10 feb 2026

Reseña: Palestine, de Joe Sacco

Joe Sacco, Palestine (Londres: Jonathan Cape, 2003). 285 páginas.

Más de 70 000 personas asesinadas y, semana tras semana, la cifra aumenta. Cualquiera puede ver las imágenes de la Franja tomadas por satélite en Google Earth: La destrucción es total. Gaza es la mayor prisión a cielo abierto del mundo, un aberrante infierno en la Tierra, el lugar que el Ejército del estado de Israel convirtió en un macabro laboratorio, donde la muerte teledirigida no hace distinciones entre personas ni por su edad ni sexo.

El comienzo de la pesadilla vivida por Ghassan.
Periodista de profesión, Sacco creó este libro a partir de una serie de cómics (empleo la palabra porque no tengo claro qué otra podría usar) que fueron el resultado de su viaje a Palestina, las tierras ocupadas por el estado de Israel. Todo lo que dibuja en Palestine es reflejo de lo que presenció y de las experiencias que compartió con las personas que allí vivían en esos años. El libro transmite en el formato gráfico el execrable y violento racismo y el odio de los soldados de las Fuerzas Armadas israelíes, los testimonios de las brutales torturas a las que someten a quienes arrestan por motivos espurios. También se hace eco de la esperanza que todavía tenían los palestinos cuando los acuerdos de paz parecían viables y la creación de un estado palestino era posible. Pienso que nadie decente puede en 2026 argüir que, dada la actual situación, eso sea remotamente posible.

Pero volviendo al libro, la idea que como lector me hago de esta obra de hace 25 años es que, si cuando Sacco representó gráficamente el horror que presenció y vivió en Gaza y en Cisjordania hace casi 30 años, lo que está sucediendo hoy supera con creces aquello.

Escribo esto un día después de que la policía de Nueva Gales del Sur haya provocado violentamente a quienes protestaban por la invitación realizada por el Gobierno de Australia al Presidente de Israel. Los arrestos injustificados, la intimidación y la violencia empleada contra quienes no aceptan que el representante de un estado, que está cometiendo un genocidio, venga a nuestras ciudades y se vaya de rositas dicen mucho de la hipocresía de nuestras democracias occidentales. Me resulta imposible aceptar que una teocracia basada en un régimen de apartheid, la violencia indiscriminada, el racismo más repulsivo y la continua usurpación de tierras ajenas merezca credibilidad alguna.

Welcome to Gaza?
Señalaba Edward Said en su introducción a la edición de Palestine de 2003: «No hay parte en la que Sacco se acerque más a la realidad existencial vivida del palestino corriente que en la representación que hace de la vida en Gaza, el Infierno nacional. La vacuidad del tiempo, la monocromía, por no decir la sordidez, de la vida cotidiana en los campos de refugiados, la red de los trabajadores humanitarios, las madres desconsoladas, los hombres jóvenes desempleados, los maestros y maestras, los policías, los vividores, los círculos que se forman en todas partes en torno al té o el café, la sensación de confinamiento, el barro siempre presente y la fealdad que transmite el campo de refugiados, que resulta tan icónica para toda la experiencia palestina: todo ello lo reproduce con una fidelidad casi terrorífica y, por paradójico que parezca, también con delicadeza. En tanto que personaje de esta historia, Joe Sacco se encuentra ahí para, compasivamente, comprender e intentar experimentar no solamente por qué Gaza es un lugar tan representativo, con sus espacios de irremediable hacinamiento y de desarraigo, de la desposesión palestina, sino también para afirmar que ahí está, que de alguna manera hay que explicarlo en términos humanos, en secuencias narrativas con las que cualquier lector se puede identificar». (mi traducción)

¿Se puede explicar en términos humanos un genocidio? Nada puede justificarlo. Nada justifica ni puede justificar el asesinato en masa de niños, mujeres y hombres inocentes.

Rostros desencajados en todas las páginas de Palestine.
Palestine pasará a la Historia como una de las primeras crónicas de un infierno terrestre destiladas por medio del dibujo. Su importancia queda demostrada por el hecho de que ya haya sido publicado en las cuatro lenguas del estado español: en 2013, a edición en lingua gallega da editorial ‎Rinoceronte Editora, con tradución de Rafael Rodríguez Salgueiro; en 2015, la edición en castellano de Planeta Cómic, traducido por José Torralba Avellí; 2023an, Astiberri Ediciones argitaletxeak argitaratu zuen euskerazko edizioa, Julen Gabiriak itzulita; i finalment, l’any 2025, l’edició en català publicada per Planeta Cómic, amb traducció a càrrec de Joaquim Toset Masdeu.

6 feb 2026

Reseña: The South, de Tash Aw

 
Tash Aw, The South (Londres: 4th Estate, 2025). 282 páginas.

En el primer capítulo de The South, dos chicos se pierden entre la maleza que ha tomado la finca donde vive uno de ellos, y a la que el otro, más joven, ha acudido con su familia a pasar las vacaciones. La primera impresión que el lector puede hacerse es la de un acto de transgresión. Pero no es así. Lo que hace Tash Aw es situar la trama en un momento culminante, para después ir desarrollando el contexto de ese episodio y todos los acontecimientos que lo rodean. Significativamente, la escena lleva a los chicos a un gran huerto de tamarindos enfermos que el propietario de la finca ha decidido eliminar. No han podido enfrentar el paso del tiempo. Pienso que esos árboles enfermos constituyen un símbolo fundamental para uno de los temas que el autor aborda en esta intrigante novela: la toma de conciencia del paso del tiempo.

Pero no es ese el único tema. Aw trata también cuestiones como las relaciones intergeneracionales de padres e hijos y su ruptura, nociones de masculinidad y la represión de la homosexualidad, la herencia patrimonial o, al igual que en su breve relato autobiográfico Strangers on a Pier, la segregación racial de la población de origen chino en Malasia.

Tash Aw: talento no le falta. Fotografía de Tim Duncan en Wikimedia Commons. 
La madre de Jay, Sui, ha heredado de forma algo inesperada una finca en el sur del país. Su marido la considera una carga, un lugar sin valor que mejor harían en vender. Pero la finca la gestiona Fong, medio hermano de Sui. Fong siempre ha vivido y trabajado en ella. Tras enviudar, ha criado a su hijo Chuan y ha mantenido la casa como mejor ha podido.

La familia llega allí en medio de una sequía atroz. La fruta de los árboles que conserva la finca apenas alcanza el tamaño que permita venderla. La coyuntura socioeconómica es, además, muy mala: una gran crisis financiera (estamos a finales de los 90) ha afectado al sureste de Asia, y Malasia no es inmune a sus efectos. Escasea el trabajo y salir adelante requiere inversiones e ingenio.

Ese es el telón de fondo de esta Bildungsroman, que aparentemente formará parte de un cuarteto. Aw combina varias perspectivas narrativas. Por un lado, el punto de vista del Jay adolescente (a veces en primera persona, como en el primer capítulo, que puedes leer más abajo) y el del Jay adulto como narrador un poco más cínico (y omnisciente). También hay capítulos en los que adopta el punto de vista de la madre, de Fong o de la hermana mayor de Jay. Pese a ello, la novela funciona bien.

Aw sostiene en el trasfondo las tensiones sociales e históricas que, se quiera o no, siempre afectan las relaciones humanas, hasta el punto de llegar a destruir vidas o sumergir a las personas en una frustración o desesperación que solamente aflora en momentos extremos de hostilidad manifiesta. No obstante, la novela pone siempre de relieve la cuestión del paso del tiempo, y que el ser que fuimos hace décadas ya no existe como tal.

«Dos chicos atraviesan la escasa sombra de un huerto, lejos de la casa donde se alojan. Es poco después del mediodía, el sol está en su momento más despiadado, y no hay nadie alrededor. Bajo esta luz, la tierra centellea con incerteza conforme avanzan. Hace meses que no llueve; la vegetación, normalmente pesada a causa de la humedad, se ha vuelto pálida y quebradiza. En los días recientes, el aire se ha recalentado y se ha vuelto tan seco que parece quemarles en la garganta cuando respiran.

Si prendes una cerilla, el país entero podría arder apunta uno de los chicos. Se llama Jay. Elige una senda que cruza la hierba, alta y áspera, que les deja arañazos y pequeños, exquisitos cortes en las pantorrillas que le escocerán cuando se las lave más tarde, aunque ya se haya acostumbrado al dolor. De hecho, apenas lo reconoce como tal. La maleza en esta parte de la finca es una maraña de arbustos espinosos; cada noche, Jay descubre pequeñas heridas en sus brazos y piernas, que dejan manchas rojas en la toalla y en la sábana, pero la mayor parte del tiempo ni siquiera se da cuenta de que los pinchos le penetren la piel.

Los chicos avanzan a paso firme en dirección a las profundas sombras del interior del huerto.

Los llamo chicos, pero a decir verdad ya no lo son. ¿Qué son, pues? Porque hombres todavía no son. Puede que no sea importante saberlo en este preciso instante. Cuando alcanzan la base del árbol más grande, los chicos levantan la vista y observan las ramas, que se han dividido y retorcido con los años. Jay extiende el brazo y toca el tronco del árbol, recorriendo las pequeñas hendeduras que hay en la superficie. Lo talarán pronto, este y todos los demás. Están enfermos, les han dicho a los chicos, y habrá que destruirlos.

“Hay árboles como este que pueden llegar a vivir cientos de años”, dice Jay. “En la India hay uno que tiene mil años”.

“¿Eso lo has leído en uno de tus libros?”, pregunta el otro chico, aunque no parezca una pregunta no le interesa la edad de los árboles; no le interesan los árboles, punto, aunque son parte del paisaje que ha conocido toda su vida.

“Talar un árbol es peor que matar a un ser humano”, dice Jay mientras mira fijamente las ramas.

El otro se ríe, aunque no se trata de un sonido jovial, es simplemente un rumor en la garganta. “¿Qué sabes tú de la muerte?”, le espeta. Se llama Chuan. “¿Has matado alguna vez a alguien?”

Jay nota que Chuan se le ha acercado, pero no se da la vuelta. Siente su respiración en la nuca, aunque quizás sea su intensa imaginación, pues lleva varios días anhelando este momento; y en su deseo ha anticipado la manera en que transcurrirá cada segundo cómo tocará y le tocarán, la sudorosa delicadeza de la piel de Chuan, las cosas que se dirán el uno al otro.

Siente las manos de Chuan en los hombros, cerca de la nuca. “Espero que podamos salvar estos árboles”, dice, mirando todavía la frondosidad que tiene por encima. Jay imagina que se da la vuelta, despacio, para mirar a Chuan, hasta que uno de los dos —no le importa quién sea de los dos— extienda la mano y le toque la cara al otro. Pero no será él; lo ha embargado algo que oscila entre el miedo y la indecisión. ¿Qué descubrirá si mira al otro ahora?

Date la vuelta, Jay, date la vuelta.

Pero no puede moverse; se da cuenta de que su cuerpo se ha vuelto algo extraño. Durante tantísimos años ha ansiado que alguien lo toque de esta manera por la libertad que sentirá. Imaginaba la claridad del júbilo que sentiría, cómo saborearía cada gesto. Puede ser que tenga miedo de esta liberación, y a lo que pudiera conducir. Es la primera vez que ha sentido que el cuerpo se le escapa a su control. En el futuro habrá otras ocasiones, en otros lugares lejanos a este, y se acostumbrará a ello, pero por ahora esta es una sensación nueva.

“Espero que podamos salvar estos árboles”, repite, mirando hacia el cielo. En las ramas más bajas ve un ave que no puede identificar. Un pequeño halcón o un cuclillo de gran tamaño. Es difícil distinguirlo a contraluz. El pájaro le está devolviendo la mirada —como estudiándolo. Se pregunta si es un buen augurio o si un mal presagio.

Nota cómo Chuan le agarra los hombros, al principio con una presión neutral y cálida que después empieza a dolerle un poco, aunque no sea un dolor desagradable. Y ahora, por fin, empieza a darse la vuelta, pero Chuan lo presiona con fuerza, forzándolo contra el tronco del árbol hasta que se da con la cara en él. La corteza es áspera y sabe que si se resiste, terminará con rasguños en la cara, quizás incluso con sangre —marcado por el deseo, que no podrá esconder del mundo.

Chuan le aparta las piernas, empujándolas con los pies, y Jay nota cómo trata torpemente de bajarle las bermudas, pero el velcro se atasca en la cinturilla y la tela se apretuja en torno a su cintura. Extiende la mano para desenredar el lío, y ahora puede sentir el cuerpo de Chuan, esbelto y rígido, que lo presiona mientras se quita las bermudas. Jay intenta otra vez darse la vuelta; quiere apreciar esos pocos primeros minutos, estirarlos en su imaginación, de manera que el tiempo que sea que tengan ambos parezca muchas horas, un día completo. Era así como lo había imaginado la primera vez. Pero Chuan está empujando, es mayor y más fuerte que él, ha colocado el antebrazo sobre la espalda de Jay, y momentáneamente a Jay lo sorprende la fuerza de Chuan, aunque sabe que no debiera sorprenderle —después de todo, el cuerpo de Chuan es el producto de este paisaje, duro e inflexible. Lo que más le sorprende es la idea de que Chuan quiere que sus primeros momentos de intimidad terminen lo antes posible. Acelerar cada segundo y colapsar el paso del tiempo —todo lo contrario de lo que busca Jay.

Cuando termina en menos de dos minutos, calcula JayChuan descansa la cabeza en el espacio entre el hombro y el cuello de Jay.

“Quiero estar contigo”, le dice. “Para siempre”.

Jay asiente. En ese instante, para siempre le parece una noción reconfortante. Pero a esa edad, ¿qué sabe realmente alguno de los dos sobre el tiempo?»

25 ene 2026

Reseña: Antifa, de Mark Bray

Mark Bray, Antifa: The Anti-Fascist Handbook (Brooklyn, NY: Melville House, 2017). 259 páginas.

El 22 de septiembre del año pasado, la administración estadounidense declaró a Antifa organización terrorista, lo cual tiene su gracia. Digo yo que solamente alguien que se identifique políticamente con los fascistas buscaría arremeter de ese modo (mediante decreto presidencial) contra un movimiento cuyo principal propósito es plantar cara al racismo y al fascismo supremacista. Además, tal como Mark Bray claramente expone en su libro, Antifa como entidad organizada no existe.

Quizás sea cierto que se trata de una red informal de ámbito internacional de afinidades, compartidas por más o menos pequeños grupos y movimientos comunitarios con implantación local (mayoritariamente en ciudades), y apenas en un ámbito nacional. Como movimiento social internacional, Antifa no parece existir más que en las mentes calenturientas de quienes preconizan el fascismo.

Si a lo anterior se añade el hecho de que Mark Bray, profesor de historia en la Universidad de Rutgers, tuviera que salir con toda su familia a toda prisa de los Estados Unidos el 8 de octubre tras recibir amenazas de muerte y ver la dirección de su casa divulgada en internet a modo de invitación para todo aquel que quisiera acercarse a él (¿Seguro que para darle un abrazo y pedirle un autógrafo, no?), queda muy claro que el libro sobre el antifascismo tiene infinidad de enemigos. Puedes escuchar la entrevista que le hicieron en la Radio Nacional australiana a Mark Bray (en Madrid) aquí (en inglés).

El manual sobre antifascismo de Bray dista mucho de ser un manifiesto. Es sobre todo un estudio académico, aunque su alcance no sea exhaustivo. Me resulta sumamente significativa la primera frase de su introducción: «Ojalá no hiciera falta este libro». Un deseo, visto lo visto desde enero de 2025, ilusorio. Por cierto, Antifa está disponible (en inglés) de forma totalmente gratuita aquí.

Compuesto de seis capítulos, una introducción y una breve conclusión más dos apéndices, Antifa constituye una valiosa aportación al importantísimo debate en torno a la más que necesaria respuesta que el fascismo merece. El primer capítulo explica las causas de la aparición del antifascismo como movimiento político en el periodo de entreguerras y su evolución. Menciona los grupos que surgieron en el Reino Unido, Alemania, Italia y España. Todos sabemos lo que ocurrió en los años 30 y 40 en Europa.

En el segundo capítulo, Bray trata el antifascismo en la segunda mitad del siglo XX. Es esta parte la que sin duda merece una ampliación en profundidad; el libro no menciona ninguna otra respuesta popular organizada aparte de las que tuvieron lugar en EE.UU. y algunos países de Europa. Bray puntualiza la separación entre la cultura punk y los nazis skinheads que se apropiaron de esa imagen díscola, algo de lo que fui testigo accidental en mi juventud.

En el capítulo siguiente, Bray explica los movimientos contemporáneos (los casos de Noruega, Suecia, Grecia y Holanda aportan interesante información sobre el fenómeno a escala internacional). En su investigación académica, el profesor Bray entrevistó a muchos integrantes de grupos locales antifascistas. Los otros tres capítulos se titulan “Cinco lecciones de la Historia para los antifascistas”, “Para que luego hablen de la izquierda tolerante” y “Boicots y la libertad de expresión”. Bray presenta argumentos muy relevantes. He aquí algunos de ellos que he traducido.

«La trágica ironía del antifascismo moderno es que cuanto más éxito tiene, más se cuestiona su razón de ser. Sus mayores éxitos yacen en un limbo hipotético: ¿Cuántos movimientos fascistas asesinos han cortado de raíz los grupos antifascistas durante los últimos setenta años antes de que se pudieran extender? Nunca lo sabremos; y eso es algo ciertamente bueno». (p. 141)

«Si tu principal objeción al nazismo es el hecho de que anula los mítines de la oposición, entonces eso expresa más sobre el tipo de política que sostienes que sobre la gente a la que criticas. Los antifascistas no se oponen al fascismo porque sea intolerante de una manera abstracta, sino porque promueve la supremacía blanca, el heteropatriarcado, el ultranacionalismo, el autoritarismo y el genocidio». (p. 162)

Bray se pregunta la causa de que tantos ciudadanos de los EE.UU. muestren no solamente su aversión al enfrentamiento contra fascistas y supremacistas, sino incluso a la interrupción de sus discursos en los que llaman al establecimiento de un IV Reich. Hay un escepticismo general «respecto a la inminente posibilidad de un gobierno explícitamente fascista en los Estados Unidos […]. Y no obstante, el antifascismo arguye que nunca debemos olvidar que fueron muy pocos quienes tomaron en serio a los pequeños grupos que rodeaban a Mussolini y Hitler cuando estos iniciaron su ascenso, y por lo tanto debemos mantenernos alerta frente a cualquier manifestación de política fascista. La falta de inquietud en torno a dicha posibilidad viene reforzada por la frecuente tendencia a separar épocas pasadas de la historia, tales como el régimen nazi o la época Jim Crow, del momento presente». (p. 171)

«Si la estrategia política radical viniese determinada en base a la preferencia pública en términos numéricos de tácticas diferentes, los métodos más moderados ganarían casi siempre porque constituyen la hegemonía. Si a los estadounidenses se les hubiera preguntado por el mejor modo de poner en marcha un movimiento para conseguir la justicia económica a principios de 2011, casi nadie, yo incluido, hubiera aprobado la idea de organizar un campamento en un parque del bajo Manhattan [Occupy Wall Street]. Para que la política sea tanto popular como revolucionaria, los organizadores “deben encontrarse con la gente allá donde esté”, y simultáneamente establecer un paradigma político-estratégico-táctico que promueva la lucha. Cuando la coreografía política se basa en los sondeos de opinión, resulta inevitable que la política sea un espejo de la sociedad que se quiere transformar». (p. 186)

Alguien ha sugerido que la raíz de la preocupante situación que se está desarrollando en el país que siempre se ha tomado como modelo de democracia no es el execrable personaje que volvió a ganar unas elecciones (incluso después de haber sido condenado por los delitos que había cometido), sino el electorado que lo eligió. En 1933, otro execrable individuo tomo el poder en Berlín. ¿Qué vamos a hacer si la historia se repite?

La portada de la edición de Capitán Swing
Antifa: El manual antifascista lo publicó la editorial Capitán Swing en 2019 en castellano. La traducción estuvo a cargo de Miguel A. Pérez.

22 ene 2026

Reseña: Blankets, de Craig Thompson

Craig Thompson, Blankets (Londres: Faber & Faber, 2017). 582 páginas.

Con sus casi 600 páginas, Blankets no es una novela gráfica al uso, pues se trata más bien de una especie de memorias ilustradas. Thompson creció en una familia fuertemente religiosa (es apropiado emplear el término ‘fundamentalista’ en este caso) de Wisconsin, donde los inviernos son increíblemente crudos y la iglesia y la llamada Sunday School es el centro neurálgico de la comunidad del que no es posible escapar.

Blankets cuenta en forma de Bildungsroman el proceso de alejamiento progresivo del autor de la religión cristiana, en la que toda su niñez y adolescencia estuvo centrada. Con un tono a ratos confesional, Thompson relata lo dura que fue su infancia en un hogar dominado por la Biblia y en una escuela donde los típicos perdonavidas de patio de colegio lo atormentaban y maltrataban casi a diario.

Thompson comienza cada uno de los capítulos del libro con los recuerdos de cuando compartía la cama con su hermano pequeño. Las travesuras que ambos cometían solían ser castigadas duramente por el padre. No es de extrañar, pues, que el joven Craig encuentre en el arte del dibujo una vía de escape de la triste realidad en la que vive.

Raina le enseña a Craig a disfrutar de la nieve.

Es al final de la educación secundaria cuando, en un campamento religioso (en mi época de adolescente los llamábamos ‘convivencias’ —días absolutamente tediosos que únicamente los amigos lograban hacer más entretenidos) conoce a Raina. El flechazo es inmediato: comparten sus sueños de escapar de la insufrible rutina que el entorno social de Wisconsin significa para ambos. De modo que, tan pronto como llega un periodo de vacaciones, Craig se va a pasar dos semanas en la casa de Raina. Allí conoce a su familia: los padres están divorciándose y su hermana mayor tiene menos luces que un barco pirata. Los padres, además, adoptaron a dos niños más: el chico es autista y la chica es intelectualmente discapacitada. Raina tiene ante sí una montaña de responsabilidades a las que no va a poder renunciar. Aun así, Craig se enamora perdidamente de ella.

Y de forma irreparable Craig deja de creer y ve la luz...
Blankets conecta hábilmente el proceso de desamor de Craig y su abjuración del fundamentalismo evangelista en el que ha sido educado. Es un relato muy personal, íntimo y conmovedor. En sus dibujos, Thompson transita fácilmente del detalle realista a lo alegórico. En la conclusión del libro, Craig se reencuentra con su hermano. Ambos son ya adultos y tienen por delante el mayor misterio posible: la vida.

Blankets fue publicada en castellano por Astiberri, que mantuvo el título original en inglés. Recibió un sinnúmero de premios en su día.

Ah, si fuese tan fácil borrar ciertos elementos de nuestra memoria...

16 ene 2026

Reseña: Cannon, de Lee Lai

Lee Lai, Cannon (Willoughby: Giramondo, 2025). 300 páginas.

Las primeras viñetas de esta estupenda novela gráfica muestran una bandada de urracas en el interior de un restaurante, en la oscuridad más absoluta. Los pájaros se han posado en lo que queda de las sillas, mesas y alacenas, todo desperdigado por el suelo entre platos y vasos rotos.  En la séptima viñeta aparece la protagonista, Lucy a quien todos llaman Cannon, que observa los desperfectos. Acto seguido su amiga Trish le dice: «Ha sido interesante». Las dos rompen a reír y finalmente se ponen en marcha y abandonan el recinto. Pero antes, Trish le pasa un plato intacto a Cannon: «One for the road? [¿Un último trago?]». Ella lo estampa contra la pared.

Lucy y Trish han sido amigas desde la edad escolar, proceden del mismo pueblo (Lennoxville) y se mudaron al mismo tiempo a Montreal. En palabras de Trish, son «las dos únicas adolescentes chinas y gay en toda Lennoxville». El apodo Cannon (Cañón) se lo puso Trish. Lo curioso es que Lucy es una persona que traga con todo y se contiene en casi todas las situaciones en las que, en teoría, podría o debería dar rienda suelta a la furia. Mientras que Trish aspira a convertirse en escritora, Lucy trabaja en un restaurante de moda de Montreal. El propietario es un pedazo de gilipuertas que se ve a sí mismo como muy cool y atractivo y abusa de la buena voluntad de sus empleados.

Lucy trata de dotar de sentido sus relaciones con el mundo y con su familia. En las horas libres se encarga de cocinar para su abuelo, muy envejecido y débil. Su hija, la madre de Lucy, ya no posee la capacidad emocional para cuidar de él: siempre fue un déspota cruel e incluso violento. Lucy no suele participar de las veladas posteriores al cierre con sus colegas del restaurante, pero una noche conoce a Charlotte, nuevo fichaje entre el personal, y despierta en ella un interés romántico apasionado.

Un día cualquiera en Montreal...
La novela, pues, conforma un poderoso retrato de una mujer sometida a varias fuentes de estrés: es la responsable cuidadora de su abuelo; es la empleada del restaurante en quien todos los demás confían en que les eche una mano cuando la presión en la cocina es brutal; es también la amiga leal de Trish, quien está utilizando (a espaldas de Lucy) muchos detalles íntimos y privados de su vida; y la guinda la pone una nueva compañera de trabajo, Charlotte, que se aprovecha de ella y la traiciona por su orientación sexual.

Tienes la cabeza llena de pájaros...
Los pájaros aparecen repetidamente en las ilustraciones de Lai. Cada lector y lectora podrá interpretar su presencia de manera diferente: para mí, son los testigos o acompañantes mudos de las difíciles circunstancias emocionales por las que continuamente atraviesa Lucy. Aunque en la milenaria cultura china las urracas representan la buena suerte o buenas noticias, como motivo en los dibujos parecen indicar trauma o tensión. Hacia el final de la novela, Lucy trata de explicarle a Trish la visión de las aves (que nadie más ve, por supuesto). Para su amiga, quizás sean meramente un símbolo de protección, algo así como el ángel de la guarda, pero en grupo.

¿El terror australiano tiene un sabor especial?

La metodología gráfica de Lai es extremadamente básica. Blanco y negro, generalmente cuatro recuadros por página; únicamente cambia el color de fondo a rojo cuando ilustra las películas de terror que Trish y Lucy ven juntas. La novela las pilla en pleno atracón de filmes australianos de terror. Los diálogos son perfectamente creíbles y reflejan el entorno bilingüe de la ciudad canadiense. Cuando Trish interrumpe a Lucy (cosa que hace con demasiada frecuencia), Lai superpone los bocadillos de Trish por encima de los de Lucy, eclipsando sus palabras.

Cannon es un detallista estudio del periplo emocional de una mujer que repetidamente reprime las ganas de estallar y soltar la rabia que las difíciles circunstancias vitales y laborales le causan. Muy recomendable.

2 ene 2026

Reseña: She Speaks!, de Harriet Walter

Harriet Walter, She Speaks! What Shakespeare's Women Might Have Said (Londres y Dublín: Virago, 2024). 242 páginas.

Habrá muchos estudiosos y estudiosas de la obra de Shakespeare que probablemente, en privado, expresen cierto desdén por este libro de la actriz inglesa Harriet Walter. Porque, ¿Quién tiene la osadía de emular al Bardo?

Para alguien que haya participado durante algunos años (fue mi caso: como miembro de un gran equipo de filólogos de la Universitat de València) en la traducción de varias obras (Romeo y Julieta, Noche de reyes, Hamlet, y por muy poco tiempo La tempestad) la tentación es perfectamente entendible.

Bien es sabido que en la época del teatro clásico inglés, los papeles femeninos eran interpretados siempre por hombres jóvenes. En tiempos de Shakespeare, nunca hubo una mujer en el escenario de The Globe, por ejemplo. Walter señala en la introducción que «En el breve periodo que hay entre su incorporación al elenco a los diez años y la aparición de la barba (que ocurría más tarde que lo hace hoy en día, es decir, hacia los dieciocho), un joven actor podía convertirse en experto en su campo e interpretar aparentemente a muchachas y mujeres de forma muy convincente. Lo que no podía hacer era hablar desde la experiencia de ser muchacha o mujer». (p. 2, mi traducción; el énfasis es de la autora)

De la obra de Shakespeare prácticamente se ha estudiado todo, se ha analizado todo y se ha escrito demasiado. Walter nos recuerda que, de los 100 personajes con mayor número de intervenciones en las obras completas, solamente quince corresponden a mujeres. Por ejemplo, Lady Macbeth (personaje cuya significación no hace falta explicarle a nadie) ocupa la posición 138 en ese listado que encabeza (¿quién si no?) el príncipe Hamlet de Dinamarca.

La autora escribe principalmente monólogos en los cuales una variedad de mujeres personajes dan su versión u opinión de la trama de las obras (sean tragedias, comedias o tragicomedias), entre ellas Gertrude y Ofelia (Hamlet), las tres brujas y Lady Macbeth (Macbeth), Desdémona (Otelo), Lady Capuleto y la Nodriza (Romeo y Julieta), Cleopatra (Antonio y Cleopatra) e incluso la esposa de Shakespeare, Anne Hathaway. A través de ellas y sus poesías, Harriet Walter explica cómo el teatro de Shakespeare silencia a las mujeres (Gertrude concluye su primer monólogo, ‘What  Gertrude Wanted to Say’, con estas palabras: «But break my heart for Will has held my tongue» [Me rompe el corazón que Will [Shakespeare] me haga callar).

El propósito de Harriet Walter es encomiable, por supuesto. El resultado global, no obstante, es desigual en algunos capítulos del libro. No todos los monólogos, duetos y diálogos alcanzan el mismo nivel, y las rimas (Walter insistió en la creación de pentámetros yámbicos y de rima en todos ellos) son en ocasiones algo forzadas. Personalmente, lo que más me ha gustado son las introducciones que la actriz ha escrito, basadas en su lectura de las obras y desde su propia y muy dilatada experiencia de su interpretación en teatros y en la radio. Así, respecto a Ofelia (en cuyo monólogo da a entender que no se suicida, sino que escapa de la locura de la corte danesa) escribe:

«… [Ofelia] podría haberse rebelado contra las restricciones que se le imponían: las reglas de la corte danesa, el control agobiante por parte de su padre y de su hermano (que se constituye en una especie de padre suplente) y la prohibición de su anhelo y deseo sexual por Hamlet.

La locura es una buena salida. La locura libera a Ofelia, para que se encamine hacia el desgobierno y la vulgaridad. También a mí me liberó de una interpretación inicialmente contenida […] Al reconectar con Ofelia para este libro, puedo soñar con un desenlace diferente para su historia. ¿Y por qué no pudiera ser cierto? Al fin y al cabo, es tan solo una obra de teatro». (p. 82, mi traducción)

Esta muerta está muy viva... La muerte de Ofelia, según John Everett Millais (1851). 

She Speaks! es un libro ameno y ciertamente audaz, escrito en un tono informal y cercano al lector; pienso que será de obligada lectura para todos los estudiosos de la obra de Shakespeare, especialmente intérpretes y directores teatrales.

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