6 jul. 2016

Titikaka


Para cruzar de Bolivia a Perú hay que atravesar el lago. Los autobuses también lo hacen. El Estrecho entre San Pedro y San Pablo Tiquina.

La mayor ciudad a las orillas del lago Titikaka es la peruana Puno. Lo que parece evidente es que a la mayoría de la población de la ciudad el ecosistema del lago que les proporciona el agua para sus necesidades diarias les importa muy poco. El área más cercana a la ciudad es un paseo que debería hacer las delicias de los locales. En cambio, el lugar es un auténtico basural, un aluvión de botellas y bolsas de plástico, escombros y desperdicios en general, y por lo que pude ver, lo escondido de los juncos resecos que malviven en la zona la han convertido en urinario y/o cagadero furtivo. Una verdadera pena.

Vista de Puno y el lago desde el cerrito Huajsapata
Titikaka (de acuerdo con la ortografía quechua) es prácticamente un mar interior. La zona próxima al centro urbano es la más contaminada, aunque el lago queda un poco protegido por los juncos (la totora) que crecen en una zona de baja profundidad. Las fuertes lluvias del año pasado, además de inundar el centro urbano de Juliaca, próxima a Puno, descargaron cantidad de contaminantes en el lago. Uno de los tours más populares te lleva a las islas flotantes de los Uros, una pequeña comunidad aimara que vive del turismo. Un diminuto universo, un entorno singular y único prácticamente condenado a desaparecer.

 
Jonathan narra en su aimara materno la historia de su pueblo, los Uros, y la creación de sus islas flotantes en el lago.
Los Uros tratan de exprimir la mayor cantidad posible de soles al visitante. ¿Quién puede echárselo en cara? El proceso por el cual construyen sus islas flotantes es una enorme victoria del ser humano sobre la naturaleza, aunque hoy en día hayan accedido a tecnologías (paneles solares) que les permiten, por ejemplo, ver la TV o escuchar la radio en medio del Titikaka. Incluso la escuela de las islas cuenta con wifi, según nos contó nuestro guía local, Miguel Ángel.

Taquile
La excursión por el Titikaka no estará completa sin una visita a la isla de Taquile. Los taquileños son una comunidad quechua muy aislada que ha sabido conservar sus costumbres. Una de las curiosidades más sobresalientes para mí fue el hecho de que el sombrero o gorro que visten tiene su origen en la barretina catalana propia de los trabucaires. También el resto de sus ropas tiene una fuerte influencia española: visten un pequeño chaleco y fajín. Taquile vive también del turismo, por supuesto, pero el arte textil de la isla fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y los isleños parecen haber sabido gestionar el turismo de manera muy inteligente.

Un caballero taquileño
Panorámica desde Taquile hacia el este. Los picos nevados de Bolivia en la lejanía.

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