28 jun. 2016

De las Brindabellas a los Andes

Desde hoy, y hasta principios de agosto, este blog (y el bloguero, claro está) se va de viaje.

De las Brindabellas...


...a los Andes...

© 2004 Guillaume Audureau 
Casi cinco semanas de viaje, en un itinerario que comprenderá tres países andinos, a cada cual más hermoso e interesante: Bolivia, Perú y Chile. Tras pernoctar en Santiago, pondremos rumbo a La Paz vía Iquique. Cruzaremos a Perú por Puno para luego encaminarnos a Cusco. El Camino Inca nos llevará a una cita obligada: Machu Picchu.


De Cusco otra vez en avión a Lima, donde podremos ver a unos buenos amigos y (esa es la intención) tomar con ellos unos tragos entre muchas risas y seguro que divertidas anécdotas. Desde Lima iremos más o menos siguiendo la Panamericana en dirección sur, con parada obligatoria en Arequipa. Pisco, Paracas, Colca y Nazca son otros nombres propios en esa ruta.
AREQUIPA. Fotografía de AgainErick
A Chile volveremos a entrar por Arica, y una vez lleguemos a Iquique el viaje será en auto de alquiler hasta Santiago, con pernoctaciones diversas, entre ellas San Pedro de Atacama, donde cabría esperar que, cerca de veintitrés años después, a uno no lo reconozcan, especialmente en las Termas de Puritama.

Para este viaje se precisan alforjas: la intención es visitar librerías en buena parte de las ciudades que visitemos, y cargar con alguna de las recomendaciones del librero local o las novedades locales más atrayentes. De momento, me acompaña un entrañable uruguayo, el gran Eduardo Galeano con sus Espejos. Veremos qué joyas puedo agenciarme en las librerías de La Paz, Lima o Santiago, o en alguna otra librería con la que pueda toparme durante el viaje. Cualquier recomendación será muy bienvenida.

Y por si el poco original título de este post ha despertado una vena algo nostálgica en tu memoria, aquí tienes un video de la famosísima adaptación en dibujos animados japoneses del relato Dagli Appennini alle Ande de Edmondo d'Amicis.

El drama de la emigración antes de que la crueldad y el egoísmo la hayan hecho prácticamente inalcanzable para muchos, en un formato asequible y comprensible para los más jóvenes.

25 jun. 2016

Reseña: The Scatter Here is Too Great, de Bilal Tanweer

Bilal Tanweer, The Scatter Here is Too Great (Londres:Vintage, 2014). 203 páginas.

Un atentado con bomba en las inmediaciones de una de las principales estaciones de ferrocarriles de Karachi, Cantt Station, es el episodio central que conecta las diversas partes de esta obra del paquistaní Bilal Tanweer, en su debut como novelista. Cada una de las partes del libro está precedida por un breve prefacio en el que el autor hace referencia a un parabrisas agujereado por una bala: ”¿Has visto alguna vez un parabrisas despedazado por una bala? El agujero en el centro echa una red limpia y nítida alrededor de sí misma y se satura de diminutos cristales. Esa es la metáfora de mi mundo, de esta ciudad: rota, hermosa, y nacida de una tremenda violencia.” (página 1, mi traducción)

Karachi Cantt Train Railway Station. Fotografía de Farhan
La metáfora funciona ciertamente funciona: las diversas partes que integran The Scatter Here is Too Great vienen a ser esas largas grietas que parten del episodio fundamental, la explosión de la bomba; la dispersión que produce la detonación tiene su eco no solo en el título sino también en la dispersión del acto narrativo a través de los múltiples narradores con los que Tanweer puebla la novela.

¿Quiénes son estos personajes narradores? El primero es un niño al que sus compañeros de colegio llaman Lorito. Su relato es cautivador y te mete de lleno en el libro con sus cándidas frases, tan directas que a primera vista no delatan la profundidad que esconden. Otros narradores son un caricaturista, un adolescente que escapa durante unas pocas horas con el coche de su madre, un esbirro que trabaja para una compañía dedicada a la recuperación forzosa de coches embargados, el hermano de un conductor de ambulancia traumatizado tras la explosión de la bomba, un niño pequeño cuya hermana le cuenta historias fantásticas.

Son narradores anónimos, pero sus personajes no lo son. Pese a la dispersión de la narración, el foco de Tanweer los hace humanos en el detalle descriptivo dentro de ese cosmos urbano en el que imperan el terror, la pérdida y la pobreza, pero también hay mucho deseo y amor.

Paisaje nocturno de Karachi. Fotografía procedente de pkonweb.com 
Con todo, para mí la voz narradora más atrayente es la del escritor. Es llamativo lo mucho que Tanweer escribe sobre el acto mismo de la escritura. The Scatter Here is Too Great es en gran medida una metanarrativa audaz e innovadora. Véase este párrafo en la página 174 como ejemplo:

“Llegó un momento en mi vida en que comencé a buscar un trabajo que tuviera una rutina dura e inflexible. Me puse a buscar faenas que me ayudaran a alejarme de la escritura; un trabajo que no me dejara con el ansia de recurrir a las palabras, porque ése es el quid de la cuestión: escribir suponía para mí una tortura ineludible. No podía hacerlo, pero era la única cosa que deseaba hacer con desesperación.” (mi traducción)

Al final de esta parte del libro (la última, por cierto), el joven escritor que trabaja como subeditor de un diario de Karachi reflexiona sobre la literatura y su naturaleza ficticia e irreal, rechazando la “fabricación” (esto es, la invención narrativa) de los cuentos que su difunto padre escribía o narraba para él cuando era niño (lo que conecta con el primer capítulo), La labor periodística, pensaba él, estaría más cercana al (vano) intento de reflejar la realidad, la vida real, con precisión y exactitud. Tras visitar el hospital adonde han llevado el cadáver de su amigo Sadeq (el esbirro de la compañía que ejecuta los embargos de coches) se pone a vagabundear las calles de Karachi, y tras un encuentro con algunos extraños personajes llega a la conclusión que para muchos es la esencia de la literatura: la paradoja de que únicamente la ficción, la invención, puede otorgarnos suficiente dominio al enfrentarnos a la labor de recrear y reorganizar la realidad y hacerla asimilable, a través de la escritura. “Necesitábamos historias para poder imaginar el loco mundo en el que vivimos,” dice Tanweer en la página 196. Y también alguien que las lea. Yo recomiendo que leas este libro, y para abrir boca, te ofrezco las primeras cuatro páginas traducidas al castellano.


Pizarras
Tengo unos dientes que sobresalen, y por eso todo el mundo en la escuela me llamaba lorito, lorito. Un día le di una paliza a un chico que me llamó lorito, lorito, aunque yo no le había dicho nada a él. El chico tenía el pelo corto y castaño. Le agarré del pelo y entonces le zurré. Pero no sabía que le había dicho palabras feas, y también a su padre y su hermana. Eso pasa cuando estoy enojado. Uno de los otros chicos me contó después que usé esa palabra sobre su hermana para insultar al chico del pelo castaño, a su padre y su hermana. Dijo que yo le había llamado bhenchod. Esa no es una palabra que yo digo. No a su padre. Pero todos dicen que yo dije esa palabra. Todo el mundo no debe estar mintiendo.
La maestra le pidió a Papá que viniera a la escuela. Papá no se creía que yo conociera las palabras que la maestra decía que yo había usado cuando la insulté a ella y al chico. Ella dijo que yo la había insultado cuando estaba intentando separarme del chico. Yo había tirado de él, agarrándole del pelo, y luego me había subido encima y le había abofeteado la cara muchas veces. Como respuesta él me había arañado la cara con las uñas. De todo esto sí me acuerdo, pero no de las palabrotas.
Al principio Papá dudó de lo que decía la maestra, pero cuando otras personas también le dijeron que habían oído mis insultos, se enfadó y dejó de hablarme. Yo le pedí perdón, perdón Papá, tantas veces, pero él no quiso hablarme, ni siquiera mirarme. Entonces yo me enfadé y me puse a llorar. Y también le grité. Mi hermana y mi madre se asustaron cuando me puse a gritarle a Papá. Mi madre estaba comiendo cuando empecé a gritarle; ella dejó de masticar la comida y se quedó mirándome muy fijamente. Yo vi que ella me estaba mirando, pero solamente me daba cuenta de que estaba enfadado y que estaba llorando. No sabía lo que estaba diciendo. Mamá me pegó con el cucharón de acero por enfadarme con Papá. También por haberle gritado. Ella había comprado el cucharón en el bazar dos días antes, y estaba metido en la cacerola del curry. Cuando Mamá me pegó, el cucharón estaba caliente, y luego me pude oler el curry en la mano toda noche. Pero yo ya estaba llorando, así que la paliza que me dio no me hizo nada. Me quedaron marcas rojas en los brazos. Pero yo soy fuerte. Después, todos se callaron. Yo me quedé sentado en el sofá. Mi madre se llevó a mi hermana a un rincón y le dijo que me hiciera comer porque yo todavía no había comido. Se pensaron que yo no sabía nada de lo que decían en el rincón. Pero yo sí lo sabía. Mi hermana se acercó con la comida. Me dio de comer con las manos, y me dijo que debería pedirle perdón a Papá.
Le pedí perdón, pero en realidad no pasó nada. Él siguió muy callado. Le dijo a Mamá: ‘No sé de dónde se ha sacado esas palabras. Es tan pequeño.’Papá tenía dos empleos. Trabajaba en un despacho y escribía pequeños libros de cuentos. Decía que los escribía para chicos pequeños como yo. Yo le decía que no era un niño pequeño. Me leía todos sus cuentos. Estaban en libritos de ocho céntimos, y todos eran sobre gente valiente que luchaba contra gente mala.
En la escuela se pelea poca gente. Pero es porque nadie les llama lorito, lorito. Al poco tiempo dejé esa escuela. No solamente a causa de las peleas, sino también porque Mamá dijo que allí había un mal ambiente. Entonces Papá empezó a enseñarme. Me enseñaba todo en cuentos. Me mostró cómo todos los números eran animales, y uno tiene que observarlos hacer cosas y decir qué les ha ocurrido al final del cuento. Más quiere decir que los animales se juntan. Menos quiere decir que algunos dejan a los otros. Multiplicar y dividir ocurren cuando hay diferentes tipos de animales. Es fácil: 4 x 2 quiere decir que hay 4, 4 animales de 2 clases, como 4 ovejas y 4 vacas, y juntas son 8. Y dividir ocurre cuando tienes averiguar cuántos grupos hay de cada uno de ellos.
En la escuela tenía problemas para aprender la ortografía y las tablas. Papá me enseñó que en la mente tenemos una pizarra, y que podemos usarla para dibujar en nuestras cabezas con tizas de colores. Yo cerraba los ojos y dibujaba en la pizarra. Y siempre que quería recordar las letras de una palabra, las copiaba desde la pizarra. Después de eso, ya no me fue difícil recordar las cosas. Incluso dibujaba cosas en la pizarra cuando me iba a dormir por la noche.Yo también le enseñé a Papá a dibujar en la pizarra. Cuando volvía del despacho, le quitaba las gafas y me sentaba en su barriga y cerrábamos los ojos. Al principio Papá solamente dibujaba paisajes: una casa y un sol y seis colinas. Pero entonces yo le explicaba que teníamos una pizarra muy grande y que podíamos dibujar cualquier cosa, de cualquier color. Y entonces dibujábamos la bandera de Paquistán. Yo dibujaba banderas pequeñas, me gustaban. Papá decía que sus banderas eran grandes. Mientras dibujaba, yo a veces me olvidaba de lo que estaba dibujando y escuchaba el sonido que hacía la tiza ─ tac, taccatac, tac, tac y shhhh−hissshhh. Pero no le decía a Papá nada de eso. Sabía que no lo entendería. Solamente le decía que hiciera cosas: peces, hierba, estrellas (que eran lo más fácil), un sol de muy gran tamaño. Yo siempre hacía tres soles: un sol para la mañana, un sol para la tarde y un sol para la noche. Hiciera el paisaje que hiciera, yo le ponía un sol. Me gustaba el sol. El sol tiene luz en su interior. También me gustaban los bulbos. Los bulbos son soles. Pequeños soles. Pero me gusta el gran sol que nadie puede apagar. A veces simplemente le decía a Papá que llenara su pizarra de luz. Eso lo hacíamos con la tiza amarilla. Y entonces un día, de pronto, Papá y yo empezamos a dibujar coches y casas grandes, con grandes terrazas. Elegíamos colores diferentes para las habitaciones y los coches. Y entonces, cuando terminábamos de dibujar, nos contábamos cómo eran nuestros coches, y qué forma tenían las ventanas, todo lo que se podía ver afuera, de qué color eran los suelos de la casa. Yo siempre le contaba primero a Papá mi dibujo porque si me contaba él el suyo, yo me olvidaba del mío.




19 jun. 2016

Reseña: Kartography, de Kamila Shamsie

Kamila Shamsie, Kartography (Londres: Bloomsbury, 2002). 343 páginas.
¿Cuál sería tu reacción si un día alguien te revelara algo sobre tu propia familia que tus padres te hubieran ocultado durante muchos años? ¿Y si esa información pusiera en evidencia a tu propio padre? ¿Hasta qué punto podemos (o debemos) denunciar la tacha moral de una persona que nos lo ha dado todo y a la que hemos buscado emular en nuestro progreso hacia la madurez?

Ese es, en buena parte, el dilema al que se enfrenta la joven pakistaní Raheen, la protagonista de esta novela de Shamsie. Pero no es el único. Quizás el más acuciante (al que por lo menos le dedica más páginas la autora) es el de la amistad (y mucho, pero que mucho, romance) con su primo Karim.

Narrada por una joven Raheen, ya graduada de una universidad estadounidense, la novela comienza con unos jóvenes Raheen y Karim compartiendo unas vacaciones en una gran propiedad rural de un familiar en el norte de Pakistán. La violencia latente en las calles de Karachi empuja a sus padres a alejarlos de la ciudad. Raheen trata de explicarse (y explicarnos a nosotros sus lectores) la relación con Karim a lo largo de los años, y el porqué del gravísimo deterioro de esa amistad tras la salida de Karim y su familia de Pakistán cuando apenas contaba 12 años, camino de Londres.

El centro de Karachi. Fotografía de Asjad Jamshed
El secreto del que Raheen nunca ha sido sabedora se remonta muchas décadas: concretamente a 1971, cuando Pakistán Oriental se separó del Occidental, formando el estado que hoy en día se llama Bangladesh. Los padres de Raheen y Karim rompieron sus compromisos de boda y terminaron por intercambiar sus parejas. ¿Qué es lo que les llevó a esa decisión? ¿Cómo se produjo y qué consecuencias emocionales tuvo sobre las dos mujeres con que se casaron? Lo quebradizo de esas relaciones tiene su reflejo en la fragilidad de la relación entre Raheen y Karim.

El trasfondo determinante es, por supuesto, la intransigencia moral y la fuerte intolerancia que la religión tiene sobre las relaciones entre personas de distinto sexo en Pakistán. El contraste entre la descripción de las fiestas regadas con alcohol en las que se embarcaba la generación de sus padres y del rampante puritanismo al que tiene que hacer frente en las calles de Karachi le sirve a Shamsie para abordar el tema de la represión con cierto humor. Sin embargo, la autora no explora en la misma medida la discordancia entre la clase acomodada y privilegiada a la que pertenecen Raheen y sus amigos y la mísera existencia a la que se ven abocados la mayoría de los ciudadanos de Karachi. No resulta ser suficiente la ironía con la que Raheen cuenta las lujosas celebraciones nocturnas y la vacuidad de ese pequeño sector tan privilegiado de la sociedad de Karachi, especialmente porque la propia Raheen da la impresión de sentir abundante displicencia por los múltiples problemas que aquejan a la población más humilde de la ciudad.

A caballo entre la Bildungsroman y la novela romántica, Kartography no termina, en mi opinión, de cuajar como historia. Pienso que hay algo que no cuaja en una narración centrada más en los vaivenes sentimentales de una joven que en un terrible episodio del pasado, el cual, parece decirnos Shamsie, es determinante en todas las vidas de las generaciones futuras. Kartography está a años luz de Burnt Shadows, por ejemplo, y carece del rigor narrativo del que Shamsie hizo gala en A God in Every Stone. Un pelín decepcionante para mi gusto.


10 jun. 2016

Ressenya: Moments, de Subhash Jaireth

Subhash Jaireth, Moments (Glebe: Puncher & Wattmann, 2015). 171 pàgines.
Per a entendre la filosofia literària amb que Jaireth treballa en aquest recull de contes cal escoltar la seva veu, sempre afable i mesurada, al prefaci de Moments:
“En aquest recull d’onze contes segueixo l’experiment narratiu que vaig començar al llibre To Silence. Els tres monòlegs de To Silence van ser concebuts i estructurats com autobiografies fictícies de tres figures històricament reals. Els onze contes d’aquesta col·lecció tracten també de persones reals, des d’un punt de vista històric. Al contar aquestes històries he confiat en dades biogràfiques ja publicades. Tanmateix, els fets biogràfics estan entrecreuats amb elements ficticis que jo he imaginat. És la imaginació la que atorga una fibra emocional a les històries. Les considero biografies fictícies (les històries narrades en tercera persona) i autobiografies fictícies (les narrades en primera persona). I tanmateix, no cal llegir-les ni fer-les servir com biografies.”
El títol del llibre és, doncs, auto-explicatiu: són moments en les vides de person(atg)es, la majoria d’ells ben coneguts: el músic català Pau Casals, els escriptors russos Fiodor Dostoievski i la seua esposa Anna, Anton Chéjov, filòsofs com Walter Benjamin i Martin Heidegger, artistes com Henri Laurens, Georges Braque i Atsuko Tanaka, el coreògraf nord-americà Merce Cunningham, el compositor rus Alfred Schnittke o el molt conegut poeta jueu, Paul Celan. N’hi ha també de personatges imaginats, és clar. Però totes les narracions de Moments tenen en comú un element molt significatiu: les persones de les quals el conte ens permet contemplar moments de la seva vida senten una gran passió per l’art, sigui com sigui la seva expressió. Aquesta fascinació amb els efectes de la creació i l’expressió artístiques és fonamental per a Jaireth, és precisament això el que el motiva a escriure.

En lloc de acostar-nos a la persona històrica, l’autor sembla allunyar el focus d’ells, posar-n’hi una distància per a possiblement observar-los millor. Cal afegir aquí que Jaireth treballà durant molts anys com geòleg: la seva tècnica narrativa sembla de vegades la d’un observador distant, en tant que va afegint capa darrere capa, estrat damunt d’estrat. I això, em sembla, és realment important, perquè Jaireth crea una mena de contextualització mixta, força apropiada per a barrejar les emocions dels personatges, on el serè plaer de l’artista creador es contraposa a la malenconia que regna en la seva vida. Els contes permeten la incorporació dels punts de vista de personatges que, al menys en teoria, deurien ésser secundaris, potser merament tangencials.

Portrait of Leo Tolstoy (1887) by Ilya Efimovich Repin (1844-1930).
Moments és un llibre serè, el fruit de una persona serena, tal com és el seu autor. D'ocasions el llibre sembla ser a penes una remor suau, que ens porta fins a més d’una reflexió discreta però poderosa. Un exemple: “Recordar exigeix compromís. És un esforç per a no oblidar. Sempre invertim una part de nosaltres en les coses o la gent als què no volem deixar darrere. Tot el que recordem comprèn petites parts del nostre ésser emocional, de la nostra ànima. Sense sentiments, els records es tornen impotents, incapaços de resistir l’envestida del moment present, el qual reclama la nostra implicació absoluta. Potser sigui per aquesta raó que els rostres que fa un temps ens eren tan estimats es fan tan despietadament distants.” (‘The Last Smile of Graf Tolstoy’, p. 61, en traducció meva)

Si em demanessin escollir només un dels contes de Moments, possiblement em decantaria per ‘Walter Benjamin’s Pipe’. Margaret Stern, una bona amiga de la família Benjamin, arriba a Port Bou cinc anys després de la mort del filòsof jueu. Un noi del poble, Raül, l’acompanyarà en el seu recorregut, des de l’habitació de l’hotel on Walter es va suïcidar fins al cementiri i la fossa comú on reposen els seus ossos. Després de la seva visita, en lloc d’agafar el tren per a creuar la frontera, Margaret decideix fer el mateix camí que Walter va fer cinc anys abans en sentit contrari, i li demana al jove guia que l’acompanyi fins al collat on es troba la línia del llindar amb França. Just al arribar al punt més alt de la senda, el xaval li donarà un objecte molt especial: la pipa de Walter.

Paddy Bedford, Two women looking at the Bedford Downs massacre burning place (2002). Source: The Art Gallery of WA
Un altre conte que vull destacar, ‘Quartz Hill’, té com a protagonista una fotògrafa xinesa que es diu Li. Després de conèixer una ballarina australiana, Alice, amb qui desenvolupa una significativa relació creativa i expressiva, Li viatja a Hall’s Creek en la regió de Kimberley, que és en realitat la terra de la seva avia i la terra del pintor aborigen Paddy Bedford, per qui ha pres molt d’interès. Quan visita el lloc que va inspirar un dels quadres de Bedford, la fotògrafa té la intuïció de que es tracta del indret d’una terrible massacre d’indígenes.

Jaireth sempre ens recorda que la bellesa, allò que ajuda a definir l’art, és en gran mesura indefinible i irresistible. Un simpàtic episodi de ‘Bach (Pau) in Love’, el conte que obri el recull, ens presenta Pau Casals a la platja, parlant amb Juanita, una xiqueta que està arreplegant closques. Ell li diu que totes les que ella ha agafat són boniques, però Juanita li fa veure que està molt equivocat: li assenyala quines de totes són les veritablement belles. “Assenyalà les que ella trobava que eren realment boniques... Tocà cadascuna d’elles, les boniques i les no tan boniques, i cantà una cançoneta per a cadascuna, com si fossin criaturetes.” (p. 18, en traducció meva)

Pau Casals, immortal. Fotohgrafia a càrrec de Mdd4696.

Tots els relats de Moments tenen quelcom del què es pot gaudir. Completen el llibret ‘He likes Picasso but he loves Braque’, ‘Anna and Fyodor in Basel’, ‘The Electric Dress’, ‘Dance is like Water’, ‘The Dreams of Johann Ulrich Voss’, ‘Heidegger’s Hammer’ i ‘Faust Cantata: Unreliable Notes for an Autobiography’. L’única cosa que hi fa pega és l’edició, amb unes quantes errades de puntuació i ortografia. Potser aquestes quedaran corregides en una reimpressió. Moments s’ho mereix, sens dubte.

7 jun. 2016

Reseña: A Brief History of Seven Killings, de Marlon James

Marlon James, A Brief History of Seven Killings (Londres: Oneworld, 2014). 688 páginas.
Hace muchos, muchos años, sentados alrededor de una mesa en una cafetería de Valencia cuatro jóvenes soñaban con hacer algún día un viaje a una isla caribeña llamada Jamaica. Yo era uno de ellos, y quizás para mejor fortuna de todos ellos, ese viaje nunca llegó a tener lugar. Jamaica, me ha quedado muy claro tras la lectura de esta soberbia novela, no era lugar para jóvenes. Por mucho reggae y mucha maría que prometiera.

¿A Brief History? Pues, para empezar: de breve, nada de nada. Y, además, el viejo adagio conceptista (lo bueno, si breve…) no tiene aplicación alguna en 2016. Lo que sí me apresuro a afirmar es que, por desgracia, quien no lea A Brief History of Seven Killings en su lengua original va a perderse muchísimo. Por muy buena que sea la traducción (solamente he podido ver un muy breve extracto de la versión en castellano y uno muy largo de la traducción al catalán), se quedará mucho en el camino. La sonoridad de la idiosincrática habla jamaicana en su patois nunca podrá verterse a otra lengua sin que algo quede sin expresarse.

Esta es una extraordinaria novela coral, y está escrita de manera magistral. El autor cuida el lenguaje hasta el mínimo detalle. Ya solamente la variedad y la riqueza de las voces narradoras son suficientes para encandilar al lector más exigente. Y lo mejor de todo es que Marlon James escribe un texto exigente para lectores exigentes. En la entrevista que le hizo Phillip Adams en el programa radiofónico Late Night Live ya advirtió que no tiene ninguna intención de devolverle el dinero a quien no pueda con el libro y reclame su dinero.

Como en sus dos novelas anteriores – y cuánto me alegra haber tomado la decisión de leer John Crow’s Devil y The Book of Night Women antes de enfrentarme al Premio Booker del 2015 – la violencia es tema central. Pero a diferencia de los dos títulos anteriores, A Brief History of Seven Killings se acerca a la época contemporánea, abarcando prácticamente tres décadas. Desde 1976 a 1991.

Get up, Stand up! The Singer, esa fastidiosa piedrecita en el zapato del establishment

Un hecho histórico (el intento de asesinato del cantante Bob Marley en Kingston en diciembre de 1976) le basta a James para trazar una larga trama en clave tan intrigante como apasionante. Varios pistoleros irrumpieron en su casa y dispararon a todo lo que se movía. Sorprendentemente, no murió nadie, pero además del mismo Marley resultaron heridos su esposa Rita y su manager. Nunca quedó claro quiénes fueron los que idearon y/o ejecutaron el intento de asesinato. Marley iba a dar dos días después un concierto por la paz, en un país que estaba inmerso en la violencia política y criminal (la novela nos da a entender que ambas cosas iban de la mano). ¿Por qué tenía el rey del reggae enemigos en Jamaica?

Dividida en cinco partes, la historia avanza cronológicamente a lo largo de unos veinticinco años. Son muchas las voces que cuentan lo que pasa: desde los chicos y caciques de los guetos de Kingston a agentes de la CIA. Añadamos la voz narradora de Nina Burgess y la de Alex Pierce. La primera es una secretaria desempleada que será testigo ocular del intento de asesinato y que emprenderá la huida para evitar la represalia segura de los que lo han perpetrado. Pierce aparece en la primera parte como reportero de Rolling Stone en busca de una historia que contar sobre Marley, a quien James prácticamente no menciona por su nombre (es, sencillamente, ‘The Singer’). El asesinato frustrado le brindará una historia que jamás hubiera imaginado escribir.

Testimonio de otra época, atracción turística de visita obligada en Kingston. Bob Marley Museum. Source: Jamaica Observer.
Algo que James ejecuta a la perfección es retratar la brecha social entre las distintas clases sociales de Jamaica y entre las razas, y lo hace mayoritariamente a través del lenguaje. La construcción polifónica que elige James permite que cada uno de los personajes aporte algo muy íntimo y personal. Así, si Weeper es la cara, es el pistolero instruido tras haber pasado tiempo en chirona, Bam-Bam es la cruz: un pistolero casi analfabeto, criado en el gueto de otra banda después de huir de casa la noche en que asesinan a sus padres.

La trama es enrevesada, pero solamente lo justo y necesario. A la emboscada fallida, al primer asesinato frustrado del libro (el de Marley), le seguirán muchos que sí se ejecutan con éxito. Unos suceden en Jamaica, otros en Nueva York o en Miami. Las conexiones entre la política doméstica jamaicana, las guerras entre las bandas de los guetos, el narcotráfico de los cárteles de Medellín y Cali, la guerra sucia geopolítica de los EE.UU. cuando Cuba todavía era el bastión comunista: todo ello configura el telón de fondo de una narración que sigue uno tras otro a los personajes que van a ser asesinados, en muy diversas circunstancias y por diversos métodos.

James, jamaicano de nacimiento, reside sin embargo desde hace mucho tiempo en los Estados Unidos, y es por ello que conoce perfectamente la diáspora jamaicana en Nueva York. Cuando Nina llega a los EE.UU., su experiencia le permite expresar perfectamente las sensaciones y sentimientos de una mujer emigrante de raza negra en una amenazadora e implacable jungla urbana. Para mi gusto, es el personaje mejor dibujado – y con ello no quiero decir que encuentre falta a los demás. Todo lo contrario.

Un rico cóctel de atracos a mano armada, violaciones, ejecuciones sumarias, brutales palizas y otras variadas humillaciones, consumo de estupefacientes, prostitución, miseria, basurales, importación ilegal de armas, sarcásticas conversaciones entre agentes y exagentes de la CIA, escrito con auténtico esmero. A Brief History of Seven Killings tiene todo lo que uno desea encontrar en una novela del siglo XXI. No te la pierdas, aunque sea en otro idioma.

Breve historia de siete asesinatos, traducción de Javier Calvo y Wendy Guerra, publicada por Malpaso.

Una breu història de set assassinats, traducció a càrrec de Ramon Monton, publicada per Bromera.

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