31 dic 2025

Daniel Kehlmann's The Director: A Review

 
Daniel Kehlmann: The Director (London: riverrun, 2025 [2023]). Trans. by Ross Benjamin.

“Times are always strange. Art is always out of place. Always unnecessary when it’s made. And later, when you look back, it’s the only thing that mattered.” (p. 257) Even though the times were indeed strange, perhaps G.W. Pabst never made such a statement, yet in The Director Daniel Kehlmann places the great Austrian filmmaker in a very tight spot. History tells us that Pabst, who had moved to the USA to make movies, returned to Europe and eventually home just before WWII started. He was of course unable to leave. What does an artist do when a criminal organisation such as the Nazis are in power? Do you take arms and fight, fully aware that it will be futile? Or do you, Faust-like, sell your soul and compromise so as to continue making your art?

The Director is fiction based on historical data. Most characters in the novel were real people; others are quite masterfully created by Kehlmann, e.g. Pabst’s son Jakob (the filmmaker and his wife actually had two boys, named Michael and Peter). The background to the story is the dreadfully extreme circumstances under which Pabst had to work for the Nazi regime. It is a poignant tale about the deep connection between Art and Morality.

No chapter describes this soul-wrecking tension affecting the artist better than ‘Molander’. Pabst began filming Der Fall Molander in occupied Prague in 1944. As the final scenes are being shot, the German troops are leaving the city and Pabst finds himself short of extras. The solution? Bring in scores of Jewish men and women from the nearest concentration camp. While filming the extras acting as the audience in a concert hall, his assistant, Franz Wilzek, recognises the doctor who used to treat him when he was ill as a child. Pabst explains: “All this madness, Franz, this diabolical madness, gives us the chance to make a great film. Without us, everything would be the same, no one would be saved, no one would be better off. And the film wouldn’t exist.” (p. 270)

History tells us that the film was lost. No copies of it have ever been found. Kehlmann, however, constructs a gripping tale of escape for the director and his assistant, surviving the fire from Czech sharpshooters on their way to the railway station and finally boarding a train headed for Vienna. On the train, a mix-up of military sacks takes place and when they arrive at their destination, they find the bag they thought contained the film rolls is full of horseshoes.

The Director opens in the late 1970s Austria, with a very aged Franz Wilzek leaving his aged care home to attend an interview on a popular Sunday morning TV show. His memory seriously deteriorated, he provides absurd answers or fails to understand what he is being asked. The mention of Der Fall Molander, however, makes him react somewhat defensively at first, then outright aggressively, denying the film was ever made.

De esta secuencia de Paracelsus (1943) se ha dicho que es una sutil alegoría del ascenso del nazismo al poder en Alemania. ¿Qué pasaría si les ponen la Macarena?

There are three sections named 'Inside', 'Outside', and 'After'. The first narrates Pabst’s time in Hollywood and France; the second takes him and his wife Trude back to Austria, already under the Nazi regime; the final section, set in the postwar years, deals with the final stages of Pabst’s career as a filmmaker. In the final chapter, Kehlmann entertains the possibility that Wilzek had kept the sack with the film rolls of Der Fall Molander hidden from the world.

The Director is a great satirical novel, enormously imaginative in its structure, the narrative points of view adopted and its language. Personally, I found absolutely enjoyable the way Kehlmann depicts the murky moral ambiguity of a movie maker struggling to make art under the Nazis. It makes you wonder about the red lines art can cross. If pushed to its limits, the idealistic notion of art for art’s sake leads to heartlessness and cruelty. Is it too high a price to pay? What do you think?

Si esta reseña en inglés ha despertado tu interés en la novela, el libro ya ha sido publicado este año en castellano por Random House como El Director, con traducción a cargo de Isabel García Adanez. Al igual que en la (por cierto, excelente traducción al inglés de Ross Benjamin), la traducción al castellano evita el aprieto de traducir el título original del alemán, Lichtspiel.

19 dic 2025

Reseña: Dead Souls, de Sam Riviere

Sam Riviere, Dead Souls (Londres: Weidenfeld & Nicolson, 2021). 301 páginas.

¿Te has preguntado alguna vez qué podría ocurrir en la industria editorial cuando la IA no solamente desempeñe las funciones creativas del autor o la autora, sino que sepa asimismo detectar el mínimo atisbo de plagio en una obra literaria sea ficción o no-ficción, poesía, drama, (auto)biografía o incluso una reseña y que quienes detentan el poder económico en el sector utilicen esos datos para acusar, acosar y condenar al que lo haya escrito? En Dead Souls (con ecos a la novela homónima de Gogol) el poeta y editor inglés Sam Riviere plantea que en un futuro ya no muy lejano un equipo de ingenieros informáticos desarrollan un Sistema de Análisis Cuantitativo y Comparativo (QACS, por sus siglas en inglés), un programa cuya mayor virtud es su nivel altísimamente sofisticado para detectar el plagio.

El QACS no solamente detectará extensos fragmentos compuestos de ciertas palabras o frases utilizados en obras ya publicadas, sino que además podrá identificar rasgos tan sutiles como “las intrigas de un argumento, la dinámica estructural de la narración y la perspectiva empleada, el equilibrio de las metáforas y la densidad del lenguaje descriptivo empleado, recursos retóricos tales como la repetición, la asonancia, la anáfora y el apóstrofe, las curvas del entrecruzamiento de personajes principales y secundarios y las pautas de los desenlaces, el ritmo y la ejecución de los diálogos, las leyes físicas de los mundos fantásticos, las distorsiones cronológicas e incluso las biologías de criaturas imaginarias. Los ingenieros también se habían fijado como objetivo la cualidad más elusiva, el estilo de la obra, que por fin podría definirse de manera objetiva” (p. 14, mi traducción).

(Aviso: el texto no tiene divisiones, ni puntos y aparte; son trescientas una páginas sin interrupción alguna, y por tanto exige cierta entrega y compromiso). El anónimo narrador de Dead Souls ha acudido a un festival cultural a orillas del Támesis. Allí inicia una conversación (que al lector le llega en estilo indirecto) con el director de una pequeña editorial. Por su cabeza, sin embargo, pasan muchas otras ideas, entre ellas que la poesía contemporánea es tan sumamente derivativa y artificiosa, tan fake poetry que cabría rebautizarla como fauxetry. En la conversación se menciona el caso de Solomon Wiese, un poeta que ha sufrido en carne propia el ensañamiento de QACS, hasta dos veces.

Después de llevar a cabo un recital de poesía de una poeta ucraniana que ha quedado retenida en el aeropuerto por razones que nunca conocemos, el narrador acude al bar de un hotel londinense, en el que están reunidos la mayoría de los poetas que han asistido al festival, y entabla conversación con Wiese, al que nadie da bola. Hete aquí el resto de la novela: un larguísimo monólogo de Wiese narrado por el anónimo editor. La rocambolesca historia de Wiese incluye traumas de niñez y juventud, su primera caída en desgracia cuando el QACS le atribuye un 96 % de plagio en uno de sus poemas, su asociación con una extrañísimo grupo clandestino que practica una especie de terrorismo literario, su huida al entorno rural al noreste de Londres, su asociación con un emprendedor que quiere popularizar a los poetas rurales, su triunfal regreso a Londres donde lleva a cabo recitales improvisados de poesía y la segunda caída en desgracia, cuando alguien transcribe las poesías y las pasa por el QACS, que las marca con el 98 %.

Es decir, en la novela no pasa realmente nada, excepto lo que Wiese le cuenta al narrador. Hay, no obstante, algunas nociones de interés: Wiese concibe la poesía como un área en la que el lenguaje se desvanece. De hecho, el mensaje que Dead Souls transmite es la proposición de que el mundo literario, tal como existe en tanto que gran negocio sea reducido a la nada, «nothinged», sugiere Wiese.

Puede no resultar fácil al principio enchufarte al ritmo implacable de la narración y su estructura de relato encajado dentro de un relato, a su vez también encajado dentro de otro relato, pero Dead Souls es una sátira estupenda en la que todos los personajes quedan retratados como narcisistas. Brinda una sintaxis enrevesada pero impecable. Además, su mordaz humor carga fuertemente contra el esencia pueril y egoísta de las redes sociales y contra el elitista mundo académico.

Por cierto, si estudias filología inglesa o alguna cosa similar y estás leyendo esto, aquí tienes una sugerencia para un trabajo de fin de carrera: un análisis de los usos de la letra cursiva en Dead Souls.

Me ha parecido sencillamente brillante. Un 10.

Fotografía de Plutoniqa en Wikicommons.

 «[…] De manera que lo que el programa alcanzaría al registrar todas estas variables y una multiplicidad de otras, frente a una multitud de categorías y subcategorías, era una taxonomía de todas las publicaciones literarias en ese idioma, representadas gráficamente de todas las formas posibles, comprobables mediante cualquier métrica, inteligibles a lo largo de cualquier eje, visualizadas en tablas codificadas por colores o en marcadas cuadrículas de un solo tono, tal y como las prefiriera quien las viera. Amigables diálogos entre dos enemigos acérrimos. Bancarrotas empresariales que degeneren en la criminalidad. Criaturas que fallezcan en las primeras veinte páginas del libro. Descripciones de la luz en el oeste de Escocia. Eventos que pongan el punto final culminante a la narración. Fuertes amistades que surjan tras un accidente. Gigantescas plantas de interior. Históricos personajes que se vistan con ropa del sexo opuesto. Incidentes puntuales de gran fortuna. Jerarcas escondidos en una chatarrería. Koalas que ataquen en manada al narrador de la historia. Luminosas descripciones de banquetes. Míticas criaturas de aspecto maligno pero que alberguen buenas intenciones. Norteñas ciudades europeas que puedan ser destino para una luna de miel. Ñiquiñaques de baja estofa. Ofensas imperdonables. Prendas de color púrpura. Quilombos que entorpezcan a la inteligencia artificial. Riesgos innecesarios a la hora de cruzar un puente. Sexo en lavabos. Traiciones cortesanas que impliquen al sobrino del rey. Usos de los viajes en el tiempo con el objeto de investigar filiaciones sospechosas. Visiones del niño Jesús. Westerns filmados en la Luna. Xenofóbicos tenderos en el barrio Salamanca. Yonquis rubios que se enamoren de una turista. Zoológicos que un director adopte como escenarios para sus estrenos. Etcétera. […]» (p. 14-15, mi traducción)

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