26 oct. 2013

Reseña: The Mannequin Makers, de Craig Cliff


Craig Cliff, The Mannequin Makers (North Sydney: Vintage Books, 2013). 330 páginas.

La historia de la humanidad comprende toda una serie de antecedentes de personas que han tratado de dotar de vida a creaciones humanas que no la tienen: desde las muñecas prehistóricas pasando por los autómatas hasta llegar a robots y androides. En algún momento, el comercio se dio cuenta del potencial que podía tener una figura con apariencia humana, vestida con ropas y otros accesorios, para vender productos. Wikipedia dice que los primeros maniquíes aparecieron en el siglo XV, pero su auge no se dio hasta el siglo XIX.

La primera novela del neozelandés Craig Cliff, The Mannequin Makers, es un debut más que notable. En una pequeña, provinciana localidad llamada Marumaru, un lugar ficticio de la Isla Sur, un hombre llamado Colton Kemp trabaja para una de las dos tiendas principales de la ciudad. Sus tareas comprenden el diseño y la elaboración de escenas destinadas al escaparate de la tienda, y afortunadamente cuenta con la ayuda y la mejor destreza para la creación de su mujer, Louisa. Poco antes del final del año 1902 llegará (en parte por error) el gran espectáculo del gimnasta Eugen Sandow.

Louisa está encinta y en avanzado estado de gestación, pero cuando va a recoger la ropa seca tiene un vahído y cae a tierra. Kemp asiste impotente a su muerte, pero los mellizos que llevaba salvan la vida. Es aquí donde la conducta de Kemp empieza a desviarse de lo que se supone socialmente aceptable. El viudo oculta durante un par de días la muerte de su esposa, y mientras acude al espectáculo de Sandow. Antes, la estatua que el ayudante de Sandow ha traído a Marumaru como anzuelo para el espectáculo se la lleva el principal competidor de Kemp, un hombre taciturno al que todos conocen como El Carpintero.

Kemp criará a sus hijos en secreto, sin permitirles salir de su propiedad y obsesionado con un entrenamiento gimnástico inspirado por Sandow; serán la perfección física personificada. Ayudado por la hermana de Louisa (Flossie), Kemp educa a Eugen y Avis siguiendo una extraña doctrina – Eugen no aprende ni a leer ni a escribir pero sí a tocar el piano, mientras que Avis sí es alfabetizada pero no aprende música. Desde pequeños les inculca la idea de que cuando cumplan dieciséis años aparecerán en “el escaparate” y llevarán a cabo una “actuación” que les permitirá escoger esposa y esposo respectivamente.

The Mannequin Makers cuenta, no obstante, con una trama mucho más compleja. Dividida en cuatro partes, la narración salta de 1903 a 1918 en la segunda parte, narrada por Avis a través de los apuntes que hace ella en su diario. La tercera parte, un poco más larga, cuenta la vida de El Carpintero, Gabriel Doig, un joven tallista escocés que se enrola como carpintero en un cúter semi-desvencijado, en un arranque de tipo aventurero y algo romántico, para una travesía desde los astilleros de la desembocadura del río Clyde cerca de Glasgow hasta Melbourne. La cuarta parte, situada en 1974, cuenta con otro narrador, un Eugen ya algo envejecido que va arrojando algo de luz sobre la mayoría de las interrogantes que la novela ha ido sembrando a lo largo de doscientas cincuenta páginas.

Al final de la segunda parte sabemos que Avis es raptada mientras ella y su hermano están actuando como maniquíes en el escaparate; su padre ha ido a Christchurch con la esperanza de firmar un suculento contrato y llevar el espectacular despliegue de sus maniquíes (la población de Marumaru no descubre que son personas de verdad, solamente El Carpintero parece sospechar algo avieso). Las mentiras sobre las que se había basado la vida de la familia Kemp durante casi dieciséis años se vienen completamente abajo en cuestión de horas: el padre de familia parece no dar crédito al desastre que contempla entre sus manos, y no asume la responsabilidad y la culpa que le corresponden.

Es esta una novela repleta de giros narrativos y peripecias; al lector que busca el sabor de la aventura no le faltarán sucesos que paladear, pero también atraerá al lector que disfruta de subterfugios más intrínsecamente literarios y metanarrativos. Así, la narradora de la segunda parte, Avis, nos hace llegar la tercera parte en tanto que se convierte en lectora de la narración de Doig, cuyos capítulos están intercalados con las preguntas que ella le hace a Doig (un pequeño regalo que nos hace Cliff, con sutil perspicacia), y en la última parte de la novela descubrimos que es Eugen quien parece haber revisado (o al menos, eso puede pensarse) la primera parte, a partir de la información obtenida muchos años después de testigos y diarios. El interés no decae en momento alguno, y garantizo que el desenlace no dejará a ningún lector indiferente.

En torno a un tema muy inquietante como lo es el poder desorbitado y extravagante que los padres pueden ejercer sobre sus hijos mediante la negación de su acceso al mundo exterior, Craig Cliff ha escrito una novela intrigante, con un ritmo ágil y un muy cuidado lenguaje (Cliff se asegura no solamente de que Doig suene escocés, sino también de que su relato como marinero y náufrago sea más que creíble).

Habiendo triunfado ya con un muy heterogéneo libro de cuentos (A Man Melting, que reseñé hace un par de semanas), la primera novela de Cliff viene a confirmar que Nueva Zelanda cuenta con otro joven escritor talentoso, aparte de la ganadora del Booker.

21 oct. 2013

Illegal Arrivals-Do not approach, they may cause moral outrage

 

Two notorious illegal arrivals in Australia.

Neither these two nor their ancestors asked the truly legitimate inhabitants of these ancient lands for their permission before settling here.

And for the record, the above makes me an illegal arrival, too. Just like them.

20 oct. 2013

Reseña: Carpentaria, de Alexis Wright


Alexis Wright, Carpentaria (Artarmon: Giramondo, 2006). 519 páginas.

El golfo de Carpentaria es una extensísima área que comprende parte del Territorio del Norte y del oeste de Queensland. Es quizás una de las zonas menos atractivas para el turismo en la mitad septentrional del continente australiano: no puede competir con la Gran Barrera del Arrecife Coralino ni con los alicientes de Kakadu, por ejemplo. Es en esta región antiquísima en la que Alexis Wright sitúa su novela, que fue galardonada con el Premio Miles Franklin en 2007.
Imagen desde satélite del golfo de Carpentaria
Con 519 páginas, Carpentaria es una larga y densa obra, con numerosísimos personajes y muchos y variados temas. Wright crea en una pequeña ciudad ficticia llamada Desperance (con los evidentes ecos de ‘desesperación’ y ‘esperanza’), espejo de cualquier localidad del outback australiano, en el que las comunidades indígena y la blanca viven separadas. En Desperance, los blancos viven en ‘Uptown’, mientras que la comunidad indígena está también dividida (un enfrentamiento en torno a cuál de los clanes tiene genuinamente el derecho a considerar la zona suya, tema que se repite en una novela más reciente, Mullumbimby, de Melissa Lucashenko) entre este y oeste, zonas marginales cercanas a los vertederos y que carecen de los servicios municipales más elementales.

El personaje principal es Normal Phantom, pescador que complementa sus ingresos con las verdaderas obras de arte que realiza como taxidermista. Norm, a quien Uptown nombra líder de la comunidad indígena (un papel de interlocutor que él rechaza con total indiferencia), patriarca y uno de los últimos ‘elders’ con conocimientos antiquísimos y misteriosos de la tierra y el mar. Si Norm es el líder de la zona occidental de Desperance, en lo que la narradora denomina Pricklebush, su enemigo es Joseph Midnight, y su enfrentamiento es épico y parece haberse originado en tiempos inmemoriales. Los otros tres personajes que forman parte de la trama principal son Angel Day, la mujer de Norm, que tras varios años lo abandona y se marcha con Mozzie Fishman, una especie de fanático espiritual que se dedica a recorrer el outback con sus numerosos acólitos en un convoy de coches destartalados, siguiendo los caminos tradicionales del Dreaming indígena, convoy que por momentos nos recuerda a los integrantes del memorable programa The Bush Mechanics


El tercer personaje central de esta descomunal épica indígena australiana es Will Phantom, hijo de Norm y Angel Day, quien tras una violenta discusión con su padre, se marcha de la casa familiar y se une a Mozzie para iniciar una especie de guerra de guerrillas contra la compañía minera que busca explotar el subsuelo a costa de destruir el ecosistema y las tierras que son sagradas para los indígenas. El principal tema que subyace en la narración de Carpentaria es sin duda la desposesión de las tierras de los pueblos indígenas aborígenes por parte de una población colonial blanca que no entiende ni quiere entender sus tradiciones, ni desea cambiar sus actitudes prepotentes ante los quebrantos que el nuevo orden social y económico supone para los habitantes ancestrales de esas tierras.

Desde un punto de vista meramente literario, Carpentaria es sin embargo una narrativa caótica y desordenada. En sus inicios carece de ritmo, y cuando los titubeos preliminares dan paso a la narración propiamente dicha, el lector se encuentra con una falta de concreción cronológica que ciertamente desorienta. El pasado surge sin previo aviso entre los sucesos narrados, y sucesos imaginados por algunos personajes parecen adquirir visos de realidad. Una cosa es el juego narrativo que el realismo mágico pueda aportar a una gran novela como Carpentaria, y otra bien distinta es infligir en el lector la confusión en tanto que recurso narrativo.
Atardecer en Cloncurry, lugar donde nació la autora
Y no es que ese desbarajuste esté excesivamente extendido en Carpentaria. No es el caso. Pero si a lo anterior le sumamos una mezcla algo deshilvanada de registros y la falta de control de la perspectiva de la voz narradora, nos encontramos ante una gran obra perdida en su propia maraña de historias, perspectivas y ángulos. Se echa en falta una mayor fijación de los diversos aspectos literarios que suelen contribuir a darle cuerpo a una novela.

Es cierto que no puede ser fácil hacer que confluya la tradición oral de la antiquísima literatura indígena con las convenciones escritas del género novelístico. Wright hace un uso constante de marcadores discursivos coloquiales (‘Well!’) que coexisten con polisílabos y términos propios de registros especializados como el jurídico o el económico. Pese a todo, la presencia de la autora domina toda la novela, y son muchas más las virtudes que los defectos: el paso de pasajes rebosantes en lírica a diálogos y pasajes con un lenguaje más prosaico deja de resultar tan llamativo con el paso de las páginas.
Un simpático recordatorio de la fauna local en Normanton, golfo de Carpentaria

En Carpentaria Wright no deja en el tintero ninguna de las peliagudas cuestiones que lamentablemente atenazan la vida de las comunidades aborígenes en demasiadas partes de Australia: la muerte de ciudadanos indígenas bajo custodia policial, los jóvenes que inhalan gasolina, la pobreza perenne, la exclusión de los indígenas de los polos de toma de decisiones, el racismo o la violencia.

Es una pena, no obstante, que tantos hilos queden sueltos. ¿Qué sucede con las hermanas de Will? ¿Sobrevive Kevin Phantom a la paliza que le propinan? ¿Regresa el repugnante alcalde Bruiser a Desperance? Son solamente algunas de las muchas preguntas que quedan sin respuesta, y habrá sin duda quien diga que son elementos secundarios de la novela, y por tanto su resolución no es tan relevante.

13 oct. 2013

Aquí, bala - Un poema de Brian Turner

Fotografía de Andy Dunaway, 2007
Aquí, bala 

Si es un cuerpo lo que buscas,
aquí lo tienes: carne, hueso, cartílago.
Aquí tienes ese deseo de clavícula partida,
las válvulas abiertas de aorta, ese salto
del pensamiento en el espacio sináptico.
Aquí tienes esa descarga de adrenalina que ansías,
ese vuelo inexorable, esa insana punzada
en el calor y la sangre. Y te reto a que termines
lo que has comenzado. Porque es aquí, bala,
es aquí donde yo completo la palabra que traes
silbante por el aire, es aquí donde lamento
el frío esófago del cañón, detonando
los explosivos de la lengua para las estrías
que llevo dentro, cada giro del disparo
más profundo, porque es aquí, bala,
es aquí donde el mundo se acaba, siempre.
Brian Turner 

Versión en castellano de Jorge Salavert, 2013.

10 oct. 2013

Reseña: A Naked Singularity, de Sergio de la Pava


Sergio de la Pava, A Naked Singularity (Chicago: University of Chicago Press, 2008). 678 páginas.

Uno no puede dejar de asombrarse del hecho de que esta novela de Sergio de la Pava fuese rechazada por numerosísimos editores durante varios años, hasta el punto de que el autor se decidiera a publicarla por su cuenta y riesgo en el formato de libro electrónico en 2008. La posibilidad de democratización (léase el boca a boca tradicional, pero con los avances tecnológicos pertinentes) de la literatura que internet ha traído hizo el resto, y finalmente alguien en la University de Chicago Press se dio cuenta de que A Naked Singularity era una novela que valía la pena publicar en papel, y el libro apareció en 2012. Para muchos sigue siendo un autor desconocido, quizás no tanto después de que A Naked Singularity haya recibido el Premio PEN de ficción para nuevos autores. Más vale tarde que nunca, ya se sabe.

A Naked Singularity te atrapa desde la primera página, y a pesar de su longitud y lo variopinto de sus temas y obsesiones, o quizás debido a los meandros y recovecos narrativos por los que discurre (y atención, no digo “se pierde”), el interés prácticamente no decae en momento alguno.

Se inicia con una acotación escénica teatral (‘ruido de fondo’) y una voz que grita de pronto: ‘¿voya [sic, mi traducción] salir o qué?’. La escena la describe el narrador como una ‘particular batalla entre el Bien y el Mal’, y el lugar es los juzgados de guardia de la ciudad de Nueva York. Casi (así se llama el abogado de oficio protagonista y narrador – no quiero desvelar aquí el porqué de su nombre, es mejor que lo descubras en el libro) nos cuenta que lleva más de siete horas tratando de defender a individuos que han sido arrestados/entrampados por la policía neoyorquina. Es una escena prácticamente surrealista en su construcción, pero dramáticamente realista por el afilado detallismo con el que de la Pava va desvelando la trama, lo que logra en parte gracias a unos diálogos perfectos. El mundo de los juzgados de guardia, que durante unos años llegué a conocer en su versión valenciana desde la perspectiva del intérprete, queda fiel y acerbamente retratado en A Naked Singularity.

He hecho mención de la multiplicidad de temas presentes en la novela, de modo que mencionaré algunos, los que me vienen a la cabeza: la obsesión por las series de televisión, la mejor generación de boxeadores de la historia y las muchas peleas que se dieron entre ellos, el cáncer de pelo, la física cuántica, la vida de los inmigrantes colombianos en Nueva York, el rapto y posterior asesinato de un bebé a manos de dos niños, y las apuestas que se dan en la oficina de Casi en torno a lo que le ha sucedido al bebé mientras no se descubre el crimen, la manipulación genética y el concepto de progreso, la lucha legal contra las ejecuciones de discapacitados intelectuales en muchos de los estados de los EE.UU., y muchos otros asuntos que me dejo en el tintero. Y en medio de todo esto, una espeluznante ola de frío glacial y un tétrico apagón que deja la ciudad totalmente a oscuras.

A naked singularity
A Naked Singularity es ciertamente un texto abigarrado, y es precisamente el hecho de que fuera el autor el que lo publicara lo que otorga un cierto carácter asilvestrado, como un resabio a literatura montaraz e indisciplinada. Lo que en un principio semeja ser una estructura argumental errática deviene en una construcción sutil que prepara al lector para lo que es sin duda el plato fuerte del libro: la realización del atraco perfecto con un botín de muchos millones de dólares. Hacia el final de la novela, Casi parece prever el colapso al que se aboca su vida tal como la ha vivido hasta ese momento, en una evocación intertextual que refiere al título. Hay además un delicioso guiño al Moby Dick de Melville, pero de la Pava crea un desenlace más o menos abierto.

A Naked Singularity constituye una demostración de ambición rara vez vista en la literatura contemporánea. Una plétora de episodios humorísticos (la confesión que hace Casi ante un cura católico es una auténtica gema), acompañada de desternillantes disquisiciones filosóficas y ácido comentario social: todo empacado en diálogos que a veces recuerdan a los mejores momentos de Seinfeld. Un caos retratando otro caos (la ciudad de Nueva York), esta es una novela de ritmo endiablado que apenas se rompe, excepto en el cuento en verso que le lee Casi a su sobrina, que habría sido mejor eliminar, sin duda.

Sergio de la Pava es abogado, pero tiene un excelente sentido del humor. Recomiendo la entrevista que le hizo Hermano Cerdo en julio de 2011, y que lleva por título ¿Dónde está el árbitro?

A Naked Singularity la publicará en castellano próximamente la editorial Pálido Fuego. Y ciertamente, no siento envidia alguna por el traductor que se haya estado peleando con un texto que, como mínimo, es de peso superwelter.

7 oct. 2013

Reseña: A Man Melting, de Craig Cliff


Craig Cliff, A Man Melting (Auckland: Vintage Books, 2010). 315 páginas.

Hace poco más de un año traduje un cuento del neozelandés Craig Cliff, titulado ‘Offshore service’ (Servicio de alta mar), y que apareció en la revista Hermano Cerdo. No había leído nada más de Cliff hasta ahora, y antes de emprender la lectura de su primera novela, The Mannequin Makers, de reciente aparición, he querido acercarme un poco más a su obra leyendo A Man Melting, su primer volumen de narraciones breves, publicado en 2010.

Un tema común une la mayoría de los cuentos de A Man Melting: el cambio personal, la evolución de los personajes, cambios que muchas veces son detonados por eventos inusuales o inexplicables. Algunos de los cuentos rozan el género del llamado ‘realismo mágico’, como ‘The Sceptic’s Kid’, o la ciencia ficción, como es el caso del cuento que da título a la colección.

Cliff escribe con brío y pulcritud, y el lector lo agradece tanto en los cuentos más breves como en las narraciones más extensas, desarrolladas a lo largo de hasta treinta páginas. Uno de los más llamativos es ‘Copies’, en el que Cliff trata el tema del carácter fragmentario de la memoria. “La vida es una serie de repeticiones imperfectas. Eso es lo que me dijo el psicoterapeuta de mi madre – y ahora lo repito aquí, de forma imperfecta – la única vez que hablamos”, empieza el cuento. El narrador nos describe cómo en su edad adulta le influye la figura de su difunto padre, un artista solitario, obsesionado con las fotocopias de una misma obra de arte, fotocopias que repetía ad nauseam hasta que la imagen original quedaba totalmente distorsionada.

Uno de los relatos que resultaron más extraños (por su temática) es ‘Give Me Bread and Call Me Stupid’, cuyo protagonista es Bembe Hernández, un español que se ha ido a Edimburgo con su novia Rosa para aprender bien el inglés. Al cabo de un tiempo, Bembe se da cuenta de que la chica de la agencia de empleos parece querer algo con él. Tras muchas evasivas y negativas, accede a almorzar una tarde con ella. La chica, Lindsey, le confiesa que conoció a alguien en España, pero ese alguien le rompió el corazón, y le pide a Bembe que le hable en español. Para complacerla, a Bembe solamente se le ocurren refranes.

En ‘Facing Galapagos’ un oficinista entabla una extraña correspondencia con alguien que dice ser Charles Darwin, y tras sospechar de todos los que le rodean, incluso de su mujer, sucumbe a la tentación de acudir a las islas Galápagos. Pero tras llegar a Guayaquil descubre que ha caído en una trampa inexplicable y absurda, y que no está solo.

Para la composición de los cuentos de A Man Melting Cliff ha empleado diferentes técnicas: algunos están escritos en primera persona, mientras que otros hay un narrador omnisciente. Ello contribuye a hacer que su lectura sea amena. Es una colección muy heterodoxa y entretenida: Cliff escoge diferentes escenarios (Nueva Zelanda, Escocia, Ecuador, Londres) y se aplica con concisión a desarrollar cada una de las diferentes tramas de manera realmente impredecible.

Craig Cliff recibió por A Man Melting el Commonwealth Book Award en 2010. Es sin duda un autor a tener en cuenta en el futuro.

Posts més visitats/Lo más visto en los últimos 30 días/Most-visited posts in last 30 days

¿Quién escribe? Who writes? Qui escriu?

Mi foto
Ngunnawal land, Australia