24 feb. 2015

Reseña: On Such a Full Sea, de Chang-rae Lee

Chang-rae Lee, On Such a Full Sea (Londres: Little, Brown, 2014). 352 páginas.

¿Cómo serán nuestras sociedades dentro de doscientos o trescientos años? ¿Será el calentamiento global un factor determinante en la reestructuración del orden social en un futuro quizás no tan lejano? ¿Qué aspiraciones tendrán los futuros ciudadanos, qué inquietudes? Esta es solo una de las ideas que puede barajar el lector de On Such a Full Sea, la última novela de este talentoso novelista estadounidense nacido en Corea.

Una joven llamada Fan, chica corriente que no destaca ni por su belleza ni por su inteligencia, de raza asiática, baja estatura y entregada a su trabajo como submarinista en los enormes tanques piscifactorías de la pequeña ciudad de B-Mor (el guiño a Baltimore es evidente) se escapa para buscar a su novio, Reg. Este ha desaparecido sin dejar rastro tras ser reclutado a la fuerza por las autoridades (el Directorio). Lo curioso del caso es que Reg parece estar libre de las enfermedades causadas por el mal que en la novela se identifica solamente por la letra C, y que tarde o temprano afecta a todos los habitantes del planeta. Lo que no sabe Reg es que tras un único encuentro sexual con Fan, la joven ha quedado embarazada.

El mundo de On Such a Full Sea (título que Lee toma prestado del Julius Caesar de Shakespeare) bos presenta una sociedad distópica, altamente jerarquizada y estratificada. Los habitantes de B-Mor son en realidad los descendientes de inmigrantes llegados varias generaciones antes de un lugar llamado Nueva China, en el que la vida se volvió imposible a causa de la altísima contaminación. Se dedican principalmente a la producción de alimentos, destinados a las ciudades “estatutarias”, centros urbanos en los que residen las élites económicas e intelectuales, separadas del resto del territorio por autopistas de peaje y cuerpos de seguridad. El ancho campo restante es lo que el narrador (sobre este narrador cabe añadir más cosas) denomina “los condados”, zonas indeterminadas en las que subsisten quienes pueden, entre bandas de ladrones y asesinos que recorren las regiones a la caza de dinero, comidas, esclavos. Así pues, tenemos un universo dividido en tres partes: la zona oscura y peligrosa, una suerte de zona intermedia terrenal (B-Mor) y una asociación de paradisíacos lugares de lujo y privilegio con clases sociales plenamente establecidas, las ciudades estatutarias.

En su huida, Fan sufre diversas peripecias, la primera de la cuales es un atropello en la carretera, accidente tras el cual es recogida por Quig y (a regañadientes) Loreen. Quig, antiguo veterinario expulsado de Asociación Estatutaria debido al comercio ilegal de drogas, la cura y le permite recuperarse en el asentamiento conocido como The Smokes, del cual es el líder. Allí ejerce la medicina y extrae beneficios de todo aquel que llega en busca de ayuda. Cuando el asentamiento está a punto de quedarse sin agua, Quig emprende un viaje acompañado de Loreen y Fan en busca de una taladradora potente y de medicamentos para el hijo de Loreen. ¿Destino? Una ciudad estatutaria llamada Séneca.

Quizás el aspecto más intrigante de esta novela sea el carácter del narrador. Con una voz anónima que habla en primera persona del plural en nombre de los habitantes de B-Mor, Chang-rae Lee crea un filtro narrativo sumamente atractivo: el narrador nos recuerda repetidamente que no ha sido testigo de la historia de Fan, la cual nos narra al tiempo que la envuelve en rumores, dudas y especulaciones. El narrador pone pues en duda la veracidad de la historia que cuenta, en un sutil intento por otorgarle a Fan (y a Reg) un estatus de heroína legendaria, mítica. La narración intercala por otra parte reflexiones de cierta índole filosófica sobre la vida en B-Mor y los leves cambios de rebeldía que experimenta su sociedad una vez la historia de Fan y Reg cobra visos de verdad/leyenda. Este recurso es desde luego arriesgado, pero no me cabe duda alguna de que Lee consigue lo que persigue, pese a que el ritmo de la narración decaiga en algunos momentos.

La trama se complica un poco más cuando los tres viajeros llegan a Séneca tras salir vivos de una emboscada en mitad de los condados, gracias a la astucia y presencia de ánimo de Fan. Quig entrega a Fan a un matrimonio sin hijos, pero cuando el dueño de la casa, Leo, intenta violarla la primera noche, su mujer (la Sra. Cathy) le golpea en la cabeza y le provoca un derrame cerebral. Fan empieza a acostumbrarse a vivir en la gran mansión, aprendiendo el oficio de sirvienta. Hay algo extraño y un poco siniestro en esa casa, como descubrirá Fan cuando Cathy la invite a pasar la noche en sus aposentos. Esta es, en mi opinión, la parte más sorprendente de la novela. Es un episodio que precede al giro argumental que ha de llevarnos al desenlace. Chang-rae Lee ya ha escrito varias obras que me resultaron amenas y satisfactorias (si te interesa saber de mi opinión respecto a ellas, están en el blog), pero On Such a Full Sea es un territorio nuevo, un reto distinto del que sale muy airoso.

La incógnita de si Fan encontrará a Reg impulsa la trama y mantiene por supuesto el interés del lector, pero es la posibilidad de que Fan encuentre a su hermano mayor, Bo Liwei (uno de los pocos jóvenes de B-Mor que consiguió aprobar los exámenes de acceso a la escuelas privilegiadas de la Asociación Estatutaria), lo que crea un aliciente argumental añadido, que en ningún momento resulta enrevesado ni arduo de seguir. El desenlace, pese a ser abierto y algo extraño, culmina una estupenda novela de uno de los autores estadounidenses a tener en cuenta en los próximos aňos.

16 feb. 2015

Reseña: Let's Explore Diabetes with Owls, de David Sedaris

David Sedaris, Let's Explore Diabetes with Owls (Londres: Abacus, 2014). 275 páginas.

David Sedaris es colaborador habitual de The New Yorker, y de hecho hasta diez de las piezas que integran esta colección aparecieron anteriormente en la revista. A Sedaris se le suele catalogar como humorista o cómico, aunque trabaja en muchos medios y ha escrito libros para todos los gustos (que no he leído, me apresuro a añadir).

Let’s Explore Diabetes with Owls es una colección heterogénea, una mezcla de viñetas satíricas, fragmentos autobiográficos en clave humorística y monólogos dramáticos cuyos esperpénticos narradores se ridiculizan a través de sus propias palabras. Sedaris, por tanto, no busca la risa fácil, pero si a veces la consigue, no es porque sus escritos desplieguen el humor de manera evidente. Lo que se percibe (y con mayor frecuencia se agradece) es una airada ironía, la crítica velada de un observador paciente, o la hipérbole del cronista de una realidad absurda.

No es difícil identificar algunos de los temas que son fijaciones para el autor: los animales muertos (la taxidermia, el coleccionismo de ejemplares, la crueldad que los niños son capaces de infligir a inocentes animales), la inevitable discrepancia entre padres e hijos, los malos hábitos extendidos en nuestra sociedad actual, o incluso temas puramente escatológicos (‘#2 to Go’ cuenta las experiencias de un viaje a China, en donde “Una vez vi montones de flemas, relucientes como ostras recién desbulladas, en escalones y escaleras mecánicas. Las vi congeladas, tal si fueran manchas de aceite en las aceras, o supurando, pared abajo.” (p. 191, mi traducción)

Para mi gusto, lo mejor de este volumen son los autodestructivos monólogos. ‘I Brake for Traditional Marriage’ lo narra un hombre que, furioso porque el vecino estado de Nueva York ha aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo mata a su esposa, a su hija y a su suegra. “Puede que esto parezca injustificable, pero si la homosexualidad ya no es pecado, ¿quién puede entonces decir que matar también lo es? Si te sienta bien, hazlo; eso es lo que los legisladores del estado parecen decir. ¿A quién le importa lo que pueda pensar toda la gente decente?” (p. 168, mi traducción) El breve relato lo cuenta desde la celda de la comisaría a la que le han llevado tras atropellar a un chico (“casi seguro que era gay”) a la puerta de una escuela. Y explica que “si fuera gay, probablemente me soltarían” (p. 173), y acto seguido le planta un beso en la boca a su compañero de celda, Diego Rodriguez, inmigrante ilegal.

Jesus Shaves

Let’s Explore Diabetes with Owls es una lectura entretenida, pero me quedo con la certeza de que los relatos funcionarían mucho mejor en vivo, en el formato de standup comedy. Pienso que se pierde mucho en materia de entonación, pausas, esos guiños extratextuales que permite la lectura ante el público, la re-presentación de un texto en interacción con el público.

Por cierto, el poema que cierra el volumen bien podrían habérselo ahorrado, pues deja muy mal gusto de boca.

11 feb. 2015

Reseña: Your Fathers, Where Are They? And the Prophets, Do They Live Forever?, de Dave Eggers

Dave Eggers, Your Fathers, Where Are They? And the Prophets, Do They Live Forever? (San Francisco: McSweeny's, 2014). 212 páginas.


El mercado editorial estadounidense tiene por costumbre añadir al título de los libros la etiqueta que identifica para el lector potencial el género al que pertenece. Véanse las palabras “A Novel” que siguen al largo y algo rebuscado título (procedente de Zacarías 1:5) de la última entrega de Dave Eggers, prolífico autor donde los haya. Pero el mero hecho de añadir una etiqueta a un título no convierte necesariamente a dicho producto en representante del género que identifica la etiqueta.

Me explico. Your Fathers, Where Are They? And the Prophets, Do They Live Forever? apenas llega a las 200 páginas, si es que alcanza dicha cifra. Dado que el libro consiste en una serie de diálogos (no hay ningún narrador ni ‘acotaciones escénicas’), por su longitud se halla más cerca de una nouvelle que de una novela propiamente dicha. De hecho, recuerda más a la parte dialogada de un guión de cine que a una obra de teatro; si fuera necesario catalogarlo, se podría decir que es un drama de rehenes, el consabido marco de diálogo entre secuestrador y su rehén. Pero en este caso, se trata de hasta seis rehenes, encadenados todos en un lugar diferente.

La obra se inicia en el Edificio 52, donde el treintañero Thomas ha encadenado a Kev Paciorek, astronauta de la NASA, a un poste. El edificio parece ser un hangar de una vasta base militar en la costa oeste estadounidense. Thomas somete al astronauta a un severo interrogatorio. Desde un principio es evidente que Thomas está muy enojado con el sistema: no puede comprender que su país haya abandonado el programa de la lanzadera espacial mientras “acabamos de gastarnos cinco billones [utilizo la acepción oficial de billón] de dólares en guerras inútiles. Eso se podría haber gastado para ir a la Luna. O a Marte. O en la lanzadera. O en algo que nos inspire de alguna manera, carajo. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que hicimos alguna cosa que inspirara a alguien, coño?” (p.25, mi traducción)

A medida que Thomas va desgranando la naturaleza y las causas de sus diversos y profundos resentimientos (progresivamente secuestra con ayuda de cloroformo a un congresista tullido retirado y veterano de la Guerra de Vietnam, a un antiguo maestro de su escuela primaria, a su propia madre y a un policía de su ciudad) el núcleo de la historia se mueve más hacia la muerte (asesinato más bien) de su “mejor” amigo Don Banh a manos de la policía de Marview, en un acto de violencia gratuita e injustificada, en una época en la que Don estaba pasando por una crisis existencial.

Pasados unos cuantos días Thomas añade a los cinco rehenes a Sara, una joven veterinaria a la que Thomas ha conocido por casualidad en la playa y de la que se ha enamorado a primera vista. Naturalmente, voy a abstenerme de dar más detalles que pudieran crear la impresión de un desenlace revelado antes de tiempo, en lo que se suele llamar destripe.

Thanks so much, Ms Kakutani! Fotografía: KristiEpperson
La principal crítica de The New York Times, Michiko  Kakutani, le pegó con una vara muy tiesa a Eggers por esta obra: “resulta ser una obra de ficción prolija, predecible y fatigosa, a la que le falta la sabiduría emocional y la prosa deslumbrante que han distinguido gran parte de la obra anterior de este autor” (mi traducción). A mí, que no soy nadie, me produce una cierta fruición saber que no estoy en absoluto de acuerdo con ella. Así como me maravilló What is the What (2006), me decepcionó y mucho The Circle, y me dejó bastante irritado A Hologram for the King (regalaré mi ejemplar al primero que me lo pida, por cierto – gastos de correo a cuenta del destinatario, claro está). En cambio, con Your Fathers, Where Are They? And the Prophets, Do They Live Forever? Eggers sí sabe capturar la atención del lector. Un personaje desequilibrado emocionalmente pero no violento como Thomas busca respuestas a preguntas muy pertinentes. En un dificultoso trabajo de dotación de voz propia a un personaje solamente mediante sus palabras en diálogo con otros personajes, Eggers lo utiliza como filtro a través del cual observar la realidad actual estadounidense, perdida en la búsqueda de un sueño que se ha desvanecido. No puede ser fácil construir un argumento complejo solamente con diálogos, pero Eggers lo hace.

En parte Eggers logra su objetivo porque los sorpresivos cambios de tono en Thomas son la mayoría de las veces muy convincentes, en especial cuando interroga con sobrado sarcasmo a su madre (a la cual acusa de haberle arruinado su vida) y al maestro de la escuela primaria. Menos creíbles son sus declaraciones de principios (“Soy un hombre con moral y con principios”, repite una y otra vez), y el secuestro de la veterinaria riza el rizo de la credulidad del lector, pero no deja de ser pasable.

Puede que el medio formal utilizado por Eggers no sea el más indicado, puede que sea algo ambicioso o simplemente peque de abusar de ciertas tendencias posmodernistas. No es, desde luego, el más flexible para una obra de ficción. Sin embargo, a través del perturbado Thomas el autor hurga en cuestiones muy relevantes y actuales: ¿estamos preparando/educando a los jóvenes para una vida que no va a hacerse realidad? ¿Por qué seguimos, como colectivo humano, sin un plan compartido para asegurar la dignidad y el bienestar de todos los habitantes del planeta? ¿Sirve de algo la vida que llevamos?

Aunque las preguntas que anteceden te interesen (personalmente sí creo que sean relevantes), no creo que secuestrar a media docena de personas y someterlas a un riguroso interrogatorio te vaya a dar respuesta alguna. Por si se te pasa por la cabeza.

7 feb. 2015

Reseña: Clever Girl, de Tessa Hadley

Tessa Hadley, Clever Girl (Londres: Jonathan Cape, 2013). 309 páginas.


Pasado ya el medio siglo de existencia en este maltratado planeta nuestro, la idea de escribir una autobiografía me ha pasado alguna vez – de forma harto peregrina, debo añadir – por la cabeza. En realidad, no porque considere que no haya vivido suficientes experiencias significativas o que pudieran despertar algo de interés en un posible lector, sino porque, por un lado, no me veo invirtiendo las numerosas horas necesarias en este cometido, y por otro lado no me fío de mi memoria.

Quizás es por eso que, cuando me cruzo con una novela escrita en clave autobiográfica, como es el caso de Clever Girl, de la inglesa Tessa Hadley, como el proverbial cartero, la idea vuelve a llamar en mi subconsciente. ¿Quién es la chica lista de la novela de Hadley? Pues se trata de Stella, recién cumplidos los 50, nacida en Bristol (ciudad que en la que pasé una semana deliciosa hace unos veinte años) en el seno de una familia de clase trabajadora. Stella cuenta la historia de su vida: criada en solitario por su madre, en el primer capítulo rememora los recuerdos de su infancia, episodios más o menos inconexos. En uno de ellos, al volver a su casa muy temprano un sábado por la mañana, tras pasar la noche en la casa de su abuela, descubre que su madre ha pasado la noche con un hombre (Gerry) quien al poco tiempo se convertirá en su padrastro.

El puente colgante de Clifton, Bristol (fotografía de Joe D)
El matrimonio de su madre supone para Stella no sólo mudarse de domicilio: también habrá un chamaco que añadir a la familia. En el nuevo barrio residencial conocerá a Madeleine, vecina de su misma edad con la que entablará una amistad muy duradera, y también a Valentine, un jovenzuelo atractivo, rebelde y algo alocado. En su primer encuentro en la parada del autobús escolar, Valentine les ofrece a ambas un porro. Al poco tiempo Stella y Val son lo que en inglés suele llamarse item. Cuando la oposición de sus padres llega a hacerse insoportable Stella se marcha de casa. Se queda embarazada justo cuando Valentine escapa a los Estados Unidos tras un escabroso affaire con su profesor de literatura.

La narración en primera persona sigue pues la vida de Stella, tal como ella escoge contarla: los difíciles años de su maternidad y la lucha por sobrevivir; el paso por una comuna en una casa destartalada con personajes variopintos, con uno de los cuales, Nicky, Stella concibe un segundo hijo. Pero Nicky muere apuñalado en un absurdo incidente que truncará la comuna y el espíritu que la animaba. La protagonista-narradora finalmente toma control absoluto de su vida, completa su educación secundaria y accede a la universidad con treinta años; destacará por su trabajo pero descarta seguir con una carrera académica para dedicarse a la terapia ocupacional. Ya en su madurez conoce a un empresario, Mac, con quien tiene otro breve lío. Unos años después Mac, ya separado de su mujer, vuelve a encontrarse en su camino, y finalmente se casa con él.

No es ésta una novela fácil de encasillar: pese a que suceden dos asesinatos, la trama no es el aspecto más llamativo. Tampoco hay un estudio profundo de personajes: como en la misma vida nuestra, aparecen y desaparecen personas. Algunas dejan huella en nosotros – otras pasan tangencialmente por nuestras vidas, con más pena que gloria. Lo curioso del caso es que la estructura narrativa que adopta Hadley no parece apuntar a una situación crítica con un reencuentro en el desenlace. No hay suspense propiamente dicho: es como si la creadora buscase hacernos creer que se trata en realidad de una autobiografía. Y a veces roza ese límite.

Sin ser deslumbrante, Clever Girl destaca por el lenguaje altamente estilizado, descripciones escuetas pero elegantes y precisas. El tono es exactamente el que cabría esperar de una licenciada en letras, una mujer curtida en la vida, observadora, leída y sensible. Hay unas claras dosis de intervención ‘autorial’ por parte de Hadley, cuando por boca de Stella detiene brevemente la narración para adelantar o justificar sucesos posteriores a los que está narrando.

Quizás el mejor punto a favor de Clever Girl sea que no contiene excesivas pretensiones en ningún sentido. Hadley parece querer enfatizar el hecho, muchas veces olvidado u obviado, de que son todas esas pequeñas cosas cotidianas las que nos hacen ser como somos, y que los sucesos más trascendentales, si bien pueden marcarnos y dejar cicatrices imborrables, no cambian nuestra esencia fundamental, lo que nos define como individuos.

3 feb. 2015

A deep social problem

Photograph by Albert galiza

A translated excerpt from an interview with Galizian writer Suso de Toro:

Question: A recent survey shows that 35% of Spaniards never read or almost never read. To what extent is this something to be concerned about? Does it explain the country’s situation?


Response: "I think it explains the flaws of Spanish society at large rather than the current juncture. As a country Spain never had an industrial revolution, nor did it experience the appearance of those social layers supposed to be enlightened, which can produce the leaders who govern a complex and modern state. That did not happen. As a matter of fact, in my view, it only happened in Catalonia, the difference being that they were cadres not for ruling over a state but oriented towards industry-creation and the arts. This is a deep social problem; at the time of the Transition, critiques and self-criticisms from the Francoist times were fully aware that this was a culturally backward, impoverished society lacking guidance… The difference is that from the 1980s, after the PSOE’s electoral win, a new phase begins. It is then assumed that Spain is no longer a sheep-like society but a modern, groovy, cool European country, that the whole world looks up to Spain and wants to learn from us. That’s absolute nonsense. More than nonsense: it is utter idiocy, rather than a lie. Upon such an idiocy was built a paternalist discourse: we started saying ‘we’ve got the best generation in the world’, and such things; a populism that flattered the populace. Suddenly we were all European, modern and educated. It is a lie: Spanish society is one of TV viewers. The reality is that this is a culturally backward society, and the worst thing is that it’s been overwhelmed by an absurd, false self-image; populists politicians are selling the idea that we’re the envy of the world.”

The rest of the interview (in Spanish) is available here.

Reseña: Aloft, de Chang-rae Lee

Chang-rae Lee, Aloft (Waterbill, Maine: Wheeler Books, 2004). 493 páginas. (Large-print edition.)

Puede que volar sea hoy en día una actividad tan rutinaria que apenas prestemos atención al hecho físico de estar en las alturas. Yo mismo esquivo el asiento de la ventanilla en el avión siempre que puedo. Pero lo cierto es que la altura nos permite una más que simbólica distancia y una especial perspectiva respecto a la tierra firme, espacio en el que residimos, y al cual en última instancia terminaremos por regresar definitivamente, como suele decirse, a criar malvas.

Jerry Battle, el narrador/protagonista de la tercera novela de Chang-rae Lee, ha adquirido una avioneta tras su jubilación prematura. Un caro juguete sin duda que utiliza como guarida para evadirse de la realidad cotidiana. Su crisis vital se ha agudizado después de que Rita Reyes, una hermosa puertorriqueña que entró en su vida tras contratarla para cuidar de sus dos hijos tras la muerte (¿accidente o suicido?) de su esposa Daisy, le haya abandonado.

Pese a todo lo anterior, podría decirse que hasta ese momento la vida ha sido bastante amable con Jerry. Vive holgadamente, y los cabos familiares parecen estar bien atados: su viejo (Hank) está en una residencia para ancianos; su hijo (Jack) ha tomado con las riendas del negocio familiar de jardinería ornamental y vive en la opulencia de una McMansion mientras su esposa (Eunice) sirve exquisitos canapés, hojea catálogos y se pasea de tienda en tienda en un lujoso Range Rover; y su hija (Theresa) anuncia su intención de casarse con su prometido Paul porque está embarazada. Casi todo a pedir de boca, ¿no? Venga pues, arriba, arriba, a dejarse flotar entre las nubes y negar “LO REAL”, así, en mayúsculas, tal como lo dice él mismo.

El problema de pasarse mucho tiempo en las alturas es que con frecuencia dejamos de poder ver los detalles. De repente, todo parece venirse abajo para Jerry. La compañera de la agencia de viajes donde trabaja algunas horas por pasar el tiempo tiene una crisis y termina en el hospital; la empresa de los Battle no se sobrepone a las dificultades financieras en las que Jack la ha metido tras una fallida expansión; y para colmo de males, Theresa revela que padece un cáncer y decide seguir adelante con el embarazo pese a que ello pondrá en peligro su vida. Además, cuando su mejor amiga en la residencia casi se asfixia con un hueso de pavo, Hank se deprime y escapa sin avisar. Los problemas se le acumulan a Jerry, y Rita no parece querer saber nada de él.

Lee escribe la historia de Jerry en primera persona, dotándole de una voz propia muy característica, si bien su nivel de erudición no termina de resultar absolutamente convincente (¿Es creíble que un constructor de jardines jubilado de 59 tacos mencione a Lacan, por poner un ejemplo?). Si tras leer lo anterior piensas que Aloft puede ser una carga, prefiero entonces desdecirme, porque no lo es.

Es el tono confesional y terriblemente directo de Jerry, no exento de ironía, lo que hace la novela mucho más agradable y llevadera. Si en un principio se muestra como un hombre egoísta, exigente, poco leal y esquivo al compromiso, los acontecimientos lo llevan a cambiar de actitud vital. Lee sabe cómo hacer que se active nuestra simpatía por el protagonista: como lectores contrastamos su sinceridad con sus (confesados) defectos, y gana él la partida.

La moraleja de la historia que Jerry nos cuenta es que un topetazo muy cercano con la muerte nos obliga a bajar de la nube. Nuestra mortalidad es palpable (“pronto me tocará a mí, pronto te tocará a ti”, dice Jerry), y antes de que nos toque criar malvas cabe arreglar los desperfectos emocionales que hayamos causado o pudiéramos causar a otros en un futuro.

Tras haber leído tres de sus cinco novelas publicadas hasta la fecha, A Gesture Life, The Surrendered y ahora Aloft, debo admitir que Chang-rae Lee me ha conquistado como lector incondicional. Escribe con el nivel de detalle justo en una prosa elegante y fluida; me gusta su cuidada sintaxis y el esmerado léxico del que hace gala sin ostentación. En el caso de Aloft, el ritmo narrativo está perfectamente ajustado, y el desenlace parcial (Jerry no nos cuenta más de lo estrictamente necesario) no te deja insatisfecho. Totalmente recomendable.

Aloft la publicó Anagrama en 2006 en castellano, con el título de Desde las alturas, en traducción de Jesús Zulaika.

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