25 feb 2013

Postcards from Vietnam: 5



Đà Lt’s ‘Crazy House‘



This extraordinary, unusual building rises just a few blocks away from the centre of Đà Lt. It is the dream-come-true of a Vietnamese architect, Dang Viet Nga, now an elderly lady, who is the daughter of a former President of Vietnam.

This bizarre project is still under construction....


When walking in and around the house, you realise its design has clearly been inspired by Gaudí’s works in Barcelona, although references to Dalí’s artwork should not be discarded either. It features hardly any straight lines or right angles. Corridors look more like caves; implausible bridges connect different areas and rooms, and visitors may feel dizzy when crossing its uppermost reaches, and possibly even claustrophobic in some of its concealed alcoves. Decorative motifs are quite fantastic and bizarre. Their exuberance can be quite overwhelming, too.




The house is also run as a guesthouse, with many different rooms hired to tourists in order to raise funds for its construction. Entry fees also apply. A very fanciful building, it appears to recreate childhood dreams and visions inspired by fairytales. Unfortunately, some visitors do not respect the place and have damaged parts of the house and gardens - the omnipresent graffiti! - or leave their filthy rubbish stuck in hidden niches and recesses of sculptures and structures, too.

The family altar
It really is an ideal place to take young children to. They can access very small corners that adults cannot; they will also be highly entertained of course, but their imagination naturally should do the rest.


Đà Lt is a medium-sized city in the southern Vietnamese highlands; it boasts arguably the best coffee in Asia, but the fresh fruits and vegetables grown on the hillsides and valleys are just as good as the coffee. Thoroughly recommendable are the fruit shakes, which you can get for under two dollars each. The region also produces the best (and only) Vietnamese wine, which is…, how can I put it? Yes, I think the phrase “can considerably be improved upon” expresses what I mean to convey, and it does so quite accurately.


Chosen as the location for French colonial jaunts into the cooler highlands, Đà Lt has now acquired its own distinctive personality. These days it receives many visitors from stifling-hot Ho Chi Minh City, a.k.a. as Saigon. It is quite amusing to observe them around the city centre, dressed in their winter wear (scarves, gloves, beanies, leather boots, overcoats, etc.) as if they were in the Alps, while Western tourists take an after-dinner evening stroll in their shorts, T-shirts and sandals in a very nice temperature of about 18 degrees…

24 feb 2013

Reseña: The Devil all the Time, de Donald Ray Pollock


Donald Ray Pollock, The Devil all the Time (Londres: Harvill Secker, 2011). 261 páginas.

Para quien guste del subgénero de la novela negra, esta primera novela del estadounidense Donald Ray Pollock es un título a tener en cuenta. Los ingredientes necesarios están ahí: mucho whisky, mucho alcohol destilado ilegalmente, cigarrillos de marca americana, carreteras, moteles, diners, y demasiadas armas de fuego. Aparte de los violentos crímenes y las menciones de sexo que pueblan la trama de The Devil All the Time (ya traducida al español por Javier Calvo y publicada por Ediciones del Silencio como El diablo a todas horas), esta novela tiene un sutil subtexto humorístico, con tintes fatalistas, y constituye una acerba crítica al fundamentalismo cristiano predominante en el interior del conservador midwest de los EE.UU.

Con un trepidante ritmo narrativo, Pollock sirve al lector un menú nada delicado, repleto de truculencias y grotescas salvajadas. Los personajes son a cada cual más brutal: el predicador Roy le clava un destornillador en el cuello a su mujer para demostrar que Dios le ha dado la facultad de resucitar a los muertos. Otro predicador, el depravado Teagardin, se especializa en desflorar a las muchachas jóvenes más atractivas del pueblo. Sandy y Carl salen de vacaciones todos los años porque Carl es artista fotógrafo: su arte consiste en tomar fotos de autoestopistas a quienes “invita” a tener sexo con su mujer en lugares apartados, para finalmente matarlos a sangre fría y sacar más fotos de Sandy desnuda posando con el incauto viajero, ya fiambre.

La novela comienza en la década de los 40, con el regreso a casa de Willard Russell, que ha servido y ha sobrevivido a la segunda gran guerra en el Pacífico, donde ha presenciado y ha ejecutado brutalidades innombrables. Willard conoce a una camarera en un café de Ohio, y al cabo de unas semanas vuelve a por ella y la desposa. Tendrán un hijo, Arvin, que crecerá temeroso del fanatismo del padre. Cuando su esposa, Charlotte, empieza a morirse de cáncer, Willard procede a realizar sacrificios de animales en su pequeño altar en un claro del bosque, impregnando el terreno de sangre. Tras la muerte de Charlotte, después de una atormentadora agonía que Pollock describe con terrible detallismo, Willard pone fin a su vida dándose un tajo en el cuello. El policía que acude al lugar donde está el cuerpo sin vida de Willard le pregunta a Arvin qué es ese lugar. «Es un tronco para oraciones», responde el chico, y al rato añade: «Pero no funciona».

Ese mismo policía, convertido en un sheriff corrupto y alcoholizado muchos años después, se enfrentará a Arvin en el duelo final que concluye la novela. Entre ambos elementos argumentales hay toda una serie de historias en torno a personajes imprevisibles, que de algún modo confluyen. Esos personajes pertenecen a esa América profunda y oscura, a los perdedores que sueñan con escapar de la pobreza y de la desesperación que los acompaña, pero que una y otra vez caen en la depravación, aun cuando acuden a la iglesia con regularidad y, aparentemente, iluminados por las enseñanzas en la fe de Jesucristo.

A fin de cuentas, The Devil All the Time deja en el lector la impresión de ser una especie de siniestro escaparate de escabrosos crímenes, cuya modalidad o método de ejecución es bastante diverso. Por supuesto, la novela está saturada de violencia, y esa saturación puede terminar por dejar un tanto indiferente al lector cuando éste haya perdido la cuenta de los asesinados; pero este aspecto queda, en mi opinión, bien contrarrestado por la narración, a ratos expresada en una elegante prosa y a través de impactantes imágenes y metáforas; es la voz del narrador omnisciente a través del cual se expresa Pollock, y no resulta para nada desdeñable. Naturalmente, esta es una estética que rara vez puede tener éxito fuera del género noir.

Cabe preguntarse si Pollock podrá o sabrá construir más novelas como ésta, al parecer inspirada por la colección de relatos que la precedió, Knockemstiff. Para un autor que empieza a publicar a los 50 y pico años, caer en la reiteración de motivos y argumentos puede dar resultados comerciales, pero no le reportará fama postrera – si es que la busca, claro está.

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