28 jun 2013

Reseña: Questions of Travel, de Michelle de Kretser

Michelle de Kretser, Questions of Travel (Crows Nest: Allen & Unwin, 2012). 515 páginas.

Nunca como ahora se ha viajado tanto; nunca como ahora han sido tantos los que viajan. La masificación del acto del viaje que comporta el turismo contemporáneo es una de las dos caras de este fenómeno: la otra es el fenómeno, también cada vez más extendido, que conocemos como emigración. Aunque ambos fenómenos sociales no están directamente relacionados, tienen muchos más aspectos en común de lo que pudiera pensarse en un primer momento.

Questions of Travel es la cuarta novela de Michelle de Kretser, autora australiana nacida en Sri Lanka en 1957, y que emigró en 1972 con su familia de un país convulso. De Kretser toma prestado el título de un poema homónimo de Elizabeth Bishop. Se trata de un libro inusual: se compone de dos líneas argumentales paralelas, que avanzan cronológicamente hacia un punto final común, y lo hacen a fuerza de breves retazos de narración, relatos cortos que forman parte de un conjunto más grande, en diversos escenarios geográficos distintos, desde la década de los 70 hasta el día 26 de diciembre de 2004.

Por una parte tenemos la historia de la australiana Laura Fraser, nacida en la década de los 60, cuya madre muere joven y cuyo padre lamenta el hecho de que haya heredado sus rasgos faciales: la describe como fea. Laura estudia arte, pero no se reconoce como artista y decide bien pronto, como muchos australianos jóvenes, dedicarse a viajar. Por un tiempo se radica en Londres, donde conoce a Theo Newman, hijo de una refugiada alemana. Laura es una mujer poco agraciada y muy solitaria, lo que la categoriza como figura viajera nada inusual, pero nada recatada a la hora de entablar relaciones con hombres desconocidos.

El segundo personaje principal es Ravi, quien de niño vive “en una callejuela rebosante de vida y comida” (p. 9). En el aula donde toma clases de primaria, Ravi puede observar un mapamundi que despliega el Hermano Ignatius, quien les predica que “La Historia no es más que una consecuencia de la geografía” (p. 20) o que “La Geografía es destino” (p. 21). Pasados los años, en medio de la violencia que afectó a Sri Lanka (la cual no remite) la mujer de Ravi, Malini, y su joven hijo, Hiran, son secuestrados. A Malini se la devuelven descuartizada, con los restos de su cuerpo montados en forma de vasija. A Hiran lo encuentran arrojado en un callejón no lejos de su casa.

Traumatizado y temeroso de ser el siguiente, Ravi logra escapar a Australia, donde solicita asilo político. Es allí donde su historia comienza a converger con la de Laura Fraser.

Es a través de esta desarraigada joven australiana que la novela nos lleva a distintos lugares del planeta: India, Londres, Lisboa, Nápoles, Francia. En cambio, Australia – en concreto la ciudad de Sydney – nos es mostrada a través de la mirada de Ravi, el refugiado esrilanqués alrededor de cuya vida se conforma el segundo eje argumental de Questions of Travel. Con más de quinientas páginas, podría argüirse que es una narración propensa a la parsimonia; pero tanto la alternancia entre ambas vidas como la observación sutil y aguda presente en la rica (a ratos muy poética) prosa de De Kretser no lastran la lectura de forma excesiva.

Los efectos en la persona que acarrea todo viaje (en términos de desplazamiento no solamente de nuestro entorno familiar sino también de nuestro ser cotidiano) son el objeto de estudio para De Kretser, quien describía en una reciente entrevista concedida a la vertiente australiana del diario The Guardian una característica de su propia personalidad que reproduce en muchos de sus personajes: “Soy una coleccionista empedernida de… objetos [que se han] despegado de sus orígenes de consumo masivo y [a los que se les] ha otorgado el poder de un talismán para evocar momentos históricos o del pasado propio.”

Pero Questions of Travel también indaga en otro tipo de desplazamiento, el de la huida del terror y del trauma, el del desarraigo. Este es un tema muy actual y candente en la actualidad australiana, donde a los que llegan en barcos pesqueros cochambrosos (cuando consiguen llegar o son interceptados – muchos naufragan en mitad del océano) se les encierra en campos de internamiento localizados en el exterior de Australia (Papúa Nueva Guinea, Nauru). Una política adoptada por el ultraconservador John Howard, quien no sale muy bien parado en la novela: “Mirando algunas imágenes de los Juegos Olímpicos de Sydney, Laura vio a australianos que, reunidos en torno a una pantalla gigante, abucheaban de forma espontánea a su primer ministro, quien con su sonrisa de rata amenazaba a un nadador victorioso” (p. 234).

Una novela que abarca cuatro décadas tiene por fuerza que incluir observaciones sobre la transformación que la tecnología ha tenido en nuestras vidas. He aquí una cita curiosa, muy perspicaz, sobre el proceso de la escritura en ordenador a principios de los 90: “En Londres la noche se hacía más profunda, y Laura trabajaba en su historia para Meera Bryden. Todavía sentía entusiasmo ante la facilidad de escribir en una pantalla – los patinadores debían estar familiarizados con ese veloz descender y deslizarse. Pero a medida que su trabajo cobraba forma, su entusiasmo menguaba. El borrado de errores, de las primeras ideas, de alternativas, sin que quedara huella de ellas, enmascaraba ese trabajo falible que el papel preservaba. Para cuando terminó de escribir, ya no se fiaba de sus palabras procesadas. Inmaculadas pero sin frescura, le hicieron pensar en manzanas de supermercado” (p. 144-5).

Questions of Travel es una novela ambiciosa tanto por su estructura de narración fragmentaria (como parecen dictar ciertos cánones muy actuales) como por la temática de identidades rotas en un mundo globalizado e interconectado por el transporte y la tecnología. La semana pasada fue galardonada con el Premio Miles Franklin de 2013, el más prestigioso premio de narrativa de la literatura australiana. Es un libro absolutamente recomendable, pero me quedan muchas dudas de que vea la luz traducido al castellano en los próximos meses.

20 jun 2013

Three versions of insomnia

Goya, Capricho #43
Воспоминание
А.С. Пушкин (Mосква 1799 - Санкт-Петербург, 1837)

Когда для смертного умолкнет шумный день,
         И на немые стогны града
Полупрозрачная наляжет ночи тень
         И сон, дневных трудов награда,
В то время для меня влачатся в тишине
         Часы томительного бденья:
В бесдействии ночном живей горят во мне
         Змеи сердечной угрызенья;
Мечты кипят, в уме подавленном тоской,
         Теснится тяжких дум избыток;
Воспоминание безмолвно предо мной
         Свой длинный развивает свиток;
И с отвращением читая жизнь мою,
         Я трепещу и проклинаю,
И горько жалуюсь, и горько слезы лью,
         Но строк печальных не смываю.

Remembrance
By A.S. Pushkin (Moscow, 1799 – Saint Petersburg, 1837)
Translated by A.Z. Foreman

When din of day for mortals softly ends
         And onto the mute city squares
The thin penumbra of the night descends
         With slumber, balm of daylong cares,
Then, in the still for me the hours wring
         Exhausting wakeful pains anew.
Searing in blank of night, the serpent's sting
         Venoms my heart with acid rue.
Black fancies seethe. An overflow of thought
         Aghast, builds in the angst-strained soul;
Remembrance wordlessly and out of naught
         Unwinds its long unholy scroll.
Then reading with disgust the writ of years
         I tremble, damn my every day,
Bawl bitter plaints, and bitterly shed tears
         But wipe not one sad line away.
(Thanks to Pat McGowan)

Insomnia, de Jorge Cadavid (Pamplona, 1962)
Published in Letras Libres.
El insomnio no tiene objeto ni sujeto, sino algo que tiene que ver con la conciencia que trabaja durante él. Es la angustia, la vigilancia. La mente se concentra y se reconoce en un punto eterno. Es la leche negra de la cabra nocturna de la que habla Rilke. El insomnio: conciencia de lo infinito que no termina jamás. Vigilia anónima. No soy yo quien vigila la noche; es la propia noche la que vela con los ojos abiertos.

Insomnia by Jorge Cadavid (Pamplona, 1962)
Translated by Jorge Salavert

Insomnia has neither an object nor a subject, but rather something that has to do with the awareness at work throughout. It is the agony, the watchfulness. Your mind focuses, acknowledging itself at an eternal point. It is the nocturnal goat’s black milk Rilke talked about. Insomnia: an awareness of the never-ending infinite. Anonymous wakefulness. It is not me who watches the night; it is night itself that stays awake, wide-eyed.

Sleepless, by Jorge Salavert (València, 1964)
First published in Hypallage.

Where will this insomnia take us tonight?
Will it show as lithe shadow, or as shade
of memories forgotten? As a tide
of seas uncharted, while city lights fade?

Even darkness does have something to hide.
Our fears, our dread, are always custom-made;
wakefulness unearths it all, the flight
and the vain search, the words we left unsaid.

Even if we had no sadness to behold,
there would be sufficient sleepless moments
to write, if not a book, at least an old

sonnet, or a song, lines for a poem,
words from pure grief, to treasure more than gold…
till the time we’re no more, when it all ends.

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