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25 ene 2026

Reseña: Antifa, de Mark Bray

Mark Bray, Antifa: The Anti-Fascist Handbook (Brooklyn, NY: Melville House, 2017). 259 páginas.

El 22 de septiembre del año pasado, la administración estadounidense declaró a Antifa organización terrorista, lo cual tiene su gracia. Digo yo que solamente alguien que se identifique políticamente con los fascistas buscaría arremeter de ese modo (mediante decreto presidencial) contra un movimiento cuyo principal propósito es plantar cara al racismo y al fascismo supremacista. Además, tal como Mark Bray claramente expone en su libro, Antifa como entidad organizada no existe.

Quizás sea cierto que se trata de una red informal de ámbito internacional de afinidades, compartidas por más o menos pequeños grupos y movimientos comunitarios con implantación local (mayoritariamente en ciudades), y apenas en un ámbito nacional. Como movimiento social internacional, Antifa no parece existir más que en las mentes calenturientas de quienes preconizan el fascismo.

Si a lo anterior se añade el hecho de que Mark Bray, profesor de historia en la Universidad de Rutgers, tuviera que salir con toda su familia a toda prisa de los Estados Unidos el 8 de octubre tras recibir amenazas de muerte y ver la dirección de su casa divulgada en internet a modo de invitación para todo aquel que quisiera acercarse a él (¿Seguro que para darle un abrazo y pedirle un autógrafo, no?), queda muy claro que el libro sobre el antifascismo tiene infinidad de enemigos. Puedes escuchar la entrevista que le hicieron en la Radio Nacional australiana a Mark Bray (en Madrid) aquí (en inglés).

El manual sobre antifascismo de Bray dista mucho de ser un manifiesto. Es sobre todo un estudio académico, aunque su alcance no sea exhaustivo. Me resulta sumamente significativa la primera frase de su introducción: «Ojalá no hiciera falta este libro». Un deseo, visto lo visto desde enero de 2025, ilusorio. Por cierto, Antifa está disponible (en inglés) de forma totalmente gratuita aquí.

Compuesto de seis capítulos, una introducción y una breve conclusión más dos apéndices, Antifa constituye una valiosa aportación al importantísimo debate en torno a la más que necesaria respuesta que el fascismo merece. El primer capítulo explica las causas de la aparición del antifascismo como movimiento político en el periodo de entreguerras y su evolución. Menciona los grupos que surgieron en el Reino Unido, Alemania, Italia y España. Todos sabemos lo que ocurrió en los años 30 y 40 en Europa.

En el segundo capítulo, Bray trata el antifascismo en la segunda mitad del siglo XX. Es esta parte la que sin duda merece una ampliación en profundidad; el libro no menciona ninguna otra respuesta popular organizada aparte de las que tuvieron lugar en EE.UU. y algunos países de Europa. Bray puntualiza la separación entre la cultura punk y los nazis skinheads que se apropiaron de esa imagen díscola, algo de lo que fui testigo accidental en mi juventud.

En el capítulo siguiente, Bray explica los movimientos contemporáneos (los casos de Noruega, Suecia, Grecia y Holanda aportan interesante información sobre el fenómeno a escala internacional). En su investigación académica, el profesor Bray entrevistó a muchos integrantes de grupos locales antifascistas. Los otros tres capítulos se titulan “Cinco lecciones de la Historia para los antifascistas”, “Para que luego hablen de la izquierda tolerante” y “Boicots y la libertad de expresión”. Bray presenta argumentos muy relevantes. He aquí algunos de ellos que he traducido.

«La trágica ironía del antifascismo moderno es que cuanto más éxito tiene, más se cuestiona su razón de ser. Sus mayores éxitos yacen en un limbo hipotético: ¿Cuántos movimientos fascistas asesinos han cortado de raíz los grupos antifascistas durante los últimos setenta años antes de que se pudieran extender? Nunca lo sabremos; y eso es algo ciertamente bueno». (p. 141)

«Si tu principal objeción al nazismo es el hecho de que anula los mítines de la oposición, entonces eso expresa más sobre el tipo de política que sostienes que sobre la gente a la que criticas. Los antifascistas no se oponen al fascismo porque sea intolerante de una manera abstracta, sino porque promueve la supremacía blanca, el heteropatriarcado, el ultranacionalismo, el autoritarismo y el genocidio». (p. 162)

Bray se pregunta la causa de que tantos ciudadanos de los EE.UU. muestren no solamente su aversión al enfrentamiento contra fascistas y supremacistas, sino incluso a la interrupción de sus discursos en los que llaman al establecimiento de un IV Reich. Hay un escepticismo general «respecto a la inminente posibilidad de un gobierno explícitamente fascista en los Estados Unidos […]. Y no obstante, el antifascismo arguye que nunca debemos olvidar fueron muy pocos quienes tomaron en serio a los pequeños grupos que rodeaban a Mussolini y Hitler cuando estos iniciaron su ascenso, y por lo tanto debemos mantenernos alerta frente a cualquier manifestación de política fascista. La falta de inquietud en torno a dicha posibilidad viene reforzada por la frecuente tendencia a separar épocas pasadas de la historia, tales como el régimen nazi o la época Jim Crow, del momento presente». (p. 171)

«Si la estrategia política radical viniese determinada en base a la preferencia pública en términos numéricos de tácticas diferentes, los métodos más moderados ganarían casi siempre porque constituyen la hegemonía. Si a los estadounidenses se les hubiera preguntado por el mejor modo de poner en marcha un movimiento para conseguir la justicia económica a principios de 2011, casi nadie, yo incluido, hubiera aprobado la idea de organizar un campamento en un parque del bajo Manhattan [Occupy Wall Street]. Para que la política sea tanto popular como revolucionaria, los organizadores “deben encontrarse con la gente allá donde esté”, y simultáneamente establecer un paradigma político-estratégico-táctico que promueva la lucha. Cuando la coreografía política se basa en los sondeos de opinión, resulta inevitable que la política sea un espejo de la sociedad que se quiere transformar». (p. 186)

Alguien ha sugerido que la raíz de la preocupante situación que se está desarrollando en el país que siempre se ha tomado como modelo de democracia no es el execrable personaje que volvió a ganar unas elecciones (incluso después de haber sido condenado por los delitos que había cometido), sino el electorado que lo eligió. En 1933, otro execrable individuo tomo el poder en Berlín. ¿Qué vamos a hacer si la historia se repite?

La portada de la edición de Capitán Swing
Antifa: El manual antifascista lo publicó la editorial Capitán Swing en 2019 en castellano. La traducción estuvo a cargo de Miguel A. Pérez.

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