21 may. 2016

Reseña: The Book of Night Women, de Marlon James

Marlon James, The Book of Night Women (Nueva York: Riverhead Books, 2009). 427 páginas.
Los hay que a estas alturas de la historia de la humanidad todavía insisten en la idea de que las potencias occidentales portaron la “civilización” a las gentes de otras tierras. Es ya horroroso y vomitivo de por sí pensar en la esclavitud de otros seres humanos como negocio; pero incluso mayores arcadas me produce la constatación de que los esclavistas sometieron a esas personas, a las que consideraban de su propiedad tal si fuesen animales, a vejaciones y torturas innombrables.

Jamaica, los albores del siglo XIX. En una plantación del este de la isla nace una niña. La madre muere en el parto; el padre de la criatura es el “capataz” Jack Wilkins. La niña es una hermosa mulata de ojos verdes, y recibe el nombre de Lilith en una plantación donde a los esclavos les ponen nombres de mitos griegos: Atlas, Gorgón, Ifigenia, Homero, Andrómeda, etc. ¿Refinamiento intelectual? Para nada. El destino vital de la recién nacida no será otro que la esclavitud.

¿Trabajar como animales? Algunos animales recibían mucho mejor trato. 
Muerta su madre, a Lilith la ponen bajo el cuidado de una esclava, Circe, a la que le han dado cierta manga ancha al permitirle vivir sola en una cabaña. Hay también una figura paterna, Tántalo, otro viejo esclavo medio loco, al que nadie parece hacerle caso. Su relativamente apacible niñez se ve totalmente trastocada tan pronto crece y se hace moza: uno de los johnny jumpers (esclavos con licencia para castigar a otros esclavos) de la plantación intenta violarla en la choza donde vive. Lilith le hace frente y, tras una pelea, lo mata.

Normalmente eso supondría un terrible castigo e incluso la muerte, pero a Lilith decide protegerla la jefa de cocinas, Homero, que decide darle refugio en la despensa del sótano hasta que se calme la situación.

Marlon James, un magnífico escritor que estaba esta semana de visita en Australia. Not just a cool dude! Fotografía de Larry D. Moore
Pese a su juventud, la joven mulata pronto se labra entre las demás esclavas de la casa una reputación de dureza y resiliencia. Sus ojos verdes también le prueban que ella es diferente, y que tiene derecho a verse como mejor que las otras mujeres con las que trabaja. Con el paso de los meses recibe mayores responsabilidades, pero un accidente mientras sirve la comida en una fiesta le significa un brutal castigo, ordenado por el nuevo capataz irlandés, Robert Quinn.

Las peripecias por las que atraviesa Lilith la llevarán a servir en otra hacienda cercana. Es un cambio de lugar, pero las condiciones son tan denigrantes como en Montpelier, donde había nacido. Puesta al servicio de unos amos brutales y abusivos, Lilith no dudará en defenderse de ellos, incluso matándolos. Para fortuna suya, los esclavistas blancos no descubren su autoría del crimen y el incendio que destruye la casa, y Lilith regresa a Montpelier.

 "Aquellos no ser patíbulos normales. Los fraguan de la ira del mismo Massa Humphrey. Aquiles ver el patíbulo cuando lo ponen en el suelo y grita e intenta correr, pero cae de rodillas. Ya tiene el pie izquierdo roto de antes. Los cuatro hombres suben al esclavo a tirones. el patíbulo construido como una jaula con un aro de fierro arriba para colgar de una cuerda, dos placas de fierro en los lados y una delante que hacen la jaula de la forma de un hombre. Luego soldadas unas barras que dan la vuelta, cuatro, para amarrar bien al esclavo negro," (p. 417-8, mi traducción). Un patíbulo de la época en el Museo de los Piratas de Nassau, Bahamas.- Fotografía de BrokenSphere
The Book of Night Women ofrece un detallado dibujo de la brutal sociedad del esclavismo de esos siglos, centrado especialmente en las mujeres esclavas. Son unas mujeres marcadas (literalmente) por las torturas, las violaciones, los maltratos y humillaciones a que se ven sometidas desde la más tierna infancia, y todo ello por el color de su piel y por su sexo. Homero, ultrajada y traumatizada por sus dueños, planea una revuelta con un grupo de esclavas afines. Espera que Lilith se una a ellas porque reconoce en ella unas cualidades que servirían para los fines que el grupo persigue. A la insurrección se sumarán todos los esclavos de la isla, dicen las mujeres que se celebran sus secretas reuniones nocturnas en una cueva.

Al igual que en su primera novela, John Crow’s Devil, Marlon James no se ahorra detalle alguno al narrar la violencia que rezuma la sociedad del esclavismo. Es una novela sobre la barbarie sobre la que se construyeron los imperios coloniales, pero sus personajes también nos muestran su lado humano. La misma Lilith es vanidosa, torpe y obstinada, y aun así sabe descubrir la amistad y la lealtad en los demás. Pero The Book of Night Women es además una excelente historia de un amor imposible, un romance condenado a su destrucción por su inherente imposibilidad.

El mayor acierto de James, entre los muchos que encierra esta estupenda novela, es la elección de la voz narradora, cuya identidad solamente se nos revela en la última página. Una mujer que cuenta una terrible historia, sin tomar partido por uno u otro bando, pero sin escatimar detalles de actos brutales, que ponen en tela de juicio la supuesta educación de los que se consideraban a sí mismos civilizados y civilizadores. La escritura refleja el registro menos refinado del habla popular de los esclavos, en el que, por ejemplo, los pronombres personales de caso sujeto se usan como posesivos. Es por eso una voz muy auténtica, que al lector le resulta fidedigna y creíble.

Las divisiones tácitas, las fronteras invisibles que se dan entre los mismos esclavos (y especialmente entre esclavos y esclavas) establecen un significativo contraste ante las líneas divisorias firmemente marcadas entre amos y esclavos.

Tuvieron que pasar muchos años antes de que se pusiera fin a esta barbarie tan "civilizadora". Freeing a Slave from the Slave Stick, Jamaica, ca.1875

Este es un libro indispensable para comprender lo casi incomprensible, una parte inhumana de la historia, y al mismo tiempo una ficción admirable en su construcción y en su lenguaje. The Book of Night Women recibió el Dayton Literary Peace Prize de 2010.

12 may. 2016

Reseña: I Am No One, de Patrick Flanery

Patrick Flanery, I Am No One (Londres: Atlantic Books, 2016). 336 páginas.

“No somos nadie”, dice esa socorrida expresión que con cara compungida suele soltarse en funerales y entierros. En el caso del Profesor Jeremy O’Keefe, ya quisiera él ser nadie… para la agencia o agencias de inteligencia que por alguna razón que desconoce le han seguido la pista (lo que es un eufemismo en este caso) desde que decidió marcharse de los Estados Unidos y establecerse en Oxford poco después de septiembre de 2001, tras un agrio divorcio y un fracaso profesional del que prefiere no hablar.

It was boring in 1986 when I visited. Betcha it remains so. Fotografía de Doc Searls.
Esta tercera novela de Patrick Flanery (hasta ahora solamente he leído la segunda, Fallen Land, que ya reseñé aquí en septiembre de 2013, y la cual no dejo de seguir recomendando encarecidamente) ofrece un comienzo de lo más intrigante que he leído en mucho tiempo: O’Keefe se presenta en una cafetería donde ha quedado con una de sus estudiantes de posgrado para hablar; transcurre el tiempo y se da cuenta de que la chica no va a venir, y un joven cliente de la cafetería le aborda y le hace preguntas sobre la chica que no ha acudido a la cita. Apenas una hora después, ya en su apartamento del campus, encuentra en su ordenador un email que él no recuerda haber escrito, según el cual había cancelado la cita con su discípula, que le había respondido.

En los siguientes días, el cincuentón académico empieza a recibir cajas que contienen folios impresos con las direcciones de los sitios web que ha estado visitando en los últimos diez años y de los números de teléfono que ha marcado o de los que ha recibido alguna llamada en ese mismo periodo. Sería como para echarse a temblar, ¿no?

¿Quién le vigila, y por qué? Desde su punto de vista, él no es nadie de importancia. Pero es evidente que alguien poderoso está al tanto de todos los detalles de su vida, incluidas sus pequeñas indiscreciones en Oxford. ¿Qué quieren de él? Al fin y al cabo, Jeremy es un tipo más bien retraído, con un interés académico muy específico por la historia de la Stasi (qué sutil ironía: un ejemplo perfecto de especialistas en la vigilancia total del individuo) y, de vuelta en su Nueva York natal, se siente todavía un poco fuera de sitio, solo, extraviado.

La novela está narrada en primera persona, y se presenta como una suerte de testamento o confesión por parte del historiador, que había logrado la doble nacionalidad (estadounidense y británico) mientras estaba en Oxford.

A medida que progresa el relato de O’Keefe, vemos cómo su situación empeora: descubre que hay un hombre apostado enfrente de su apartamento; el joven de la cafetería se hace omnipresente, y aparece hasta en las fiestas del día de Acción de Gracias y de Navidad que da su hija, una adinerada propietaria de una galería de arte del centro de Nueva York. Cuando se va un fin de semana a su casa de Rhinebeck, el mismo joven vuelve a aparecer en circunstancias más que sospechosas (¿Cuántas coincidencias son posibles en un lugar como Rhinebeck?); en la casa, desaparece su teléfono, y al poco rato lo encuentra en el interior del frigorífico, con un mensaje escrito en la pantalla, pero no enviado: “Los teléfonos escuchan”.

 El centro de Rhinebeck. Suena un teléfono... mejor no contestar, Jeremy. Fotografía de Daniel Case.
Flanery va esparciendo los hechos más comprometedores y significativos de la vida de O’Keefe a lo largo de los capítulos de la novela, de manera que el lector va haciéndose una idea más exacta de quién es Jeremy. ¿Es su conexión con una estudiante egipcia procedente de una pudiente familia en Oxford la que le ha metido en este embrollo que le está literalmente volviendo loco? ¿Es posible que el hermano de esa estudiante, Fadia, sea la causa última de que el Profesor O’Keefe esté en la mira de las agencias de inteligencia?

Como en Fallen Land, Flanery maneja los hilos argumentales con astucia y buen hacer. I Am No One no es, estrictamente hablando, un thriller a la vieja usanza. Cierto es que desde prácticamente la primera página el misterio te atrapa, y uno no deja de preguntarse qué es lo que realmente le está sucediendo a O’Keefe. Pero el hecho de que la historia esté contada en primera persona lo convierte en un narrador que no es 100% fiable.

They're warching YOU, too. No lo olvides.
Fotografía de Nikolaos S. Karastathis, mayo de 2006.
Quizá lo más significativo e inquietante de este nuevo libro de Flanery sea que describe un escenario demasiado verosímil, demasiado actual y presente en nuestras vidas. Dice por boca de O’Keeefe:
“Es horrible ponerse a imaginar que lo que parece un delirio paranoico pudiera ser cualquier cosa excepto eso, que sospechar que a uno lo están siguiendo y vigilando y manipulando es, de hecho, el colmo de la cordura, quizás la definición misma de la cordura en el mundo actual. Lo que es de locos es suponer que llevamos vidas privadas, o que la vida privada sea aún una posibilidad, y eso es no solo cierto para los que vivimos nuestra condena en el mundo desarrollado, sino para cualquiera en cualquier sitio, excepto quizás para los que se esconden bajo tierra, pues los satélites que hemos puesto en el espacio, y las aeronaves, tripuladas y no tripuladas, que patrullan el espacio aéreo por encima de nosotros, nos miran fijamente, y producen imágenes minuciosamente detalladas de todas nuestras vidas, observándonos, o quizás se podría decir que simplemente nos estamos observando a nosotros mismos, o al menos que los gobiernos a los que les permitimos seguir en el poder nos están observando en nuestro propio nombre, así como las corporaciones que también lo hacen por cuenta propia, aun cuando insisten en el servicio público que dicen facilitar, el cual utilizamos, con frecuencia de forma gratuita, sin que gastemos nada para poder mirar imágenes de satélite del patio trasero de nuestros vecinos y las terrazas de los tejados o vistas a nivel de calle de los ventanales y puertas de su fachada, intercambiando este acceso gratuito a todo el conocimiento del mundo por la grabación, por parte de esas corporaciones, de los hábitos de nuestra actividad, y haciéndonos vulnerables no solo a la captación de esos datos y su potencial monetización, es decir, a su venta otras entidades que recojan sus propias clases de datos sobre nosotros, sino también a ser bombardeados con publicidad que, por mucho que podamos luchar contra ella, inserta sus mensajes en la profundidad de nuestro pensamiento, influyéndonos de una u otra forma… (p. 116, mi traducción).
Visto lo visto, a partir de ahora habrá que saludar hacia arriba, al satélite de servicio discrecional, al salir de casa. Nos están viendo, nos están mirando. Y mucho cuidadito con lo que decimos por teléfono. Todo se escucha, todo se graba, todo se sabe. Pero, ¿por qué hemos elegido a estos políticos tan nauseabundamente furtivos a la hora de tomar decisiones en torno a la privacidad de sus ciudadanos?

4 may. 2016

Reseña: Island Home, de Tim Winton

Tim Winton, Island Home: a landscape memoir (Melbourne: Hamish Hamilton, 2015). 239 páginas.
Hace poco más de dos semanas, mientras, pertrechado de mi iPod mini y escuchando (como un buen poddy) a Phillip Adams, recorría el madrileño Parque del Retiro en un fresco paseo matinal, se clavaron mis ojos en los altísimos y hermosos eucaliptos que tienen por residencia la villa y corte. Por la cabeza me pasó un germen de cuento, que posiblemente nunca me anime a escribir: el relato de un australiano en Madrid, que se sintiese tan nostálgico por su tierra que recorriera cada día el Parque del Retiro, deteniéndose ante los árboles que mejor caracterizan Australia, y susurrándoles mensajes cifrados.

El eucalipto ha sido, en cierto modo, una especie de venganza de la isla-continente respecto al resto del mundo: tal como las especies invasoras (especialmente europeas) radican ahora en tierras australianas, el eucalipto se ha adaptado y extendido con facilidad a esos nuevos suelos. Hace un par de años pude comprobar cómo crecen en las laderas de Gallipoli, en lugares donde no debieran hacerlo. En lugares como Galicia, el eucalipto ha hecho más daño que otra cosa.

¿Por qué quiere la gente subir a esta roca si es terreno sagrado para los habitantes de la zona? Fotografía de Weyf.
Uno de los temas recurrentes en este libro de Tim Winton es el daño que la explotación económica de la tierra inflige a los ecosistemas australianos. Concebido como una autobiografía, el libro repasa la vida de este idiosincrático autor australiano en primera persona, a modo de diario. Abundan también los capítulos de tono ensayístico, en los que Winton reflexiona sobre los temas más variopintos, entre ellos las características de su prosa, sus influencias literarias y las razones por las que buena parte de la elite académica australiana lo han relegado a un rincón en el que Winton parece sentirse más que cómodo.

Island Home – título que Winton toma prestado de la canción de Neil Murray – es por una parte un compendio de episodios autobiográficos que van desde la niñez hasta el año pasado, y a los une un singular hilo geográfico: los paisajes australianos, en especial los de su nativa Australia Occidental, que representa casi dos tercios de la superficie del país. Winton admite cómo torturaba animales e insectos cuando era un niño (¿quién no lo hizo?), y por ello resulta más interesante si cabe su evolución personal, hasta convertirse en figura emblemática (aunque algo reacia) del movimiento medioambientalista.

Warumpi Band, 'My Island Home'

Winton ha viajado por prácticamente toda Australia Occidental, y se ha zambullido en casi todas las aguas que bañan sus costas. Conoce perfectamente sus paisajes, que como ya se ha dicho, vienen a ser un personaje siempre presente en sus novelas y le definen como escritor. La tierra es su inspiración, su motivación, el aliento que le da vida como escritor y como ser humano: “…el genio de la cultura indígena es incuestionable, pero incluso este queda eclipsado por la escala y la insistencia de la tierra que la inspiró. La geografía los supera a todos. Su lógica lo apuntala todo. Y después de siglos de asentamiento europeo, persiste, pues ningún logro post-invasión, ninguna ciudad ni ningún monumento sobresaliente pueden competir con la grandeza de la tierra. Y no te pienses que ésta es una noción romántica. Todo lo que hacemos en este país está todavía dominado y respaldado por el fogoso tumulto de la naturaleza. Una casa de la ópera, un puente de hierro, una torre con una cúpula dorada: estas son maravillas creativas, pero en tanto que estructuras, parecen bastante endebles frente al paisaje en el que se hallan. Piensa en la masa aviesa y el rostro siempre cambiante de Uluru. ¿Lograrán alguna vez los arquitectos que la piedra esté así de viva? Piensa en la desconcertante escala y complejidad de Purnululu, también llamada la cordillera Bungle Bungles. Es como una megaciudad críptica, forjada por ingenieros ciegos de peyote. Es improbable que los seres humanos fabriquen alguna vez algo tan hermoso e intricado.” (p. 17, mi traducción)

Purnululu: Una críptica megaciudad forjada por ingenieros ciegos de peyote. ¿La naturaleza también se drogaba? Fotografía de Brian W. Schaller  
Los mensajes de Winton en este libro son intensos y elocuentes, pero mientras la política australiana siga estando dominada por la codicia, el egoísmo y esa extraña, aunque muy extendida noción, de que todos y cada uno de los australianos tienen el derecho de verse como más ‘especiales’ que los demás, el mensaje caerá en saco roto. En un artículo de opinión titulado ‘Asylum-seekers: Australians all, let’s hang our heads in shame’, que aparece hoy en The Canberra Times, el exdiplomático Bruce Haigh lo dice sin rodeos. No se muerde la lengua:
“Australia es un país enfermo, principalmente porque se ha convertido en un país muy egoísta y egocéntrico. Se ha extendido la idea de que todo nos corresponde, y ciertamente es una idea que alientan y fomentan la clase dirigente y los políticos. Porque, claro está, todo gira en torno a nosotros, es decir, a los anglo-cristianos blancos que componen el grueso de la clase dirigente australiana. […]Australia está administrando un gulag, un campo de concentración. La Historia será despiadada en su condena de todos los que son responsables. […]
Esta es la cuestión: para proteger nuestros privilegios, nuestros gobiernos prohibieron el libre flujo de la información desde los centros de detención y sobre todas las operaciones fronterizas de costas afuera. Han amenazado con la cárcel a médicos y enfermeros que hagan denuncias. Este abuso de la libertad de expresión nada tiene que ver con la protección de nuestros derechos. Únicamente tiene que ver con la protección de las fortunas y los privilegios.La política para con los solicitantes de asilo es una versión fea y renovada de la vieja política de la “Australia Blanca”. Con una excepción: si tienes dinero, a Australia le importa un carajo cuál es tu raza. El dinero es la llave para que te admitan. No el hecho de que estés huyendo para salvar la vida, para lograr la libertad o salvar las vidas de los miembros de tu familia. Sí: somos ya un país corrupto, corrupto moral, ética y económicamente.” (mi traducción)
Como dicen los castizos: ¡ZAS en toda la boca!

Señor Turnbull: esto no lo hacen ustedes en mi nombre, ni en nombre de mis hijos. No quiero más rebajas de impuestos. No las necesito. Quiero decencia para este país. Quiero dignidad. Quiero poder mirarles a mis hijos a los ojos y decirles que este país, su país, es un país decente. Porque ahora no lo es. Quiero que cuando canten el himno en la asamblea de la escuela puedan sentirse orgullosos de lo que cantan. Así, no. ¡Basta de ruindad!

Mr Turnbull: you lot are not doing this in my name or on behalf of my sons. I do not want any more tax cuts. I don’t need them. I want decency for this country. I want dignity. I want to be able to look my sons in the eye and tell them that this country, their country, is a decent one. Because right now, it isn’t one. When they sing the national anthem at the school assembly, I want them to be able to feel proud of the lyrics. Not like this. Enough meanness!


Añadido el 5/01/2017: el video explicativo/promocional de Island Home en youtube.

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