22 nov. 2018

Reseña: The Children Act, de Ian McEwan

Ian McEwan, The Children Act (Londres: Jonathan Cape, 2014). 216 páginas.
En los estados en los que, por fortuna para sus ciudadanos, la justicia es independiente, transparente, eficaz y (paradójicamente) justa, las intervenciones de magistrados y jueces apenas causan revuelo. Los expertos en leyes y jurisprudencia hacen su trabajo, luego se van a su casa y Santas Pascuas. Como mucho, si se da alguna causa judicial que, por sus características, despierte la curiosidad de la prensa o el interés de la ciudadanía en general, los más altos próceres de la Justicia tratan por todos los medios de mantener su ecuanimidad y dispensar eso que se les pide a cambio de sus emolumentos: justicia.

La trama de The Children Act gira en torno a una jueza del Alto Tribunal del Reino Unido,  Fiona Maye, dedicada a casos de temas de familia – principalmente asuntos de custodia de menores en casos de separación y divorcio. A sus cincuenta y pico años, sin hijos y un marido académico entusiasta del jazz, se encuentra de repente en un momento harto difícil, cuando el marido le plantea la necesidad de acometer cambios vitales antes de que sea demasiado tarde. Vamos, como la vida misma.

Tras plantearle un ultimátum, Maye prefiere ignorar los razonamientos del esposo, y zambullirse de lleno en su trabajo. ¿Para qué enfrentarse a los problemas personales cuando uno tiene a mano numerosos problemas ajenos que resolver?

Y para muestra, un botón. O mejor, un chico de diecisiete años que padece una leucemia, que podría tratarse y posiblemente resolverse con una trasfusión de sangre. El problema es que Adam, el adolescente, es testigo de Jehová, y sus padres lo han convencido de la bondad de dejar que la enfermedad siga su curso. De manera que la jueza se va al hospital a entrevistarlo antes de emitir su decisión.

Y esa decisión, a la larga, marcará a Maye de manera indeleble. Como en muchas otras novelas de McEwan, un inesperado episodio cambia las vidas de personajes. La incertidumbre los atrapa. Y a quién no, añadiría uno.

Muy lejos queda en el tiempo el McEwan que descubrí en mi juventud, el de First Love, Last Rites, In Between the Sheets o The Cement Garden. En The Children Act no hay ya ni una pizca de la escabrosidad y la latente amenaza que se cernía sobre sus protagonistas. Hay, eso sí, un exhaustivo análisis de la jurisprudencia sobre casos legales en los que el estado debe decidir entre los derechos parentales y los de los menores a su cargo.

Gray's Inn Square, Londres. El corazón legal del Reino Unido. Fotografía de Chensiyuan.
De hecho, a uno le queda la sensación de que The Children Act era en realidad un cuento, que quizás haya sido extendido algo artificiosamente. Hay en él mucho material jurídico y filosófico, del que la trama no precisa. No se le puede negar a McEwan su enorme capacidad para crear personajes repletos de dilemas y defectos tan humanos como los nuestros, pletóricos protagonistas sobrados de aliento vital. Pero The Children Act, para mi gusto, es algo flojita como narrativa. Nada deslumbrante.

Apareció en 2015 en castellano (en traducción de Jaime Zulaika) como La ley del menor, i en català (en una traducció a càrrec d’Albert Torrescasana) com La llei del menor, ambdues publicades per Anagrama.

4 nov. 2018

Reseña: Quicksand, de Steve Toltz

Steve Toltz, Quicksand (Melbourne: Penguin, 2015). 435 páginas.

Dada la gran propensión al juego entre los australianos, y la muy extendida creencia en la fortuna como influencia decisiva en nuestras vidas, no es de extrañar que la literatura australiana contemporánea guarde un lugar especial para un arquetipo masculino bastante llamativo: es el born loser, el perdedor nato al que todo le sale mal y al que la mala suerte persigue sin cesar. Un ejemplo entrañable sería Sam Pickles, del ya clásico Cloudstreet, de Tim Winton. La idea es que la mala suerte te persigue, o como decía Rubén Blades de su ‘Pedro Navaja’, “Si naciste pa’ martillo, del cielo te caen los clavos”.


El loser de Quicksand no se llama Pedro, sino Aldo. Aldo Benjamin. A sus 42 años, parapléjico, ha sobrevivido a unos cuantos intentos de suicidio y a múltiples accidentes, traumas físicos y mentales, además de una temporada en chirona, donde es vejado, violado, agredido y humillado en un sinfín de ocasiones. Y al día siguiente de salir de la cárcel, lo vuelven a acusar de asesinato.

Desde su más tierna infancia, todo intento de abrirse camino en la vida le ha salido mal a Aldo. Ya muy joven pierde a su hermana en un accidente en Bali. Después muere su padre. Al poco tiempo, y todavía virgen, es acusado de una violación en el instituto. Nada le sale bien a Aldo, y con cada intento de crear un negocio lo único que consigue es una jauría de acreedores. Es, en las palabras que el narrador escoge para titular una de las partes del libro, “El rey de los errores no forzados”.

El narrador es el mejor amigo de Aldo, Liam: de profesión, agente de policía, de vocación, escritor. Toltz explicó en una entrevista con el SMH en abril de 2015 que Quicksand es en cierto modo un producto secundario de la extremadamente hilarante A Fraction of the Whole, que reseñé aquí hace ya la tira de años. Como en su primera novela, Toltz construye personajes muy locuaces, pletóricos. La principal diferencia es que, si en A Fraction of the Whole la ironía es absolutamente desbordante, en esta novela “hija” el humor presenta una tendencia hacia lo lúgubre de la cual nunca se escapa el texto. El título apunta a nuestra existencia como unas arenas movedizas: para Aldo, la vida ha resultado ser una suerte de condena ineludible. La portada alude al mito de Sísifo.

La preponderancia del humor negro, esa tendencia tan oscura, resultan no solo desconcertantes, sino agotadores. La narración avanza en forma de una infortunada anécdota tras otra, de desgraciado episodio tras otro, en un texto repleto, eso sí, de frases ingeniosas, metáforas y símiles extremos, y sinsentidos varios. A excepción de Aldo (un libro en sí mismo, sin duda alguna) ningún otro personaje adquiere la profundidad necesaria que les realce.

Zetland: Territorio Aldo Benjamin. Fotografía de Maksym Kozlenko.
Porque es cierto: Aldo Benjamin da para muchísimo, tanto que a ratos te deja exhausto. Quicksand trata todos los grandes de temas del ser humano: amor, mortalidad y destino son predominantes, pero también aparecen el duelo, la familia, la amistad y el sexo, el arte y el absurdo, nuestro sentido del deber o su ausencia, la libertad, la honradez, la duplicidad; una larguísima lista que incluso podría ampliarse.

Consciente de que lo suyo pudiera ser la mala suerte de vivir una inmortalidad no deseada, Aldo emprende el trayecto último de un ascetismo espectacular, aislándose en un ficticio islote rocoso frente a las costas de Sydney y sufriendo las inclemencias del tiempo (y los ataques de los cangrejos). Es paradójicamente el único negocio que le sale bien: pronto le surgen millones de adeptos y seguidores en internet. Pasados los meses, cuando la novedad ya ha pasado y los vendedores ambulantes han abandonado la playa, Liam acude al islote y ya no encuentra a Aldo. ¿Es de verdad inmortal?

Quizás no haya funcionado tan bien como esperaba Toltz el extirpar a un personaje de un manuscrito para que dé a luz a otro. Con toda la creatividad que demuestra el autor en Quicksand, no alcanza la genialidad y brillantez de Una parte del todo.

5 oct. 2018

Entrevista a TeleSafor


Juli Capilla and I were interviewed by Daniel Ardid for a local TV station. This is part of the launch of Subhash Jaireth's Després de l'amor. The whole interview was conducted in Catalan.

26 sept. 2018

Reseña: Tintin and the Secret of Literature, de Tom McCarthy

Tom McCarthy, Tintin and the Secret of Literature (Londres: Granta Books, 2006). 211 páginas.

Guardo muy pocos (y más bien imprecisos) recuerdos de mis bisoñas lecturas de los tebeos de Tintín, de cuando yo era un imberbe jovencito. En aquella época no me parecieron relatos asombrosos: entretenidos sí, sin duda, pero nada extraordinario. De hecho, pasé rápidamente a la lectura de textos desprovistos de materiales gráficos (Los tres investigadores me tuvieron muy ocupado todo un larguísimo verano). Solo recientemente me he sorprendido a mí mismo redescubriendo las virtudes de la novela gráfica.

Elenco de sospechosos habituales.
Esta bastante informal colección de ensayos sobre Tintín de McCarthy busca la deconstrucción crítica de la obra de Hergé. McCarthy se pregunta en un principio si Tintín pudiera considerarse alta literatura en el sentido más aceptado del término. La respuesta, obviamente, sería no. Pero McCarthy insiste en examinar los libros de Hergé como textos literarios (que lo son, sin duda, si bien no del nivel que quizás muchos quisieran otorgarles), y trata de hilar muy fino a la hora de buscarle significados y explicaciones a muchos de los elementos de Tintín en la vida personal de su autor, Georges Remi.

El creador y su criatura. Fuente: Wikipedia.
El volumen se divide en siete capítulos, de los cuales, en mi opinión, el mejor es el primero. Quien no recuerde en detalle las distintas tramas de los 24 títulos de la serie de Tintín va a sentirse un poco perdido en los otros, pues McCarthy hace continua referencia a ellos. Las obsesiones presentes en las novelas que Tom McCarthy ha publicado hasta la fecha (Remainder, Men in Space, C, y Satin Island) son también objeto de estudio en Tintín: el simulacro, la copia, la reproducción, el plagio. El aspecto más elemental y necesario de todo arte que se precie de serlo: la asombrosa originalidad que nos permite la imitación de otros, y que iniciamos desde la más tierna infancia imitando los sonidos que escuchamos de nuestra madre.

Todo artista merece un museo. Museo Hergé, Bélgica. Fotografía de Christian de Portzamparc.
Me temo que este libro de McCarthy no envejecerá demasiado bien. No llega a ser un estudio académicamente serio, y para ser un comentario desenfadado quizás tenga cierto exceso de densidad intelectual. Ni crudo ni cocido. Pero lo verdaderamente intrigante, desde mi punto de vista, será ver qué ocurre con Tintín cuando los derechos de propiedad intelectual pasen a dominio público. ¿Cuántos originales imitadores de Hergé saldrán a la palestra? ¿Y qué medios utilizarán? ¿Habrá alguien que lea estas líneas cuando todo eso ocurra? Si es que llega a ocurrir, claro está. ¿A alguien le importa?

El libro ya se tradujo al castellano (Tintín y el secreto de la literatura), publicado en 2007 por la editorial El Tercer Nombre, en traducción de Mercedes Fernández Cuesta y Mario Grande.

22 sept. 2018

Reseña: Dark Chapter, de Winnie M Li

Winnie M. Li, Dark Chapter (Londres: Legend Press, 2017). 379 páginas.
Si tú fueses la víctima de un suceso traumatizante, sea por sus características trágicas o sea porque entrañó violencia, ¿crees que escribir una ficción basada en los hechos reales te ayudaría a dejar atrás en alguna medida ese trauma? Se trata posiblemente de una pregunta sin respuesta.

Yo mismo, que sobreviví a una catástrofe ciertamente traumatizante, jugueteé con la idea de escribir algo, con la noción de recrear en una ficción una buena parte de aquello por lo que pasé. Aparte de algunos poemas y relatos que poco o más o menos sublimaban la realidad de lo (sobre)vivido, pronto dejé de plantearme la posibilidad de escribir mi historia.

Valga lo anterior como introducción a esta tremenda novela de la estadounidense Winnie M. Li, quien sufrió un violento ataque sexual mientras trataba de recorrer ahora hace ya una década un sendero en el Colin Glen Forest Park, al oeste de Belfast. A la distancia de los años transcurridos la autora y víctima agrega otro grado de separación: la protagonista de esta novela se llama Vivian y, como Li, es de ascendencia taiwanesa.

Mapa de senderos en el Colin Glen Forest Park

Sin embargo, no es esta la única técnica de distanciamiento que emplea la autora, pues Li escoge contar la historia mediante una doble narración paralela, con dos puntos de vista contrapuestos. Por un lado, la de la mujer violada, y por otro, el del violador, Johnny, un muchacho que cuenta con apenas 15 años, frente a los casi treinta de Vivian.

Ese contraste de puntos de vista narrativos se va haciendo más efectivo a medida que avanza la novela. Si bien al comienzo la voz narrativa de Johnny no parece tan verosímil como uno quisiera, a partir del primer punto de intersección de ambas voces (el crimen, la doble violación en el parque forestal) cobra credibilidad y significación. El segundo punto en el tiempo en el que se cruzan es tan impactante como el primero: se trata del silencioso reencuentro de víctima y victimario en el tribunal que juzga el crimen más de un año después.

Li realiza además una exitosa caracterización de ambos personajes (basada en los protagonistas reales de esta horrible historia). Así, la viajera estadounidense Vivian a sus 29 años persigue el triunfo profesional; graduada de Harvard (pero, a diferencia de otros, no en Aravaca), le encanta viajar y hacer caminatas en solitario.

Johnny, por su parte, procede de una familia pobre numerosa y vive a salto de mata en una caravana con su padre, un tipo arisco, alcohólico y violento, y su hermano mayor, ladrón ya convicto y que trata de enseñarle a Johnny todas sus malas artes. La madre vive en Dublín con las hijas. Es por supuesto víctima de un sistema que le ha cerrado las puertas desde su nacimiento: lo cual no justifica en modo alguno su comportamiento criminal.

Es muy evidente que la violencia que acompaña al delito de violación no queda limitada al acto mismo: la violencia y la insensibilidad persisten en el modo en que el sistema policial, judicial y la sociedad misma indaga en estos crímenes y cómo los juzga – o, en el caso de cierto sector de la sociedad española, incluso los tolera, como ocurrió recientemente con ese hatajo de delincuentes autodenominado La Manada.

Si a las huellas de esa violencia se añaden los resultados de una inercia social generalizada, las cicatrices quedan abiertas y no se cierran nunca: Vivian relata con todo detalle el proceso: entrevista tras entrevista con la policía, con médicos, los exámenes y fotografías posteriores, los tratamientos clínicos, las reacciones de amistades, conocidos y compañeros de trabajo, las sesiones de terapia psicológica, y muchas más cosas, para luego tener que revivirlo todo en el juicio, con un interrogatorio casi vejatorio por parte del abogado defensor, en un espacio (el juzgado) en el que todas las miradas se dirigen a ella.

¿Es éste un libro necesario? Quizás lo sea, aunque estoy convencido de que para muchas personas su lectura será sin duda difícil.

16 sept. 2018

Reseña: El manual de Dímir, de Ricardo Steiner

Ricardo Adrián Steiner, El manual de Dímir (Buenos Aires: Contemporánea, 2009). 83 páginas.

Esta es una breve recopilación de cuentos del género detectivesco, que adopta como título el del primero. Están precedidos por una ‘Nota aclaratoria’ a cargo de Luisa Anastasio, un prólogo que destaca algunas de las virtudes (que las hay) en estos cuatro relatos.

Steiner se deleita en plasmar paradojas y aparentes contradicciones: ‘El manual de Dímir’ presenta a un asesino-autor, Dímir, obsesionado en la preparación de un manual para acabar con su enemigo, Fulson. El manual explora las diversas posibilidades para llevar a cabo la ejecución. El desenlace aporta un cambio radical de punto de vista narrativo: de pronto es Fulson quien nos está contando la historia. El final no es únicamente sorprendente; se trata de una ingeniosa solución de corte metaliterario.

Por nada del mundo llevaría tamaño peso a la espalda. Una Underwood. Fotografía tomada de Wikipedia.
El segundo cuento es ‘Buscando a Nelson’. El narrador es un viejo amigo de Nelson, escritor “medio encorvado, como si con los años el peso de la máquina de escribir se le hubiera subido a la espalda.” (p. 34) Aficionado a la ginebra a palo seco, Nelson se presenta en un bar con un último relato, ‘El caso de Carmen’, el definitivo, y le reta al narrador a encontrarlo a él, Nelson, en ese relato. Afanándose por encontrarlo, el narrador se devana los sesos infructuosamente, leyendo y releyendo el relato sin encontrar pista alguna. ¿Qué sorpresa le tenía preparada Nelson? ¿Cómo concluye esta trama? ¿Fue Nelson mucho más avieso que el narrador?

En el tercer cuento, ‘La extraña muerte de Aníbal’, Steiner utiliza diestramente el recurso de comenzar el relato del crimen por el desenlace, la muerte de Aníbal, y retroceder en el tiempo hasta revelar la causa de la muerte de Aníbal, enlace sindical de una empresa dedicado a rescindir contratos de manera amigable, y el victimario, quien lo narra todo en primera persona.

El cuento que cierra el volumen lleva por título ‘El quinto cadáver’, y es el más previsible de los cuatro. El narrador, un portentoso investigador que se ha labrado una excelente reputación y que vive de esos laureles recibe la llamada de Lorni, jefe de la brigada y excompañero del narrador que investiga una serie de crímenes que apuntan sin duda a un asesino en serie. ¿Sabrá descubrir a tiempo el narrador quién es el asesino?

Con apenas 80 páginas, El manual de Dímir no deja de ser una breve pieza de entretenimiento, carece de pretensión alguna por dejar una huella de grandes presunciones literarias. Gracias nuevamente al Turco Anad por facilitarme la lectura de este libro y otro posterior del autor, La hora difícil.

6 sept. 2018

Reseña: Imperial Twilight, de Stephen R. Platt

Stephen Platt, Imperial Twilight: The Opium War and the End of China's Last Golden Age (Londres: Atlantic Books, 2018). 529 páginas.
Pongamos por caso que un estado fomentara de manera activa y deliberada la exportación de un producto altamente nocivo o incluso mortal para los ciudadanos de otro estado, y que el primero arguyera que los principios del libre comercio están por encima de cualquier principio moral que indujese a los gobernantes del segundo a tratar de impedir como fuese la entrada de ese producto.

Algunas mentes (perversas a todas luces, seguro que sí) bien podrían pensar que estoy hablando de la venta de armas de todo tipo en este siglo XXI en que nos ha tocado vivir. Y no le faltaría razón a quien denunciase un caso así. De hecho, muchos de esos estados son las (atención, que esto roza el sarcasmo) democracias occidentales; en ellas, ciertas empresas que cuentan con un fuerte apoyo institucional de sus gobiernos crean numerosísimos puestos de trabajo en la producción de productos altamente mortales, los cuales se ocultan bajo un conveniente eufemismo, el de “material de defensa”.

Terminó la guerra pero no la causa. Fumadores de opio. Imagen de Archibald Little (1838-1908) - Archibald Little, The Land of the Blue Gown
La bandera de la dinastía Qing. Imagen de Sodacan.
Hace ahora cerca de 175 años Gran Bretaña declaró la guerra al imperio chino. Esa guerra pasó a la historia como ‘La Guerra del Opio’, y el libro de Platt (el mejor libro de historia que he leído desde mi época de estudiante universitario) cuenta de manera brillante no la conflagración en sí misma, sino los orígenes, las causas y las personalidades de los protagonistas de este episodio de la Historia. La labor titánica de Platt en la investigación en archivos y su lectura minuciosa de la correspondencia de muchos personajes decisivos en esta historia hacen de Imperial Twilight un libro fabuloso.

Monumento a Lin Zexu en Macao. Fotografía de Abasaa.
El comercio británico en Asia estuvo durante muchas décadas regido por un monopolio, el de la muy conocida East India Company. A mediados del siglo XVIII, China únicamente ofrecía un puerto al comercio, la ciudad de Cantón. Los británicos compraban principalmente té y seda, y les vendían tejidos de algodón. Con el paso de los años, el contrabando de opio fue ganando preponderancia pese al rechazo de las autoridades chinas. En cuestión de años el volumen de baúles de opio que entraban ilegalmente en China creció geométricamente. El opio se producía en la India bajo dominio británico, y era transportado en barcos hasta las costas chinas.

Tras un par de largos viajes a China, George Staunton llegó a ser parlamentario en Westminster. Fotografía de Martin Archer Shee.
Ya desde mediados del siglo XVIII Inglaterra había tratado de conseguir favores comerciales de los emperadores. La primera embajada, liderada por Lord Macartney, llegó a Beijing en 1793 y fue rechazada a los pocos días en un clarísimo caso de pobre gestión de sensibilidades interculturales. La segunda la encabezó William Amherst en 1816, y le acompañaban George Staunton, experto conocedor de la lengua y cultura chinas, además de otros lingüistas y exploradores. También fue un gran fracaso.

"Jeejeebhoy fue el primer indio que llegó a ser caballero británico, y en 1857 la Reina Victoria le otorgó el título de 'baronet'. El nombre 'Sir J.J.', por el que es conocido coloquialmente, adorna hasta el día de hoy escuelas y hospitales en Bombay, como el gran benefactor de la ciudad en su pasado victoriano. Tal como describió con enorme entusiasmo uno de los diarios de Gujarat a su muerte en 1850, 'Sus hospitales, casas de beneficencia, obras hidráulicas, calzadas, puentes, las numerosas instituciones religiosas y educativas y sus donaciones señalarán para la posteridad al hombre a quien la Providencia seleccionó para la distribución de una bondad sustancial a una gran porción de la raza humana.' Del hecho de que buena parte de esa 'bondad sustancial', dispensada a una 'gran porción de la raza humana' fuera hecha posible por la venta a cargo de Jeejjebhoy, a través de Jardine y Matheson, de opio indio a los contrabandistas chinos, poco se dice." (p. 413, mi traducción). Tumba de Jeejeebhoy. Fotografía de Jack1956.
La corrupción que imperaba entre los oficiales chinos facilitaba la entrada de la droga ilegal. Cuando el emblemático Lin Zexu promulgó un edicto por el cual los contrabandistas de opio tenían que entregar sus existencias para ser destruidas, la escena quedaba servida para una confrontación en la que China, cuyas naves eran terriblemente inferiores a las europeas, fue humillada en una relativamente breve guerra (1839-1842). China tuvo que pagar reparaciones de guerra (es decir, tuvo que pagar el opio destruido) y abrir sus puertos a los comerciantes británicos. Además, el imperio británico añadió la isla de Hong Kong a su ya larga lista de colonias en todo el mundo. Fue el comienzo del crepúsculo de la China imperial al que hace referencia el título.
Vista de Hong Kong, tal como era en 1843.
Hong Kong en nuestra década. Fotografia de Estial.
Un relato escrito con absoluta exquisitez, en una edición cuidadosamente anotada, que describe para el lector las amistades y enemistades surgidas en lo que fue resultado de un proceso de globalización imparable. Platt denuncia (y demuestra con datos históricos) la manipulación y tergiversación que ciertos comerciantes, narcotraficantes, misioneros y políticos llevaron a cabo para retratar la China imperial como país inmanejable, xenofóbico y hostil, y escalar una situación solucionable hasta el conflicto bélico. Un gran libro.

29 ago. 2018

Reseña: Nobody Move, de Denis Johnson

Denis Johnson, Nobody Move (Londres: Picador, 2009). 196 páginas.
Esta novela de Denis Johnson (fallecido en 2017), cuya The Laughing Monsters reseñé en su momento, la escribió originalmente Johnson como novela por entregas para la revista Playboy en 2008. Nobody Move [Que nadie se mueva] explora el género de la novela negra con una parquedad verdaderamente sublime. El número de personajes protagonistas es el mínimo requerido para una novela de este calibre: son tres. Además, están los secundarios, a los que por supuesto Johnson hace caer como moscas: igualito que en aquellos anuncios de Raid que veíamos en la España de la “Transición modélica” (y que ahora me parecen tan cutres) de los 80.

Personajes secundarios de una novela negra... Todo buen autor los mata bien muertos.

Se abre el telón y aparece Jimmy Luntz, quien con ese nombre no puede ser otra cosa que un perdedor. Además, lleva puesto un esmoquin blanco, el color ideal para que chille la sangre. En el bolsillo de la camisa lleva la hoja de las carreras del hipódromo de Santa Anita. Jimmy ha estado participando con el coro al que pertenece en un concurso. Han quedado decimoséptimos de entre veinte. Podría ser peor.

Y, de hecho, lo es. Porque al salir del centro de convenciones le está esperando Ernest Gambol. Este viene a cobrar las deudas que Luntz tiene con un tal Juárez. Vente conmigo, Jimmy, le dice. En vez de pedirle que espere a que se cambie de ropa, Jimmy se sube al Cadillac con Gambol. Tras un par de horas en el coche, Luntz decide que no va a dejar que le maten, así que se adelanta y le dispara a Gambol. Pero no lo mata. Craso error. Ahora le tocará huir.

En su huida conoce a una mujer que también huye, y curiosamente, se llama Anita. La joven ha sido acusada (y condenada) de un desfalco de 2,3 millones de dólares, que ha cometido su marido. Diríase que ninguno de los dos tiene mucho que perder, siempre y cuando la una consiga deshacerse del ex y del juez con el que éste se ha conchabado, y el otro consiga despistar a Gambol y Juárez.

En un paso subterráneo como este ocurren cosas... Bienvenidos a Alhambra, California. Fotografía de Ken Lund, de Reno, Nevada. 
En apenas 190 páginas Johnson cuenta una enorme historia, y lo hace con muchísimo humor (muy, muy negro), diálogos vibrantes, repletos de ironía, y escuetos esbozos de lugares, ambientes y acciones. Trepidante es sin duda la palabra.

¿De dónde ha salido Jimmy Luntz? No se sabe, pero una anécdota de su niñez lo retrata perfectamente: cuando alguien le ofrece unos dólares por limpiar un remolque, Jimmy lo hace a conciencia, empleando hasta cinco días para terminar la faena. Cuando llega el momento de recibir su pago, le ofrecen dos opciones: el dinero en efectivo o un boleto de lotería. Jimmy elige lo segundo. Y no hace falta que te diga lo que pasa, ¿verdad?

¿Podrán darles el esquinazo a los pistoleros? ¿Es Anita el amor definitivo para Luntz? ¿Quién saldrá vivo de todo este enredo? ¿Quién sale ganando? Pues el lector, claro está: quien disfrute del género, gozará con Nobody Move. Muy recomendable.

23 ago. 2018

Reseña: Driving Short Distances, de Joff Winterhart

Joff Winterhart, Driving Short Distances (Londres: Jonathan Cape, 2017)
El narrador de Driving Short Distances es Sam, un hombre joven (27) que en estos tiempos tan difíciles se ha visto abocado a un fracaso empresarial, y quien, como cabría esperar, ha sufrido un fuerte descalabro psicológico. Ha vuelto a la casa de su madre (el padre es una figura ausente, o más bien huida, y severamente denostada por algunos). Sam parece dispuesto a volver a recomenzar desde cero.

That Sam I am, that Sam I am... Am I that Sam?
Fruto de una conversación con la madre, un cincuentón llamado Keith Nutt se ofrece a darle a Sam una oportunidad de trabajar y recuperar de alguna manera su confianza y autoestima. La paga es exigua, y el trabajo, según vamos descubriendo, consiste en acompañar a Keith en su deambular automovilístico de una oficina a otra, recorriendo distancias muy cortas, en un lugar que parece insinuarse como un indeterminado pueblo sin alma de Inglaterra.

Keith habla y habla y habla. Le cuenta historias sin un propósito claro a Sam, quien se conforma con esperarle en el coche (un Audi A4 con el volante a la izquierda, es decir, europeo) y de vez en cuando charlar los recepcionistas de los lugares que visitan. Poco a poco Sam parece asentarse en una rutina: de hecho, el almuerzo es casi siempre lo mismo. Dos empanadas de carne que compran cada mañana en la panadería del pueblo, donde las empleadas hacen gala de un descaro que enoja a Keith, pero divierte a Sam.

En la panadería, dos empanadas y... una rosquilleta.
Con el paso de las semanas y los meses, Keith le asigna otras tareas al joven. Entre ellas, sacar a su perrita Cleo a pasear y hacer sus necesidades. Sam está empezando a conocer a Keith mucho mejor. Sabe, por ejemplo, que, cuando se reúne con sus amigos en el pub, en vez bebérsela, vacía su pinta de cerveza tras una planta del jardín. Sabe que vive solo, que se siente tremendamente vulnerable en compañía de mujeres a las que ya conoce, que es un gruñón y que en realidad menosprecia a los jóvenes, y asimismo que le cuesta horrores reconocer que puede estar equivocado. ¿Por qué está entonces sirviéndole de mentor a Sam?

Y qué decir de Sam: un chico desintonizado con el mundo actual, frágil de carácter, inseguro de sí mismo, un bicho raro en muchos sentidos. ¿Están hechos el uno para el otro?

Una verdadera obra de arte, Sam
El detonante de la resolución de esta historia se produce cuando Keith le pide a Sam conducir. Un día, mientras está haciendo marcha atrás para aparcar, Sam golpea el coche y daña las luces de freno y el parachoques trasero.

Contada así, quizás la historia no le resulte muy atractiva a muchos lectores, pero el hecho es que los dibujos de Winterhart Driving Short Distances son elocuentes, dan a entender mucho más que las palabras que los acompañan, complementando el texto perfectamente. El autor presta mucha atención a los pormenores físicos, y la narración de Sam es lo bastante escueta como para no distraer al lector del componente gráfico, que es el predominante en la obra.

Incluso para alguien como un servidor, que hasta hace apenas un par de años no tenía apenas interés por la novela gráfica, Driving Short Distances ha resultado ser una deliciosa lectura. Los dos personajes principales reciben al mismo tiempo un tratamiento humorístico sin perder la sobriedad, en un relato que detalla lo trivial de sus vidas, que vendrían a ser las vidas de una infinidad de personas, y aun así Winterhart consigue con ello encender una chispa de interés.

20 ago. 2018

Reseña: The Leavers, de Lisa Ko

Lisa Ko, The Leavers (Chapel Hill, NC: Algonquin Books, 2017). 335 páginas.
Peilan Guo es una joven nacida en una humilde aldea china llamada Minjiang. Huérfana de madre, Peilan aspira a conseguir sacar de la miseria a su padre, pescador que apenas consigue llenar la mesa cada noche. ¿Cómo mejorar su nivel de vida? Hay que emigrar, y Guo lo hace. Primero a la capital de la provincia, Fuzhou, donde Peilan coserá inacabables turnos seis días por semana en una fábrica textil hasta terminar extenuada. ¿Sería suficiente para salir de la pobreza?

El centro de Fuzhou, en fotografía de Rolf Baur en 2007.
Pero cuando queda embarazada de su novio del pueblo, decide emigrar mucho más lejos: los Estados Unidos. Con el dinero de un prestamista y el apoyo logístico de los contrabandistas de personas entra en el país de manera ilegítima. Desde ese momento su vida penderá de un hilo, y lo sabe. En Nueva York, Peilan (que ahora se llamará Polly) da a luz a su hijo, al que llamará Deming. Cuando no puede hacerse cargo de él, lo devuelve a China para que sea el abuelo quien cuide del niño.

A los pocos años, sin embargo, el abuelo muere, y Deming regresa con ella a Nueva York. El chico crece como cualquier otro muchacho de Chinatown. Su madre ambiciona una vida mejor para él. Salir de Nueva York y encontrar un trabajo mejor pagado sería un sueño hecho realidad. Florida podría ser ese lugar soñado.

Un día la madre de Deming no vuelve del trabajo que había conseguido en el salón de manicura donde estaba trabajando. Van pasando los días y no hay noticias de ella, y Deming no tiene muy claro qué hacer. Su instinto es echarse a sí mismo la culpa.

Con once años, sin nadie que quiera (o pueda) hacerse cargo de él, Deming es adoptado por una pareja de académicos que no han tenido nunca hijos, Kay y Peter. Desde ese mismo momento su identidad legal es diferente: Daniel Wilkinson. Tras haber pasado años en un diminuto apartamento del Bronx donde solamente se hablaba el dialecto chino de Fuzhou, Deming/Daniel tiene una enorme habitación para sí mismo en una casa enorme. Pero adaptarse a ser adoptado no es fácil. Deming es el único alumno chino en la escuela de Ridgeborough. Es el objeto de miradas casi insultantes, y de comentarios abiertamente racistas. De pronto ya no tiene a nadie con quien hablar en su lengua materna.

Unos diez años más tarde, Daniel recibe un email de Michael, el chico con quien muchos años compartió horas frente a la tele y un colchón donde dormir en el Bronx. En la vida de Daniel reaparece Deming, y los interrogantes sobre qué pasó con su madre se vuelven muy insistentes. Y lo que es peor: su adicción al juego en línea le ha llevado a un callejón sin salida. Solo la música parece ofrecerle un punto de anclaje personal.

Se trataba de imágenes de video de un disco de verdad, que giraba mientras Jimi Hendrix tocaba 'A Merman I Should Turn to Be' de 1983. Daniel y Peter estaban sentados y escuchaban cómo el tema se desaceleraba y luego volvía a coger ritmo. Arrastrándose, avanzando a un ritmo lento. "Esa cinta que va hacia atrás, es una pizca exasperante," le dijo Peter. "Pero en aquella época no les hacían falta las computadoras para hacer buena música." “Es un temazo, Papá. Uno de sus mejores.” (p. 248-9, mi traducción)

La novela está narrada con dos voces distintas: la de Peilan y la de Deming. Y el contraste es altamente efectivo. Mientras que la madre le habla en primera persona a un tú (Deming) en un tono confesional, la historia de Daniel/Deming se narra en tercera persona, desde el punto de vista del joven chino-americano.

Cuando el reencuentro con su madre tiene lugar, Deming conocerá la verdad de lo que sucedió, lo que le partió en dos mitades cuyos puntos de encuentro, pese a los años trascurridos, contienen algunas fisuras.

The Leavers se agrega a una larga lista de obras de ficción que exploran la experiencia migratoria. En el caso de Peilan Guo, el trauma parecería insuperable. En una época en la que ese discurso populista tan conservador, rayano en el puro fascismo, señala a los inmigrantes para buscar un fácil chivo expiatorio, cabe recordar que son muchos los casos en los que esos inmigrantes terminan estando en una situación mucho peor de la que se alejaron. Como en el caso de Polly, el sueño americano deviene en pesadilla.

Es sin duda alguna Peilan/Polly el personaje que mejor juego da en The Leavers. En ningún momento Lisa Ko busca otorgarle un estatus de ‘santa’, el de una madre próvida. Nadie es perfecto. Muy al contrario: en uno de los episodios que confiesa, Polly cuenta cómo abandona en un bolso al bebé Deming, alejándose a la carrera del lugar. Cinco minutos después, arrepentida, vuelve a recogerlo. La suya es una lucha diaria entre sus aspiraciones y la realidad cotidiana que las aplasta.

The Leavers no puede dejar a nadie indiferente. Los capítulos en los que Peilan narra su arresto y posterior internamiento en un campo de detención tienen el sabor de lo auténtico. Al lector le queda la sensación de que las fuentes de información que ha utilizado Ko son completamente verídicas, genuinas. Un buen libro, que se hizo merecedor del Premio PEN/Bellwether de 2017. La única pega que se le puede poner es la presencia de graves errores tras galeradas. Tres monstruosos ejemplos: “You needed a mother, and if I wasn’t a mother, than who was?” (p. 255); “The man he looked nothing like, whom, if he had been alive, would probably never accept Daniel as a true Wilkinson.” (p. 262); “Six ring roads, each one larger then the next…” (p. 282). ¿Cabe culpar a la tecnología de este tipo de errores? Albergo muy serias dudas.

3 ago. 2018

Reseña: The World Without Us, de Mireille Juchau

Mireille Juchau, The World Without Us (Londres: Bloomsbury, 2016). 293 páginas.

Los casos de colapso de colmenas se han ido multiplicando desde hace décadas. La desaparición de las abejas y de otros insectos amenaza con trastocar el orden natural, que afectaría (está ya afectando) a la especie humana.

La australiana Mireille Juchau construye una trama predominantemente lineal (con muchas escenas y episodios retrospectivos que ayudan a entender la situación actual de los personajes) en torno a la familia Müller en una zona remota del norte de Nueva Gales del Sur, en el interior de unas montañas que ella denomina Ghost Mountains, y que por la descripción que proporciona quizás corresponda a la zona cercana a Nimbin, el pueblito donde todavía persiste un estilo de vida alternativo, hippy y algo contestatario. Recuerdo que hacia finales de 2001, en mi única visita a esa parte de Australia hasta la fecha, te vendían marijuana en las calles.

Los bosques subtropicales que rodean Nimbin son lugares ideales para el cultivo de ciertas hierbas. Fotografía de Michael J Fromholtz en 2017
Al comienzo de la novela, Evangeline Müller es descubierta por el maestro de la escuela local, Jim, cuando ella se está desnudando en mitad del bosque y se dispone a meterse en el río. Los Müller se dedican a la apicultura, y han sufrido la reciente pérdida de su tercera hija, Pip, enferma de leucemia. Mientras que Stefan Müller ahoga su dolor en el alcohol, su esposa camina con un cochecito vacío y se esconde en los bosques. Tras ese encuentro casual, Jim recibirá a la Sra. Müller en su casa muchas veces, y no precisamente para hablar del rendimiento académico de sus hijas Tess y Meg Müller: la primera ha dejado de hablar tras la muerte de su hermana, mientras que la segunda se expresa mucho mejor mediante la pintura.

Como telón de fondo hay un misterio todavía no descifrado: ¿cómo y por qué se quemó la comuna hippy (the Hive, esto es, la Colmena) en la que vivía Evangeline anteriormente? ¿De quién son los huesos encontrados cerca de una furgoneta quemada en un recóndito lugar del bosque? ¿Qué otros secretos ha ocultado Evangeline? ¿Fue la contaminación que minería y fracking han venido causando en la comarca la causa de la enfermedad mortal de Pip? ¿Desaparecen las abejas de Stefan a causa del uso de pesticidas o de las cosechas modificadas genéticamente?

Sin ser un thriller al uso, la trama de The World Without Us avanza y engancha por el misterio que rodea a sus personajes y el pasado de cada uno. Juchau experimenta con múltiples perspectivas y voces narradoras, unas más efectivas que otras. Para quien no esté atento a tantos virajes y vueltas de tuerca, la novela bien pudiera convertirse en un confuso hervidero de tramas, subtramas y callejones sin salida que muy poco aportan al desenlace de la historia principal.

Juchau se esfuerza por trabajar el texto: abundan las citas literarias, y la voz narradora se expresa en una prosa poética muy cuidada, que contrasta con el lenguaje coloquial, menos delicado, que predomina en los diálogos. El mensaje del escenario pre-apocalíptico que esboza Juchau está muy claro: “El mundo es salvaje […] y la vida es impredecible en su bondad y en sus peligros.” (p. 159, mi traducción) Por fortuna, todavía es posible endulzar la vida con un poco de miel, pero ¿por cuánto tiempo será posible hacerlo?

28 jul. 2018

Reseña: How to be Both, de Ali Smith

Ali Smith, How to be both (Melbourne: Penguin, 2015). 372 páginas.
Es raro que una editorial corra riesgos hoy en día. El caso de How to be Both es un ejemplo casi perfecto de cuándo vale la pena tomar ese riesgo. Me explico: la novela se compone de dos partes (ambas reclaman para sí ser la Primera) y, de hecho, circulan diferentes ediciones donde la que aparece en segundo lugar en mi ejemplar es la primera. Se reduce a un juego autorreferencial, pues el título alude a ese enigma: ¿cómo ser dos cosas diferentes al mismo tiempo?

De modo que la duplicidad es parte de la esencia temática del libro. Vida y muerte; lo masculino y lo femenino; realidad y ficción; y Smith hace gala de un virtuosismo lingüístico sin parangón.

En la parte de George (una chica de Cambridge que recientemente ha perdido a su madre tras una extraña reacción alérgica a un medicamento), Ali Smith nos abre una ventana a la vida interior de una adolescente en duelo. George rememora momentos compartidos con su madre, en especial un viaje a Italia, donde contemplaron ensimismadas los frescos de Francesco del Cossa. Mientras su padre trata de olvidar el dolor mediante la bebida, George se enfrasca en el recuerdo, trata de cuidar de su hermano pequeño, Henry, y descubre una especial amistad en una chica de la escuela, Helena, con quien comparte ideas, locuras, sentimientos. Tanto en esta parte como en la del pintor, Smith trabaja el lenguaje con un envidiable virtuosismo: los juegos de palabras, la omnipresente ironía, la técnica narrativa, las perspectivas.

Sant Vicent, amb el dit estés. Francesco del Cossa, segle XV.
En un momento en que George y Helena debaten qué tipo de trabajo presentar en una de sus asignaturas, se plantean escribir lo que un pintor del Renacimiento diría de su vida mientras está en el purgatorio, esperando renacer. ¿Es la parte de Francesco del Cossa lo que las dos adolescentes, avispadas ellas, inteligentes y dotadas de una muy cáustica visión del mundo, escriben para su clase de Historia del Arte? Probablemente no, pero el juego de ficción y espejos que construye Smith sobre esa base es, en una palabra, magistral.

Del Cossa entra en escena (es un decir) cuando George está haciendo un escrutinio del número de personas que prestan atención al retrato de San Vicente Ferrer en la Galería Nacional de Londres. Intrigado por lo que hace la joven (al principio lo confunde con un chico), su espíritu se aferra a George y la sigue allá donde va, quedando sumamente admirado de una suerte de tableta votiva que casi siempre lleva en sus manos George, una tableta que, en este siglo XXI, permite ver y crear “pinturas” muy realistas y ver imágenes en movimiento.

Francesco del Cossa, Alegoría de abril, frescos en el Palacio Schifanoia de Ferrara.
Mientras la parte del pintor exige (aparentemente) mayor concentración por parte del lector, en la parte de George abundan escenas hilarantes – en particular los diálogos (es un decir) de la joven huérfana con la psicóloga de la escuela, la Sra. Rock.
“Es martes, así que toca la Sra. Rock.
Creo que puede que no sea una persona muy apasionada, dice George.
Desde Navidad la Sra. Rock ha dejado de repetirle a George lo que George le dice. Su nueva táctica es sentarse y escuchar sin decir nada, para luego, cerca del final de la sesión, contarle a George alguna especie de historia o improvisar con una palabra que George haya usado o algo que le haya chocado a causa de algo que ha dicho George. Eso significa que ahora las sesiones son principalmente monólogos, más un epílogo a cargo de la Sra. Rock.
Se lo he preguntado a mi padre esta mañana, dice George, si pensaba que yo era una persona apasionada y me ha dicho: pienso que eres indudablemente una persona con mucha energía, George, y que hay indudablemente mucha pasión en esa energía tuya, pero yo sé que estaba como engatusándome. Y no es que mi padre tendría ni idea de si soy apasionada o no, digo yo. Y bueno, entonces mi hermano va y empieza a hacer sonidos como de besuqueos, con el dorso de la mano, y mi padre se ha puesto como muy incómodo, y entonces ha cambiado de tema, y entonces cuando hemos salido por la puerta de casa para ir al cole, mi hermanito estaba de pie junto a la furgoneta de mi padre, en la entrada para el coche, y no paraba de hablar de la gran pasión que se sentía por la energía del motor, que en la energía del vehículo uno podía sentir mucha pasión, y yo me sentí estúpida, como una idiota por haber abierto la boca y haberle dicho algo a alguien en voz alta.
La Sra. Rock sigue ahí sentada, más callada que una estatua.
Y así son ya dos las personas que hoy realmente no van a hablarle a George.
Tres, si uno cuenta a su padre.
George siente que se le viene encima una terquedad mientras permanece allí sentada, en ese sillón para estudiantes en el despacho de la Sra. Rock. Sella la boca. Se cruza de brazos. Mira el reloj. Pasan solamente diez minutos de la hora. Quedan otros sesenta minutos de esta sesión (es un doble periodo). No piensa decir una sola palabra más.
Tic tic tic.
Cincuenta y nueve.
La Sra. Rock sigue sentada junto a la mesa delante de George, como una masa continental separada de una isla para la que ya haya salido hace tiempo el último ferri del día.
Silencio.” (p. 128-9, mi traducción)

How to be Both es una novela muy atrevida, tanto en su formato como en su contenido, además de un curiosísimo homenaje a un pintor desconocido. Como en There but for the, Smith es juguetona y seria. Algo que no te dejará indiferente.

El llibre ja va ésser traduït al català (Com ser-ho alhora) per Dolors Udina Abelló, publicat al 2015 per l’editorial Raig Verd.

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