. Y eso es lo que está más amenazado.
[…]

Parte III – ¿Qué podemos hacer?
Estaría bien poder decir que la solución es dejar de usar los aparatos, pero eso plantea dos problemas:
·      los aparatos tienen un valor real: nos facilitan la información en modos que eran impensables hace 30 años;
·         sería como decirle al levantador de pesas que dejara de ejercitarse: reduzca usted la musculatura del pecho y de la espalda para que se equilibre con las piernas…
No, pienso que la solución es equilibrar el entrenamiento de DISTRACCIÓN del cerebro que haces todos los días con un entrenamiento que refuerce la ATENCIÓN de largo plazo.  Queremos SUPERAR NUESTRO MIEDO AL ABURRIMIENTO, LA ANSIEDAD DE ESTAR SIN ESTÍMULOS, reconocer el valor del tiempo vacío y no sentir ansiedad por ello.
[…]
Un paso, creo yo, es tomarse unas vacaciones semanales de todos los aparatos. Tomarse un respiro de la distracción. […] Quiero crear la posibilidad de tener un tiempo vacío.
[…]
Además de ese descanso, otro paso es ENTRENAR ACTIVAMENTE la atención de largo plazo y la plena concienciación. Para algunos eso significa dejar el teléfono y darse un paseo de 15 minutos. Para otros significa meditar. Otros van a la iglesia o a un templo. Sea lo que sea, conviértelo en práctica DIARIA de ralentizarte. Entrena esa parte de tu cerebro.
[…]

N.B.: Nunca he tenido teléfono móvil propio, y una antigualla que heredé de mi mujer la dejé morir hace más de un año. Mucha gente se sorprende de que no tenga uno, y hay incluso quien me felicita por el paso dado, algo así como si hubiese dejado de fumar o superado una prueba difícil. Nada más lejos de la realidad. Fue de lo más fácil.

8 jun. 2012

El nou Colós: versió del sonet d'Emma Lazarus


Uno de los más famosos poemas escritos como homenaje a los emigrantes es éste, un soneto de la estadounidense Emma Lazarus. El poema, escrito en 1883, figura en la base de la Estatua de la Libertad en Nueva York. La estatua no fue inicialmente ideada como símbolo de bienvenida a los emigrantes a los EE.UU., sino que era un homenaje al republicanismo internacional.

Sello de la República (Fábrica Nacional de Moneda y Timbre)
Aquesta versió meua en català tracta de aproximar-se'n formalment al sonet.


The New Colossus
(Emma Lazarus, 1849–1887)

Not like the brazen giant of Greek fame,
With conquering limbs astride from land to land;
Here at our sea-washed, sunset gates shall stand
A mighty woman with a torch, whose flame

Is the imprisoned lightning, and her name
Mother of Exiles. From her beacon-hand
Glows world-wide welcome; her mild eyes command
The air-bridged harbor that twin cities frame.

"Keep, ancient lands, your storied pomp!" cries she
With silent lips. "Give me your tired, your poor,
Your huddled masses yearning to breathe free,

The wretched refuse of your teeming shore,
Send these, the homeless, tempest-tossed to me,
I lift my lamp beside the golden door!"
El nou Colós


No com aquell gegant de llautó de grega fama,
que amb cames victorioses creuava estats;
ací quedarà, a les portes de ponent, vora la mar,
poderosa dona amb una torxa, la flama

de la qual és un llamp empresonat; li diuen
Mare dels Exiliats. Des de la seua mà, far de llum,
rutila la seva benvinguda per a tots; els seus ulls
sotgen la badia que dues ciutats circumden.

Oh, terra antiga, queda't la teua èpica, el teu fast!’
ens diu amb el seu silenci. ‘Doneu-me les vostres masses
cansades, els pobres, gents arraulides que volen llibertat,

escorrialles desgraciades a les vostres platges,
envieu-me els que, sense llar, la tempesta ha garfullat:
vora aquesta porta daurada la meua llum he alçat!’

2 jun. 2012

La pereza intelectual, en acción



Leyendo ayer en la prensa algunas cosillas procedentes del estado español me encuentro con un  artículo firmado por un Luisgé Martín titulado Elogio de la pereza. Comentaré aquí algunas de las banalidades (siendo amable en mis apreciaciones) que el autor reparte de forma gratuita para el deleite o escarnio (según se mire) de sus lectores.

Dice Luisgé: “Es falso que el trabajo dignifique. Trabajar —es la parte que más me gusta de la Biblia— es un castigo divino, una maldición que empobrece la mayoría de las vidas.” Como buen españolito, Luisgé parece creer en el Dios cristiano que está emperrado en hacer de nuestro breve paso por la existencia un verdadero valle de lágrimas. Cuando Luisgé habla del empobrecimiento de la vida de aquellos que trabajan, no me cabe ninguna duda de que lo basa en su experiencia propia. Es decir, asumo que el señorito Luisgé trabaja, y que le pagan, y que debido a ello la suya es una existencia miserable.

Y añade el escribiente: “Incluso las tareas más nobles, como la creación artística, se convierten en algo desagradable cuando se hacen a cambio de un salario.” Es decir, que en opinión del señorito Luisgé, el trabajo de un artista (no creo que nadie ose citar ‘El elogio de la pereza’ como ejemplo de creación artística) es más noble que el trabajo asalariado del panadero que crea una hogaza de pan para que Luisgé se tome bocatas a media mañana, o más noble que el trabajo asalariado de un traductor, por poner un caso que me resulta familiar. No sé cuán desagradable le resultará al lector su trabajo, pero sospecho que al casi 50% de jóvenes españoles  sin trabajo y sin claras perspectivas de poder ingresar en el mercado laboral, la gracia de Luisgé no debe resultarles un chiste muy digerible.

A su juicio, “el derrotero ideológico de la izquierda europea” debería ser “el elogio de la pereza.” Si por casualidad Luisgé aspirase a convertirse en portavoz de la izquierda europea, yo me atrevo humildemente a sugerirle que cambie su discurso. Si mira más allá de los Pirineos, el señorito verá que en Europa se trabaja, y que la holgazanería y la pereza (que no son lo mismo que el merecido aprovechamiento del ocio) solamente conducen a la ruina, a la decadencia y al hambre.

Mirándose, como suele ser habitual entre muchos españolitos eurocéntricos, el ombligo, el señorito Luisgé remata la faena con la siguiente perla cultivada: “La verdadera humanización de nuestras sociedades está en el ocio, en la vacación, en la disposición libre de nuestro tiempo para ocuparlo en lo que deseemos, sea hacer transacciones financieras delante de un ordenador o leer un libro debajo de un árbol.” Pues yo le exhorto encarecidamente a Luis G. (ya me estaba cansando de la otra grafía, que se me antoja un poquito pija) a acudir urgentemente a difundir sus asombrosas ideas en otras partes del mundo, por ejemplo a Gabón, o a las Islas Salomón. Sería interesante comprobar el entusiasmo con que reciben sus sabias palabras. Según él, “Vivimos en sociedades ya lo suficientemente ricas…como para que pueda considerarse con seriedad el establecimiento de una renta básica universal.” ¿Con seriedad? Venga, de acuerdo; comencemos por la Z: apliquemos su propuesta a Zimbabue y Zambia, por poner un caso.

Y estotro: “La única respuesta sensata a este panorama desolador es la pereza. El enaltecimiento social de la ociosidad y la holgazanería.” Lo anterior debe de haberlo escrito en son de guasa, sin duda. La única respuesta sensata a la sandez es hacerles callar la boca a los majaderos, que, por lo que se ve, pululan en las páginas de los diarios “de la izquierda europea.”

Spain is different!!!
Olé!

1 jun. 2012

Reseña: True History of the Kelly Gang, de Peter Carey


Peter Carey, True History of the Kelly Gang (St Lucia: University of Queensland Press, 2000). 401 páginas.


Durante un reciente viaje a la capital de Victoria, Melbourne, hice la necesaria parada para el café de media mañana, casi al azar, en un pueblecito llamado Glenrowan, famoso por ser el lugar donde capturaron a Ned Kelly. A mis hijos mellizos la historia de Ned Kelly les entusiasma, y no fue difícil convencerlos de que era el lugar idóneo.

De hecho, en la maleta de viaje llevaba yo esta novela de Peter Carey, y además recordaba vagamente haber leído algunas cosas sobre la leyenda del forajido, y de cómo había sido en este lugar donde la ley había podido finalmente echarle el guante.

Un breve paseo por las calles de Glenrowan fue suficiente para darme cuenta de que el lugar rezumaba historia por todas partes, y nada más llegar a Melbourne me sumergí en la lectura de True History of the Kelly Gang, una de las dos novelas de Carey que todavía no había leído. (La otra es Illywhacker).

Ned Kelly es uno de los mitos más populares de la iconografía australiana, precedió a la formación del estado moderno australiano (lo que se conoce como Federación) y en la imaginación popular representa perfectamente el papel de luchador perdedor, tan estimado en general por los australianos. Mencionaré solamente dos datos históricos para situar el tema: los hechos del asedio de Glenrowan y la captura de Kelly y su banda tuvieron lugar en 1880, mientras que apenas 25 años después, en 1906, se filmó la primera película australiana, la cual se tituló (y no es una coincidencia) The Story of the Kelly Gang.

La novela de Carey es extremadamente efectiva en tanto que el autor le otorga a Kelly la posibilidad de recobrar su voz, de volver a expresarse: la suya es la voz del currency lad oprimido por el establishment inglés de la colonia. Pero al mismo tiempo el lector no debe olvidar que ésta es una obra de ficción, cimentada en documentos y hechos reales; pero sigue siendo, no obstante, una historia novelada, tanto como lo fueron otras novelas de Carey, como Oscar and Lucinda, Jack Maggs o la más reciente Parrot and Olivier in America.

Como acostumbra a hacer Carey, hay una disolución deliberada de las demarcaciones que separan lo ficcional de lo no ficcional, lo oral de lo escrito, produciendo dos versiones del pasado (el lector puede fácilmente enfrascarse en el texto y olvidar que existe un autor, o bien tomar un poco de distancia y admirar el habilidoso juego de malabares narrativos que el autor está desplegando ante sus ojos). Y lo realmente complaciente, en mi opinión, es que ambas versiones pueden dejar al lector más que satisfecho.

El Kelly que Carey mitifica (si es que fuese posible hacerlo más) es un jovenzuelo que lucha por salir adelante en el seno de una familia pobre y acosada por los estamentos más poderosos de la sociedad colonial. Es un jinete excepcional, conocedor de los caballos y de su temperamento; es también el joven nativo que conoce el terreno de la región como la palma de su mano y puede sobrevivir en el bush donde los demás no sabrían cómo hacerlo y durarían apenas cuarenta y ocho horas (incluido el que esto escribe, por supuesto). Modelando su narrativa en primera persona en la carta que Kelly escribió denunciando el acoso policial a su familia y las injusticias que los ricos hacendados infligían sobre los colonos más pobres, Carey le otorga una exquisita calidad oral al texto que produce su narrador: la voz de Kelly suena en la prosa de Carey, es fácil seguir las cadencias australianas en su sintaxis. Al buscar alejarse de lo más puramente literario, lo que logra Carey es (re)crear gran literatura.

A lo largo de toda la novela es la voz de Kelly la que nos recuerda que todo lo que le ha ocurrido en su vida ha sido resultado y consecuencia de situaciones de injusticia. El tono es a veces amargo, pero Kelly tampoco busca adquirir un estatus de héroe idolatrado. Nos hacen sonreír las anotaciones que hace Mary Hearn (personaje totalmente ficticio introducido por Carey) en el manuscrito, corrigiendo las descripciones tan poco halagadoras que los periódicos de la época hacen de su querido, el padre de la niña que lleva en su vientre, y a quien Kelly se dirige desde la primera página.

La novela se presenta al lector en forma de trece fardos de texto manuscrito (Carey da detalles del estado en que se encuentra cada uno de ellos, amén de el tipo de papel en que fueron escritos). El último, nos explica Carey en el breve prólogo que precede a cada capítulo/fardo, está terminado de forma “abrupta”.

True History of the Kelly Gang es uno de los mejores ejercicios de virtuosismo literario que jamás haya leído. Si para el novelista el reto es crear una ficción creíble, Carey sortea el envite con un retrato completo, mágicamente lleno de vida de un joven australiano que nunca aceptó la miseria como destino y que hizo frente a sus verdugos con dignidad. Es ahí donde la voz de Kelly resuena, y su eco nos llega hasta nuestros días, advirtiéndonos de que las injusticias deben ser subsanadas.


La estación de ferrocarriles de Glenrowan. Al fondo, el lugar donde Ned Kelly fue finalmente capturado.
Hoy en día, el pueblo de Glenrowan explota la figura histórica de Ned Kelly para atraer turistas. Detalle de uno de los carteles que ilustran al visitante, en la calle principal.
Reproducción de la ya famosa armadura de Kelly en el lugar donde fue apresado. Pueden observarse los 'impactos' de bala y la 'sangre' en las 'piernas' de Kelly, elementos con los que han aderezado el montaje.

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