Habrá muchos estudiosos y estudiosas de la obra de Shakespeare que probablemente,
en privado, expresen cierto desdén por este libro de la actriz inglesa Harriet Walter. Porque, ¿Quién tiene
la osadía de emular al Bardo?
Para alguien que haya participado durante algunos años (fue mi caso: como miembro de un gran equipo de
filólogos de la Universitat de València) en la traducción de varias obras (Romeo
y Julieta, Noche de reyes, Hamlet, y por muy poco tiempo La tempestad)
la tentación es perfectamente entendible.
Bien es sabido que en la época del teatro clásico inglés, los papeles
femeninos eran interpretados siempre por hombres jóvenes. En tiempos de
Shakespeare, nunca hubo una mujer en el escenario de The Globe, por ejemplo.
Walter señala en la introducción que «En el breve periodo que hay entre su
incorporación al elenco a los diez años y la aparición de la barba (que ocurría
más tarde que lo hace hoy en día, es decir, hacia los dieciocho), un joven
actor podía convertirse en experto en su campo e interpretar aparentemente
a muchachas y mujeres de forma muy convincente. Lo que no podía hacer era
hablar desde la experiencia de ser muchacha o mujer». (p. 2, mi
traducción; el énfasis es de la autora)
De la obra de Shakespeare prácticamente se ha
estudiado todo, se ha analizado todo y se ha escrito demasiado. Walter nos
recuerda que, de los 100 personajes con mayor número de intervenciones en las
obras completas, solamente quince corresponden a mujeres. Por ejemplo, Lady
Macbeth (personaje cuya significación no hace falta explicarle a nadie) ocupa
la posición 138 en ese listado que encabeza (¿quién si no?) el príncipe Hamlet
de Dinamarca.
La autora escribe principalmente monólogos en los
cuales una variedad de mujeres personajes dan su versión u opinión de la trama
de las obras (sean tragedias, comedias o tragicomedias), entre ellas Gertrude y
Ofelia (Hamlet), las tres brujas y Lady Macbeth (Macbeth), Desdémona
(Otelo), Lady Capuleto y la Nodriza (Romeo y Julieta), Cleopatra
(Antonio y Cleopatra) e incluso la esposa de Shakespeare, Anne Hathaway.
A través de ellas y sus poesías, Harriet Walter explica cómo el teatro de
Shakespeare silencia a las mujeres (Gertrude concluye su primer monólogo, ‘What
Gertrude Wanted to Say’, con
estas palabras: «But break my heart for Will has held my tongue» [Me rompe el corazón
que Will [Shakespeare] me haga callar).
El propósito de Harriet Walter es encomiable, por
supuesto. El resultado global, no obstante, es desigual en algunos capítulos
del libro. No todos los monólogos, duetos y diálogos alcanzan el mismo nivel, y
las rimas (Walter insistió en la creación de pentámetros yámbicos y de rima en
todos ellos) son en ocasiones algo forzadas. Personalmente, lo que más me ha
gustado son las introducciones que la actriz ha escrito, basadas en su lectura
de las obras y desde su propia y muy dilatada experiencia de su interpretación en
teatros y en la radio. Así, respecto a Ofelia (en cuyo monólogo da a entender que
no se suicida, sino que escapa de la locura de la corte danesa) escribe:
«… [Ofelia] podría haberse rebelado contra las restricciones que se le imponían: las reglas de la corte danesa, el control agobiante por parte de su padre y de su hermano (que se constituye en una especie de padre
suplente) y la prohibición de su anhelo y deseo sexual por Hamlet.
La locura es una buena salida. La locura libera a
Ofelia, para que se encamine hacia el desgobierno y la vulgaridad. También a mí
me liberó de una interpretación inicialmente contenida […] Al reconectar con Ofelia
para este libro, puedo soñar con un desenlace diferente para su historia. ¿Y
por qué no pudiera ser cierto? Al fin y al cabo, es tan solo una obra de
teatro». (p. 82, mi traducción)
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| Esta muerta está muy viva... La muerte de Ofelia, según John Everett Millais (1851). |
She Speaks! es un libro ameno y ciertamente audaz, escrito en un tono informal y cercano al lector; pienso que será de obligada lectura para todos los estudiosos de la obra de Shakespeare, especialmente intérpretes y directores teatrales.

