31 may. 2011

Zancos




Zancos

Cuando era estudiante, los profesores ponían el acento en lograr que hiciera realidad todo su potencial, en el futuro. Aunque siempre le había costado imaginarse en un futuro tan radiante, rápidamente comprendió la necesidad de ser extremadamente competitivo. Muy pronto se sintió obligado a alcanzar su futuro rápidamente, o al menos, más rápido que los demás. La competencia debe estar sumida en las profundidades del inconsciente humano.

De modo que se dedicó durante unos años al asunto habitual de vivir la vida, hasta que el impulso de dar un salto hacia su brillante futuro se le hizo tan imperioso que se puso a buscar modos de obtener una ventaja competitiva. Se procuró un par de asombrosos zancos.

Al principio desplazarse sobre unos zancos hacia el futuro resultaba en cierto modo algo incómodo, incluso torpe. Si bien no le parecía estar haciendo un progreso especialmente notable hacia su porvenir, pronto se dio cuenta de que algunos conocidos más bien distantes se estaban rezagando en esa carrera no declarada en pos del futuro. Incluso le pareció un poquito divertido verlos por el espejo retrovisor de la vida.

Tras unos cuantos meses de avanzar en sus zancos en dirección a su absoluto potencial, estaba sin duda alguna empezando a pillarle el truco. Su progreso ahora era claramente más veloz. Al poco tiempo los antiguos colegas y  compañeros de la escuela fueron cosa del pasado; los que no eran amigos íntimos comenzaron a quedarse atrás. Pensó que comenzaba a vislumbrar su vida futura, incomparable, excepcional.

Para entonces los zancos habían adquirido una velocidad espectacular. Los amigos más cercanos ya no eran capaces de mantenerse a su altura, pero eso no le molestaba mucho. Un día advirtió que había perdido de vista a su propia familia, por lo que pensó que debía estar a punto de alcanzar un destino.

Mas los zancos de la brillantez no se desaceleraban. Se sentía muy solo, pero se estaba moviendo a una velocidad estelar hacia su potencial; era realmente imparable.


Un día, sin embargo, le entró el pánico. No había nadie a su alrededor. No había nada en su vida diaria, únicamente la inverosímil velocidad en dirección a su potencial desconocido.

Y saltó.

Zancos apareció originalmente en inglés en Writing Raw, en el número del 23 de mayo de 2011. (c) Jorge Salavert, 2011.

27 may. 2011

Footy y poesía (parte 2)

Los jugadores de Sydney Swans entran en el terreno de juego. (Sydney, SCG, 14 de mayo de 2011)

Un poco de historia

No hay ninguna certeza científica respecto al origen del footy. Parece obvio que algo del fútbol gaélico se transmitió y se transformó en el juego que se conoce como ‘Australian Rules Football’, pero también se baraja la posibilidad de que algunas de las naciones indígenas practicaran un juego de similares características con anterioridad a la llegada de los colonos británicos e irlandeses.
En un principio la competición no tenía carácter nacional. Las larguísimas distancias entre las principales ciudades lo hacían imposible antes de la aparición de la aviación comercial. La competición por antonomasia era la VFL, Victorian Football League, en la que solamente participaban equipos del estado de Victoria, y principalmente los de la ciudad de Melbourne. Esta liga, que comenzó en 1896, se formó cuando unos cuantos equipos se separaron de la competición que hasta entonces había regido el incipiente deporte desde mediados del siglo XIX.




Es especialmente en Victoria, Tasmania, Australia Meridional y Australia Occidental donde el fútbol australiano es una especie de religión, donde el amor a los colores del club se enseña a los niños desde su nacimiento. Los seguidores adoran a su equipo con una intensidad y un fervor que rara vez se observan en otros deportes y en otras partes del mundo. Pregúntale a cualquier persona del estado de Victoria, ‘¿Cuál ha sido el día más feliz de tu vida?’, y casi con toda seguridad, la respuesta tendrá algo que ver con fútbol.


Los Swans ya tenían bien encarrilado el partido a comienzos del último cuarto: Sydney 13.12 (90) Port 9.5 (59).

No es nada infrecuente que uno se encuentre con acérrimos seguidores de un equipo en cualquier parte de Australia. Recientemente me encontré con un matrimonio ya mayor, residentes en la ciudad de Geelong (Victoria), quienes siguen a su equipo de toda la vida, South Melbourne, fundado en 1874 – mucho antes que los llamados decanos de la LFP española, por ejemplo – y que fue reconvertido en Sydney Swans durante a principios de la década de los ochenta. Este simpático matrimonio vive por y para el fútbol, son socios del club y viajan allí donde juegue Sydney, siempre que pueden.


Cygnet, la mascota de los Sydney Swans, hace las delicias de niños y mayores antes del choque contra Port Adelaide. (Sydney, SCG, 14 de mayo de 2011)

El siguiente poema, ‘Life-Cycle’, de Bruce Dawe, es ya un clásico de la literatura australiana, e ilustra perfectamente la disposición generalizada entre los ciudadanos de Victoria ante este deporte. A modo de explicación, las referencias a ‘Tigre, Demonios y Santos’ son a equipos de la Liga (Richmond Tigers, Melbourne Demons y St Kilda Saints). Wilfred ‘Chicken’ Smallhorn fue un legendario jugador de Fitzroy (hoy en día Brisbane), famoso por su rapidez, y que durante la segunda guerra mundial estuvo preso en Changi (Singapur), donde organizó una liga interna de prisioneros de guerra.


Ciclo vital

Al nacer, a los niños en Victoria los envuelven
en los colores del equipo y los ponen en sus cunas engalanadas,
y dan comienzo así a toda una vida de forofos.

‘Vamos’, gritan, ‘Vamos’ … apenas se les oye al principio,
mientras luchan con sus padres juguetones por hacerse
con el trozo de rosquilla: ‘¡Oh, está hecho un pequeño Tigre!’ (Y es verdad…)

Subidos a la altura de los hombros en su primer partido de Liga,
son como monstruos inocentes que llevan años nadando
en pos del estruendoso paraíso de la luz diurna

hasta que, ahora, sus corazones estallan en un éxtasis,
rompen la superficie y se pierden para siempre:
sus mentes salen disparadas como serpentinas.

En el puro diluvio de sonido, se envuelven en sus bufandas luminosas, y una voz
que recuerda a la de Dios retumba desde las gradas:
¡¡Buuuuh!! ¡Gandul! El contrato queda firmado.

Comerán pasteles de carne y papas fritas,
abjurarán de los Demonios, se aferrarán a los Santos,
y verán cómo su equipo asciende en la tabla, hasta el Cielo.

Y los torrentes de sus vidas seguirán las marejadas de las peripecias del equipo;
una insensata proposición de matrimonio tras ganar el partido por un punto,
la boda y la luna de miel después de la gran final

No se harán viejos como envejecen los que viven más al norte;
para ellos el reloj de la vida marcará siempre los tres cuartos,
con un empate en el marcador, pero con el viento a favor en el último intervalo.

Perdura esta pauta, un recuerdo ancestral, a través de la maraña de temporadas,
que hace que los veteranos sueñen detrás de la valla con leones renacientes
y figuras de centauros del pasado que una y otra vez repongan el presente,

para que pueda renovarse esta eterna mitología,
y que retorne Chicken Smallhorn, como el dios del maíz,
en mil guisas diferentes, en la cual cambian los danzantes.

Mas la danza será por siempre la misma — los viejos seguirán
gritando, leales, ‘Vamos… Vamos…’ (aunque en voz más baja) hasta el mismísimo final,
y pondrán en el chico de uno noventa que vino de Eaglehawk todas sus esperanzas de salvación.
 Traducción de 'Life-Cycle' de Bruce Dawe, publicado por primera vez en 1978 en Sometimes Gladness© de la traducción, Jorge Salavert, 2011.

21 may. 2011

Reseña: La puta de Babilonia, de Fernando Vallejo




Fernando Vallejo, La puta de Babilonia (México y Bogotá: Planeta, 2007). 317 páginas.

Vaya un libro ha escrito Vallejo. Antes que nada, se debe sin embargo hacer una advertencia: el que sea creyente (sea de la religión que sea), mejor que no lea a Vallejo, pues va a sentirse muy ofendido.

Uno puede no estar de acuerdo con el lenguaje empleado, tan lleno de colorido e insultos ('el alcahueta Wojtyla', 'la verborrea mierdosa [d]el representante del Unigénito', etc., etc.). El colorido es gratuito, pero el humor se agradece. O uno puede sencillamente relajarse y leer esta larga diatriba, repleta de acusaciones fundamentadas en datos históricos y racionales.

El título del libro hace referencia al epíteto que los albigenses, un pueblo de ascetas quemados y masacrados por la Iglesia cristiana, le dio en su momento a la institución. En el libro Vallejo reproduce fragmentos de documentos antiquísimos, y rescata de las hogueras inquisitoriales a muchas víctimas de la intolerancia de la fe, no solamente la cristiana (católica, ortodoxa, protestante, anglicana, en fin, todas sus denominaciones), sino también la musulmana y la judía. Al fin y al cabo todas tienen un origen común y todas han participado a lo largo de los siglos en comportamientos idénticos: guerras, exterminios, destrucción, oscurantismo, barbarie.

Este es un texto divertido gracias a la voz de Vallejo; es un libro de una contundencia inusual. Su objetividad se basa en gran parte en la virulencia de sus acusaciones, fundamentadas en datos históricos y fehacientes, pero también en la rotundidad de sus conclusiones. Veamos algunos ejemplos: ‘es obvia la cerrazón mental bimilenaria de los cristianos que creen oír la palabra de Dios en esa sarta de necedades y contradicciones que son los evangelios’ (p. 134); ‘el año pasado [2006] los diez países más poderosos con la Puta fueron, en orden de dadivosidad: Estados Unidos, Italia, Alemania, Francia, España, Irlanda, Canadá, Corea, México y Austria” (p.215); nos dice que el peor enemigo de la Biblia es la Biblia misma, lo cual puede llevarnos a importantes conclusiones.

Vallejo indudablemente disfruta con su ataque, que no deja títere con cabeza. Menciona uno a uno los delitos y crímenes en que ha incurrido la Iglesia desde su fundación hasta ayer mismo: su probada hipocresía, sus mentiras, sus contradicciones, sus genocidios, sus persecuciones inmisericordes, sus incoherencias. Y lo hace en un tono de burla cuando es necesario, mas aferrándose a datos y pruebas en todo momento.

Vallejo no se corta en sus críticas con otros grandes personajes históricos como Tomás de Aquino, Lutero o Mahoma. Todas las religiones son ‘fanatismos monstruosos’. Pero los dardos los apunta con mayor frecuencia a la iglesia católica: 'Quemar víctimas en estado de indefensión ha sido en todo caso la gran especialidad de la Puta desde que se montó al poder en el 313 y lo que había sido hasta entonces una religión de necios se convirtió en una empresa de asesinos' (pp. 277-8).

La única pega que le he encontrado al libro no tiene nada que ver con el autor, sino con la editorial. Al ejemplar de La puta de Babilonia que adquirí el año pasado (por correo) le falta la página 67. ¡Está en blanco! Ya es malo de por sí que en algunas páginas la calidad de la impresión sea un tanto deficiente, pero es que no hay nada peor que quedarse a mitad de oración cuando estás leyendo un libro, y tener que seguir dos páginas más adelante, con el hilo narrativo totalmente partido. No me cabe la menor duda de que Planeta sabía que algunas copias eran defectuosas, y engañan al lector vendiéndole un libro incompleto.

18 may. 2011

Sentència històrica o sentit comú?



Un comentario de opinión que aparece hoy en el diario Avui vuelve a poner de manifiesto que en ciertos aspectos, el corazón de la España intolerante sigue latiendo con fuerza. Recuerdo con claridad la represión que otras lenguas que no fueran el español sufrían en mi infancia y adolescencia. Más de una vez escuché comentarios despectivos respecto a la ‘llengua dels valencians’, a pesar de que era la que hablábamos muchos chicos y chicas de mi edad.

Como subraya el artículo del Avui (‘i no deixa de ser greu que en més de trenta anys de democràcia ho hàgim de fer així) que reproduzco arriba, para ciertos sectores de la sociedad española nada ha cambiado, o pareciera que el tiempo no ha pasado. Ya es hora de que se vaya no solamente reconociendo la realidad plurilingüística del estado, sino también de que se vaya aprendiendo que las reglas del juego han cambiado. Tan útil les resulta a los niños españoles aprender lenguas de la UE como aprender lenguas de ciudadanos con los que tienen que convivir.

O potser no volen fer possible la convivència?

15 may. 2011

4 Sonnets - 4 sonetos

4 Sonnets


Este mes de mayo, la revista electrónica Transnational Literature, editada por Gillian Dooley de la Universidad de Flinders en Adelaida (Australia Meridional), acaba de publicar 4 sonetos que escribí a fines de 2010. Puedes descargar el documento en PDF con los 4 sonetos haciendo clic aquí.

Son cuatro sonetos que hablan por sí solos. Pienso que no hace falta explicarlos ni justificarlos, si es que en verdad es necesario justificar la poesía.

A finales del año pasado, posiblemente una noche a principios del mes de octubre (francamente, me falla la memoria) tuve un sueño muy vívido, muy real. Soñé con mi hija Clea, con mi niña. Volvía a estar con ella. Es difícil explicar las sensaciones durante el sueño, y las que sentí al despertar.

Me vino a la cabeza el estribillo de la canción de Antonio Carlos Jobim, A felicidade, que escucho con frecuencia, interpretada por el gran Vinicius de Moraes con Toquinho y Maria Creuza. Dice así:

Tristeza não tem fim
Felicidade sim

Un video de la canción en Youtube…

 
Quisiera muchas veces no despertar para poder ser como era antes, para tener al menos la posibilidad de aspirar a la alegría. Tiene mucha razón Jobim: la tristeza no tiene fin. De los cuatro sonetos, este es algo muy, muy especial, y por ello quiero compartirlo en este blog.


Let me forever sleep this peaceful sleep.
Let me forever see her hazel eyes,
hear her giggle, her shrill girly voice keep
with me, relish this memory, the prize

of a lifetime that has become too long.
Let me forever dream this pleasant dream,
and sense her presence, feel that I belong
with her, let myself go down this strange stream

that one day seems to take us all somewhere.
Death took her away from me far too soon.
Where to from here, I honestly don’t care.

Just let me stay with her under this moon,
hold her in my arms, spin her in the air,
with my dear daughter in some timeless swoon.


Transnational Literature, an e-journal edited by Gillian Dooley at Adelaide’s Flinders University has just published 4 sonnets I wrote in late 2010. You can download the PDF with the four sonnets by clicking here.

These four sonnets speak for themselves. I don’t think it necessary to explain or justify them, if indeed it is necessary to justify poetry.

Late last year, possibly on an early October night (to be honest, my memory fails) I had a very vivid dream, a very real dream. I dreamt of my daughter, Clea, my little girl. I was with her again. I cannot explain the sensations I had during my dream, or those I felt upon waking up.

A few hours later I thought of the chorus in a song by Antonio Carlos Jobim’s song, A felicidade, one that I listen to frequently, sung by the great Vinicius de Moraes with Toquinho and Maria Creuza. The chorus line says:


Tristeza não tem fim
Felicidade sim
Above is a link to a Youtube video of the song…



There are many mornings I’d rather not wake up, so I could be who I was before, so I could at least have the chance of hoping for gladness. Jobim was quite right: sadness never ends. Out of these four sonnets, this one is something very, very special to me, and that’s why I wish to share it here.

14 may. 2011

Footy y poesía (parte 1)

Templo de apostasía, catedral bidimensional (Manuka Oval, 7 de mayo de 2011)

Footy y poesía

Si hay algo que aglutine firmemente a la sociedad australiana, es sin duda el deporte, y de entre los muchos deportes que se practican en estas tierras, especialmente el fútbol australiano, más conocido en inglés como footy.

En esencia, a modo de somera explicación para los que no lo conocen, el objetivo del fútbol australiano es mover un balón ovalado de cuero mediante chuts y pases con las manos de un extremo del campo de juego al otro, y marcar un gol (siempre mediante un chut) entre los dos postes centrales; el gol se contabiliza como seis puntos.

Los dos equipos se componen de dieciocho jugadores, distribuidos básicamente en cuatro líneas, dos defensivas y dos atacantes, de cuatro jugadores cada una, con dos volantes cuya misión es conectar el juego entre las diferentes líneas.
El fútbol australiano, en tanto que obsesión, en tanto que una especie de devoción alternativa, representa una forma de ver y vivir la vida, y por tanto no debe sorprender que sea una temática incorporada a la literatura del país. De hecho, existe ya un modesto pero significativo corpus poético en torno al fútbol australiano, el cual ha ido creciendo desde la década de los 70, y que sin duda seguirá incrementando su volumen a lo largo del tiempo, a menos que, en su afán de extraerle el mayor beneficio económico posible, los directivos que actualmente dirigen la liga profesional de fútbol australiano terminen por ahuyentar a los aficionados.
En el poema que sigue, Philip Hodgins (1959-1995) describe una escena que se repite sábado tras sábado en numerosos pueblos y ciudades de Victoria y otros estados australianos durante la temporada futbolística, de marzo a septiembre.

Sábado tarde: fútbol australiano


La elipse, símbolo hindú de fertilidad,
queda ceñida por coches repletos de gente,
todos en batería frente a la barrera.
Los amamanta igual que una cerda.

Dentro de los coches unas voces nos informan
desde lugares importantes, donde nunca hemos estado:
Kardinia, Moorabin, Windy Hill.

Reflejadas desde sus cúspides
se alzan dos catedrales bidimensionales.
Hoy, aquí y ahora, van a ser templos de apostasía por partida doble;
unos seres clonados guardan sus entradas,
y portan unas antorchas llameantes de un blanco puro.

Del purgatorio de calamina
salen muchos hombres en hileras de paracaidistas;
llevan las piernas barnizadas con el rastro tóxico
del aceite de eucalipto.

Aterrizarán cerca de los lemas de la inspiración,
para luego dispersarse en pares
de crípticas combinaciones numéricas.

Pero hay uno sin número,
tan decididamente blanco como una bola de billar,
omnipotente en su pose clásica,
y que mantiene en alto una elipse roja;

tras el pitido,
un estruendo formidable de bocinas
celebra la contienda decisiva de esta tarde.

Traducción de ‘Country football’, poema de Philip Hodgins, publicado en 1986. © de la traducción: Jorge Salavert, 2011.



Shane Mumford (Sydney Swans) y Ben Hudson (Western Bulldogs), los dos ruckmen a la disputa del decisivo primer toque (hit-out) tras una interrupción del juego; los árbitros ya no visten de blanco, como era la norma en la época en que Hodgins escribió su poema (Manuka Oval, 7 de mayo de 2011).
Una posición fundamental para el éxito del equipo es la de ruckman. Cada vez que se produce una parada del juego, el árbitro efectúa el bote reglamentario o un lanzamiento del balón en alto para reanudarlo. Entonces, el jugador que juega en la posición de ruckman debe intentar conseguir el primer contacto (hit-out) y lograr conseguir la posesión del balón y así favorecer la estrategia de su equipo. Se trata por tanto normalmente de jugadores de elevada estatura y una extraordinaria resistencia física: tienen que batallar por conseguir la posesión a lo largo de casi tres horas de juego, y corriendo detrás del balón para intervenir cada vez que el árbitro decreta un bote neutral.

El partido se juega en cuatro cuartos de veinte minutos a reloj parado. Las dimensiones del campo son las del óvalo omnipresente en las poblaciones australianas, y dedicado básicamente a jugar a críquet en verano, y a fútbol australiano en invierno.
El juego es asombrosamente rápido y también extremadamente exigente desde el punto de vista físico. Es un deporte de contacto, si bien las reglas estipulan la legalidad de ciertos contactos y la ilegalidad de otros. Una de las reglas que más extrañeza causa entre los que no conocen el juego es la que prescribe que el jugador debe siempre intentar jugar de manera que podríamos denominar constructiva: echar el balón fuera intencionadamente está penalizado con un tiro libre para el equipo contrario. Cierto entrenador portugués cuya notoriedad llega a todas partes, que cuenta con una filosofía bastante destructiva del fútbol, no habría logrado, por supuesto, ningún título en el fútbol australiano.

8 may. 2011

Australia en Babelia

Glass House National Park, Queensland
El conocido suplemento literario semanal de El País, Babelia, dedicaba este fin de semana (7-8 de mayo) unas páginas a la literatura australiana, coincidiendo con la publicación de la traducción al castellano de la novela de Christos Tsiolkas, The Slap. Cabría suponer que se trata en principio de una buena noticia; puesto que, literariamente hablando, Australia no existe para una ingente mayoría de europeos (y no es ninguna exageración), cualquier tipo de divulgación debiera ser bienvenida.

Sin embargo, la cuestión primordial es que, en esas exiguas páginas que el grupo Prisa decide dedicarle a la literatura australiana (casi exclusivamente a la narrativa), sigue predominando una visión harto sesgada y alejada de lo que es la realidad de este país.

La idea que se tiene sobre la literatura australiana actual en los cenáculos progres madrileños es cuando menos inexacta. Es un error generado obviamente por el desconocimiento del país y de su realidad. El tópico de la ‘tiranía de la distancia’ – una frase acuñada por el reputado historiador Geoffrey Blainey para describir las relaciones políticas de Australia con sus fundadores británicos –lamentablemente ha de aplicarse al conocimiento que tienen los medios informativos españoles de Australia; lo que es peor, sigue sucediendo cuando los grandes avances tecnológicos existentes debieran subsanar la falta de contacto físico y directo que permite un mejor conocimiento de la sociedad y la literatura que se genera en su seno.

Uno de los artículos que se incluyen en este número especial sobre literatura australiana ejemplifica muy bien el problema al que hago alusión arriba. Tras hacer un repaso meramente nominal a algunos nombres de autores, cuyas obras comienzan a adornar las estanterías de las librerías españolas, y hacer una valoración basada únicamente en los datos que las contraportadas de esos libros puedan aportar (no en la lectura de las obras), el autor, Winston Manrique Sabogal – y, digamos en su descargo, como muchos otros antes que él – cae en la perogrullada simplona de la ignorancia y el desconocimiento:

‘La australiana es una literatura joven, apenas pasa de la centuria. Y es el resultado de un país hecho con partes de todo el mundo. Una diversidad y pluralidad en su raza cuyo ADN ha heredado su creación literaria. El mundo y la vida desde las antípodas.'
Si la literatura australiana es joven, es porque como país, Australia es joven, mas no imberbe. La literatura australiana no es, como parece afirmar el articulista de Babelia, una suerte de tela elaborada con retales ‘de todo el mundo’. Rayano en la sandez es el comentario que le sigue: ‘diversidad y pluralidad en su raza cuyo ADN ha heredado su creación literaria’. ¿Pero de qué raza habla? ¿Con un ADN literario? Como metáfora, es más bien pobre; como análisis (si es que es eso a lo que aspira) anda muy desacertado. La obtusa obsesión hispánica con ponerle etiquetas raciales a todo también impera al otro lado del charco, según parece. La obligación de llenar una página con palabrería lleva a algunos a escribir auténticas simplezas (o en todo caso, tonterías que no siempre están bien escritas: en el artículo abundan las erratas, algo que se da con excesiva frecuencia en el caso de este periodista).

Uno no puede esperar conocer la literatura de otro país desde el sillón de su casa, y mucho menos desde la mesa de una cafetería madrileña. Por un lado, no es nada fácil hacerse una idea más o menos precisa a través de la traducción de la literatura. Por otro lado, a veces las traducciones dejan realmente mucho que desear respecto al grado de fidelidad deseable en toda traducción. La novela de Tim Winton que se menciona en el artículo, Música de la tierra, traducida en la editorial Destino, es uno de los más claros ejemplos de traición al original que uno haya podido ver en tiempos recientes (realicé un análisis, en inglés, de ese horror de ‘traducción’ que puede leerse aquí, en PDF).

De la lectura del mencionado artículo se desprende por tanto una enorme ignorancia de la realidad de la literatura australiana por parte de su autor. Autor australiano que no ha sido traducido parece ser autor inexistente para el gacetillero. En la excesivamente incompleta lista de narradores australianos que elabora no figuran importantes autores – muchos de ellos todavía en activo – como Murray Bail (aunque éste sí ha sido traducido), Robert Drewe, Alex Miller, Peter Goldsworthy, Mandy Sayers, Brian Castro, Thomas Keneally, Frank Moorhouse, Robert Dessaix, Rodney Hall o David Ireland, ni notables escritores ya fallecidos como George Johnston, Xavier Herbert, Randolph Stow o Thea Astley. ¿Es únicamente desconocimiento, o es resultado de la indolencia?

El párrafo que hace las veces de conclusión del artículo que comento es harto ilustrativo del hecho de que en España los consabidos y ya rancios estereotipos acerca de Australia y su cultura sigan prevalentes en las mentes de demasiados. A pesar de ello, un poco se ha debido avanzar. Dice así:

‘Una literatura que va más allá de etiquetas y del imaginario colectivo de la Australia del otro lado del mundo, del pasado como penal de los ingleses, de tierras a conquistar como el clásico western y que el cine ha potenciado con películas como Mad Max, Cocodrilo Dundee o la Australia, de Baz Luhrmann, con dos de sus estrellas, Nicole Kidman y Hugh Jackman.’

Lo que no se menciona es que Australia fue un rotundo fracaso en el país donde fue filmada…

Cabe asimismo mencionar que este reportaje especial sobre la narrativa australiana actual cuenta al menos con la aportación, breve pero más ajustada a la realidad, de un académico norteamericano, el editor de la revista Antipodes, Nicholas Birns. Su introducción, traducida al castellano, se puede consultar aquí.

Por cierto, me temo que no es únicamente Winton el que es víctima del pobre conocimiento de Australia y del lenguaje coloquial australiano por parte de algunos traductores españoles. En la página 12 de La bofetada (Barcelona: RBA, 2011, traducción de Ana Herrera), en el diálogo entre Hector y el dueño de la tienda de la esquina, el Sr. Ling le pregunta a Hector: ‘You change smoke?’ La traducción al castellano (‘—¿Cambia de humo?’) desconoce el hecho de que en Australia, smokes es sinónimo de cigarettes, y por tanto la única traducción posible (no solamente porque es mucho más acorde con el contexto sino porque resulta, al menos, comprensible) sería ‘¿Cambia de marca?’. El Sr. Ling, casi con toda seguridad, es un inmigrante chino cuyo inglés es un tanto macarrónico. De ahí la parquedad de su vocabulario y la pobreza de su sintaxis.

5 may. 2011

Reseña: No era lluny ni difícil, de Joan Margarit



Joan Margarit. No era lluny ni difícil (Barcelona: Proa, 2010). 109 páginas.

Decía recientemente en una entrevista el gran poeta argentino Juan Gelman que, como poeta, el mejor modo de respetar a sus lectores es no pensar en ellos cuando escribe. Dar por sentado que un lector estará alerta para reescribir los poemas que uno escriba puede ser un óptimo fundamento para una filosofía poética. Joan Margarit también edifica poemas para que el lector los reconstruya desde su posición de lectura.

Margarit (nacido en 1938) ha sido galardonado a lo largo de su trayectoria literaria con dos importantes premios: el Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura español, y el Premi Nacional de Literatura de la Generalitat de Catalunya. No era lluny ni difícil es su último poemario. Es un íntimo estudio de las impresiones a que nos inducen la vejez y la evidente cercanía de la muerte.


La poesía de Margarit tiene el sólido sostén de la concisión y la sencillez, con imágenes directas y por lo general desnudas de adjetivos. En ‘Balada de la poesia’ (p. 25), Margarit reflexiona sobre su vida como arquitecto y poeta (‘He bastit estructures d’edificis’) y sobre el paso del tiempo (‘i jo m’he anat fent vell veient el sol/sortir a cops de martell rere les bigues’ – ‘and I’ve been getting old seeing the sun/rise by hammer blows behind the beams’), para concluir que tiene que seguir haciendo lo que ha hecho toda su vida: ‘el que mai no s’acaba: construir’; o también escribir.

Hay también en No era lluny ni difícil poemas que nos advierten, a los que somos un poco más jóvenes, de la amargura y decepción que conlleva la vejez. En ‘Aquí t’espero’, un hombre mayor siente, mientras le da cuerda a su reloj de pulsera, cómo la artritis en las manos le marca un tiempo mucho más despiadado, y una erección le hace rememorar tiempos de juventud. Pero no sonríe: ‘La força del silenci no canvia,/tampoc les lleis del món…’ – ‘The force of silence doesn’t change,/neither do the laws of the world…’

En No era lluny ni difícil Margarit nos habla principalmente de dos temas: el amor y el agotamiento de nuestro tiempo en la tierra, el invierno de la vida. El presentimiento de la cercanía de la muerte queda expresado en diversas pero poderosas imágenes: con el invierno y el frío (en ‘Lírica dels 70 anys’), o con la luz en la boca de un túnel al que todos vamos acercándonos (en ‘Túnel’).

No todos los poemas en No era lluny ni difícil tienen el carácter intimista que predomina en el volumen. Hay también referencias a la guerra civil española y sus imborrables secuelas en la vida de los que, como Margarit, crecieron en la crueldad de la posguerra y en el régimen represor fascista de Franco (‘Una història’); o una mirada nostálgica al mayo del 68 francés tomando nota de las calles de París en la primera década del siglo XXI.

En el epílogo al libro, Margarit nos habla de un tiempo, este tiempo presente, que no es el suyo. Es, en mi opinión, un texto que merece mucha consideración, y por ello incluyo la traducción de algunos fragmentos especialmente elocuentes al inglés:

 
‘No era lluny ni difícil. Ja és aquí aquest temps, que no és el meu, en el qual visc amb una barreja agredolça de proximitat i distància. […] No, aquest temps no és el meu, però és ara quan, en bona part gràcies a la poesia, sento unes ràfegues d’alegria tranquil•la que anys enrere desconeixia. […] Penso que l’assumpció d’aquests sentiments [la soledat i la tristessa] és com un mecanisme de rellotgeria que la vida va activant per situar la mort en un horitzó familiar. He entés les respostes més perilloses que la proximitat de la mort pot generar i que se situen entre dos extrems: la desesperació i la fugida cap endavant, és a dir, la submissió a valors de la joventut. Per tant, també, una forma de la desesperació.’

‘It was neither far nor difficult. Here is this time that is not mine, in which I live with a mixture of both proximity and distance. […] No, this time is not my time, but it is now when, mostly thanks to poetry, I can feel the gusts of a calm gladness that I did not know years ago. […] I think that assuming these feelings [loneliness and sadness] is like a clockwork mechanism that life activates, so that we can place death on a familiar horizon. I have come to understand the most dangerous responses that the nearness of death can generate; they are situated between two extremes: desperation and going for broke, that is to say, submission to youth values. Therefore, a form of desperation, too ’.

Como decía Gelman, el poeta demuestra su consideración por el lector al no pensar en la reacción del lector mientras escribe. De igual modo, el propio Margarit subraya algo muy similar en su epílogo: ‘No he trobat una manera millor d’estimar els altres que l’exercici de la poesia, a vegades com a lector i a vegades com a poeta – he dit en moltes ocasions que per a mi les dues opcions són el mateix – i posant […] la mateixa honestitat que desitjaria i procuro practicar en qualsevol aspecte de la vida’ – ‘I haven’t found a better way to care for others than poetry, sometimes as a reader and sometimes as a poet – I have often said that both options are the same to me – and placing the same degree of honesty I should wish and I try to practise on any aspect of life.’

En la contraportada de No era lluny ni difícil figura uno de los más bellos poemas que he leído en mucho tiempo, y con el cual me identifico muy intensamente. ‘Tancant l'apartament de la platja’ describe un momento muy íntimo, muy personal, lleno de una emoción terrible, profunda, inconcebible para muchos. No todos los lectores pueden aspirar a imaginarla; otros, en cambio, podemos sentirla cada vez que salimos de casa y la dejamos vacía.


Tancant l’apartament de la platja

Ja està net i endreçat.

Els armaris tancats, com les finestres.

No ens hem descuidat res damunt dels mobles.

El dormitori amb el llit fet,

la tauleta de nit amb el retrat

de la noia amb els ulls il•luminats

per un somriure.

Tot l’hivern sola i escoltant el mar.



Closing the beach apartment

It’s now clean, tidied up.

The cupboards are shut, the windows too.

We’ve left nothing lying about on the furniture.

The bed is made in our bedroom,

on the bedside table sits the portrait

of our girl, whose eyes are brightened up

by a smile.

Alone all winter, she’ll listen to the waves.




Fins i tot, ara mateix, em sembla que jo mateix puc escoltar aquest brogit de les ones, tan familiar…

4 may. 2011

Reseña: The Prisoner of Mount Warning, de Michael Wilding



Michael Wilding, The Prisoner of Mount Warning (North Melbourne: Australian Scholarly Publishing, 2010). 240 páginas.

‘Cuando sonó el teléfono, Plant lo cogió. Fue ese un error que no hubiera cometido en tiempos mejores. En otros tiempos. Hoy en día no sonaba con mucha frecuencia, pero su injustificado optimismo y una curiosidad sin causa aparente pudieron con él. Una vez más.’ Así comienza esta curiosa novela de Michael Wilding. El protagonista, Plant, es un escritor que ha tenido que dedicarse al periodismo de investigación para poder vivir.

Esa llamada telefónica le llevará a una reunión en un restaurante de Sydney, donde el editor de la sección de cultura de un importante rotativo le ofrece un trabajo. Plant tiene que encontrar a un hombre llamado Dorritt, quien según parece está escribiendo un libro, en el cual revelará un episodio de la década de los setenta, alegando que fue secuestrado, torturado, drogado y sometido a vejaciones sexuales por los miembros de un cenáculo libertario y alternativo en una granja cerca de Mount Warning, en las afueras de Byron Bay, Nueva Gales del Sur.

Plant logra contactar con Dorritt y empieza a hacer averiguaciones acerca de lo sucedido. Descubre que Dorritt estaba realizando una investigación sobre revistas y periódicos alternativos producidos por grupos de tipo hippy cuando fue víctima de una aguda crisis nerviosa.

Pero entre sus averiguaciones se incluye la curiosa coincidencia de que el editor, Huxter, su amiga Angela Dark y un negro literario, escritor de discursos para políticos, llamado Ghostly Sperrit (!), formaban parte de uno de esos cenáculos alternativos a los que Dorritt investigaba cuando fue víctima del rapto.

Enredado en una trama de espionaje y vigilancia en la cual muy pronto se convierte él mismo en blanco, Plant intenta aclarar su situación acudiendo a su amigo Fullalove. ¿Es paranoia, o quizá Fullalove está también conchabado con Huxter?

The Prisoner of Mount Warning es un thriller cargado de buenas dosis de humor. Cuando Plant se adentra en Byron Bay y en las montañas del interior de la zona, nos recuerda en gran medida al Larry ‘Doc’ Sportello de la última novela de Thomas Pynchon, Inherent Vice, que ya reseñé (haz clic aquí) en su momento.

Wilding nos lleva en un regreso a veces nostálgico a la maravillosa década de los 70, cuando mucha gente tenía la firme convicción de poder cambiar el mundo. La tesis que sostiene The Prisoner of Mount Warning es sin embargo pesimista. ¿Y si todo aquello fue un montaje? ¿Es todo en el sistema una representación? Con sus diálogos ágiles y vivaces y mucho ingenio, Wilding divulga con estilo, no exento de elegancia, su perspicaz observación de la sociedad australiana y del lenguaje que emplean aquellos que se saben poderosos. Una novela muy divertida.

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