30 nov 2025

Reseña: God's Country, de Percival Everett

Percival Everett, God's Country (Boston, MA: Beacon Press, 2024 [1994]). 219 páginas.

«Lo primero que vi fue el humo. Era demasiado humo como para que estuviera saliendo por la chimenea, de manera que fustigué al caballo y me apresuré a ascender la colina. Mucho más que una grata lumbre en la chimenea: era mi casa, carajo, toda en llamas, ardiendo en un santiamén. Brotaban llamaradas rojas y amarillas que se alzaban entre una espesa humareda. Y alrededor de la casa había unos hombres que incluso en la distancia tenían una pinta cutre, rodeando la casa en sus caballos y dando grito. Dos de ellos arrojaron más antorchas en el interior de la casa, mientras que otros dos disparaban flechas por todas partes; uno de ellos llevaba a mi esposa colgada sobre la silla, como si fuera una alfombra. Ella estaba soltando una ristra de palabrotas, lo que me hizo sentirme orgulloso de ella, carajo. No podía distinguir las palabras, pero el tono era bueno para insultarlos y maldecirlos». (p. 3, mi traducción)

Es una tarde de 1871, el vaquero Curt Marder está volviendo al rancho que tiene en las afueras de un pueblito de mala muerte en alguna parte del oeste; desde una prudencial distancia, Marder es testigo de cómo una pandilla de forajidos disfrazados de nativos americanos asaltan y queman su casa, raptan a su mujer Sadie y matan a su perro de un flechazo. En vez de intentar salvar a su mujer, da media vuelta y se presenta en el saloon del pueblo, donde su relato provoca la lástima de los parroquianos y del dueño del bar, a quien le debe tres dólares. Todos los hombres que escuchan su historia coinciden en la imperdonable atrocidad de que hayan matado al perro, pero no parecen darle importancia al hecho de que Sadie haya sido raptada y, muy posiblemente, esté siendo víctima de violencia sexual mientras Marder mendiga unos tragos de whiskey.

Tras pasar la noche en un establo, Marder sale a buscar a Bubba, de quien todo el mundo dice que es el mejor rastreador de la zona. De camino al rancho donde esta Bubba topa con un joven muchacho, Jake, cuyos padres han sido asesinados (quizás por la misma banda de delincuentes). Los tres forman un inusual grupo en persecución de los criminales: Marder, sin un centavo, le promete la mitad de su tierra al rastreador Bubba (de raza negra) si consigue recuperar a Sadie. La mala suerte a la que parece estar condenado querrá que esa misma noche Marder pierda toda la propiedad en una partida de póker muy posiblemente amañada.

Esta es una deliciosa novela picaresca de la época moderna, ambientada en la frontera durante la conquista del Salvaje Oeste de los EE.UU. tras la Guerra Civil. Everett toma la estupenda decisión de adoptar la primera persona y hacer que sea Marder quien confiese sus temores, aprensiones, mentiras, cobardías y traiciones. Gracias a ello, de su boca sale contantemente un torrente de prejuicios resultado de su «flaca educación» imbuida de racismo y sexismo, además de una sarta de estupideces y demostraciones de ignorancia, múltiples mentiras, latrocinios y traiciones a quienes, en teoría, debería agradecerles su ayuda.

En poco más de 200 páginas encontrarás un poco de todo: peleas de bar, duelos a la puerta de un establo, la masacre de una tribu india, el atraco a un banco, el linchamiento de un pobre muchacho negro que no ha cometido ningún crimen, jóvenes mujeres que ofrecen sus encantos en el único hotel de la ciudad, entre otros variados incidentes. Evitando hacer un spoiler, diré que el desenlace no debiera sorprendernos. El mundo es como es y las conductas morales no siempre tienen cabida en él: además, Marder es quien es, como se deduce del primer párrafo de la novela.

Otro autor al que seguirle la pista: Percival Everett. Fotografía de Phibeatrice.

Everett publicó God’s Country inicialmente en 1994. Además de su corrosiva carga irónica, el libro destaca por la altísima calidad literaria de la voz que el autor genera para el protagonista, quien si viviera en 2025 sería muy probablemente un acérrimo seguidor de MAGA. El libro se lee en menos que canta un gallo y los nombres que Everett otorga a los estrafalarios personajes que Marder y Bubba van encontrando en sus desventuras te harán reír.

Me pregunto, sin embargo, la razón por la que ningún guionista o director de Hollywood no ha querido hasta ahora convertirla en una película. Hay en este libro una gran historia que no solamente entretendría a muchos; también podría transmitir un mensaje que es cada vez más necesario. ¿Irritaría a muchos espectadores que siguen creyendo que la expansión de los EE.UU. hacia el oeste fue una epopeya heroica en vez de la conquista brutal y homicida impulsada por el supremacismo blanco que sigue latente en el corazón del país?

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