Por aquel lugar pasó unos
años después un tipo llamado Candy Shelton, que vio a George y Willie y observó sus singulares características: afroamericanos
albinos, con ojos azules y abundante pelo rubio muy ensortijado. De alguna
manera, Shelton consiguió que los hermanos lo acompañaran. ¿Convenció a su
madre Harriett a cambio de algo o simplemente los embaucó y secuestró para sumarlos a su espectáculo circense?
La verdad nunca se sabrá, pero el hecho es que a los hermanos les hizo creer
que su madre había muerto y no tenían familia alguna a la que regresar.
Sheldon los convirtió en atracción de barraca de feria o circo. Degradó su personalidad y los exhibía como si fueran monstruos. A lo largo de su
carrera profesional, George y Willie Muse fueron presentados bajo muy diferentes
motes. Fueron Eko e Iko, ‘hombres con cabeza de oveja’ o también ‘hombres-mono’,
los ‘Embajadores de Marte’, ‘caníbales de Ecuador’; quienes los manejaban decían
que los habían encontrado en lugares tan dispares como Madagascar, Etiopía, la sabana del sur de África, los Mares del Sur o el desierto Mojave.
En revistas y periódicos de la época aparecieron numerosas columnas sobre
ellos, y hasta se vendían postales con su foto.
Sin embargo, el capítulo más revelador del libro de Beth Macy relata el
día en que el circo con el que estaban viajando llegó a Roanoke, la ciudad de Virginia donde vivía
Harriett. Radio Macuto funcionó perfectamente y alguien avisó a la madre de los dos hermanos de que iban a estar allí. Harriett se
presentó en el circo y exigió que
le devolvieran a sus hijos. Intervino la policía, Shelton se vio acorralado y
tuvo que renunciar a ellos. Habían pasado catorce años.
El elenco del Circo Ringling Brothers en 1924. George (tercero por la izquierda) y Willie (tercero por la derecha) en la fila superior, con sus muy llamativas cabelleras.
Pero no fue ese el final de la carrera artística de George y Willie Muse:
volvieron a trabajar en el circo, frecuentemente interpretando melodías y canciones,
e incluso viajaron a Londres y París. A Harriett le pagaban una cantidad mensual por el trabajo de sus hijos (si
bien hubo numerosas interrupciones en las remesas, que su abogado siempre persiguió
pertinazmente).
Macy ahonda en los dos entornos de discriminación en los que se
desenvolvieron los hermanos albinos. Por un lado, el humillante mundo del circo
y de la barraca de feria que los mostraba como rarezas junto a otras personas
con discapacidades o singularidades que satisfacían la morbosa curiosidad del público. Por otro lado, el indignante racismo
de la primera mitad del siglo XX en el sur, la época conocida como Jim Crow. El
primero ha dejado de existir; el segundo ha adoptado otras formas ideológicas que
han logrado acceder al poder político en los Estados Unidos. De hecho, fue la visceral
reacción a la elección de Obama como presidente en 2008.
Truevine es el fruto de una intensa y exhaustiva labor de investigación. La autora entrevistó a decenas de personas, ya ancianos, que conocieron u oyeron hablar de los hermanos. El mayor, George, murió en 1972; Willie, que durante décadas padeció una penosa ceguera, llegó a vivir 108 años. Digo yo que le quiten lo bailado.

