16 jul 2017

Territorio del Norte: Notas de un viaje (1)

El puerto de Darwin. El municipio ha organizado buena parte de su oferta turística en torno a la implicación de la ciudad en la 2ª Guerra Mundial.
Darwin

Camino del hotel, el taxista me comenta que es una ciudad muy multicultural, que los tiempos de bonanza económica han terminado, pero que por muy poco dinero es posible irse un fin de semana a Bali. En el informativo local en la TV la sección de finanzas proporciona la cotización de la rupia indonesia. Darwin es una ciudad relativamente pequeña y muy joven. Sorprendentemente, está también llena de mucha gente joven.

Voy a un supermercado, y al salir veo atónito cómo un guardia de seguridad saca a golpes de periódico enrollado a un joven indígena, mal vestido y algo sucio, es verdad, que ha entrado a pedir limosna o a buscarse la vida, sea lo que sea. Cuando ya están fuera y el guardia continúa imprecándole y dándole con el periódico, me detengo y le digo que ya está bien, que deje de darle, que ya es suficiente, que su mensaje parece haber calado. El guardia entonces la emprende conmigo, y amenaza con hacer lo mismo conmigo. Le hago ver que soy un cliente, y si se atreve a ponerme un dedo encima, tendrá que responder de sus acciones. Finalmente me alejo asqueado de ver el trato que reciben algunas personas solamente por su color de piel o falta de ingresos en esta Australia de la segunda década del siglo XXI.

Berry Springs. Aguas termales en el trópico.
A pocos kilómetros de Darwin vale la pena desviarse un poco de la ruta para darse un chapuzón en Berry Springs, una piscina natural de aguas templadas y relativamente seguras, pese a su proximidad al mar. No olvidemos que aquí los cocodrilos peligrosos son los de agua salada.

Litchfield

El Parque Nacional de Litchfield es el que se encuentra más cercano a Darwin, y es por lo tanto muy popular. Desde Darwin uno puede dirigirse directamente a Kakadu, y luego regresar por la misma carretera para visitar Litchfield. Si el destino final es el centro de Australia, la parte más meridional del Territorio del Norte, la mejor opción es quizás ir antes a Litchfield, retroceder unos cuantos kilómetros en la ruta y dirigirse entonces hacia el este al Parque Nacional de Kakadu, de donde se puede salir por otra carretera más al sur para retomar la Stuart Highway en Katherine.

Esta casa no tiene ni hipoteca ni cláusula suelo que valga. Termitero a la entrada del Parque Nacional de Litchfield. A este tipo de termitas las llaman 'catedral'.
Al cabo de unos minutos de circular por el interior de Litchfield, está muy claro que el elemento más llamativo y frecuente del paisaje son los termiteros. Los hay de dos tipos: unos son rojizos y alcanzan dimensiones muy respetables, mientras que los otros son de un color un poco más oscuro y grisáceo y solamente aparecen en los llanos.

Termiteros de termitas magnéticas en Litchfield. Más pequeños, pero muy abundantes.
Dentro del parque hay varios lugares para bañarse, lo cual, con el calor habitual en el norte tropical australiano, es sin duda una buena idea. En Florence Falls hay un gran gentío, y muchachos que se creen invulnerables se lanzan al agua desde la cornisa superior, pese a los carteles que lo prohíben.

Florence Falls en Litchfield NP.
En la otra cascada con piscina natural, Wangi Falls, hay mucha menos gente, aunque es mucho más grande y espectacular. El agua está limpia y fresca. Me acerco a la cascada con precaución: el estruendo es mayúsculo, y los chorros salpican en el agua y taponan la nariz. Es casi imposible respirar y mantenerse a flote sin agarrarse de las rocas.

Wangi Falls ofrece el baño ideal para terminar el día.
Kakadu

Yellow Waters de Kakadu. Un lugar en serio riesgo por causa del cambio climático.
Maravilla de la naturaleza y patrimonio natural de la humanidad, Kakadu ocupa una superficie similar a la de Suiza. La diversidad de paisajes y atracciones es contundente. Desde los llanos y marismas a las pequeñas colinas y mesetas, el escenario es espectacular. Uno de los tours más recomendables es un recorrido en vehículo todoterreno por distintas partes del parque. Nuestro guía es un poeta indígena, Trevor Wie, y antes de comenzar a negociar con sobrada destreza los caminos de tierra y los peliagudos cruces de arroyos y corrientes nos explica los orígenes del Parque y de los pueblos indígenas que lo han habitado y cuidado durante decenas de milenios, y añade pormenores acerca de las amenazas que se ciernen sobre su existencia actual y futura. A la entrada del Parque hay carteles de la Universidad Charles Darwin que avisan sobre las potenciales consecuencias devastadoras que una subida del nivel de los océanos tendrá para este lugar tan maravilloso y singular.

Maguk Creek es accesible únicamente durante la estación seca.
Tras aparcar el camión y servirnos un prodigioso café matutino, con su gran sentido del humor Trevor conduce al grupo hasta el lugar de nuestra primera parada larga, la cascada de Maguk. Es la estación seca, y por lo tanto la posibilidad de que en el río haya algún cocodrilo de agua salada es remota, pero no 100% descartable. Avisa a todo el mundo de que entramos en el agua conscientes del riesgo. Algo en sus ojos me dice que hoy no vamos a encontrar ningún reptil en las inmediaciones…

Maguk Falls
No se debe ignorar los avisos, especialmente al final de la estación lluviosa.
Tras el chapuzón, el tour nos lleva a otra parte remota del Parque, accesible únicamente durante la estación seca, que lleva el nombre de Garnamarr. Trevor nos lleva por una ancha pista de tierra que las autoridades no han cuidado durante años: la camioneta tiembla y traquetea, pero avanza seguro hacia nuestro destino, una laguna natural que una fantástica catarata ha formado con el paso de los años. A mitad de camino paramos para el almuerzo. Hay comida de sobra, y todo es muy sabroso.

Jim Jim Falls. Majestuosa, increíble. Un cortado de cerca de cien metros.
Tras el almuerzo, la pista se convierte en tortuoso camino, las curvas se acentúan y en algunos rincones la arena podría jugarnos una mala pasada, pero Trevor ha hecho este trayecto cientos de veces y sortea los obstáculos sin demasiadas dificultades. Cuando por fin estacionamos y comenzamos a caminar, el sendero resulta ser mucho más arduo y dificultoso de lo que muchos integrantes del grupo habían anticipado. Los últimos quinientos metros no hay en realidad camino alguno, sino rocas de varios metros de alto y ancho. A trancas y a barrancas llegamos a la orilla de la laguna que hay a los pies de la catarata de Jim Jim. La vista es indescriptible.

En todos los arroyos y corrientes de las lagunas a que acceden los tours se pueden ver estas trampas para cocodrilos. La cuestión es: ¿funcionan?
A pocos kilómetros en dirección oeste hay otra catarata, Gumlon Falls, de muy difícil acceso, que mucha gente ha podido ver gracias a Cocodrile Dundee, la película australiana más taquillera de la historia. Pero Jim Jim Falls no desmerece a ningún otro enclave del parque. El agua está mucho más fría que en otros lugares del parque, y aquí es imposible que lleguen los cocodrilos. Es una muralla de rocas tan inexpugnable que te dan ganas de reírte del muro del impresentable presidente del tupé tintado.


15 jul 2017

Reseña, The Lucky Ones, de Rachel Cusk

Rachel Cusk, The Lucky Ones (Londres: Fourth Estate, 2003). 288 páginas.
Recuerdo la cara de estupor (esa cara que dice "tierra, trágame") de un camarero en Ávila tras explicarle en pocas palabras que su aseveración de que yo era un hombre con suerte distaba muchísimo de la realidad. ¿Qué es en realidad tener suerte? Todo es relativo. En todo caso, el título de este libro de la británica Rachel Cusk contiene unas grandes dosis de ironía: sus personajes no son gente con suerte – más bien todo lo contrario.

Ante todo, cabe una aclaración: The Lucky Ones no es, estrictamente, una novela. Se ha escrito mucho sobre si los formatos más actuales que se adoptan en la narrativa contemporánea merecen el nombre de novela o no. El caso de All That Man Is, que reseñé hace unos meses, era sumamente llamativo, en tanto que se proclamaba novela lo que no lo era, ni por asomo. Muchos años antes ya lo había buscado Rachel Cusk con The Lucky Ones, una colección de cinco relatos tenuemente unidos por una pareja, un par de personajes que en ningún momento son de hecho los protagonistas del libro, sino que hacen acto de presencia en todos los relatos, pero de manera secundaria, o lo hacen incluso de una forma tan peregrina que no debiera sorprendernos si el lector no llegase a registrar su existencia.

En la primera de las historias, ‘Confinement’, una joven encarcelada por un delito que no cometió está a punto de dar a luz. Su compañera de celda intenta cuidar de ella y prepararla para el shock que sufrirá cuando le quiten al bebé. El abogado que lleva su caso de apelación se ha tenido que ausentar, y lo reemplaza una joven abogada que figura en la siguiente historia del libro, ‘The Way You Do It’. Este relato cuenta lo que ocurre en el seno de un grupo de amigos ingleses que van a esquiar en alguna parte de los Alpes, y que en mi opinión es el más flojo de los cinco.

El tercero es ‘The Sacrifices’, narrado por una mujer anónima, quien durante una visita a la casa donde pasó su niñez reflexiona sobre el fracaso al que estaba abocado su matrimonio. No había tenido hijos, pero cuidaba de Joseph, un chico que su marido tuvo con otra mujer muchos años antes, tras un revolcón de una sola noche.

El cuarto lleva por título ‘Mrs. Daley's Daughter’, y es sin duda el mejor de los cinco. La señora Daley se enfrenta a las dificultades por las que pasa su hija tras tener a su primera bebé. Después de una hilarante visita a Londres del señor y la señora Daley para conocer a su nieta recién nacida, es la madre de la criatura la que acude al pueblo de Ravensley. La joven mujer es víctima de una fuerte depresión postnatal, pero la Sra. Daley no tiene ni idea de cómo ayudarla, y simplemente rememora sus propios temores e indecisiones cuando fue madre.

Ravenley es también el escenario del último de los cinco relatos, ‘Matters of Life and Death’. Una de las vecinas del pueblo ve impotente cómo su marido desatiende su negocio y su familia. Entabla amistad con otra residente del pueblo, Serena, que es una famosa columnista para uno de los diarios de la capital. Serena no se corta a la hora de utilizar las confidencias de su nueva amiga para redactar sus columnas. Tras la fiesta de Navidad que dan los Daley (con la que concluía el relato anterior), ella y su marido sufren un terrible accidente de tráfico que les cambiará la vida para siempre.

A falta de un hilo argumental que una las historias, hay sin embargo un hilo temático que sí las liga: la familia como unidad social, la entrega y compromiso que la crianza de hijos exige, y el desconcierto, confusión e incluso resentimiento que muchos de los personajes experimentan cuando la realidad a la que se enfrentan no cuadra con las expectativas que tenían.

Cusk explota con pericia todo lo que es relato de la experiencia entre personas en una prosa que por lo general es nítida. Pero a mí me ha parecido que al libro le falta algo de estructura y más armazón argumental para poder sostenerse como unidad. Hay por cierto algunos gazapos de bulto, como por ejemplo esta clamorosa errata en la página 138: “extravagent”.

The Lucky Ones la publicó Lumen en castellano en 2004 con el título de Mucha suerte, en traducción de Gemma Rovira.

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