5 jul 2012

Reseña: El amanecer de un marido, de Héctor Abad Faciolince


Héctor Abad Faciolince, El amanecer de un marido (Barcelona: Seix Barral, 2010). 221 páginas.

El cuento parece haber sido durante mucho tiempo un género denostado, se le han impuesto etiquetas como ‘género menor’, y hay quien barrunta que solo escriben cuentos quienes son incapaces de escribir una novela. Estas disquisiciones personalmente no me parecen importantes, puesto que como lector puede satisfacerme tanto un buen cuento como una buena novela; pero la decepción que causa una novela mala o mediocre es mayor, desde un punto de vista meramente cuantitativo, que la que pueda provocar un cuento aburrido o poco ameno. Supongo que es la ventaja de la brevedad del cuento.

No es infrecuente que los volúmenes en los que se recogen cuentos de un mismo autor sobre material. Los criterios editoriales se rigen cada vez más por el potencial de ventas que por lo redondo y acabado que sea el producto, es decir, el libro. Algunas excepciones que me vienen a la memoria serían el reciente Contes russos de Francesc Serés, amén de los ya clásicos Doce cuentos peregrinos de García Márquez o los cuentos de Peter Carey en The Fat Man in History, por citar algunos ejemplos.

Esta colección, titulada El amanecer de un marido, de Héctor Abad Faciolince, es un volumen de cuentos muy desiguales. Algunos son cuentos bien estructurados, mientras que otros semejan más un cajón de sastre. Hay cuentos en los que prima la ficción por encima de la realidad o las vivencias del autor, y otros que son en realidad monólogos interiores de un narrador demasiado transparente, tan autorreferencial que deja de ser cuento para convertirse casi en crónica autobiográfica.

Los primeros cuentos de El amanecer de un marido ofrecen diferentes perspectivas acerca de un tema muy frecuente en la literatura de fines del siglo pasado y la primera década del XXI: el fracaso y obsolescencia del matrimonio como institución social. ‘La fiebre en Tolú’ cuenta las visiones (quizás alucinadas por la fiebre) de un hombre cuya mujer disfruta de unas vacaciones en la playa mientras él, postrado por la fiebre, se obsesiona con su posible infidelidad. En ‘En medio del camino de la vida’, es en cambio una mujer de mediana edad la que nos confiesa su decisión de abandonar a su marido, para permitirle a él “quemar sus últimos cartuchos”. El siguiente cuento, ‘Memorial de agravios’, es uno de los más ambiciosos en esta colección: un hombre, marido infiel y desafecto encuentra al llegar a casa a su mujer muerta, suicidada, y una larga carta de despedida, llena de recriminaciones y acusaciones. La carta, literariamente hablando, no es todo lo efectiva que cabría desear – puede ser que Abad Faciolince busque reflejar tanto la realidad en la ficción que ésta quede un poquito coja.

‘Alguien oculta algo’ insiste en el tema de la infidelidad conyugal: un profesor de periodismo descubre que su esposa le está engañando, y ofuscado por ello, casi pierde los papeles durante la conferencia que debía dar durante su visita a una universidad venezolana. ‘Balada del viejo pendejo’ es otro monólogo en el que un hombre mayor, tras descubrir por casualidad que su mujer lo aborrece hasta la médula, decide desaparecer:

“Estoy en mi derecho. Tengo toda una vida por delante, puedo vivir ochenta, como mi propio padre. Nadie es tan viejo que no pueda vivir un año y nadie es tan joven que no se pueda morir mañana mismo, eso leí hace tiempos. Y si me muero antes no me importa. No importa, nada importa. Que nadie me conozca para que nadie me odie. Voy a ser invisible a ver cómo me joden. Se acabó. No me van a joder, nadie me va a joder. Ya veremos qué pasa, ya veremos, este viejo pendejo se va para la porra y allá nadie lo encuentra.”

“I'm entitled to this. I’ve got all my life ahead of me, I may live up to 80, like my father. No one’s too old to live a year longer, and no one’s too young to die even tomorrow, I read that a while ago. And if I die before, I don’t care. It doesn’t matter, nothing matters. Where no one knows me, so no one can hate me. I’ll become invisible, and we’ll see how anyone can fuck me up. It’s over, red rover. They’re not gunna fuck me up, no one’s gunna fuck me up. We’ll see what happens, we’ll see, this old bugger’s gunna get lost, and no one will find him there.”

En algunos de los relatos de El amanecer de un marido falla una de las principales características de un buen cuento: la tensión narrativa que se necesita para atrapar al lector y conducirlo hacia el desenlace. Así, ‘El verbo divino’ me pareció un cuento tremendamente flojo, tanto en su concepción (a un profesor universitario homosexual le da un berrinche con diarrea incluida cuando descubre que un antiguo amor, compañero de facultad, va a casarse con una mujer) como en su estructura y desenlace. En ‘Mantis religiosa’ un turista que vuelve a una ciudad italiana donde vivió hace muchos años (otra referencia autobiográfica de Abad Faciolince) persigue a una mujer sin saber que ha quedado atrapado por los encantos de una prostituta que se exhibe en las iglesias para atraer a sus clientes; sospecho que este relato habría ganado mucho con un punto de vista narrativo diferente, pero el autor optó por hacer que el narrador hable en primera persona.

En otros relatos, sin embargo, es el telón de fondo de la violencia en Colombia el rasgo más llamativo: ‘La guaca’ cuenta el hallazgo de un enorme botín en oro y dólares por parte de un hombre que adquiere la mansión de un narcotraficante acribillado allí junto con sus invitados a la fiesta de fin de año. ‘Novena’ trata de la desesperación de un hombre secuestrado por la guerrilla, con el trasfondo de los recuerdos de su niñez por Navidad. ‘Mientras tanto’ es un conmovedor y elocuente monólogo del periodista que se sabe objetivo de los asesinos, sicarios, paramilitares, narcos, estamentos militares y religiosos, y que espera el momento de su muerte: “Tarde o temprano vendrán a por mí.” Pese a su indudable valor como testimonio del miedo, dudo que ‘Mientras tanto’ debiera haberse incluido en este volumen, pues no encaja de ninguna manera con el resto.

De Abad Faciolince solamente había leído Traiciones de la memoria. Ya mencioné en esa reseña que uno se quedaba con la sensación de que los dos últimos relatos de ese volumen eran un pegote que no encajaba en el todo, y por ello el libro en su conjunto no terminó de convencerme. Tampoco El amanecer de un marido me ha convencido, y los elogios que recibió en su día (especialmente en Babelia) me parecen exagerados y gratuitos.

4 jul 2012

¿Han okupado los frikis la Academia?



La Real Academia Española hizo públicas recientemente algunas nuevas modificaciones a su Diccionario. En varios medios he visto ya comentarios que señalan un grave desconocimiento por parte de los académicos de lo que es el manga japonés  (manga 3. [Adición de artículo]. I. M. 1. Género de cómic de origen japonés, de dibujos sencillos, en el  que predominan los argumentos eróticos, violentos y fantásticos. ‖ II. ADJ. 2. Perteneciente o relativo al manga. Videos, estética manga), o la excesiva simplificación de otro concepto de origen japonés, el sushi: (sushi. [Adición de artículo].  M. Comida típica japonesa que se hace con pescado crudo y arroz envueltos en hojas de algas).

A mí, sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es la inclusión de ‘friki’, ‘okupa’, ‘okupar’. Respecto a friki (friki. [Adición de artículo]. I. ADJ. 1. coloq. Extravagante, raro o excéntrico. ‖ II. COM. 2. coloq. Persona pintoresca y extravagante. ‖ 3. coloq. Persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición.), pienso que se trata de una poco feliz adopción. La lengua tiene ya palabras para las dos primeras acepciones (esperpéntico o estrafalario son dos que vienen a la cabeza a botepronto). Además, abrirles las puertas a vocablos sajones simplemente porque se pongan de moda (siempre pasajera) entre los jóvenes no augura nada bueno para la calidad léxica, y por ende semántica, del castellano.

Es con ‘okupa’ y ‘okupar’ donde la adopción de la letra ‘k’ plantea un precedente de consecuencias que bien pudieran ser irreversibles.  Los sesudos académicos parecen argüir que es aceptable la adición de este artículo, (acortamiento de ocupante, con k, letra que refleja una voluntad de transgresión de las normas ortográficas).

Por un lado, al dar esta calurosa bienvenida a la voluntad de transgresión de los ‘okupas’ (y no nos equivoquemos: a los ‘okupas’, en general, las normas ortográficas les traen sin cuidado; son otras las normas que buscan transgredir), la RAE emplea una arriesgada estrategia; trata de contrarrestar un discurso subversivo mediante su normalización, considerando aceptable lo que ella misma define como transgresión de sus normas. Alguien podría cínicamente sugerir que esta estrategia corresponde más bien a una actitud un tanto extravagante, rara o excéntrica, y sus consecuencias resultarán, cuanto menos, pintorescas.

Porotrolao, tampoko pareze tan impensable ni kimerico ke a + largo plazo, una konsiderable pression de la soziedad, o de un grupo de usuarios kon zierta voluntad de kebrantar las arkaikas nor+ ortografikas, ponga un dia a los akademicos en un kompromiso…

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