22 ene. 2014

Reseña: La transmigración de los cuerpos, de Yuri Herrera

Yuri Herrera, La transmigración de los cuerpos (Cáceres: Periférica, 2013). 134 páginas. (Gracias, Will, por traerme este libro desde el DF, pero no me cantes boleros, güey...)

En estos días, cuando uno desciende del avión en cualquier ciudad de Asia, tiene que pasar por delante de un control médico, y en ocasiones, si existe alguna sospecha o se han dado síntomas de enfermedad durante el viaje, hasta le tomarán la temperatura. Es la constante amenaza del virus de la gripe, y las autoridades no se la toman a la ligera. Tampoco la población: en los trenes y por los pasajes del eficientísimo sistema de transporte de Hong Kong, para evitar contagios mucha gente lleva puesta una mascarilla, o como la denomina Yuri Herrera en esta distópica nouvelle mexicana, “el tapabocas”.

“Lo despertó una sed lépera, se levantó y fue a servirse agua pero el garrafón estaba seco y del grifo escurría nomás un hilo de aire mojado. Miró con rencor el tercio de mezcal sobre la mesa y sospechó que ése iba a ser un día horrible. No podía saber que ya era, desde hacía horas, mucho más que el infiernito íntimo que se había procurado a tragos.” Comienza el día sin agua pero con mezcal para el Alfaqueque, y empieza sin concesiones pero con un excelente ritmo narrativo La transmigración de los cuerpos de Yuri Herrera.

Una ciudad no nombrada por Herrera pero que no es difícil de situar en México es el escenario de esta breve pero contundente novela. El protagonista es el Alfaqueque, hombre que se dedica a mediar en conflictos y resolver litigios en los márgenes del marco legal institucional. Alfaqueque, por cierto, es palabra antiquísima: procedente del árabe, designa a un hombre que, nombrado por una autoridad pertinente, tiene como oficio redimir cautivos o libertar esclavos y prisioneros de guerra.

En esa ciudad innombrada todos los habitantes son potenciales víctimas de una epidemia mortal, al parecer transmitida por mosquitos, o por unos bichos indeterminados. El trasfondo viene pues marcado por una situación lúgubre, extraña y amenazadora: muy poco tráfico en las calles, casas cerradas bajo llave, controles policiales y de unidades del ejército.

Al Alfaqueque le llaman para resolver una situación que recuerda en parte al enfrentamiento de los Montesco y los Capuleto en la tragedia shakesperiana. Recibe el encargo de preparar el terreno para un acuerdo entre dos familias enfrentadas y que éstas intercambien a dos jóvenes que tienen secuestrados. La familia de los Castro tiene a Romeo, y el padre de éste, Delfín, ha secuestrado a la Muñe. El Alfaqueque cuenta con su propio equipo de colaboradores: el Ñándertal, una suerte de guardaespaldas, y la enfermera Vicky. Pero la fatalidad quiere que el intercambio de secuestrados se convertirá en canje de fiambres. Para más inri, las dos familias enfrentadas son en realidad dos cepas de un mismo clan: es un giro argumental muy efectivo por parte de Herrera.

Frente a esta vertiente de la trama, Herrera contrapone los devaneos sexuales del Alfaqueque con su vecina La Tres Veces Rubia, las desconfianzas de la Ñora, la vecina de edad, y la sospecha de que el novio de La Tres Veces Rubia se la tiene jurada.

En un libro que apenas supera las 130 páginas, La transmigración de los cuerpos destaca más que otra cosa por lo innovador y lo fresco de su lenguaje: es un peculiar modo de nombrar, y el lector más exigente podrá disfrutarlo porque es diferente, es contemporáneo y original.

“Un hijuelachingada cualquiera, cualquiera, se come un pan y a eso hay que buscarle un nombre, pensó, O un alias de perdis, que es para lo que el discernimiento alcanza.
Bato desterrado alias Menonita. Bato roto alias Alfaqueque. Pobre diablo solitario alias La luz de mis ojos. Pobre mujer expoliada alias Dónde andará. Venganza alias Desquitanza. El Carajo alias No se preocupe usted. Desprecio alias Quién se acuerda. Cuánto miedo alias Yo no sé nada. Cuánto miedo alias Aquí estoy bien. Un hijuelachingada cualquiera, cualquiera, alias Su mero padre. Esto es lo que esperaba alias Ni crean que me la pueden hacer. Verbo desbravado alias La pura verdad.” (p. 80)
La transmigración de los cuerpos es la tercera novela de Yuri Herrera, quien en una nada extraordinaria entrevista que publicó El País aquí arremetía contra la tendencia al amarillismo en los medios de comunicación contemporáneos. “Incluso los temas más urgentes merecen una reflexión, eso implica respeto a los hechos y a la lengua,” sugería Herrera hace casi un año. El tiempo parece que viene a darle la razón. Un autor mexicano a tener marcado, al que voy a incluir en mi lista de futuras adquisiciones.

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