25 ene 2026

Reseña: Antifa, de Mark Bray

Mark Bray, Antifa: The Anti-Fascist Handbook (Brooklyn, NY: Melville House, 2017). 259 páginas.

El 22 de septiembre del año pasado, la administración estadounidense declaró a Antifa organización terrorista, lo cual tiene su gracia. Digo yo que solamente alguien que se identifique políticamente con los fascistas buscaría arremeter de ese modo (mediante decreto presidencial) contra un movimiento cuyo principal propósito es plantar cara al racismo y al fascismo supremacista. Además, tal como Mark Bray claramente expone en su libro, Antifa como entidad organizada no existe.

Quizás sea cierto que se trata de una red informal de ámbito internacional de afinidades, compartidas por más o menos pequeños grupos y movimientos comunitarios con implantación local (mayoritariamente en ciudades), y apenas en un ámbito nacional. Como movimiento social internacional, Antifa no parece existir más que en las mentes calenturientas de quienes preconizan el fascismo.

Si a lo anterior se añade el hecho de que Mark Bray, profesor de historia en la Universidad de Rutgers, tuviera que salir con toda su familia a toda prisa de los Estados Unidos el 8 de octubre tras recibir amenazas de muerte y ver la dirección de su casa divulgada en internet a modo de invitación para todo aquel que quisiera acercarse a él (¿Seguro que para darle un abrazo y pedirle un autógrafo, no?), queda muy claro que el libro sobre el antifascismo tiene infinidad de enemigos. Puedes escuchar la entrevista que le hicieron en la Radio Nacional australiana a Mark Bray (en Madrid) aquí (en inglés).

El manual sobre antifascismo de Bray dista mucho de ser un manifiesto. Es sobre todo un estudio académico, aunque su alcance no sea exhaustivo. Me resulta sumamente significativa la primera frase de su introducción: «Ojalá no hiciera falta este libro». Un deseo, visto lo visto desde enero de 2025, ilusorio. Por cierto, Antifa está disponible (en inglés) de forma totalmente gratuita aquí.

Compuesto de seis capítulos, una introducción y una breve conclusión más dos apéndices, Antifa constituye una valiosa aportación al importantísimo debate en torno a la más que necesaria respuesta que el fascismo merece. El primer capítulo explica las causas de la aparición del antifascismo como movimiento político en el periodo de entreguerras y su evolución. Menciona los grupos que surgieron en el Reino Unido, Alemania, Italia y España. Todos sabemos lo que ocurrió en los años 30 y 40 en Europa.

En el segundo capítulo, Bray trata el antifascismo en la segunda mitad del siglo XX. Es esta parte la que sin duda merece una ampliación en profundidad; el libro no menciona ninguna otra respuesta popular organizada aparte de las que tuvieron lugar en EE.UU. y algunos países de Europa. Bray puntualiza la separación entre la cultura punk y los nazis skinheads que se apropiaron de esa imagen díscola, algo de lo que fui testigo accidental en mi juventud.

En el capítulo siguiente, Bray explica los movimientos contemporáneos (los casos de Noruega, Suecia, Grecia y Holanda aportan interesante información sobre el fenómeno a escala internacional). En su investigación académica, el profesor Bray entrevistó a muchos integrantes de grupos locales antifascistas. Los otros tres capítulos se titulan “Cinco lecciones de la Historia para los antifascistas”, “Para que luego hablen de la izquierda tolerante” y “Boicots y la libertad de expresión”. Bray presenta argumentos muy relevantes. He aquí algunos de ellos que he traducido.

«La trágica ironía del antifascismo moderno es que cuanto más éxito tiene, más se cuestiona su razón de ser. Sus mayores éxitos yacen en un limbo hipotético: ¿Cuántos movimientos fascistas asesinos han cortado de raíz los grupos antifascistas durante los últimos setenta años antes de que se pudieran extender? Nunca lo sabremos; y eso es algo ciertamente bueno». (p. 141)

«Si tu principal objeción al nazismo es el hecho de que anula los mítines de la oposición, entonces eso expresa más sobre el tipo de política que sostienes que sobre la gente a la que criticas. Los antifascistas no se oponen al fascismo porque sea intolerante de una manera abstracta, sino porque promueve la supremacía blanca, el heteropatriarcado, el ultranacionalismo, el autoritarismo y el genocidio». (p. 162)

Bray se pregunta la causa de que tantos ciudadanos de los EE.UU. muestren no solamente su aversión al enfrentamiento contra fascistas y supremacistas, sino incluso a la interrupción de sus discursos en los que llaman al establecimiento de un IV Reich. Hay un escepticismo general «respecto a la inminente posibilidad de un gobierno explícitamente fascista en los Estados Unidos […]. Y no obstante, el antifascismo arguye que nunca debemos olvidar que fueron muy pocos quienes tomaron en serio a los pequeños grupos que rodeaban a Mussolini y Hitler cuando estos iniciaron su ascenso, y por lo tanto debemos mantenernos alerta frente a cualquier manifestación de política fascista. La falta de inquietud en torno a dicha posibilidad viene reforzada por la frecuente tendencia a separar épocas pasadas de la historia, tales como el régimen nazi o la época Jim Crow, del momento presente». (p. 171)

«Si la estrategia política radical viniese determinada en base a la preferencia pública en términos numéricos de tácticas diferentes, los métodos más moderados ganarían casi siempre porque constituyen la hegemonía. Si a los estadounidenses se les hubiera preguntado por el mejor modo de poner en marcha un movimiento para conseguir la justicia económica a principios de 2011, casi nadie, yo incluido, hubiera aprobado la idea de organizar un campamento en un parque del bajo Manhattan [Occupy Wall Street]. Para que la política sea tanto popular como revolucionaria, los organizadores “deben encontrarse con la gente allá donde esté”, y simultáneamente establecer un paradigma político-estratégico-táctico que promueva la lucha. Cuando la coreografía política se basa en los sondeos de opinión, resulta inevitable que la política sea un espejo de la sociedad que se quiere transformar». (p. 186)

Alguien ha sugerido que la raíz de la preocupante situación que se está desarrollando en el país que siempre se ha tomado como modelo de democracia no es el execrable personaje que volvió a ganar unas elecciones (incluso después de haber sido condenado por los delitos que había cometido), sino el electorado que lo eligió. En 1933, otro execrable individuo tomo el poder en Berlín. ¿Qué vamos a hacer si la historia se repite?

La portada de la edición de Capitán Swing
Antifa: El manual antifascista lo publicó la editorial Capitán Swing en 2019 en castellano. La traducción estuvo a cargo de Miguel A. Pérez.

22 ene 2026

Reseña: Blankets, de Craig Thompson

Craig Thompson, Blankets (Londres: Faber & Faber, 2017). 582 páginas.

Con sus casi 600 páginas, Blankets no es una novela gráfica al uso, pues se trata más bien de una especie de memorias ilustradas. Thompson creció en una familia fuertemente religiosa (es apropiado emplear el término ‘fundamentalista’ en este caso) de Wisconsin, donde los inviernos son increíblemente crudos y la iglesia y la llamada Sunday School es el centro neurálgico de la comunidad del que no es posible escapar.

Blankets cuenta en forma de Bildungsroman el proceso de alejamiento progresivo del autor de la religión cristiana, en la que toda su niñez y adolescencia estuvo centrada. Con un tono a ratos confesional, Thompson relata lo dura que fue su infancia en un hogar dominado por la Biblia y en una escuela donde los típicos perdonavidas de patio de colegio lo atormentaban y maltrataban casi a diario.

Thompson comienza cada uno de los capítulos del libro con los recuerdos de cuando compartía la cama con su hermano pequeño. Las travesuras que ambos cometían solían ser castigadas duramente por el padre. No es de extrañar, pues, que el joven Craig encuentre en el arte del dibujo una vía de escape de la triste realidad en la que vive.

Raina le enseña a Craig a disfrutar de la nieve.

Es al final de la educación secundaria cuando, en un campamento religioso (en mi época de adolescente los llamábamos ‘convivencias’ —días absolutamente tediosos que únicamente los amigos lograban hacer más entretenidos) conoce a Raina. El flechazo es inmediato: comparten sus sueños de escapar de la insufrible rutina que el entorno social de Wisconsin significa para ambos. De modo que, tan pronto como llega un periodo de vacaciones, Craig se va a pasar dos semanas en la casa de Raina. Allí conoce a su familia: los padres están divorciándose y su hermana mayor tiene menos luces que un barco pirata. Los padres, además, adoptaron a dos niños más: el chico es autista y la chica es intelectualmente discapacitada. Raina tiene ante sí una montaña de responsabilidades a las que no va a poder renunciar. Aun así, Craig se enamora perdidamente de ella.

Y de forma irreparable Craig deja de creer y ve la luz...
Blankets conecta hábilmente el proceso de desamor de Craig y su abjuración del fundamentalismo evangelista en el que ha sido educado. Es un relato muy personal, íntimo y conmovedor. En sus dibujos, Thompson transita fácilmente del detalle realista a lo alegórico. En la conclusión del libro, Craig se reencuentra con su hermano. Ambos son ya adultos y tienen por delante el mayor misterio posible: la vida.

Blankets fue publicada en castellano por Astiberri, que mantuvo el título original en inglés. Recibió un sinnúmero de premios en su día.

Ah, si fuese tan fácil borrar ciertos elementos de nuestra memoria...

16 ene 2026

Reseña: Cannon, de Lee Lai

Lee Lai, Cannon (Willoughby: Giramondo, 2025). 300 páginas.

Las primeras viñetas de esta estupenda novela gráfica muestran una bandada de urracas en el interior de un restaurante, en la oscuridad más absoluta. Los pájaros se han posado en lo que queda de las sillas, mesas y alacenas, todo desperdigado por el suelo entre platos y vasos rotos.  En la séptima viñeta aparece la protagonista, Lucy a quien todos llaman Cannon, que observa los desperfectos. Acto seguido su amiga Trish le dice: «Ha sido interesante». Las dos rompen a reír y finalmente se ponen en marcha y abandonan el recinto. Pero antes, Trish le pasa un plato intacto a Cannon: «One for the road? [¿Un último trago?]». Ella lo estampa contra la pared.

Lucy y Trish han sido amigas desde la edad escolar, proceden del mismo pueblo (Lennoxville) y se mudaron al mismo tiempo a Montreal. En palabras de Trish, son «las dos únicas adolescentes chinas y gay en toda Lennoxville». El apodo Cannon (Cañón) se lo puso Trish. Lo curioso es que Lucy es una persona que traga con todo y se contiene en casi todas las situaciones en las que, en teoría, podría o debería dar rienda suelta a la furia. Mientras que Trish aspira a convertirse en escritora, Lucy trabaja en un restaurante de moda de Montreal. El propietario es un pedazo de gilipuertas que se ve a sí mismo como muy cool y atractivo y abusa de la buena voluntad de sus empleados.

Lucy trata de dotar de sentido sus relaciones con el mundo y con su familia. En las horas libres se encarga de cocinar para su abuelo, muy envejecido y débil. Su hija, la madre de Lucy, ya no posee la capacidad emocional para cuidar de él: siempre fue un déspota cruel e incluso violento. Lucy no suele participar de las veladas posteriores al cierre con sus colegas del restaurante, pero una noche conoce a Charlotte, nuevo fichaje entre el personal, y despierta en ella un interés romántico apasionado.

Un día cualquiera en Montreal...
La novela, pues, conforma un poderoso retrato de una mujer sometida a varias fuentes de estrés: es la responsable cuidadora de su abuelo; es la empleada del restaurante en quien todos los demás confían en que les eche una mano cuando la presión en la cocina es brutal; es también la amiga leal de Trish, quien está utilizando (a espaldas de Lucy) muchos detalles íntimos y privados de su vida; y la guinda la pone una nueva compañera de trabajo, Charlotte, que se aprovecha de ella y la traiciona por su orientación sexual.

Tienes la cabeza llena de pájaros...
Los pájaros aparecen repetidamente en las ilustraciones de Lai. Cada lector y lectora podrá interpretar su presencia de manera diferente: para mí, son los testigos o acompañantes mudos de las difíciles circunstancias emocionales por las que continuamente atraviesa Lucy. Aunque en la milenaria cultura china las urracas representan la buena suerte o buenas noticias, como motivo en los dibujos parecen indicar trauma o tensión. Hacia el final de la novela, Lucy trata de explicarle a Trish la visión de las aves (que nadie más ve, por supuesto). Para su amiga, quizás sean meramente un símbolo de protección, algo así como el ángel de la guarda, pero en grupo.

¿El terror australiano tiene un sabor especial?

La metodología gráfica de Lai es extremadamente básica. Blanco y negro, generalmente cuatro recuadros por página; únicamente cambia el color de fondo a rojo cuando ilustra las películas de terror que Trish y Lucy ven juntas. La novela las pilla en pleno atracón de filmes australianos de terror. Los diálogos son perfectamente creíbles y reflejan el entorno bilingüe de la ciudad canadiense. Cuando Trish interrumpe a Lucy (cosa que hace con demasiada frecuencia), Lai superpone los bocadillos de Trish por encima de los de Lucy, eclipsando sus palabras.

Cannon es un detallista estudio del periplo emocional de una mujer que repetidamente reprime las ganas de estallar y soltar la rabia que las difíciles circunstancias vitales y laborales le causan. Muy recomendable.

2 ene 2026

Reseña: She Speaks!, de Harriet Walter

Harriet Walter, She Speaks! What Shakespeare's Women Might Have Said (Londres y Dublín: Virago, 2024). 242 páginas.

Habrá muchos estudiosos y estudiosas de la obra de Shakespeare que probablemente, en privado, expresen cierto desdén por este libro de la actriz inglesa Harriet Walter. Porque, ¿Quién tiene la osadía de emular al Bardo?

Para alguien que haya participado durante algunos años (fue mi caso: como miembro de un gran equipo de filólogos de la Universitat de València) en la traducción de varias obras (Romeo y Julieta, Noche de reyes, Hamlet, y por muy poco tiempo La tempestad) la tentación es perfectamente entendible.

Bien es sabido que en la época del teatro clásico inglés, los papeles femeninos eran interpretados siempre por hombres jóvenes. En tiempos de Shakespeare, nunca hubo una mujer en el escenario de The Globe, por ejemplo. Walter señala en la introducción que «En el breve periodo que hay entre su incorporación al elenco a los diez años y la aparición de la barba (que ocurría más tarde que lo hace hoy en día, es decir, hacia los dieciocho), un joven actor podía convertirse en experto en su campo e interpretar aparentemente a muchachas y mujeres de forma muy convincente. Lo que no podía hacer era hablar desde la experiencia de ser muchacha o mujer». (p. 2, mi traducción; el énfasis es de la autora)

De la obra de Shakespeare prácticamente se ha estudiado todo, se ha analizado todo y se ha escrito demasiado. Walter nos recuerda que, de los 100 personajes con mayor número de intervenciones en las obras completas, solamente quince corresponden a mujeres. Por ejemplo, Lady Macbeth (personaje cuya significación no hace falta explicarle a nadie) ocupa la posición 138 en ese listado que encabeza (¿quién si no?) el príncipe Hamlet de Dinamarca.

La autora escribe principalmente monólogos en los cuales una variedad de mujeres personajes dan su versión u opinión de la trama de las obras (sean tragedias, comedias o tragicomedias), entre ellas Gertrude y Ofelia (Hamlet), las tres brujas y Lady Macbeth (Macbeth), Desdémona (Otelo), Lady Capuleto y la Nodriza (Romeo y Julieta), Cleopatra (Antonio y Cleopatra) e incluso la esposa de Shakespeare, Anne Hathaway. A través de ellas y sus poesías, Harriet Walter explica cómo el teatro de Shakespeare silencia a las mujeres (Gertrude concluye su primer monólogo, ‘What  Gertrude Wanted to Say’, con estas palabras: «But break my heart for Will has held my tongue» [Me rompe el corazón que Will [Shakespeare] me haga callar).

El propósito de Harriet Walter es encomiable, por supuesto. El resultado global, no obstante, es desigual en algunos capítulos del libro. No todos los monólogos, duetos y diálogos alcanzan el mismo nivel, y las rimas (Walter insistió en la creación de pentámetros yámbicos y de rima en todos ellos) son en ocasiones algo forzadas. Personalmente, lo que más me ha gustado son las introducciones que la actriz ha escrito, basadas en su lectura de las obras y desde su propia y muy dilatada experiencia de su interpretación en teatros y en la radio. Así, respecto a Ofelia (en cuyo monólogo da a entender que no se suicida, sino que escapa de la locura de la corte danesa) escribe:

«… [Ofelia] podría haberse rebelado contra las restricciones que se le imponían: las reglas de la corte danesa, el control agobiante por parte de su padre y de su hermano (que se constituye en una especie de padre suplente) y la prohibición de su anhelo y deseo sexual por Hamlet.

La locura es una buena salida. La locura libera a Ofelia, para que se encamine hacia el desgobierno y la vulgaridad. También a mí me liberó de una interpretación inicialmente contenida […] Al reconectar con Ofelia para este libro, puedo soñar con un desenlace diferente para su historia. ¿Y por qué no pudiera ser cierto? Al fin y al cabo, es tan solo una obra de teatro». (p. 82, mi traducción)

Esta muerta está muy viva... La muerte de Ofelia, según John Everett Millais (1851). 

She Speaks! es un libro ameno y ciertamente audaz, escrito en un tono informal y cercano al lector; pienso que será de obligada lectura para todos los estudiosos de la obra de Shakespeare, especialmente intérpretes y directores teatrales.

31 dic 2025

Daniel Kehlmann's The Director: A Review

 
Daniel Kehlmann: The Director (London: riverrun, 2025 [2023]). Trans. by Ross Benjamin.

“Times are always strange. Art is always out of place. Always unnecessary when it’s made. And later, when you look back, it’s the only thing that mattered.” (p. 257) Even though the times were indeed strange, perhaps G.W. Pabst never made such a statement, yet in The Director Daniel Kehlmann places the great Austrian filmmaker in a very tight spot. History tells us that Pabst, who had moved to the USA to make movies, returned to Europe and eventually home just before WWII started. He was of course unable to leave. What does an artist do when a criminal organisation such as the Nazis are in power? Do you take arms and fight, fully aware that it will be futile? Or do you, Faust-like, sell your soul and compromise so as to continue making your art?

The Director is fiction based on historical data. Most characters in the novel were real people; others are quite masterfully created by Kehlmann, e.g. Pabst’s son Jakob (the filmmaker and his wife actually had two boys, named Michael and Peter). The background to the story is the dreadfully extreme circumstances under which Pabst had to work for the Nazi regime. It is a poignant tale about the deep connection between Art and Morality.

No chapter describes this soul-wrecking tension affecting the artist better than ‘Molander’. Pabst began filming Der Fall Molander in occupied Prague in 1944. As the final scenes are being shot, the German troops are leaving the city and Pabst finds himself short of extras. The solution? Bring in scores of Jewish men and women from the nearest concentration camp. While filming the extras acting as the audience in a concert hall, his assistant, Franz Wilzek, recognises the doctor who used to treat him when he was ill as a child. Pabst explains: “All this madness, Franz, this diabolical madness, gives us the chance to make a great film. Without us, everything would be the same, no one would be saved, no one would be better off. And the film wouldn’t exist.” (p. 270)

History tells us that the film was lost. No copies of it have ever been found. Kehlmann, however, constructs a gripping tale of escape for the director and his assistant, surviving the fire from Czech sharpshooters on their way to the railway station and finally boarding a train headed for Vienna. On the train, a mix-up of military sacks takes place and when they arrive at their destination, they find the bag they thought contained the film rolls is full of horseshoes.

The Director opens in the late 1970s Austria, with a very aged Franz Wilzek leaving his aged care home to attend an interview on a popular Sunday morning TV show. His memory seriously deteriorated, he provides absurd answers or fails to understand what he is being asked. The mention of Der Fall Molander, however, makes him react somewhat defensively at first, then outright aggressively, denying the film was ever made.

De esta secuencia de Paracelsus (1943) se ha dicho que es una sutil alegoría del ascenso del nazismo al poder en Alemania. ¿Qué pasaría si les ponen la Macarena?

There are three sections named 'Inside', 'Outside', and 'After'. The first narrates Pabst’s time in Hollywood and France; the second takes him and his wife Trude back to Austria, already under the Nazi regime; the final section, set in the postwar years, deals with the final stages of Pabst’s career as a filmmaker. In the final chapter, Kehlmann entertains the possibility that Wilzek had kept the sack with the film rolls of Der Fall Molander hidden from the world.

The Director is a great satirical novel, enormously imaginative in its structure, the narrative points of view adopted and its language. Personally, I found absolutely enjoyable the way Kehlmann depicts the murky moral ambiguity of a movie maker struggling to make art under the Nazis. It makes you wonder about the red lines art can cross. If pushed to its limits, the idealistic notion of art for art’s sake leads to heartlessness and cruelty. Is it too high a price to pay? What do you think?

Si esta reseña en inglés ha despertado tu interés en la novela, el libro ya ha sido publicado este año en castellano por Random House como El Director, con traducción a cargo de Isabel García Adanez. Al igual que en la (por cierto, excelente traducción al inglés de Ross Benjamin), la traducción al castellano evita el aprieto de traducir el título original del alemán, Lichtspiel.

19 dic 2025

Reseña: Dead Souls, de Sam Riviere

Sam Riviere, Dead Souls (Londres: Weidenfeld & Nicolson, 2021). 301 páginas.

¿Te has preguntado alguna vez qué podría ocurrir en la industria editorial cuando la IA no solamente desempeñe las funciones creativas del autor o la autora, sino que sepa asimismo detectar el mínimo atisbo de plagio en una obra literaria sea ficción o no-ficción, poesía, drama, (auto)biografía o incluso una reseña y que quienes detentan el poder económico en el sector utilicen esos datos para acusar, acosar y condenar al que lo haya escrito? En Dead Souls (con ecos a la novela homónima de Gogol) el poeta y editor inglés Sam Riviere plantea que en un futuro ya no muy lejano un equipo de ingenieros informáticos desarrollan un Sistema de Análisis Cuantitativo y Comparativo (QACS, por sus siglas en inglés), un programa cuya mayor virtud es su nivel altísimamente sofisticado para detectar el plagio.

El QACS no solamente detectará extensos fragmentos compuestos de ciertas palabras o frases utilizados en obras ya publicadas, sino que además podrá identificar rasgos tan sutiles como “las intrigas de un argumento, la dinámica estructural de la narración y la perspectiva empleada, el equilibrio de las metáforas y la densidad del lenguaje descriptivo empleado, recursos retóricos tales como la repetición, la asonancia, la anáfora y el apóstrofe, las curvas del entrecruzamiento de personajes principales y secundarios y las pautas de los desenlaces, el ritmo y la ejecución de los diálogos, las leyes físicas de los mundos fantásticos, las distorsiones cronológicas e incluso las biologías de criaturas imaginarias. Los ingenieros también se habían fijado como objetivo la cualidad más elusiva, el estilo de la obra, que por fin podría definirse de manera objetiva” (p. 14, mi traducción).

(Aviso: el texto no tiene divisiones, ni puntos y aparte; son trescientas una páginas sin interrupción alguna, y por tanto exige cierta entrega y compromiso). El anónimo narrador de Dead Souls ha acudido a un festival cultural a orillas del Támesis. Allí inicia una conversación (que al lector le llega en estilo indirecto) con el director de una pequeña editorial. Por su cabeza, sin embargo, pasan muchas otras ideas, entre ellas que la poesía contemporánea es tan sumamente derivativa y artificiosa, tan fake poetry que cabría rebautizarla como fauxetry. En la conversación se menciona el caso de Solomon Wiese, un poeta que ha sufrido en carne propia el ensañamiento de QACS, hasta dos veces.

Después de llevar a cabo un recital de poesía de una poeta ucraniana que ha quedado retenida en el aeropuerto por razones que nunca conocemos, el narrador acude al bar de un hotel londinense, en el que están reunidos la mayoría de los poetas que han asistido al festival, y entabla conversación con Wiese, al que nadie da bola. Hete aquí el resto de la novela: un larguísimo monólogo de Wiese narrado por el anónimo editor. La rocambolesca historia de Wiese incluye traumas de niñez y juventud, su primera caída en desgracia cuando el QACS le atribuye un 96 % de plagio en uno de sus poemas, su asociación con una extrañísimo grupo clandestino que practica una especie de terrorismo literario, su huida al entorno rural al noreste de Londres, su asociación con un emprendedor que quiere popularizar a los poetas rurales, su triunfal regreso a Londres donde lleva a cabo recitales improvisados de poesía y la segunda caída en desgracia, cuando alguien transcribe las poesías y las pasa por el QACS, que las marca con el 98 %.

Es decir, en la novela no pasa realmente nada, excepto lo que Wiese le cuenta al narrador. Hay, no obstante, algunas nociones de interés: Wiese concibe la poesía como un área en la que el lenguaje se desvanece. De hecho, el mensaje que Dead Souls transmite es la proposición de que el mundo literario, tal como existe en tanto que gran negocio sea reducido a la nada, «nothinged», sugiere Wiese.

Puede no resultar fácil al principio enchufarte al ritmo implacable de la narración y su estructura de relato encajado dentro de un relato, a su vez también encajado dentro de otro relato, pero Dead Souls es una sátira estupenda en la que todos los personajes quedan retratados como narcisistas. Brinda una sintaxis enrevesada pero impecable. Además, su mordaz humor carga fuertemente contra el esencia pueril y egoísta de las redes sociales y contra el elitista mundo académico.

Por cierto, si estudias filología inglesa o alguna cosa similar y estás leyendo esto, aquí tienes una sugerencia para un trabajo de fin de carrera: un análisis de los usos de la letra cursiva en Dead Souls.

Me ha parecido sencillamente brillante. Un 10.

Fotografía de Plutoniqa en Wikicommons.

 «[…] De manera que lo que el programa alcanzaría al registrar todas estas variables y una multiplicidad de otras, frente a una multitud de categorías y subcategorías, era una taxonomía de todas las publicaciones literarias en ese idioma, representadas gráficamente de todas las formas posibles, comprobables mediante cualquier métrica, inteligibles a lo largo de cualquier eje, visualizadas en tablas codificadas por colores o en marcadas cuadrículas de un solo tono, tal y como las prefiriera quien las viera. Amigables diálogos entre dos enemigos acérrimos. Bancarrotas empresariales que degeneren en la criminalidad. Criaturas que fallezcan en las primeras veinte páginas del libro. Descripciones de la luz en el oeste de Escocia. Eventos que pongan el punto final culminante a la narración. Fuertes amistades que surjan tras un accidente. Gigantescas plantas de interior. Históricos personajes que se vistan con ropa del sexo opuesto. Incidentes puntuales de gran fortuna. Jerarcas escondidos en una chatarrería. Koalas que ataquen en manada al narrador de la historia. Luminosas descripciones de banquetes. Míticas criaturas de aspecto maligno pero que alberguen buenas intenciones. Norteñas ciudades europeas que puedan ser destino para una luna de miel. Ñiquiñaques de baja estofa. Ofensas imperdonables. Prendas de color púrpura. Quilombos que entorpezcan a la inteligencia artificial. Riesgos innecesarios a la hora de cruzar un puente. Sexo en lavabos. Traiciones cortesanas que impliquen al sobrino del rey. Usos de los viajes en el tiempo con el objeto de investigar filiaciones sospechosas. Visiones del niño Jesús. Westerns filmados en la Luna. Xenofóbicos tenderos en el barrio Salamanca. Yonquis rubios que se enamoren de una turista. Zoológicos que un director adopte como escenarios para sus estrenos. Etcétera. […]» (p. 14-15, mi traducción)

15 dic 2025

Reseña: Discriminations, de A.C. Grayling

A. C. Grayling, Discriminations: Making Peace in the Culture Wars (Londres: Oneworld, 2025). 267 páginas. 

Si has participado alguna vez en la sección de comentarios de cualquier medio, habrás visto sin duda en algún momento una salida de tono o sufrido un ataque personal por el simple motivo de haber expresado tu opinión. Ni siquiera este blog, que versa sustancialmente sobre libros, se libra de cobardes energúmenos que insultan a falta de la inteligencia necesaria para poder desarrollar un argumento que contradiga las opiniones que vierto en él. (Mira la sección de comentarios de esta reseña). Admito en cualquier caso que A. C. Grayling, el autor de este instructivo libro, no aplaudiría mi respuesta.

Las guerras culturales forman parte de la vida diaria en internet y en las redes sociales, de las cuales decidí abstenerme desde su aparición, pese a que muchos me habéis recomendado que ayudan a expandir no solamente los negocios sino también los buenos contactos. Australia ha adoptado recientemente la decisión de cerrar el acceso a ciertas redes sociales a los menores de 16 años. Es un hecho incontrovertible que la mayoría de esas redes son una selva sin ley. En ella hay salvajes fieras de todo tipo. No es de extrañar que mucha gente cerrara su cuenta en lo que se llamaba Twitter antes de que un billonario, que no duda en publicitar su muy dudosa ideología, lo comprara y pervirtiera.

Discriminations se divide en ocho capítulos, que están precedidos de un prefacio y una breve introducción, amén de notas e índice. Como en otros libros suyos (he reseñado otros tres hasta ahora: Friendship, Democracy and its Crisis, y Who Owns the Moon?), Grayling trata de explicar la cuestión primero, definiendo conceptos y concretando las cuestiones más o menos peliagudas o controvertidas. En este libro Grayling explica las ‘guerras culturales’ que siguen afectando el (llamémoslo así, pese a que en realidad en muchos casos no lo haya) debate político, ideológico o cultural de este siglo. Temas candentes son, por ejemplo, la ‘cultura de la cancelación’ y el ‘wokismo’ (la manifestación pública de adherencia a una conciencia de las injusticias sociales).

Estatua de Oscar Wilde en Merrion Square, Dublín. Fotografía de Phil Nash (Wikimedia Commons)
Adoptando una perspectiva básicamente filosófica, Grayling apunta a la discriminación y sus muchas formas (el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia, entre otras) y señala repetidamente, mediante ejemplos, el enorme daño que ha causado y sigue causando la discriminación contra nuestros congéneres. Oscar Wilde, la Inquisición, el sistema de castas, Jim Crow, etc. Según él, el principio fundamental que ha de regir nuestra conducta y por ende nuestra oposición a todo tipo de discriminación debe ser, sin salvedad alguna, el de los derechos humanos como concepto clave para resolver los problemas que se plantean.

Además, Grayling muestra que la diferencia entre conceptos tan acostumbrados como ‘pecado’ y ‘delito’, definidos ambos desde marcos distintos como son el religioso y el jurídico, puede extrapolarse al tema de la discriminación y la cultura de la cancelación. Así, la religión impone castigos por ‘pecados’ que conllevan el avergonzamiento, la exclusión, el exilio e incluso la muerte. Grayling propone que se haga una clara distinción entre los intereses de personas (o grupos de personas) y los derechos de las personas. No se puede negociar el hecho de que todos tenemos derechos como seres humanos; sin embargo, para que se dé una coexistencia pacífica, cabe ajustar los intereses (especialmente los de grupos y movimientos políticos) de manera racional y sin que mellen en los derechos de cada individuo.

Grayling recurre al concepto de la ‘convivencia’ que, según muchos historiadores, se dio en ciertas ciudades de la península ibérica durante la Baja Edad Media (Toledo o Córdoba, por ejemplo) entre las culturas y religiones árabe, judía y cristiana: «De modo que lo deseable es la convivencia [en castellano en el original]; el eslogan para ella es no la unidad sino la armonía —y el factor decisivo es que la armonía se logra mediante el respeto mutuo de los derechos.

A su vez, eso requiere contar con una clara conciencia de la distinción entre derechos e intereses, pues mientras que el respeto por los intereses de los demás siempre y cuando no disminuyan o entren en conflicto con los propios es el camino obvio, puede ocurrir, y lo hace con frecuencia, que los intereses entren en conflicto. Cuando lo hacen, cabe encontrar las soluciones caso por caso. Con bastante frecuencia, el choque de intereses no se soluciona fácilmente, y entonces una o ambas partes salen perdiendo. Nuevamente, caso por caso, ello no es sistemáticamente una cuestión de injusticia; el hecho de que una zapatería pierda clientes porque otra zapatería cercana cuenta con vendedores más eficientes no implica injusticia alguna porque los intereses de una dejen fuera de la competición a los de la otra.

No obstante, hay evidentemente casos en los que los conflictos implican una injusticia; están los casos en los que los derechos de la parte perdedora han quedado subordinados a los intereses de la parte que sale ganando. Esta es, precisamente, la situación que se da en el racismo, el sexismo y en otras formas de discriminación. Y es aquí donde ha de realizarse la labor de lograr, de acercarse tanto como sea posible a, la convivencia». (p. 217, mi traducción)

Un libro que estimula la esperanza y la aceptación de la diferencia, en un día que ha amanecido muy triste y lleno de dolor para quienes queremos vivir en paz y que los demás también vivan en paz, aquí en Australia.

30 nov 2025

Reseña: God's Country, de Percival Everett

Percival Everett, God's Country (Boston, MA: Beacon Press, 2024 [1994]). 219 páginas.

«Lo primero que vi fue el humo. Era demasiado humo como para que estuviera saliendo por la chimenea, de manera que fustigué al caballo y me apresuré a ascender la colina. Mucho más que una grata lumbre en la chimenea: era mi casa, carajo, toda en llamas, ardiendo en un santiamén. Brotaban llamaradas rojas y amarillas que se alzaban entre una espesa humareda. Y alrededor de la casa había unos hombres que incluso en la distancia tenían una pinta cutre, rodeando la casa en sus caballos y dando grito. Dos de ellos arrojaron más antorchas en el interior de la casa, mientras que otros dos disparaban flechas por todas partes; uno de ellos llevaba a mi esposa colgada sobre la silla, como si fuera una alfombra. Ella estaba soltando una ristra de palabrotas, lo que me hizo sentirme orgulloso de ella, carajo. No podía distinguir las palabras, pero el tono era bueno para insultarlos y maldecirlos». (p. 3, mi traducción)

Es una tarde de 1871, el vaquero Curt Marder está volviendo al rancho que tiene en las afueras de un pueblito de mala muerte en alguna parte del oeste; desde una prudencial distancia, Marder es testigo de cómo una pandilla de forajidos disfrazados de nativos americanos asaltan y queman su casa, raptan a su mujer Sadie y matan a su perro de un flechazo. En vez de intentar salvar a su mujer, da media vuelta y se presenta en el saloon del pueblo, donde su relato provoca la lástima de los parroquianos y del dueño del bar, a quien le debe tres dólares. Todos los hombres que escuchan su historia coinciden en la imperdonable atrocidad de que hayan matado al perro, pero no parecen darle importancia al hecho de que Sadie haya sido raptada y, muy posiblemente, esté siendo víctima de violencia sexual mientras Marder mendiga unos tragos de whiskey.

Tras pasar la noche en un establo, Marder sale a buscar a Bubba, de quien todo el mundo dice que es el mejor rastreador de la zona. De camino al rancho donde esta Bubba topa con un joven muchacho, Jake, cuyos padres han sido asesinados (quizás por la misma banda de delincuentes). Los tres forman un inusual grupo en persecución de los criminales: Marder, sin un centavo, le promete la mitad de su tierra al rastreador Bubba (de raza negra) si consigue recuperar a Sadie. La mala suerte a la que parece estar condenado querrá que esa misma noche Marder pierda toda la propiedad en una partida de póker muy posiblemente amañada.

Esta es una deliciosa novela picaresca de la época moderna, ambientada en la frontera durante la conquista del Salvaje Oeste de los EE.UU. tras la Guerra Civil. Everett toma la estupenda decisión de adoptar la primera persona y hacer que sea Marder quien confiese sus temores, aprensiones, mentiras, cobardías y traiciones. Gracias a ello, de su boca sale contantemente un torrente de prejuicios resultado de su «flaca educación» imbuida de racismo y sexismo, además de una sarta de estupideces y demostraciones de ignorancia, múltiples mentiras, latrocinios y traiciones a quienes, en teoría, debería agradecerles su ayuda.

En poco más de 200 páginas encontrarás un poco de todo: peleas de bar, duelos a la puerta de un establo, la masacre de una tribu india, el atraco a un banco, el linchamiento de un pobre muchacho negro que no ha cometido ningún crimen, jóvenes mujeres que ofrecen sus encantos en el único hotel de la ciudad, entre otros variados incidentes. Evitando hacer un spoiler, diré que el desenlace no debiera sorprendernos. El mundo es como es y las conductas morales no siempre tienen cabida en él: además, Marder es quien es, como se deduce del primer párrafo de la novela.

Otro autor al que seguirle la pista: Percival Everett. Fotografía de Phibeatrice.

Everett publicó God’s Country inicialmente en 1994. Además de su corrosiva carga irónica, el libro destaca por la altísima calidad literaria de la voz que el autor genera para el protagonista, quien si viviera en 2025 sería muy probablemente un acérrimo seguidor de MAGA. El libro se lee en menos que canta un gallo y los nombres que Everett otorga a los estrafalarios personajes que Marder y Bubba van encontrando en sus desventuras te harán reír.

Me pregunto, sin embargo, la razón por la que ningún guionista o director de Hollywood no ha querido hasta ahora convertirla en una película. Hay en este libro una gran historia que no solamente entretendría a muchos; también podría transmitir un mensaje que es cada vez más necesario. ¿Irritaría a muchos espectadores que siguen creyendo que la expansión de los EE.UU. hacia el oeste fue una epopeya heroica en vez de la conquista brutal y homicida impulsada por el supremacismo blanco que sigue latente en el corazón del país?

28 nov 2025

Reseña: There's no Time like the Present, de Paul B. Rainey


Paul B. Rainey, There's no Time like the Present (Canadá: Drawn & Quarterly, 2025). 333 páginas.

Imaginemos por un instante que existiera la posibilidad de viajar en el tiempo y que la tecnología necesaria para ello fuera similar al Internet. ¿A que época del Tiempo irías? Para los tres personajes principales de esta novela gráfica del británico Paul B. Rainey, lo más provechoso de esa tecnología sería simplemente la posibilidad de ver episodios futuros de sus series y franquicias favoritas.

Los tres personajes, al comienzo de la obra, están luchando por abrirse camino en la vida, intentando sortear las dificultades que todo el mundo encuentra en esa tercera década (trabajo, vivienda, relaciones estables, etc.). Barry, que vive todavía con sus padres, es el típico nerd enganchado a las series de ciencia ficción, ganándose los cuartos quemando DVD con episodios futuros de series descargados de la llamada ultranet, que es el canal de entrada al futuro. Su mejor amigo se llama Cliff, también aficionado a Dr. Who y series similares. Cliff vive como inquilino en la casa propiedad de Kelly Elegance, adicta al yogur y a los batidos de chocolate. Cuando termina la jornada laboral, se sientan a ver episodios de sus series favoritas.

No hay mejor momento que el presente, así que fíjate en el menú, Barry. (p. 76)

No son personajes particularmente excepcionales, ¿verdad? En cierto modo, lo que les une es el hecho de que no han dejado completamente atrás la adolescencia. Las viñetas de Rainey se centran mayoritariamente en circunstancias cotidianas y en las reacciones a los sucesos que les afectan en el día a día mediante primeros planos de sus rostros.

Cuando el futuro amenaza con ser igual que el presente... (p. 102)

La novela se compone de siete capítulos, pero la historia comprende, grosso modo, tres partes. La ya mencionada sobre la juventud de los protagonistas, una segunda parte que se sitúa en la misma ciudad (Milton Keynes) unos cincuenta años más tarde, y la tercera, un continuo desplazamiento por el futuro en el que la narración sigue las vicisitudes y aventuras de Kelly en sus viajes por el tiempo.

Them geezers o'er there... (p. 205)

Es ciertamente una novela gráfica entretenida y de muy fácil lectura. Confieso, no obstante, que no me convenció la tercera parte. No porque crea que el recurso narrativo del viaje a través del tiempo es imposible además de absurdo; más bien, es el hecho de que los hilos que debieran ajustar la madeja de esta historia de manera más firme se antojan un tanto improvisados y sueltos.

14 nov 2025

Reseña: The Message, de Ta-Nehisi Coates

Ta-Nehisi Coates, The Message (Londres: Penguin Books, 2024) 232 páginas.

En 1967, el canadiense Marshall McLuhan llegaba a la conclusión de que «el medio es el mensaje». Mucho han cambiado desde esa época los medios de comunicación. Cabría cuestionarse hasta qué punto la máxima de McLuhan sigue siendo válida: las redes sociales son sin duda el medio más extendido y popular en esta segunda década del siglo XXI, pero apenas constituyen mensaje alguno. En tanto que medios, están vacíos de significado. La inanidad es su principal característica, ¿no?

Ta-Nehisi Coates publica este libro en 2024 con un título muy llamativo. Se compone de tres secciones digamos que son tres ensayos que Coates, profesor en Howard University (Washington DC), presenta a sus propios estudiantes para que se los valoren y evalúen. Cada uno de los tres capítulos presenta las reflexiones que un viaje a tres lugares diferentes del mundo provocan en el autor: Dakar (Senegal), Columbia (Carolina del Sur) y Cisjordania (Palestina).

La visita a Senegal le da pie a analizar los orígenes míticos del sistema colonial que los países europeos desarrollaron para justificar los excesos de dicho sistema. El tono general de esta parte es triste. Pasa de la nostalgia por un pasado irrecuperable a la realidad contemporánea de un país que sufre el cambio climático y del que quieren emigrar sus ciudadanos más brillantes.

En el siguiente capítulo, Coates visita a una profesora de inglés de secundaria de una escuela de Columbia llamada Mary Wood. La profesora quiere usar en sus clases un libro de Coates, Between the World and Me, pero se encuentra con la feroz oposición de quienes pretenden prohibir recursos educativos que explican la Teoría Crítica de la Raza y suprimir el empoderamiento de los jóvenes estudiantes que se enfrentan al racismo y a la ideología supremacista tan extendida en los estados sureños.

Pero es quizás la tercera sección, la más extensa, la que resulta ser más oportuna. El viaje a Palestina (de diez días de duración) se produce en 2023. Durante su estancia en los territorios ocupados de Cisjordania comprueba con estupor e indignación que el sistema discriminatorio en el que sus padres habían crecido en los EE.UU. (las llamadas leyes ‘Jim Crow’) se ha reproducido en Palestina de manera más sofisticada en parte gracias al uso de tecnologías de represión en buena parte financiadas por los propios EE.UU. Coates refiere que, si Israel fue fundado con el propósito de proteger a quienes fueron objeto de una persecución salvaje e inhumana, el estado israelí ha pasado a adoptar violentos sistemas de control de los pobladores palestinos, a quienes les niega su humanidad. En tanto que periodista, denuncia la supresión de las voces palestinas en el escenario mediático global.

¿Cuál es, por lo tanto, el mensaje? Como buen profesor, Coates insta a sus alumnos a que analicen cuáles deben ser los propósitos de la escritura. Y en el caso del periodismo, su puntos de vista sobre la situación actual de la profesión no deja lugar a dudas: «Los periodistas dicen escuchar “a las dos partes” como si un dios desinteresado hubiese establecido una oposición binaria. Pero son los propios periodistas los que están jugando a ser dios; son los periodistas quienes deciden qué partes son legítimas y cuáles no lo son, qué opiniones han de tenerse en cuenta y cuáles han de quedar excluidas del marco. Y ese poder constituye una extensión del poder de otros curadores de la cultura —los ejecutivos de las cadenas de TV, los productores, los editores— cuya función principal es decidir qué historias se cuentan y cuáles no. Cuando te borran de la discusión y te eliminan de la narrativa, ya no existes». (p. 148, mi traducción)

The Message se añade a toda una serie de ensayos que propugnan que la lucha contra la opresión debe ser de ámbito global y debe contar con la intercomunicación de la amplia mayoría de pobladores del planeta que quisiéramos hacer de él un mundo más justo. Es obligación del periodismo decidir contar historias de quienes no tienen acceso a los medios y de aquellos cuyas voces son silenciadas, ya sea mediante el borrado de su existencia o mediante la violencia de la guerra. Con demasiada frecuencia, advierte el autor de The Water Dancer, son los mismos que detentan el poder quienes manipulan la realidad con su discurso: «Puede parecer extraño que las personas que ya han alcanzado una posición de poder mediante la violencia inviertan tanto tiempo en justificar su expolio con palabras. Pero incluso los expoliadores son seres humanos cuyas violentas ambiciones deben enfrentarse a la culpa que los corroe cuando se encuentran con los ojos de sus víctimas. Y por lo tanto debe contarse una historia, una historia que levante un muro entre ellos y aquellos a quienes pretenden estrangular y robar». (p. 29, mi traducción)

Publicado este año también en castellano (El mensaje) por Capitán Swing, con traducción a cargo de Paula Zumalacárregui.

11 nov 2025

Reseña: Why Nations Fail, de Daron Acemoglu y James A. Robinson

Daron Acemoglu y James A. Robinson, Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty (Londres: Profile Books, 2013 [2012]). 529 páginas.

Los sistemas político-económicos nacionales fracasan de muchas maneras. No cabe considerarlos un éxito si albergan en sus sociedades tan atroces niveles de desigualdad que coexisten en ellos billonarios y pobres sintecho en apenas unos kilómetros cuadrados, o colegios privados con todo tipo de lujosas instalaciones y escuelas públicas en las que la falta de recursos influye muy negativamente en la educación de sus alumnos, por poner un par de ejemplos.

De una de las pruebas irrefutables de ese fracaso soy testigo todas las mañanas, de lunes a viernes, cuando acudo a la piscina local a hacer mis 36 piscinas (a veces más, según el día). Desde hace casi tres años, alguien duerme en su automóvil en un aparcamiento cercano a la piscina, sea invierno (con temperaturas de hasta -6 o -7 grados) o verano. Siendo Australia un país rico que parece gozar de las instituciones inclusivas que tanto ensalzan los autores, existen a pesar de ello muchos reductos de pobreza. Se calcula que hay en Australia cerca de veinte mil menores de edad que no tienen un techo bajo el que dormir por las noches. Se puede hablar por tanto de un fracaso, tanto a nivel microeconómico como (micro)político.

Mas la tesis de Acemoglu y Robinson es obviamente de un ámbito macro. La razón de que haya estados cuyo fracaso los aboca a la pobreza y al subdesarrollo, según los autores, tiene una estrecha conexión con la existencia de instituciones económicas extractivas (ejemplos de estas serían los monopolios, el feudalismo y el esclavismo). Este tipo de instituciones económicas conllevan no solamente la mala gestión de los recursos, sino que ayudan a que quienes detentan el poder político se agarren a él como a un clavo ardiendo y continúen reforzando las antedichas instituciones económicas.

El libro esta repleto de ejemplos históricos con los que los autores quieren demostrar su teoría. Niegan en un principio que los factores geográficos o culturales sean determinantes. El primero es un punto problemático y discutible. Me resulta inconcebible que los factores geográficos y naturales se vean como virtualmente irrelevantes en este estudio.

Los autores recibieron el Nobel de Economía en 2024. Este libro se publicó en 2012, y no deja de ser una defensa a ultranza de las democracias liberales occidentales y el modelo capitalista liberal que domina la economía mundial, nos guste o no.

Una mañana llegó al Departamento, cambiando para siempre el proceso de edición y corrección de textos. Ciertamente produjo una destrucción creativa. El Apple Macintosh 512K. Fotografía de Maksym Kozlenko. «El miedo a la destrucción creativa es la principal razón por la que no hubo un incremento sostenido de los niveles de vida entre el Neolítico y las revoluciones industriales. La innovación tecnológica hace prósperas a las sociedades humanas, pero también implica la sustitución de lo viejo con lo nuevo, y la destrucción de los privilegios económicos y el poder político de ciertas personas. Para que haya un crecimiento económico sostenido necesitamos nuevas tecnologías, nuevas maneras de hacer las cosas, y por regla general vendrán de los neófitos […]. Puede que haga que la sociedad sea próspera, mas el proceso de destrucción creativa al que da inicio amenaza el sustento de quienes trabajan con tecnologías anticuadas». (p. 183, mi traducción)    

Además de la cuestión geográfica, los autores parecen soslayar el factor humano en muchos de los ejemplos de naciones que a lo largo de la historia han sido víctimas de sus instituciones extractivas y el círculo vicioso al que se abocan: cuando riqueza y poder se concentran en unas pocas manos (élites), aumenta su capacidad para dilatar ese poder y reforzar las instituciones que sostienen a quienes detentan el poder (político y económico).

Why Nations Fail no es un libro de historia, pero los autores realizan un largo recorrido por la historia universal con el objeto de demostrar su tesis. Y pienso que es ahí donde realmente aparecen algunas grietas en su tesis. Afirman acertadamente Acemoglu y Robinson en lo siguiente: «La desigualdad en el mundo de hoy existe porque durante los siglos XIX y XX algunas naciones pudieron aprovechar la Revolución Industrial y las tecnologías y métodos de organización que esta trajo consigo, mientras que otras naciones no pudieron hacerlo. El cambio tecnológico es solamente uno de los motores de la prosperidad, pero es quizás el más decisivo. Los países que no aprovecharon las nuevas tecnologías tampoco se beneficiaron de los otros motores de la prosperidad. […] ese fracaso se debió a sus instituciones extractivas, bien como consecuencia de la persistencia de sus regímenes absolutistas, bien porque carecían de estados centralizados. Pero este capítulo también ha demostrado que, en varias instancias, las instituciones extractivas que sustentaban la pobreza de estas naciones fueron impuestas, o como mínimo aún más reforzadas, por el proceso mismo que estimuló el crecimiento europeo: La expansión comercial y colonial. De hecho, la rentabilidad de los imperios coloniales europeos a menudo se basó en la destrucción de sistemas políticos independientes y economías indígenas en todo el mundo, o en la creación de instituciones extractivas esencialmente desde cero, como en las islas caribeñas, en las que, tras el colapso casi total de las poblaciones nativas, los europeos importaron esclavos africanos y erigieron los sistemas de plantaciones». (p. 271, mi traducción)

Muy bien. La colonización cimentó las instituciones extractivas que existían ya en esos países además de decimar las poblaciones locales de esas tierras. Pero los autores alaban repetidamente el proceso de creación de instituciones inclusivas de Inglaterra tras su Revolución Gloriosa de 1688 y subrayan que, gracias a ese evento, los ingleses avanzaron en el desarrollo económico y político que ayudó a que se diera la Revolución Industrial y el progreso tecnológico que trajo la prosperidad: «Inglaterra contaba con una amplia coalición de reciente formación, compuesta por comerciantes en el Atlántico, industrialistas y una alta burguesía con inclinaciones comerciales, que estaba a favor de que los derechos patrimoniales se cumplieran a rajatabla». (p. 410)

Discrepo: estaban a favor de que se cumplieran sus derechos patrimoniales, evidentemente no los de los demás, especialmente los derechos de los pueblos a los que impusieron su colonización. Los derechos de las poblaciones indígenas, tuvieran o no instituciones extractivas o regímenes absolutistas o autoritarios ya existentes, no contaron para ninguna de las naciones europeas que durante siglos se dedicaron al hurto, a la transformación irreversible de entornos naturales y a la sobreexplotación de los recursos y la esclavitud de las personas.

Otros capítulos de Why Nations Fail están dedicados a China y a la ayuda exterior. Del gigante asiático los autores pronostican que no podrá sostener el crecimiento porque no cuenta con instituciones políticas inclusivas. Respecto a la ayuda exterior, la critican ferozmente porque apenas consigue llegar a quienes realmente debería estar destinada.

Es un libro atractivo y de lectura fácil. Una pega que se le puede poner es que a ratos resulta un poco repetitivo. Cabría preguntarles a los autores si piensan que el modelo de los EE.UU., donde las élites económicas han irrumpido en las instituciones políticas, sigue siendo un ejemplo de éxito o si se trata de una nación encaminada al fracaso. El tiempo lo dirá.

Thanks, Jeff, for the tip. Cheers, mate.

28 oct 2025

Reseña: Olga Dies Dreaming, de Xochitl González

 
Xochitl González, Olga Dies Dreaming (Londres: Fleet, 2022) 373 páginas.

En una reseña anterior, la que escribí hace apenas dos o tres semanas sobre Monkey Boy, de Francisco Goldman, mencionaba esa suerte de profecía que hizo Carlos Fuentes en los años 90 a propósito de la coexistencia del inglés y el español en los EE.UU. El Spanglish es ya una realidad, de manera que, puesto que soy alguien who moves constantly, daily, between the two languages, se me ocurre una idea un tanto provocadora.

Yes: this is un reto, qué carajo, to those Latino writers out there in the USA que escriben en inglés pero que quizás piensan tanto en castellano como en la otra lengua. ¿Quién será el autor o la autora que, one day, will make it possible for us readers to leer una novela unida por las dos lenguas? Is it enough to scatter unas cuantas palabras en castellano across two hundred, three hundred pages of a novel, simplemente para aderezar con una pizca de sabor latinoamericano un pinche libro estadounidense? IMHO, no, it is nowhere near enough.

Se me dirá probablemente algo un rato socorrido: “Es el mercado, amigo”. Sure, the market rules, pero también el mercado se podría abrir to new, audacious perspectives. The sky would not fall, ¿no  crees?

Olga Dies Dreaming narra las vidas de la protagonista y su hermano. Ambos son Nuyoricans (born in New York, de ascendencia portorriqueña). Olga labura como wedding planner, ha aprendido las triquiñuelas necesarias to make some extra dollars out of gullible wealthy people and then some. Prieto, el hermano, es político (quite obviously a Democrat; I mean, this is New York, the city that never sleeps and hates Donald Trump!). Desde muy pequeños, ambos han conocido el ideal de lograr la independencia para Puerto Rico. In fact, their mother left them and joined radical leftwing groups in Central America and la Isla del Encanto.

Gonzalez intercala algunas cartas de la madre en la narración. El efecto es surprisingly positive, pues te permite ir deduciendo where the whole thing is heading. Los hermanos, en sus vidas públicas, tratan de esconder certain family secrets (their father died of AIDS as a result of his heroin addiction; Prieto is gay, pero no se atreve a salir del armario).

La novela progresa hacia 2017, camino de un desastre con nombre de mujer: el huracán María. When Puerto Rico is flattened by the hurricane, la miserable respuesta de la administración colonial enciende los ánimos en la isla. Olga y Prieto viajan con el propósito de hacer whatever they can do to help. Una vez en la isla, they find that their mother is the anonymous leader of a pro-independence group que sí está ayudando a la comunidad tras el desastre.


El subtexto es francamente político, pero no primordial. La historia de Puerto Rico desde la colonización castellana should be enough to make Jesus weep. Xochitl Gonzalez condimenta estos temas con diversas subtramas (romantic stuff, family disputes, local politics, sexual assault) y muchos personajes, muy variopintos. Olga Dies Dreaming ain’t half bad, if you know what I mean. La pregunta que le haría a la autora es si le tentó la idea de hacer hablar a muchos de sus personajes en castellano en vez de hacerlo mayoritariamente en inglés. The more, the merrier. Many a scene from the book would definitely improve si las conversaciones sonasen un poquito más genuinamente portorriqueñas.

Los macheteros. La enseña del Ejército Popular Boricua. Fotografía de BaptisteGrandGrand

Compruebo con mucha sorpresa que Xochitl Gonzalez ha publicado dos ediciones de la novela en castellano (Olga muere soñando (2024) una en Planeta México y otra en “español neutro” en Planeta).

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