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25 oct 2014

Are musical preferences genetically influenced?

I honestly have no idea whether it is true or what it might mean, but here it is: there must be some genetic predisposition towards a certain type of melody. One of the little joys of driving on Turkish roads was the chance to listen on the radio to music you would never hear at home. Two catchy themes kind of grabbed our attention and remain in our minds even today, more than three weeks later.

My son O. and I like Işın Karaca’s (pronounced Ishin Karaja) ‘Az bi mesafe’. T. and O's twin brother J. say they like ‘Harika’ by Ozan Doğulu (featuring Ajda Pekkan & Kenan Doğulu) much better. Of course, we know not what the lyrics of either actually mean. ‘Harika’ means ‘wonderful’, while Işın Karaca’s song appears to mean something like ‘Less far’, ie, ‘A little closer’ (?). The choreography/design in both clips reminds me of many other European and American bands and/or soloists, and Işın’s in particular rings a bell, but I cannot recall which one it might be. Any help would be much appreciated!

 Az bi mesafe

 Harika
Which one do you like best (if any)?

18 oct 2014

Turquía: algunas impresiones (2)

La antigua ciudad de Pergamon preside lo que hoy es la moderna Bergama.
Antes de visitar Turquía me pasó por la cabeza la idea de que quizás la famosa hospitalidad turca se tratara de un tópico tan ampliamente extendido que había terminado por convertirse en leyenda turística, en una especie de mito. Pero después de haber pasado cerca de cuatro semanas en el país, visitando una buena parte de su territorio como turista, puedo decir que lo mejor de Turquía es su gente. Y no creo que se trate de una aseveración gratuita.

El puerto de Babakale
Es una perogrullada decir que el sector turco del turismo vive de los ingresos que los visitantes aportan a la economía. No puede ser de otro modo, pero la sensación que me ha quedado es intensamente positiva. Allá donde vayas en Turquía vas a encontrar a personas que harán lo indecible por hacerte que te sientas cómodo, y eso es algo que (al menos en mi experiencia, y he viajado un poco) uno no experimenta en todos los rincones del planeta. Puede que esta impresión no sea absolutamente cierta en el caso de Estambul; al fin y al cabo, es una gran metrópolis y como gran ciudad que es, es posible que se apliquen reglas menos generosas en lo que concierne el servicio al cliente.

Testi kebap: ¡ábrete, sésamo!
En ese sentido, de Turquía me he venido y me he quedado con un excelente sabor de boca (y no lo digo solamente por la excelente y sabrosísima comida que te ofrecen en todas partes). A esa impresión ha contribuido el hecho de que en casi todos los sitios donde paramos la gente, tras observar mi aspecto físico, me tomaba por turco y se sorprendía de que no lo fuera. Las cuatro frases del idioma que logré memorizar ciertamente sirvieron para mucho en algunos lugares apartados del beaten track.

Cocido al horno en ánfora de barro. Delicious!
Y si bien no soy partidario ni acostumbro a hacer recomendaciones en sitios como TripAdvisor (por no hablar de otras redes sociales a las que nunca me he acercado, ni pienso hacerlo), voy a hacer uso del blog para mencionar a personas y establecimientos, que dejaron una estupenda huella en mi memoria.

Can't remember his name, but he cooked us the best, freshest fish platter ever! Teşekkür ederim!
Comenzaré por un pequeño restaurante-hostal en un pueblecito costero de pescadores, un lugar llamado Babakale (‘el castillo del padre’), donde el joven Nasim y su baba nos prepararon en un abrir y cerrar de ojos un sencillísimo pero exquisito almuerzo, y pese a las insalvables dificultades idiomáticas nos explicaron cómo llegar a la playa más cercana. A Babakale llegamos más o menos por casualidad, y después de visitar el castillo (el último que construyera el Imperio Otomano, según informan las guías) nos marchamos, cuando en realidad debiéramos habernos quedado un par de días. Inolvidable.

Sunday lunch at Babakale...Thanks, Nasim!
La maravillosa hospitalidad de los turcos ha quedado también grabada merced a personas como Asif, quien regenta el Hotel Anil en Bergama, o la de Hassan y su familia en Pamukkale, o la de Harry y sus ‘gatitos’ en la ANZ Guesthouse en Selçuk. Será también imborrable el buen humor de Isa (Suso) en Olüdeniz, quien a las dos horas de que hubiéramos llegado al pueblo ya me había hecho sentirme uno más, con solo un pequeño empujoncito.

Anything but...
Incluso en una gran ciudad como Estambul hay personas que, como Efes, se esfuerzan por ganarse unos cuantos clientes en un mercado muy competitivo con su gran sentido del humor, anunciando que en su establecimiento ofrece “cerveza caliente, comida atroz y pésimo servicio”.

Pamukkale (El castell de Pamuk)
Es pues cierto que la acogida al foráneo en Turquía es excelente. La sensación de bienvenida se acrecienta con unas comidas sabrosísimas, sanas y sencillas. A quien vaya a Bergama, le recomiendo acudir a un humilde restaurante llamado Meydan, sito en el número 17ª de M. Yazici Caddesi, donde preparan el mejor arroz con leche del mundo, y donde probé un exquisito postre llamado Kemal Pasha (en honor a Atatürk) que no volví a encontrar en ninguna otra parte de Turquía.

Asklepion, Bergama
A todo esto se añaden pequeños (pero importantes) detalles que refuerzan una impresión general de excelencia en lo relativo a la hospitalidad turca. Es el caso de un desconocido, que condujo varios kilómetros por las calles de Aksaray hasta indicarnos la salida a la carretera rumbo a Nevşehir. A los pocos kilómetros llegamos a una joya histórica, un majestuoso caravasar en la antigua Ruta de la Seda, magníficamente conservado y poco conocido, libre de las muchedumbres que todo lo invaden y ensucian (y no es que los propios turcos se preocupen por no dejar basura - por desgracia, en la mayoría de los sitios no es así). Una verdadera gozada y un privilegio.

El caravasar en las afueras de Aksaray

14 oct 2014

Turquía: algunas impresiones (1)

En direcció nord, l'Àsia a la dreta i l'Europa queda a l'esquerra. El pont Fatih Sultan Mehmet sobre el Bòsfor (la Gola).
Conducir por las carreteras turcas conlleva extrañas situaciones, algunas cuanto menos curiosas, otras sencillamente espeluznantes. Uno puede encontrarse con tractores y camiones que circulan en dirección contraria, ocupando el carril izquierdo (el de adelantamiento) de la autovía, o bien toparse de pronto con un camión que está adelantando, a más o menos 50 km/h., en una cuesta, a un tractor, que a su vez adelanta a un carro tirado por un burro que ocupa el arcén, y tener que apretar los frenos a fondo mientras asciendes un puerto de montaña… Son momentos emocionantes, sin duda, pero en mi opinión sigue siendo preferible evitárselos. Ya se sabe: el viajar es un placer…
Bergama: A newly-wed couple get some help when moving into their new home..
Al alzar la mirada, mientras uno recorre Turquía, ciertas formas y objetos se repiten y se prodigan, aparecen, desaparecen y reaparecen cuales ojos del Guadiana, quedando fijos en la memoria visual del viajero. La bandera turca está omnipresente en todo el país: un estado relativamente joven pero de una firme tendencia nacionalista eleva al aire su símbolo patrio en cualquier parte. La bandera y las astas que la sostienen parecieran en ocasiones competir con otro importante símbolo omnipresente en Turquía: el minarete, esa torre religiosa, homólogo musulmán del campanario católico, desde la cual la voz del muecín, hoy en día pregrabada, recuerda cinco veces al día a los creyentes la obligación insoslayable del rezo al Ser Omnipotente e Invisible. Gracias a los megáfonos y altavoces, la llamada del muecín alcanza ahora tan alto volumen que ni en las mejores discotecas de la Ruta del Bakalao, mire usted. En algunos lugares, la confluencia de muecines traía como resultado una insoportable cacofonía, un guirigay un tanto grotesco e innecesario cuyo último fin sospecho aunque no me quede clara su ventaja.
Minaretes en Edirne.
También se alzan hacia el cielo los orgullosos cipreses, tan abundantes en los paisajes turcos como chopos o plátanos, las higueras y los olivos. Pero hoy en día la presencia de esos enhiestos surtidores de sombra y sueño que jalonan los cementerios musulmanes en Turquía no puede competir en modo alguno con la de las torres de transmisión eléctrica, que testimonian el brioso desarrollo económico de este país, que a principios de este año aspiraba a organizar los Juegos Olímpicos en Estambul, ciudad que posiblemente diste mucho de estar preparada para poder organizar un acontecimiento de tan enorme calado. Sin duda lo estará algún día, pero no ahora.
Atatürk
Los árboles tampoco pueden rivalizar por hacerse notar frente a los gigantescos paneles publicitarios que han sido erigidos a la entrada de todas las ciudades. Son prueba tan fea como fehaciente de que Turquía opta por el capitalismo para acercarse a la Unión Europea, cuya moneda única actúa como moneda oficial en las transacciones de muchas pequeñas y medianas empresas turísticas. Sin duda algo medianamente próximo a lo que ambicionaba Mustafá Kemal Atatürk, cuyo retrato es otro elemento omnipresente en la iconografía que queda grabada en la retina del visitante.

12 sept 2014

Türkiye'de bir ay


Türkiye'de bir ay. Un mes en Turquía. Desde bien joven he sentido una intensa atracción por este país, y en especial por Estambul/Bizancio/Constantinopla, la ciudad bisagra, el punto donde Europa se abraza, se encuentra y se besa con Asia. Pero este viaje es en realidad un "autorregalo", una especie de "me lo merezco", after Míchel, en un momento vital en el que uno pierde la cuenta de sus años y empieza la década de los "sin cuenta".

¿Qué mejor regalo puede haber que un viaje a un destino con el que uno ha soñado desde su tierna juventud?

Puesto que el viaje lo vamos a hacer acompañados de niños, en nuestro itinerario hemos naturalmente descartado el este del país, demasiado próximo a zonas geopolíticas más que convulsas en estos tiempos. Una pena, porque Ararat es también un nombre cuyos ecos míticos resultan extraordinariamente atractivos.

De Estambul viajaremos un poco al oeste, a la antigua Adrianópolis, para luego dirigirnos al sur hasta el estrecho de Dardanelos. Nuestra hoja de ruta incluye Gallipoli, Troya, Efeso, Fethiye, Antalya y Capadocia, entre otros lugares. Habrá también algunos días de reposo playero en algún pueblecito de la costa oriental, allí desde donde quizá se atisban islas a las que no es posible viajar de manera legal. Será cuestión pues de disfrutar de los últimos días veraniegos en el Mediterráneo, en cuyas aguas hace muchos años no me he bañado. Solamente cabe esperar que no haya tantas medusas como, según informan los diarios españoles, las que infestan las playas del este de la península ibérica.

Será por otra parte interesante estar en Europa (o cerca de ella) cuando los escoceses puedan decidir si mandan the Union a la porra. At least they can decide for themselves. Vivir en un lugar donde, de verdad, nunca pasa nada, como lo es Australia, termina por contagiarle a uno una indiferencia rutinaria hacia casi todo. Lo único que lamentaré perderme será la Gran Final de la Liga de Fútbol Australiano, a la que estoy casi seguro llegarán este año los Cisnes de Sydney. Go the Swannies!!!!

Pero este es un blog de libros, ¿no? Pues bien, para acompañar el viaje y llenar algunas de mis horas de asueto, estos son los cinco libros que llevaré en la mochila. Cinco libros, quizás un número harto ambicioso para un mes de viaje en el que muchas horas las haré al volante de un auto alquilado (el cual, según parece, no te permiten subir a los ferries, al menos en teoría). Veremos en qué queda este ambicioso intento.




                    

Se me dirá que son todos del mismo autor. Bien cierto es. En mi descargo he de confesar que (horreur!) todavía no he leído nada de Pamuk. Dadas mis evidentes carencias respecto a la lengua turca (la cual, por cierto, me da la impresión de que no es nada fácil de aprender bien), me he limitado a adquirir algunas traducciones del Premio Nobel al inglés.
 
    
Y como la casa del último título de esta selección de libros destinados a acompañarnos en nuestro viaje y servir de telón de fondo a nuestras experiencias personales en Turquía, este blog permanecerá callado durante todo el viaje. Nos vemos en octubre.


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