17 mar. 2018

Reseña: Walking to Hollywood, de Will Self

Will Self, Walking to Hollywood (Londres: Bloomsbury, 2010). 432 páginas.

Tres narraciones están agrupadas en este volumen, y las tres comparten un tema de índole psicológica. En la primera, ‘Very Little’ [Muy pequeño] se trata la monomanía compulsiva como enfermedad mental; en la segunda, que le da título al libro, es la psicosis, que viene acompañada de alucinaciones. La tercera parte, ‘Spurn Head’, se centra en la demencia senil y el mal de Alzheimer. En ellas Self vuelve a hacer mención de los dos personajes ya familiares en su ouvre: Dr. Shiva Mukti y Dr. Zack Busner.

Como es costumbre en Self, el humor ácido se erige como nota dominante. En la primera nouvelle, Self ficcionaliza primero los primeros años de su juventud en la compañía de un inquietante individuo que devendrá gran artista, aunque sea de diminuta estatura.

Es Sherman Oaks, ese amigo desde la adolescencia, quien años más tarde se convierte en ese renombrado artista que crea monumentales, gigantescas esculturas de sí mismo o conjuntos escultóricos compuestos de múltiples réplicas de su molde en metal. El narrador, Self, está obsesionado con las proporciones y las magnitudes, tanto en sentido creciente como decreciente.

En la segunda parte del libro, Self decide ir caminando hasta Hollywood desde el aeropuerto de Los Ángeles. Su misión es descubrir quién o quiénes son los responsables del asesinato del cine. La psicosis comienza a elucidarse cuando comprueba que todas las personas con las que se encuentra son en realidad actores. Las alucinaciones se suceden (especialmente cada vez que toma una botella de Powerade) y la narración de estas es sin duda uno de los más llevaderos componentes de este inusual y, en cierta manera, bastante antipático libro.
Búsquese usted otro camino para llegar a su destino... Sands Lane, Barmston, Inglaterra. Fotografía de Paul Glazzard
En ‘Spurn Head’ Self emprende otro largo paseo, esta vez por la costa este de Yorkshire, donde los acantilados han estado desapareciendo a un ritmo vertiginoso en las últimas décadas. El mal que le afecta es el Alzheimer. Los recuerdos se diluyen en la nada igual que carreteras, jardines y hasta casas se hunden ante los embates del mar del Norte.

A diferencia de la mayoría de los libros de Self que he leído hasta ahora, Walking to Hollywood me ha resultado en su mayoría fastidioso, pese a las enormes dosis del humor procaz marca Self que contiene. No pude sentirme conectado en ningún momento con la narrativa, y sus caminatas se me han hecho interminables. Rebosante de charlatanería y enrevesamiento, peca de autorreferencias hasta el hartazgo. Como elemento de interés, cabe mencionar que el libro incluye muchísimas fotos en blanco y negro tomadas por el mismo Self en el curso de sus andares. Pero tiene otros libros mucho mejores, sin duda.

Withernsea, lugar condenado a desaparecer. Fotografía de Tom Corser.

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