25 may. 2014

Reseña: At Night We Walk in Circles, de Daniel Alarcón

Daniel Alarcón, At Night We Walk in Circles (Londres: Fourth Estate, 2013). 374 páginas.

El realismo mágico se encontraba en un estado moribundo ya antes de la muerte de Bolaño. En una época en que la emigración ha difuminado las fronteras lingüísticas hasta prácticamente hacerlas invisibles, un narrador de origen peruano y criado en los Estados Unidos, Daniel Alarcón, diluye aún más esas fronteras al escribir en lengua inglesa una novela de temática inapelablemente latinoamericana. La pobreza, la violencia en las calles, el régimen brutal imperante en las prisiones, el narcotráfico, la represión policial y militar, la corrupción política, aun ese idealismo zurdo que el presidente uruguayo Mujica recientemente calificaba de infantil: son todos aspectos de la vida en Latinoamérica a los que Alarcón hace referencia directa o indirectamente en At Night We Walk in Circles.

En las primeras páginas de la novela me llamó la atención la presencia de un narrador que es más espectador que protagonista. Hay un yo que se declara participante al final del primer capítulo – y lo hace de forma sorprendente, por medio de un “nosotros”. Pero desde un principio nos advierte además de que su irrupción en la historia es muy tardía y en cierto modo impropia, de manera que su presencia no es ni por asomo abusiva.

At Night We Walk in Circles cuenta en realidad dos historias, la de Henry Núñez, actor y dramaturgo que en los años 80 formó una compañía teatral llamada Diciembre, desde la cual producía representaciones de carácter subversivo, que bien pronto llaman la atención de las autoridades. Es la época de lo que Alarcón (o el narrador de la novela) denominan la “guerra” – los terribles años de la guerrilla de Sendero Luminoso. Una noche, ya con el teatro vacío, Henry es arrestado. Unos días después es acusado de un delito de “terrorismo”.

La otra historia es la de Nelson, otro actor mucho más joven que se une en marzo de 2001 a Núñez y su amigo Patalarga tras hacer una audición. El reformado Diciembre sale de gira por la cordillera andina, visitando remotos pueblos donde imperan un ritmo de vida y una cultura tan diferentes de los de la capital. La obra que van a representar es la misma que le costó a Núñez la libertad unos quince años antes: El Presidente idiota.

Si bien Alarcón nunca menciona a su Perú natal (Alarcón creció en los Estados Unidos), no cabe ninguna duda de que At Night We Walk in Circles se sitúa en el país andino. La cárcel donde Núñez cumple condena es muy posiblemente la infame Lurigancho.

La trama lleva al lector al pasado, a los orígenes de Diciembre y a las penalidades que Henry sufre en la cárcel, donde sobrevive gracias a la ayuda de Rogelio, de quien se hace amante. Henry pasa de haber sido dramaturgo prestigioso en una época de convulsión social y política a ejercer en 2001como profesor de ciencias en una escuela secundaria, divorciado y un tanto amargado. Alarcón dedica muchas páginas a las interacciones entre los actores en los ensayos de una obra extremadamente crítica con el poder político institucional. Se contrapone al engreimiento y altanería de Henry el entusiasmo y admiración de Nelson por el líder de Diciembre.

Casi al final de la gira, Henry decide de pronto cambiar el itinerario para acudir a visitar el pueblo natal de Rogelio, y presentarse a su familia, quienes piensan que está todavía vivo. En realidad, Rogelio había muerto en la cárcel poco después de que Henry cumpliera su pena, una víctima más de la salvaje represión policial y militar en medio de la “guerra”. Es ese pueblo (también el pueblo natal del narrador, quien solamente se refiere a él por la letra inicial, T) en el que la trama sufre un sorpresivo giro que supone el fin de la gira teatral y la separación de Nelson de sus dos compañeros de escenario. Una pelea con el hermano de Rogelio, Jaime – un personaje siniestro y cruel que había ocultado la muerte de Rogelio a sus padres – lleva a los intérpretes a escenificar una disculpa ante la madre y la hermana de Rogelio. Inexplicablemente – es un decir, pues no quisiera revelar demasiado del argumento de la novela – Nelson queda preso en T, representando un papel que jamás hubiera considerado.

Alarcón maneja con destreza el tempo narrativo: es precisamente el hecho de que haya un narrador que va cobrando mayor protagonismo conforme avanza la novela – finalmente se identifica como periodista de una revista de la capital – lo que permite ir revelando detalles a su antojo. El suspense es solamente un aliciente añadido a la atmósfera de malos augurios y oscuros presentimientos que crea Alarcón.

El desenlace es explosivo: cuando un Nelson hambriento, cansado y desorientado regresa a la capital, su destino ha dejado de estar en sus manos. Sus intentos por convencer a su exnovia Ixta de que vuelva con él y criar juntos al bebé que ella lleva en sus entrañas (Nelson sospecha que el bebé es suyo) son sueños inasibles e inalcanzables. La tragedia está servida, y solamente se necesitan aditamentos como el azar y el alcohol para que la sangre, por así decirlo, llegue al río.

Con numerosos, complejos personajes bien desarrollados y un estudiado ritmo narrativo, At Night We Walk in Circles resulta ser una excelente novela, pese a que Alarcón decide no profundizar en algunos aspectos narrativos secundarios que dejan interrogantes en el aire: por ejemplo, ¿hasta qué punto se insinúa que Nelson pudiera ser bisexual, como Henry?


La novela la ha publicado ya en castellano Seix Barral (en traducción de Jorge Cornejo) bajo el título de De noche andamos en círculos. Recomiendo, para quien quiera contrastar otras opiniones, esta reseña de Santi Fernández Patón en Hermano Cerdo.

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