16 jun. 2012

Reseña: Després de Laura, de Jordi Cabré


Jordi Cabré, Després de Laura (Barcelona: Proa, 2011). 301 páginas.

“La mort és el contrari del silenci”, reza a modo de subtítulo la portada la novela de Jordi Cabré. Es una curiosa paradoja la que investiga Cabré en Després de Laura, paradoja que se configura como una suerte de enunciación ficticia de lo que siempre ha sido una aspiración muy humana (y por ende, síntoma de debilidad). Me refiero por supuesto al anhelo de que exista otra vida después de la muerte, y que en el caso de esta novela se plantea desde la premisa de que la muerte no es silencio permanente, sino el espacio/tiempo donde la más hermosa y terrible de las músicas suena en nosotros, con nosotros, en el espíritu que (debo recordarlo una vez más, muchos desean creer) se libera del cuerpo tras fallecer.

En su autobiografía, Vladimir Nabokov nos recordaba que el sentido común nos dice que la vida es “a brief crack of light between two eternities of darkness” (Speak, Memory). Quizá no sea solamente un breve instante de luz, sino también de sonido, de música. Pero la tesis que parece plantearnos Salvador Dalmau, el protagonista de Després de Laura, vendría a ser, parafraseando la cita anterior, “a brief crack of silence between two eternities of music”.

Dalmau es profesor de historia de la música en Barcelona, y complementa su sueldo tocando al piano números escogidos para funerales, como miembro de un terceto que complementan un violín y una flauta.

Cuando muere un buen amigo pianista Bernard Stengel, Salvador acude a Viena para el funeral, donde conoce a su viuda, una atractiva joven llamada Laura. Es Stengel, el difunto, quien ejerce la función de narrador. El efecto podría perfectamente terminar en algo desastroso, pero Cabré sabe llevar bien las riendas de este caballo que nunca se desboca – algo que habría podido ocurrir con suma facilidad, la verdad. No me vienen a la cabeza muchas novelas en las que un muerto conduzca la trama con soltura.

Descubrimos que Stengel ha dejado escrito en una carta que quiere que Salvador le dé clases particulares de piano a Laura. El problema es que, cuando después del funeral queda con Laura en el Café Central de Viena, apenas transcurridos unos cinco minutos Laura le besa en los labios y se lo lleva “de la mà al lavabo de les Damen,” donde se encierran en uno de los excusados y Salvador le da consuelo “com només saben fer-ho els amics de l’ànima.”

Una cosa lleva a la otra, y de regreso en Barcelona, Laura y Salvador comparten un pequeño estudio. El affaire extramarital cobra una nueva dimensión cuando gracias a la mediación de Laura, invitan a Salvador a un homenaje a su amigo en Nueva York. Allí decide romper con su vida estable (una esposa, Berta, y un hijo, Pol) y entregarse íntegramente a Laura. Pero Laura muere en la habitación de hotel, y Salvador se hunde.

En una trama paralela y complementaria, Cabré nos lleva a la historia de los últimos días de Beethoven, viejo, enfermo y sordo. Como Salvador, Beethoven también se enamoró perdidamente de una joven, la “amada inmortal”. ¿Hubo una partitura ahora perdida de la música más excelsa, la que se escucha al cruzar el último umbral? Esta trama paralela resulta por momentos fascinante, y cautivará al lector atento: los puntos de conexión entre lo que tanto Beethoven como Dalmau persiguen son numerosos y muy sugestivos.

Ante todo, el tema central de Després de Laura es la muerte. Después de la muerte de Laura asistimos al proceso inexorable de declive de Salvador Dalmau, obsesionado por encontrar la música que le reúna con Laura y abocado a morir con tal de encontrarlas, es decir, tanto la música como a Laura.

Es aquí donde más significativa se nos presenta la paradoja a la que hacía referencia al principio. Si la muerte de una persona amada puede (o debería) llevarnos a expresar lo indecible, esto es, a crear o componer, la muerte es en ese sentido lo contrario del silencio. A mi entender, Cabré obvia los numerosos y larguísimos silencios, medrosos y turbados, que se producen en la vida; no es, obviamente, lo que le interesaba descifrar en Després de Laura.

Escrita de forma esmerada tanto en su lenguaje como en su estructura, la novela está adornada con ciertos aderezos plurilingüísticos no siempre justificables pero no por ello menos bienvenidos. Si a ello añadimos la sugerencia de Banda Sonora – ¡quién pudiera conseguirla! – que precede al texto, tenemos una gran lectura.


Després de Laura fue finalista del Premi Sant Jordi de 2010. Jo la recomane.

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