31 jul. 2016

La Serena, Coquimbo y Vicuña



Vista de Coquiimbo desde la playa de La Serena.
En uno de esos giros al azar que uno no sabe que, a la larga, van a resultar decisivos, hace veintitrés años en esta ciudad chilena abordé un autobús camino de las tierras nortinas, tras haber llegado al contiguo puerto de Coquimbo una mañana del mes de abril de 1993 y decidir que no iba a quedarme allí ni una sola noche. Tres años después abordaría otra nave que me llevaría a otro país austral, en el que me quedé a vivir.

La Mezquita de Coquimbo fue construida por una de esas extrañas ambiciones tan habituales en políticos locales. Apenas hay población musulmana en Coquimbo.
La Serena Beach on a wintry day.
Mucho han crecido tanto La Serena como Coquimbo desde entonces. La Serena es hoy en día un importante destino turístico veraniego, y según me comentaron varios comerciantes lugareños, el argentino es el mercado del que se nutre la ciudad, principalmente en los meses de enero y febrero. A lo largo de estas playas, no excesivamente limpias, han surgido en esas dos décadas grandes bloques de apartamentos, restaurantes, cafés y otros establecimientos, pero muchas de las calles nuevas siguen sin estar pavimentadas.

Las secuelas del tsunami del 16 de septiembre pasado son claramente visibles al lado del mar en Coquimbo. 
No es difícil imaginar lo dinámica y bulliciosa que debe ser en pleno verano: incluso en mitad del invierno austral, la ciudad presentaba un alto porcentaje de ocupación el último domingo de las vacaciones escolares chilenas. Los restaurantes de mariscos satisfacen al paladar más exigente, y por poco dinero. Todo un lujo.

Con la miel en los labios...
Gabriela Mistral's  legacy is ever present in her hometown.
Uno de los atractivos no playeros de la zona es el Valle de Elqui, al que se llega desde La Serena siguiendo una pintoresca carretera entre restaurantes típicos, huertos, granjas y viñedos. El corazón del Valle del Elqui es la pequeña ciudad de Vicuña, ciudad natal de la Nobel Gabriela Mistral. Lamentablemente me quedé con las ganas y no pude acceder al Museo Gabriela Mistral porque el lunes es el día en que permanece cerrado.

Valle de Elqui. Desde el puente, rumbo al oriente (Argentina).
Valle de Elqui. Desde el puente, rumbo al poniente (el océano)
El Valle de Elqui es también la región en la que vivió el famoso Cristo de Elqui, el locuelo predicador protagonista de la novela El arte de la resurrección, de Hernán Rivera Letelier. La ciudad de Vicuña, donde residió el Cristo algún tiempo, lo recuerda con orgullo. Y no es para menos.

La historia del Cristo de Elqui es explicada en la Plaza de Armas de Vicuña.
A quien vaya al Valle de Elqui le recomiendo visitar alguna de las bodegas locales, donde además del consabido pisco producen buenos vinos. Como este delicioso moscatel que, bien enfriado, te deja con ganas de otro vasito tan pronto lo terminas. Salud.

A rare find: Antakari. Pure gold at six dollars a bottle.

29 jul. 2016

Arica


Arica en una mañana de invierno desde el Morro.

Esta ciudad es el primer punto de reposo tras el caótico y absurdamente incómodo cruce fronterizo desde la peruana Tacna. Ubicada en la costa y localizada dentro del Desierto de Atacama, cuenta no obstante con un humedal, y el río Lluta que la atraviesa parece fluir todo el año, pese a cruzar todo un desierto desde los Andes.

El paso fronterizo es, como decía, un asunto fatigoso. Quien llega a Tacna en autobús desde Arequipa, por ejemplo, debe cambiar de terminal para abordar uno de los múltiples colectivos ajados y polvorientos que en apenas 40 minutos alcanzan la frontera. Es obligatorio bajar del autobús tanto en la parte peruana como en la chilena, donde además uno ha de pasar manualmente todo su equipaje por un control de rayos X llevando el pasaporte en la mano libre que te queda, si es que te queda alguna. Ningún consuelo es comprobar que los cientos de personas (en su gran mayoría mujeres peruanas) que cruzan la frontera cargadas de mercancías que luego revenderán en Iquique o Antofagasta, por ejemplo, también lo hacen. Aparentemente, cargar con paquetes de 250 rollos de papel higiénico (¡o muchos más, vete tú a saber!) es un emprendimiento rentable en esta parte del mundo.

Arica fue (y sigue siéndolo, según algunos) un territorio disputado entre los tres países de la zona. Un simpático ariqueño me comentaba con candidez en el trayecto desde Tacna que no ve por qué los bolivianos necesitan su “salida al mar”, pues cuentan con una ruta directa para el transporte de mercancías que llega directamente a Arica. La historia de la ciudad desde los días de la independencia podría dar lugar a muy variadas interpretaciones, ciertamente.

El Morro de Arica.
El hito geográfico más destacado es el llamado Morro de Arica, cuya importancia estratégica en las refriegas y batallas de finales del siglo XIX entre Chile y Perú es innegable. Desde arriba se domina claramente el acceso al puerto y la ciudad. Hoy en día alberga un museo militar y unas bancadas donde jóvenes ariqueños enamorados y/o embriagados pasan sus horas vespertinas. Las playas que pueden verse desde allí están sucias y no tienen ningún atractivo mencionable.

Arica Harbour from Chinchorro Beach.

Desde el Morro puede verse también hacia el sur la espectral silueta del Hotel Saint Gregory, una casa de los horrores a la que nadie que esté en su sano juicio debiera acudir con el propósito de buscar alojamiento. ¡NO VAYAN! AVOID AT ALL COSTS! Cuánta razón tenía nuestro taxista, don Ricardo, a quien hicimos llamar apenas habían pasado dos minutos desde nuestra llegada a esta inmunda mansión de lo que podría pasar por la familia Addams chilena. Pero sin ninguna gracia.

Arica es hoy en día una ciudad más o menos vibrante. No hay mucho que hacer; está lejos del epicentro del boom minero de Calama, Antofagasta, Iquique. Buen marisco y pescado, y poco más. Tanto antes como después, DESIERTO.

Atacama. Como señalaron unas cuantas veces mis hijos en el asiento de atrás, 'hay mucha arena que ver". Razón no les falta.

26 jul. 2016

Arequipa

El imponente Misti visto desde un barrio de Arequipa.


La segunda ciudad más poblada del Perú, vive tutelada constantemente por el Misti, un majestuoso volcán que supera los 5.800 metros de altitud. Además de poseer una incomparable belleza en su centro histórico colonial, Arequipa es la principal puerta de entrada al Valle del Colca. Pasear por sus calles empedradas en un tranquilo domingo por la tarde es un verdadero lujo: no hay apenas tráfico, a diferencia de los demás días de la semana.
La luna llena agrega su luz a la iluminación de la Plaza de Armas de Arequipa.
A unas cinco horas de Arequipa se halla el pueblo de Chivay, el primero que uno se encuentra en su entrada al Valle del Colca, una deslumbrante maravilla natural que alberga el Cañón del Colca, el de más profundidad del mundo. Puede que sus vistas tengan menos colorido que el del Colorado, pero no le van a la zaga en espectacularidad.

If you fall down the canyon, try and grab the cactus!
Lo normal para llegar a esta parte del mundo es subirse a uno de los tours guiados. Los hay de un solo día (hay que levantarse muy temprano para llegar al valle y regresar esa misma noche a Arequipa). La mayoría de los visitantes optan por el tour que incluye noche en Chivay, y mi recomendación es hacer esto y pasarse unas cuantas horas en las Termas de La Calera, que son mucho mejores en todos los aspectos que las de Aguas Calientes, el pueblo que ha sido torpemente rebautizado como Machu Picchu Town.

Camino de Pata Pampa
Spot the condor!

Para llegar a Chivay desde Arequipa hay que cruzar un altiplano en el que se ven muchas vicuñas, y superar Pata Pampa, un paso entre montañas superior a los 5.000 metros de altitud. Las vistas, naturalmente, son impagables.

Llagas abiertas en la tierra, preludio de cataclismos y fuertes alteraciones geológicas.
Valle del Colca, vista de un tramo anterior al Cañón del mismo nombre.
El tour incluye visitas a los pueblos en la margen izquierda del Valle, como Yanque, Achoma, Maca o Pinchollo. En Achoma puede verse con claridad cómo actúan las fuerzas de la naturaleza en esta parte del mundo. Varias gigantescas grietas permanecen claramente visibles en la ladera de las montañas del Valle allí donde se encuentra la línea de una falla geológica que lo cruza.

Una vicuña curiosa se separa del rebaño.

El Misti, visto desde otro ángulo en la ruta hacia el Valle del Colca.
El tour suele alcanzar su meta en la llamada Cruz del Cóndor, un impresionante mirador sobre el abismo del Cañón. El consorcio gubernamental Autocolca se encarga diariamente de soltar carroña de animales muertos en las cercanías del mirador para que los cóndores hagan las delicias de los turistas. Si no interfirieran con la naturaleza, posiblemente muchas de esas aves emigrarían a otras partes de forma natural. Es una manera en parte artificial de mantener a diario el anzuelo (con una buena carnada) con el que mantienen la industria turística, en un modelo que yo preveo difícil de sostener a largo plazo si sus responsables no efectúan cambios sustanciales.

Because too many volcanoes are never enough... Sabancaya erupted last in 2003. Scary!

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