9 jun. 2012

La cultura de la distracción – The culture of distraction

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A través de Javier Moreno (Rango Finito) llegué a este post (en inglés) del bloguero Joe Kraus,  publicado el 25 de mayo de 2012. Simplemente me limito a reproducir unos extractos traducidos al castellano, puesto que me pareció un post sumamente interesante y acertado. Espero que despierte tu interés, si es que puedes mantener la atención el tiempo necesario J.

Estamos creando una cultura de la distracción

Estamos creando y alentando una cultura de la distracción, en la cual estamos cada vez más desconectados de las personas y de los sucesos que nos rodean, y somos cada vez más incapaces de dedicarnos a pensar de forma prolongada. La gente ya siente ansiedad cuando sus cerebros no reciben estimulación.
Al hacer esto, estamos perdiendo cosas muy importantes. Amenazamos los elementos clave que subyacen en la creatividad y la perspicacia al rellenar todo nuestro tiempo “vacío” con estimulación. E inhibimos la conexión humana real cuando otorgamos prioridad a los teléfonos por encima de la gente que tenemos delante de nosotros.
¿Qué podemos hacer? ¿Es inevitable este derrotero? ¿O puede restablecerse el equilibrio?
[…]
Estamos sufriendo una crisis de atención en nuestra cultura. Nos estamos convirtiendo en una cultura distraída, una cultura que nos desconecta. […]
Estamos perdiendo mucho de nosotros mismos, de nuestras relaciones con los demás, de lo que es, en muchos modos, nuestra humanidad.
¿Qué podemos hacer al respecto? Si es una sensación generalizada, ¿hay algo que podamos hacer? ¿O escapa a nuestro control?

Parte 1. Una crisis de atención
[…]
Observa cómo el acceso a internet ha cambiado desde que aparecieron los smartphones […]. En la época anterior al smartphone accedíamos a internet aproximadamente unas cinco veces al día, en periodos más largos. Hoy en día, con los smartphones, estamos accediendo unas 27 veces al día.
La consecuencia de todo esto es que cada vez nos distraemos más. Cada vez somos menos capaces de prestar atención a nada por lo que solían ser periodos razonables de tiempo.
Y la parte curiosa de la distracción es que es una condición que va a peor. Cuanto más distraídos estamos, más probable es que nos distraigamos.
Hay quien dice que alternar nuestra atención entre cosas diversas que compiten por ella es realizar “multitareas”. Como si fuéramos un ordenador con dos centros duales que ejecutan procesos simultáneos.
Pero es que no lo somos. Hay numerosos estudios de ecografías cerebrales que demuestran que lo que llamamos multitareas en los humanos no lo son en absoluto. El cerebro solamente intenta alternar su atención entre dos tareas. Hacia detrás y hacia adelante, lo más rápido posible.
Está demostrado que no solamente somos más tontos cuando lo hacemos (en promedio, unos 10 puntos de Cociente Intelectual más tontos – es lo mismo que pasarse toda la noche sin dormir), pero además somos un 40% menos eficientes en lo que estemos haciendo, sea lo que sea.
Pero mi parte favorita sobre las multitareas es que está probado que cuanto más lo hagas, peor lo harás. Fíjate en eso. Es una de las poquísimas cosas que, cuanto más practiques, peor harás.
El motivo es que cuando practicas la distracción (eso son en realidad las multitareas – prestar atención a algo que te ha distraído de aquello a lo que le estabas prestando atención originalmente), estás entrenando tu cerebro. Lo estás entrenando para que preste atención a cosas que te distraen. Cuanto más lo entrenas a tu cerebro para que preste atención a las distracciones, más te distraerás  y menos podrás centrarte ni siquiera durante breves periodos de tiempo en las dos o tres cosas que, para empezar, estabas intentando terminar en tus ‘multitareas’.
Y eso, ¿no te parece contraproducente?
[…]
¿Por qué no podemos apartar la vista? ¿Por qué parecemos ser, la mayoría de nosotros, presa de esos aparatos incluso si sabemos que nos están creando un verdadero problema? Pienso que son dos las razones.
La primera es que estamos perfectamente mal adaptados, desde un punto de vista biológico, a estos aparatos. Nuestros antepasados estaban tranquilamente sentados en la sabana y crujió el árbol cerca de ellos; los que no levantaron la vista y vieron el león que venía a comérselos, ésos NO SON nuestros antepasados. Los que sí miraron, y vieron que solamente se trataba de un pájaro inofensivo, esos sí lo son. Estamos programados para prestar atención a toda estimulación nueva.
La segunda razón es algo que los casinos saben desde hace mucho tiempo. Para ilustrarla, deja que te pregunte si sabes cuál es la parte más rentable de la sala de juegos de un casino. Las máquinas tragaperras. Las maquinitas ganan dinero a espuertas porque emplean un principio denominado “pago al azar”. Resulta que si tiras de una manivela y paga de manera predecible, rápidamente te das cuenta y dejas de tirar. Pero, haz que el premio salga al azar y a la gente le costará muchísimo parar. Algunas veces tirarás y no sacarás nada, otras veces tiras y te dan un poco, y de vez en cuando, te tocará el premio gordo.
Piensa ahora en los mensajes de texto o las alertas de email de tu teléfono en este contexto. Algunos no son importantes. Unos sí lo son. Y muy de vez en cuando, te llegará algo muy urgente. Es un pago al azar en tu bolsillo.
La parte que me resulta asombrosa es que todos nos miramos unos a otros y nos vemos, en tanto que adultos, fracasando, y luego va y les damos estos aparatos a los niños y esperamos que ellos lo hagan mejor. Pues no, no lo hacen. De hecho, y eso lo saben los padres de cualquier adolescente, les va mucho peor…
¿Sabes cuál es la media de SMS que envía y recibe una chica de 13 a 17 años cada mes? En promedio: 4.000. Esto es, un SMS cada seis minutos cuando está despierta. A los chicos no les va mucho mejor: 3.000. Piensa en eso: te interrumpen una vez cada siete minutos.
¿Qué clase de cultura está creando eso? ¿Qué clase de entrenamiento mental está causando eso?
Yo diría que lo que está sucediendo es que nos estamos volviendo como un levantador de pesas que entrena solamente la parte superior de su cuerpo pero tiene las piernas muy pequeñitas. Estamos desarrollando excesivamente de forma radical las partes del pensamiento rápido, el cerebro susceptible de distracción, y permitiendo que las partes creativas y contemplativas de nuestro cerebro que buscan la soledad y la consolidación del pensamiento, que piensan a largo plazo,. se atrofien al no utilizarlas.  Y para mí, eso es triste y peligroso.

Parte II – ¿Qué perdemos como consecuencia de nuestra reducida capacidad de concentración y la facilidad para distraernos?
[Dice] Sherry Turkle, profesor del MIT en  tecnología y sociedad: “Nos sentimos solos pero tenemos miedo de la intimidad. Las conexiones digitales ofrecen la ilusión de la compañía sin las exigencias de la amistad. Esperamos más de la tecnología y menos los unos de los otros”. En el nivel más básico, estamos perdiendo los modales. Y en el meollo de los modales está la consideración de los demás. El reconocimiento mutuo.
[…]
Lo segundo es que, en mi opinión, estamos perdiendo creatividad y  perspicacia. Piensa en tus propios ejemplos, cuando te has sentido más creativo o cuando has logrado tu mejor rendimiento. […] Sea lo que fuere, lo más probable es que estuvieras PERDIDO EN EL MOMENTO, completamente absorbido en lo que estabas haciendo. Era algo de más largo plazo, no una reacción rápida. Estabas en la zona: tu atención estaba fijada, calma, presente.
Una vez la gente experimenta esa zona, la mayoría quiere volver ahí: es una sensación de óptimo rendimiento, de alta creatividad, de alta vitalidad.
¿Cuál es el lugar donde la gente dice sentir mayor discernimiento, donde ven las cosas claras? En la ducha. ¿Por qué la ducha? Porque no hay mucho que hacer. Estamos relajados, la mente vaga pero no está siendo bombardeada constantemente con información nueva […] La ducha es un tiempo tipo VACÍO. El tiempo que nuestra mente hace conexiones sutiles y discierne. La creatividad REQUIERE tiempo vacío.
Antes, los vacíos solían ocurrir todo el tiempo. Ahora están desapareciendo. Estás almorzando con un amigo y se levanta para ir al baño. Un vacío, un hueco. Sacas el teléfono porque no estar estimulado te hace sentirte ansioso. ¿Y haciendo cola en el banco? Solía ser un vacío. Ahora se ha convertido en oportunidad para enviar un email o un SMS.
No pensábamos que los tiempos vacíos y el “aburrimiento” fuesen valiosos. Ahora que los estamos perdiendo, nos damos cuenta de lo valiosos que eran.
En pocas palabras, en la esencia de la creatividad, del discernimiento, de la imaginación y de lo que nos hace humanos hay la capacidad de prestarle atención a CUALQUIER COSA – nuestras ideas, nuestros pensamientos, los demás. Y eso es lo que está más amenazado.
[…]

Parte III – ¿Qué podemos hacer?
Estaría bien poder decir que la solución es dejar de usar los aparatos, pero eso plantea dos problemas:
·      los aparatos tienen un valor real: nos facilitan la información en modos que eran impensables hace 30 años;
·         sería como decirle al levantador de pesas que dejara de ejercitarse: reduzca usted la musculatura del pecho y de la espalda para que se equilibre con las piernas…
No, pienso que la solución es equilibrar el entrenamiento de DISTRACCIÓN del cerebro que haces todos los días con un entrenamiento que refuerce la ATENCIÓN de largo plazo.  Queremos SUPERAR NUESTRO MIEDO AL ABURRIMIENTO, LA ANSIEDAD DE ESTAR SIN ESTÍMULOS, reconocer el valor del tiempo vacío y no sentir ansiedad por ello.
[…]
Un paso, creo yo, es tomarse unas vacaciones semanales de todos los aparatos. Tomarse un respiro de la distracción. […] Quiero crear la posibilidad de tener un tiempo vacío.
[…]
Además de ese descanso, otro paso es ENTRENAR ACTIVAMENTE la atención de largo plazo y la plena concienciación. Para algunos eso significa dejar el teléfono y darse un paseo de 15 minutos. Para otros significa meditar. Otros van a la iglesia o a un templo. Sea lo que sea, conviértelo en práctica DIARIA de ralentizarte. Entrena esa parte de tu cerebro.
[…]

N.B.: Nunca he tenido teléfono móvil propio, y una antigualla que heredé de mi mujer la dejé morir hace más de un año. Mucha gente se sorprende de que no tenga uno, y hay incluso quien me felicita por el paso dado, algo así como si hubiese dejado de fumar o superado una prueba difícil. Nada más lejos de la realidad. Fue de lo más fácil.

2 comentarios:

  1. Un artículo muy interesante. Comparto la mayoría de las ideas, aunque, en general, no creo que las cosas estén tan mal como las pinta el autor. La sociedad cambia, el modo de aprender cambia, y cambia también el modo de relacionarse entre la gente. A mí tampoco me gustan demasiado estos cambios, pero al final, el ser humano se adapta, y lo que hoy nos parece nocivo al final se convierte en normal.
    Yo sí tengo móvil, pero puedo presumir de no tener tele desde hace 14 años.

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    1. Loable esa hazaña tuya de vivir 14 años sin caja tonta. La verdad es que yo solamente veo el footy porque me gusta ese deporte, pero del resto paso. Como dice Kraus, no es cuestión de ponerse en plan Luddite, puesto que la tecnología nos ayuda y mucho, sino de asumir el dominio, el autodominio. A mí me revienta que alguien se ponga a leer un mensaje en su móvil en medio de una conversación: es un gesto grosero que lamentablemente se ha extendido.
      Saludos,

      Jorge

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