5 abr. 2015

Reseña: Los acasos, de Javier Pascual

Javier Pascual, Los acasos (Barcelona: Random House Mondadori, 2010). 251 páginas.

Puede que se trate de una coincidencia de fechas o no, pero el trasfondo histórico de esta novela del madrileño Javier Pascual ciertamente tiene mucho en común con la ocupación del continente australiano a partir de 1788 tras la llegada de la Primera Flota a Port Jackson. En Los acasos, Pascual narra los eventos que rodearon la guerra de fronteras al norte de México contra la nación apache y otros pueblos que durante siglos habían vivido más o menos tranquilamente en las tierras al norte del desierto de Sonora. En ambos casos, la ocupación por parte de tropas y colonos venidos de diferentes partes de Europa supuso prácticamente la exterminación de los pueblos oriundos de esas tierras.

El subgénero de la novela histórica entraña dificultades en cuanto a su ejecución exitosa. Por una parte, es necesario que el autor se sumerja durante largos periodos de tiempo en la documentación histórica que le vaya a permitir hacer verosímil e íntegra la versión de la historia que va a constituir el eje argumental de su narración. Por otro lado, debe dotar de vida a sus personajes para que no parezcan simples marionetas acartonadas sobre el papel. La buena noticia es que Pascual sale airoso respecto a ambos desafíos, especialmente en el primero, pero no siempre en el segundo.

La Sierra Madre en Arizpe. Fotografía de Edgar26c
Pascual escoge poner la veracidad de lo contado por el narrador principal (interpone otra voz narradora desde un principio, la cual nos avisa de la posible falta de veracidad de lo que cuenta Moisés Mújica en sus legajos). Esto constituye una pirueta ficcional con muchos riesgos, pero al autor le reporta muy buenos dividendos.

La introducción a la memorias de Moisés Mújica la realiza un narrador anónimo, escribano al servicio del ejército colonial, el cual nos informa de la muerte de aquél, “último hombre que pudo ver vivo al apache Chirlo” (p. 9), y de la obligación que tiene de preparar un documento que denomina “Escritura Funeral” con los legajos atribuidos a Mújica para enviárselos a su familia en Cádiz. Más adelante, surgen enormes sospechas en torno a la autenticidad de ese documento porque le es devuelto por la madre de la familia como “falso testimonio de un falso hijo” (p. 10).

Apaches en atuendo guerrero: Fotografía de Timothy O'Sullivan (1840-1882)
El tema de la historia narrada por Mújica es la guerra del imperio español (ya muy próximo su final al otro lado del Atlántico) contra los apaches que vivían en una vasta zona al norte de Chihuahua, en lo que hoy en día es Nuevo México y Arizona. La visión de Mújica es descarnada: sus confesiones (dirigidas a su supuesta hermana Flora, a la que añora muchísimo) retratan un cuerpo militar brutal y despiadado, cuyos integrantes son presa de una codicia inagotable y que ven a los apaches como meras alimañas a las que deben exterminar. Y a fe mía, que lo hicieron. Mújica da detalles de las muchas matanzas causadas en uno y otro bando en una guerra de frontera que con el paso de los meses y los años es poco más que simple rutina para él.

Presidio de San Agustin del Tucson, reconstruido en la actualidad. Fue edificado originalmente por los soldados españoles en 1775, y delimitaba la frontera septentrional del imperio. Fotografía de Darkwind.
Pero las cosas cambian cuando cae prisionero de los apaches, con quienes vive un largo periodo de tiempo. El alférez Mújica sobrevive con fortuna – y especialmente por la intervención del jenízaro Asén Bayé, apache criado con los españoles tras quedar huérfano. Mújica, que – según confiesa a su hermana – nunca ha sentido una verdadera vocación militar, aprende a vivir entre los apaches y sobrevive en gran parte gracias a una mujer repudiada por su marido por infidelidad (la marca del repudio es el corte del apéndice nasal). Tras un par de intentos de huida infructuosos, logra evadirse del yugo apache tras matar a un viejo guerrero que le había tomado algo de cariño.

El relato de Mújica trata de situarse en una difícil imparcialidad. Si el apache es descrito como un pueblo guerrero asentado en tradiciones que hoy en día no podríamos sino calificar de brutales y regresivas, los españoles no les van a la zaga: soldados de fortuna, hombres despiadados instruidos para llevar a cabo el expolio de tierras extranjeras con las malas artes de la barbarie, siempre justificadas por una falaz superioridad racial y el beneplácito de la consabida jerarquía religiosa que todo lo disculpa.

Las reflexiones de Mújica son francamente interesantes por lo contemporáneas que resultan: “una mala paz siempre será preferible a una buena guerra” (p. 134). El profundo conocimiento de los apaches le permite adentrarse en su filosofía de la vida: “a nosotros [los españoles] nos toca escribir la Historia que nos conviene, y a ellos [los apaches] les corresponde sufrir la que en verdad les toca y nadie más que ellos conoce ni conocerá porque no saben ni quieren escribir y porque desconocen la existencia de esa fabricación del hombre que llamamos Historia.” (p. 146) Sustituye “españoles” por “ingleses” y “apaches” por “indígenas australianos” y el paralelismo es harto evidente.

La entrada a Arizona desde Nuevo México. Creo que el cartel no va dirigido a los emigrantes del sur de la frontera. Fotografía de Wing-Chi Poon.

La duda sobre la veracidad del relato de Mújica es una estrategia que busca relativizar y ficcionalizar aún más si cabe el ejercicio de balance histórico que lleva a cabo Pascual. El novelista madrileño hizo un ingente esfuerzo por ambientar el relato del alférez en su época de tal forma que sea creíble. Términos más bien oscuros como jenízaro, pujacante, onagro, tártago o mimbreño, entre otros, junto con una sintaxis decimonónica y arcaizante, contribuyen a crear una voz para Mújica. No me resultó tan verosímil, en cambio, el pliego atribuido al apache Asén Bayé como “Memoria de Méritos” (p. 187-230). Resulta asimismo un poco chocante que el relato del mismo Mújica pase del pretérito (predominante al comienzo del libro) a hacerse en presente cuando Mújica da cuenta de su desastrosa expedición en pos de unos desertores que termina en su cautiverio en poder de los apaches. Son pequeños detalles que no restan méritos a lo que es, en su conjunto, un buen libro.

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