20 feb. 2012

Reseña: L'últim patriarca, de Najat El Hachmi


Najat El Hachmi, L'últim patriarca (Barcelona: Planeta, 2008). 332 páginas.

Cada vez se prodiga más la narrativa de la emigración, pero pienso que no es menos cierto que el incremento de este tipo de historia está asociado al cada vez mayor número de personas que han emigrado, y esa experiencia, narrada en clave de autobiografía, o de biografía novelada o en clave de ficción no deja de resultar de mucho interés.

L’últim patriarca le valió a su autora el Premi Ramon Llull del año 2008, uno de los más prestigiosos en lengua catalana. Es desde luego una notable novela por varios aspectos que trataré de explicar.

El primero es el lenguaje mismo del que hace uso la autora, a través de la voz femenina de la narradora, la hija del patriarca Mimoun Driouch. Najat El Hachmi impregna la novela de una voz (y hay que remarcar la cualidad oral de la narración) que habla desde la tierra de nadie del que se sabe sumergido en dos culturas. Conforme va avanzando uno en la lectura de L’últim patriarca, se vuelve por momentos más intensa, más definida, la sensación de estar experimentándola como a través de un tamiz, como si se tratara de la lectura de una historia que le llega entregada al lector mediante una traducción, pero una traducción que resulta ser portentosa, perfecta, ideal.

El argumento es en sí mismo otro aspecto llamativo, y que no puede dejar indiferente al lector. Desde su nacimiento en una ciudad del Rif marroquí, Mimoun Driouch está llamado a ser el heredero y continuador de una tradición milenaria basada en el dominio pleno y la autoridad absoluta de los varones en el entorno familiar: el patriarcado. La narración que hace su hija roza en algunos momentos el sarcasmo: retrata a un niño consentido y caprichoso (“tothom tenia la certesa que aquell nen no era del tot normal i que per qualsevol motiu podia trencar-se en bocins o desfer-se en cendres”).

La primera vez que Mimoun, ya prometido a la mujer que algún día querrá domesticar y poseer, emigra a la Península Ibérica, consigue gracias a su tío trabajo en la construcción. Pero cuando, tras empezar a beneficiarse a la esposa del empresario, ésta lo despacha con cajas destempladas – Mimoun desoye las limitaciones sexuales que ella le impone – pierde el trabajo, quema la casa del empresario y termina expulsado del país.

De vuelta en Marruecos, Mimoun se casa. Nace su primogénito pero no lo celebra porque en realidad él quería una hija. Al poco tiempo consigue regresar a Cataluña. La vida de los emigrantes es muy dura, pero la actitud y el comportamiento del patriarca nos revelan que El Hachmi está contándonos otra historia. Cuando Mimoun traslada a toda su familia de Marruecos a España, la dinámica de las relaciones intrafamiliares queda totalmente al descubierto: al mando solo hay una persona, el patriarca. Él (la) pone y dispone como quiere y cuando quiere.

Este es otro de los aspectos más interesantes de L’últim patriarca. En el contexto de la sociedad catalana de la “ciutat capital de comarca”, Mimoun es el odioso prototipo del maltratador irascible, autoritario, e inhumano, al cual únicamente se irá enfrentando a lo largo de los años su hija adolescente, quien gracias a la inmersión en el sistema educativo empieza a ver las contradicciones entre lo que hacen y lo que dicen sus padres.

El relato (a veces espeluznante) del maltrato se enmarca pues en las fricciones inevitables que surgen de la traslación de un esquema social patriarcal, tradicional, establecido en el seno de una determinada cultura (la cual nunca lo ha cuestionado). Es la dificultad de adecuación o conciliación entre ambas culturas, el inevitable choque que se produce en un marco geopolítico y cultural foráneo, lo que no termina de explorar la autora. Y no pienso que fuera su intención declarada decantar la novela en esa dirección. En todo caso, lo lamentable en la vida real es que las víctimas de ese choque casi siempre son mujeres y pequeños.


La figura del patriarca, derrotado y lloroso al final, incapaz de hacer valer el terror como herramienta para “convencer” a su hija, es sin duda el protagonista de esta novela, mucho más que la joven narradora tan curiosamente enfrascada en el diccionario de lengua catalana. El Hachmi nos relata una versión del final de un modelo social basado en la explotación y la humillación de las mujeres, pero ese final solamente puede producirse en entornos geográficos diferentes del lugar y la sociedad basados en ese sistema tradicional. Pese a las revoluciones y primaveras árabes recientes, en esencia no se ha alterado para nada el orden establecido.

Un dato curioso para lectores ubicados en Australia: Najat El Hachmi dio una conferencia aquí en Canberra en 2010, titulada 'Writing from the Borderland'. El video de esa conferencia puede verse aquí.

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