6 may 2014

Reseña: All That Is, de James Salter

James Salter, All That Is (Londres: Picador, 2013). 290 páginas.

No había leído nada de James Salter hasta ahora, y eso que ya ronda los 90 años de edad. Teniendo en cuenta este dato, no es un autor que se haya prodigado en exceso; no cuenta con una amplísima bibliografía como otros de su generación (Philip Roth viene a la cabeza). Las reseñas que aparecieron tras su publicación el año pasado insinuaban que era una novela importante, pero lo primero que me llamó la atención de ella fue su título, minimalista e inusual en su sintaxis. All That Is.

Todo lo que es, o esto es lo que hay: la vida. Escribir la vida… ¿No es una empresa fútil donde las haya? Y sin embargo, Salter de alguna manera lo hace en All That Is. La novela ciertamente te atrapa desde el principio, aunque muy pronto sorprende por su técnica, que se dispersa en múltiples puntos de vista. Salter salpica la trama principal, la del protagonista, con breves episodios (algunos extremadamente escuetos y en gran medida completamente independientes – que no irrelevantes). En ese sentido, me hizo recordar a John Dos Passos en su trilogía americana, no porque Salter adopte una gama similar de técnicas diferentes en la construcción de la obra literaria, sino porque en Salter también se da una suerte de fragmentación de la trama.

El protagonista es Bowman, quien al principio de la novela, en plena II Guerra Mundial, se encuentra a bordo de un buque de la Armada estadounidense. Tras la contienda Bowman regresa a los EE.UU. y estudia en Harvard. Tras graduarse logra trabajo como editor en la editorial de un importante judío neoyorquino, Baum. Tras conocer en un bar a una chica guapa, Vivian, le regala un libro. Tras unos meses de noviazgo se casa con ella, pese a la evidente disposición en contra del padre de ella. Un par de años después se separan y divorcian. Bowman continúa trabajando para Baum, y comienza a viajar a ferias y eventos literarios. Conoce a otras mujeres, pero escarmentado  quizás por el fracaso que supuso su relación con Vivian nunca termina de decidirse a establecer lazos firmes con ninguna. Hasta que una de ellas le traiciona y le arrebata la casa que habían adquirido juntos.

La de Bowman es historia de uno de tantos desafortunados. Como editor nunca logra brillar a la altura de los autores, por algunos de cuales siente reverencia, y tampoco alcanza la fama ni el esplendor de su empleador, Baum, ni de los otros propietarios de editoriales con los que a veces comparte mesa. Pero es gracias a esos contactos de alto nivel que Bowman puede observar la sociedad de su época: los triunfos y las miserias, las desgracias y las infelicidades disimuladas.

Esa es a grandes rasgos la trama primaria. Pero como en cierto modo sucede en la vida misma, en la que aparecen y desaparecen otras personas de nuestro entorno, Salter relega a veces a Bowman a un segundo plano, y centra algún que otro capítulo – o en escuetas pero muy descriptivas viñetas – en personajes secundarios. Podría argüirse que resultan difíciles de justificar estos desvíos argumentales. Al fin y al cabo, apenas aportan nada a la ‘historia’ que nos ocupa. Y sin embargo, debo admitir que, salvo algún caso que me dejó un pelín perplejo – pienso en una de esas breves viñetas con las que Salter inicia uno de los capítulos, cuyos personajes tienen una apenas remotísima conexión con Bowman y no vuelven a estar presentes en la narración –, resulta atractivo el ritmo que estos paréntesis o apuntes consiguen darle a la novela.

Con todo, para mi gusto, esa excesiva amplitud argumental (que no temática) implica que la novela vacila en ocasiones. Un narrador omnisciente que abre con gran generosidad las mentes de casi todos los personajes, incluso los secundarios, corre riesgos. Al concluir, uno se queda con la sensación de que All That Is es más un recuento de los amores de Bowman que otra cosa. Y ciertamente se nota que Salter es de una generación ya muy veterana. Sugerir que la “invencible” rigidez del miembro erecto de un muchacho de dieciocho años sea parámetro comparativo no deja de resultar un tanto ridículo. A través de los ojos de Bowman vemos descripciones de mujeres que, en 2014, corresponderían posiblemente más a los comentarios soeces de un indiscreto mirón machista, un verdadero cazador de hembras. No me cabe duda de que en la época de Salter eso era la norma. Hoy por suerte ya no lo es.

Dice Salter en el epígrafe a All That Is: “Llega un momento en que te das cuenta de que todo es un sueño, y que solamente lo que queda preservado por escrito tiene alguna posibilidad de ser real.” ¿Será ya momento de empezar a seguir su consejo?

All That Is se ha publicado ya en catalán: Això es tot, traducción de Ferran Ràfols (editorial Empúries) y Todo lo que hay, traducido por Eduardo Jordá (editorial Salamandra). Interesante en todo caso la divergencia en la traducción del título, ¿no te parece?

4 may 2014

Reseña: On Being Blue: A Philosophical Inquiry, de William H. Gass

William H. Gass, On Being Blue: A Philosophical Inquiry (Nueva York: New York Review of Books, 2014 [1976]). 91 páginas.

"Dilo. Venga, ponte en pie frente al espejo, mírate la boca y dilo: Blue. ¿Ves cómo frunces los labios, cómo se abren con las consonantes hasta formar un beso, y esa exhalación final de la vocal? Blue." (p. vii) Así comienza el prólogo que Michael Gorra ha escrito en 2014 para este librito de William H. Gass publicado por primera vez en 1976, que recientemente ha reimpreso New York Books. No ha sido, al menos hasta la fecha, traducido al castellano; si alguna vez alguien se molestara en hacerlo (o se atreviera a intentarlo), se encontraría  de entrada con un enorme (y puede que insalvable) obstáculo: el azul del castellano tiene dos sílabas; además, la casi interminable lista de acepciones de la palabra blue en inglés tendría quizás, como mucho, un cincuenta por ciento de equivalencias o aproximaciones en la lengua castellana.

En On Being Blue: A Philosophical Inquiry Gass realiza una esmerada – pero para nada academicista –  exploración del color, del azul en particular, por su asimilación al color del cielo; pero éste es un libro que constituye ante todo una reflexión sobre el lenguaje (de la ficción, cabria quizás añadir). En el estudio entra por supuesto el lenguaje obsceno o pornográfico (cuyo color es quizás el verde en castellano, pero que es caracterizado como azul en inglés). Gass denunciaba ya en 1976 la patética inopia del lenguaje para describir el sexo: "We have more names for parts of horses than we have for kinds of kisses. […] We have a name for the Second Coming but none for a second coming. In fact our entire vocabulary for states of consciousness is critically impoverished." (p. 25) [Disponemos de más nombres para las partes de un caballo que tenemos para designar clases de besos. […] Tenemos un nombre para la Segunda Venida [de Cristo] pero ninguno para venirse/correrse por segunda vez. De hecho, todo el léxico de que disponemos para denominar los estados de conciencia está críticamente empobrecido.]

"Seldom was blue for blue's sake present till Pollock hurled pigment at his canvas like pies." Blue Poles está aquí en Canberra...
Un ensayo cuya disposición formal que dista mucho de la ortodoxia ensayística, con On Being Blue logra Gass conectar mundos y visiones distintas de éste, enfocando  importantes y complejas  ideas en apenas unas cuantas palabras: "No one betrays perception more promptly than the empiricist. First he appeals to common sense, which he flouts; then to experience, which he misrepresents." (p. 68) [No hay nadie que traicione más la percepción que el empirista. Primero apela al sentido común, el cual desatiende; luego a la experiencia, la cual malinterpreta.]


En su exploración el autor deja caer algún que otro juego de palabras: "It is not simple, not a matter for amateurs, making sentences sexual; it is not easy to structure the consciousness of the reader with the real thing, to use one wonder to speak of another, until in the place of the voyeur who reads we have fashioned the reader who sings; but the secret lies in seeing sentences as containers of consciousness, as constructions whose purpose it is to create conceptual perceptions" (p.86). [No es sencillo, no es asunto para aficionados, hacer que las oraciones sean sexuales; no es fácil estructurar la conciencia del lector con lo real, emplear una maravilla para hablar de otra, hasta que en el lugar del voyeur que lee hayamos moldeado al lector que canta; mas el secreto estriba en ver las oraciones como recipientes de la conciencia, como construcciones cuyo propósito es la creación de percepciones conceptuales]

La ballena azul, el mamífero más grandioso de nuestro planeta azul 
Es un libro escrito con un enorme gusto por la musicalidad; en algún momento mientras lo leía me he sorprendido a mí mismo repitiendo algunos pasajes en voz alta, solamente para deleitarme en su lectura, como éste, cuya sonoridad es absolutamente intraducible: "The word itself has another color. It’s not a word with any resonance, although the e was once pronounced. There is only the bump between b and l, the relief at the end, the whew. It hasn’t the slight turn which crimson takes halfway through, yellow’s deceptive jelly, or the rolled-down sound brown. It hasn’t violet’s rapid sexual shudder, or like a rough road the irregularity of ultramarine, the low puddle in mauve like a pancake covered with cream, the disapproving purse to pink, the assertive brevity of red, the whine of green." (p. 34)

Dada su brevedad, recomendaría a todo aquel que quiera leerlo tomárselo con calma, disfrutarlo porque vale la pena. Las listas que Gass incluye de referencias al color azul dan para muchos meandros personales y rodeos. Por ejemplo, en Australia ‘blue’ es un apodo típico para un pelirrojo, pero también puede ser una pelea. Se podría confeccionar una lista de canciones con la palabra ‘blue’. Deberíamos empezar con ‘Blue Monday’, 

o quizás con ‘Blue Velvet’.

No debería faltar ‘Blue Hotel’,

ni ‘Bullet the Blue Sky’.

También deberíamos incluir a los escoceses The Blue Nile.

Y en Melbourne, los azules son naturalmente el equipo de Carlton.

Quizás la idea que más marcada me ha quedado de este ensayo de William H. Gass es que el estilo literario no consiste en un añadido del lenguaje de una obra, sino que resulta ser lo que la fundamenta, su esencia misma. On Being Blue es una excelente demostración de ello.

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