31 dic 2025

Daniel Kehlmann's The Director: A Review

 
Daniel Kehlmann: The Director (London: riverrun, 2025 [2023]). Trans. by Ross Benjamin.

“Times are always strange. Art is always out of place. Always unnecessary when it’s made. And later, when you look back, it’s the only thing that mattered.” (p. 257) Even though the times were indeed strange, perhaps G.W. Pabst never made such a statement, yet in The Director Daniel Kehlmann places the great Austrian filmmaker in a very tight spot. History tells us that Pabst, who had moved to the USA to make movies, returned to Europe and eventually home just before WWII started. He was of course unable to leave. What does an artist do when a criminal organisation such as the Nazis are in power? Do you take arms and fight, fully aware that it will be futile? Or do you, Faust-like, sell your soul and compromise so as to continue making your art?

The Director is fiction based on historical data. Most characters in the novel were real people; others are quite masterfully created by Kehlmann, e.g. Pabst’s son Jakob (the filmmaker and his wife actually had two boys, named Michael and Peter). The background to the story is the dreadfully extreme circumstances under which Pabst had to work for the Nazi regime. It is a poignant tale about the deep connection between Art and Morality.

No chapter describes this soul-wrecking tension affecting the artist better than ‘Molander’. Pabst began filming Der Fall Molander in occupied Prague in 1944. As the final scenes are being shot, the German troops are leaving the city and Pabst finds himself short of extras. The solution? Bring in scores of Jewish men and women from the nearest concentration camp. While filming the extras acting as the audience in a concert hall, his assistant, Franz Wilzek, recognises the doctor who used to treat him when he was ill as a child. Pabst explains: “All this madness, Franz, this diabolical madness, gives us the chance to make a great film. Without us, everything would be the same, no one would be saved, no one would be better off. And the film wouldn’t exist.” (p. 270)

History tells us that the film was lost. No copies of it have ever been found. Kehlmann, however, constructs a gripping tale of escape for the director and his assistant, surviving the fire from Czech sharpshooters on their way to the railway station and finally boarding a train headed for Vienna. On the train, a mix-up of military sacks takes place and when they arrive at their destination, they find the bag they thought contained the film rolls is full of horseshoes.

The Director opens in the late 1970s Austria, with a very aged Franz Wilzek leaving his aged care home to attend an interview on a popular Sunday morning TV show. His memory seriously deteriorated, he provides absurd answers or fails to understand what he is being asked. The mention of Der Fall Molander, however, makes him react somewhat defensively at first, then outright aggressively, denying the film was ever made.

De esta secuencia de Paracelsus (1943) se ha dicho que es una sutil alegoría del ascenso del nazismo al poder en Alemania. ¿Qué pasaría si les ponen la Macarena?

There are three sections named 'Inside', 'Outside', and 'After'. The first narrates Pabst’s time in Hollywood and France; the second takes him and his wife Trude back to Austria, already under the Nazi regime; the final section, set in the postwar years, deals with the final stages of Pabst’s career as a filmmaker. In the final chapter, Kehlmann entertains the possibility that Wilzek had kept the sack with the film rolls of Der Fall Molander hidden from the world.

The Director is a great satirical novel, enormously imaginative in its structure, the narrative points of view adopted and its language. Personally, I found absolutely enjoyable the way Kehlmann depicts the murky moral ambiguity of a movie maker struggling to make art under the Nazis. It makes you wonder about the red lines art can cross. If pushed to its limits, the idealistic notion of art for art’s sake leads to heartlessness and cruelty. Is it too high a price to pay? What do you think?

Si esta reseña en inglés ha despertado tu interés en la novela, el libro ya ha sido publicado este año en castellano por Random House como El Director, con traducción a cargo de Isabel García Adanez. Al igual que en la (por cierto, excelente traducción al inglés de Ross Benjamin), la traducción al castellano evita el aprieto de traducir el título original del alemán, Lichtspiel.

19 dic 2025

Reseña: Dead Souls, de Sam Riviere

Sam Riviere, Dead Souls (Londres: Weidenfeld & Nicolson, 2021). 301 páginas.

¿Te has preguntado alguna vez qué podría ocurrir en la industria editorial cuando la IA no solamente desempeñe las funciones creativas del autor o la autora, sino que sepa asimismo detectar el mínimo atisbo de plagio en una obra literaria sea ficción o no-ficción, poesía, drama, (auto)biografía o incluso una reseña y que quienes detentan el poder económico en el sector utilicen esos datos para acusar, acosar y condenar al que lo haya escrito? En Dead Souls (con ecos a la novela homónima de Gogol) el poeta y editor inglés Sam Riviere plantea que en un futuro ya no muy lejano un equipo de ingenieros informáticos desarrollan un Sistema de Análisis Cuantitativo y Comparativo (QACS, por sus siglas en inglés), un programa cuya mayor virtud es su nivel altísimamente sofisticado para detectar el plagio.

El QACS no solamente detectará extensos fragmentos compuestos de ciertas palabras o frases utilizados en obras ya publicadas, sino que además podrá identificar rasgos tan sutiles como “las intrigas de un argumento, la dinámica estructural de la narración y la perspectiva empleada, el equilibrio de las metáforas y la densidad del lenguaje descriptivo empleado, recursos retóricos tales como la repetición, la asonancia, la anáfora y el apóstrofe, las curvas del entrecruzamiento de personajes principales y secundarios y las pautas de los desenlaces, el ritmo y la ejecución de los diálogos, las leyes físicas de los mundos fantásticos, las distorsiones cronológicas e incluso las biologías de criaturas imaginarias. Los ingenieros también se habían fijado como objetivo la cualidad más elusiva, el estilo de la obra, que por fin podría definirse de manera objetiva” (p. 14, mi traducción).

(Aviso: el texto no tiene divisiones, ni puntos y aparte; son trescientas una páginas sin interrupción alguna, y por tanto exige cierta entrega y compromiso). El anónimo narrador de Dead Souls ha acudido a un festival cultural a orillas del Támesis. Allí inicia una conversación (que al lector le llega en estilo indirecto) con el director de una pequeña editorial. Por su cabeza, sin embargo, pasan muchas otras ideas, entre ellas que la poesía contemporánea es tan sumamente derivativa y artificiosa, tan fake poetry que cabría rebautizarla como fauxetry. En la conversación se menciona el caso de Solomon Wiese, un poeta que ha sufrido en carne propia el ensañamiento de QACS, hasta dos veces.

Después de llevar a cabo un recital de poesía de una poeta ucraniana que ha quedado retenida en el aeropuerto por razones que nunca conocemos, el narrador acude al bar de un hotel londinense, en el que están reunidos la mayoría de los poetas que han asistido al festival, y entabla conversación con Wiese, al que nadie da bola. Hete aquí el resto de la novela: un larguísimo monólogo de Wiese narrado por el anónimo editor. La rocambolesca historia de Wiese incluye traumas de niñez y juventud, su primera caída en desgracia cuando el QACS le atribuye un 96 % de plagio en uno de sus poemas, su asociación con una extrañísimo grupo clandestino que practica una especie de terrorismo literario, su huida al entorno rural al noreste de Londres, su asociación con un emprendedor que quiere popularizar a los poetas rurales, su triunfal regreso a Londres donde lleva a cabo recitales improvisados de poesía y la segunda caída en desgracia, cuando alguien transcribe las poesías y las pasa por el QACS, que las marca con el 98 %.

Es decir, en la novela no pasa realmente nada, excepto lo que Wiese le cuenta al narrador. Hay, no obstante, algunas nociones de interés: Wiese concibe la poesía como un área en la que el lenguaje se desvanece. De hecho, el mensaje que Dead Souls transmite es la proposición de que el mundo literario, tal como existe en tanto que gran negocio sea reducido a la nada, «nothinged», sugiere Wiese.

Puede no resultar fácil al principio enchufarte al ritmo implacable de la narración y su estructura de relato encajado dentro de un relato, a su vez también encajado dentro de otro relato, pero Dead Souls es una sátira estupenda en la que todos los personajes quedan retratados como narcisistas. Brinda una sintaxis enrevesada pero impecable. Además, su mordaz humor carga fuertemente contra el esencia pueril y egoísta de las redes sociales y contra el elitista mundo académico.

Por cierto, si estudias filología inglesa o alguna cosa similar y estás leyendo esto, aquí tienes una sugerencia para un trabajo de fin de carrera: un análisis de los usos de la letra cursiva en Dead Souls.

Me ha parecido sencillamente brillante. Un 10.

Fotografía de Plutoniqa en Wikicommons.

 «[…] De manera que lo que el programa alcanzaría al registrar todas estas variables y una multiplicidad de otras, frente a una multitud de categorías y subcategorías, era una taxonomía de todas las publicaciones literarias en ese idioma, representadas gráficamente de todas las formas posibles, comprobables mediante cualquier métrica, inteligibles a lo largo de cualquier eje, visualizadas en tablas codificadas por colores o en marcadas cuadrículas de un solo tono, tal y como las prefiriera quien las viera. Amigables diálogos entre dos enemigos acérrimos. Bancarrotas empresariales que degeneren en la criminalidad. Criaturas que fallezcan en las primeras veinte páginas del libro. Descripciones de la luz en el oeste de Escocia. Eventos que pongan el punto final culminante a la narración. Fuertes amistades que surjan tras un accidente. Gigantescas plantas de interior. Históricos personajes que se vistan con ropa del sexo opuesto. Incidentes puntuales de gran fortuna. Jerarcas escondidos en una chatarrería. Koalas que ataquen en manada al narrador de la historia. Luminosas descripciones de banquetes. Míticas criaturas de aspecto maligno pero que alberguen buenas intenciones. Norteñas ciudades europeas que puedan ser destino para una luna de miel. Ñiquiñaques de baja estofa. Ofensas imperdonables. Prendas de color púrpura. Quilombos que entorpezcan a la inteligencia artificial. Riesgos innecesarios a la hora de cruzar un puente. Sexo en lavabos. Traiciones cortesanas que impliquen al sobrino del rey. Usos de los viajes en el tiempo con el objeto de investigar filiaciones sospechosas. Visiones del niño Jesús. Westerns filmados en la Luna. Xenofóbicos tenderos en el barrio Salamanca. Yonquis rubios que se enamoren de una turista. Zoológicos que un director adopte como escenarios para sus estrenos. Etcétera. […]» (p. 14-15, mi traducción)

15 dic 2025

Reseña: Discriminations, de A.C. Grayling

A. C. Grayling, Discriminations: Making Peace in the Culture Wars (Londres: Oneworld, 2025). 267 páginas. 

Si has participado alguna vez en la sección de comentarios de cualquier medio, habrás visto sin duda en algún momento una salida de tono o sufrido un ataque personal por el simple motivo de haber expresado tu opinión. Ni siquiera este blog, que versa sustancialmente sobre libros, se libra de cobardes energúmenos que insultan a falta de la inteligencia necesaria para poder desarrollar un argumento que contradiga las opiniones que vierto en él. (Mira la sección de comentarios de esta reseña). Admito en cualquier caso que A. C. Grayling, el autor de este instructivo libro, no aplaudiría mi respuesta.

Las guerras culturales forman parte de la vida diaria en internet y en las redes sociales, de las cuales decidí abstenerme desde su aparición, pese a que muchos me habéis recomendado que ayudan a expandir no solamente los negocios sino también los buenos contactos. Australia ha adoptado recientemente la decisión de cerrar el acceso a ciertas redes sociales a los menores de 16 años. Es un hecho incontrovertible que la mayoría de esas redes son una selva sin ley. En ella hay salvajes fieras de todo tipo. No es de extrañar que mucha gente cerrara su cuenta en lo que se llamaba Twitter antes de que un billonario, que no duda en publicitar su muy dudosa ideología, lo comprara y pervirtiera.

Discriminations se divide en ocho capítulos, que están precedidos de un prefacio y una breve introducción, amén de notas e índice. Como en otros libros suyos (he reseñado otros tres hasta ahora: Friendship, Democracy and its Crisis, y Who Owns the Moon?), Grayling trata de explicar la cuestión primero, definiendo conceptos y concretando las cuestiones más o menos peliagudas o controvertidas. En este libro Grayling explica las ‘guerras culturales’ que siguen afectando el (llamémoslo así, pese a que en realidad en muchos casos no lo haya) debate político, ideológico o cultural de este siglo. Temas candentes son, por ejemplo, la ‘cultura de la cancelación’ y el ‘wokismo’ (la manifestación pública de adherencia a una conciencia de las injusticias sociales).

Estatua de Oscar Wilde en Merrion Square, Dublín. Fotografía de Phil Nash (Wikimedia Commons)
Adoptando una perspectiva básicamente filosófica, Grayling apunta a la discriminación y sus muchas formas (el racismo, el sexismo, la homofobia, la transfobia, entre otras) y señala repetidamente, mediante ejemplos, el enorme daño que ha causado y sigue causando la discriminación contra nuestros congéneres. Oscar Wilde, la Inquisición, el sistema de castas, Jim Crow, etc. Según él, el principio fundamental que ha de regir nuestra conducta y por ende nuestra oposición a todo tipo de discriminación debe ser, sin salvedad alguna, el de los derechos humanos como concepto clave para resolver los problemas que se plantean.

Además, Grayling muestra que la diferencia entre conceptos tan acostumbrados como ‘pecado’ y ‘delito’, definidos ambos desde marcos distintos como son el religioso y el jurídico, puede extrapolarse al tema de la discriminación y la cultura de la cancelación. Así, la religión impone castigos por ‘pecados’ que conllevan el avergonzamiento, la exclusión, el exilio e incluso la muerte. Grayling propone que se haga una clara distinción entre los intereses de personas (o grupos de personas) y los derechos de las personas. No se puede negociar el hecho de que todos tenemos derechos como seres humanos; sin embargo, para que se dé una coexistencia pacífica, cabe ajustar los intereses (especialmente los de grupos y movimientos políticos) de manera racional y sin que mellen en los derechos de cada individuo.

Grayling recurre al concepto de la ‘convivencia’ que, según muchos historiadores, se dio en ciertas ciudades de la península ibérica durante la Baja Edad Media (Toledo o Córdoba, por ejemplo) entre las culturas y religiones árabe, judía y cristiana: «De modo que lo deseable es la convivencia [en castellano en el original]; el eslogan para ella es no la unidad sino la armonía —y el factor decisivo es que la armonía se logra mediante el respeto mutuo de los derechos.

A su vez, eso requiere contar con una clara conciencia de la distinción entre derechos e intereses, pues mientras que el respeto por los intereses de los demás siempre y cuando no disminuyan o entren en conflicto con los propios es el camino obvio, puede ocurrir, y lo hace con frecuencia, que los intereses entren en conflicto. Cuando lo hacen, cabe encontrar las soluciones caso por caso. Con bastante frecuencia, el choque de intereses no se soluciona fácilmente, y entonces una o ambas partes salen perdiendo. Nuevamente, caso por caso, ello no es sistemáticamente una cuestión de injusticia; el hecho de que una zapatería pierda clientes porque otra zapatería cercana cuenta con vendedores más eficientes no implica injusticia alguna porque los intereses de una dejen fuera de la competición a los de la otra.

No obstante, hay evidentemente casos en los que los conflictos implican una injusticia; están los casos en los que los derechos de la parte perdedora han quedado subordinados a los intereses de la parte que sale ganando. Esta es, precisamente, la situación que se da en el racismo, el sexismo y en otras formas de discriminación. Y es aquí donde ha de realizarse la labor de lograr, de acercarse tanto como sea posible a, la convivencia». (p. 217, mi traducción)

Un libro que estimula la esperanza y la aceptación de la diferencia, en un día que ha amanecido muy triste y lleno de dolor para quienes queremos vivir en paz y que los demás también vivan en paz, aquí en Australia.

30 nov 2025

Reseña: God's Country, de Percival Everett

Percival Everett, God's Country (Boston, MA: Beacon Press, 2024 [1994]). 219 páginas.

«Lo primero que vi fue el humo. Era demasiado humo como para que estuviera saliendo por la chimenea, de manera que fustigué al caballo y me apresuré a ascender la colina. Mucho más que una grata lumbre en la chimenea: era mi casa, carajo, toda en llamas, ardiendo en un santiamén. Brotaban llamaradas rojas y amarillas que se alzaban entre una espesa humareda. Y alrededor de la casa había unos hombres que incluso en la distancia tenían una pinta cutre, rodeando la casa en sus caballos y dando grito. Dos de ellos arrojaron más antorchas en el interior de la casa, mientras que otros dos disparaban flechas por todas partes; uno de ellos llevaba a mi esposa colgada sobre la silla, como si fuera una alfombra. Ella estaba soltando una ristra de palabrotas, lo que me hizo sentirme orgulloso de ella, carajo. No podía distinguir las palabras, pero el tono era bueno para insultarlos y maldecirlos». (p. 3, mi traducción)

Es una tarde de 1871, el vaquero Curt Marder está volviendo al rancho que tiene en las afueras de un pueblito de mala muerte en alguna parte del oeste; desde una prudencial distancia, Marder es testigo de cómo una pandilla de forajidos disfrazados de nativos americanos asaltan y queman su casa, raptan a su mujer Sadie y matan a su perro de un flechazo. En vez de intentar salvar a su mujer, da media vuelta y se presenta en el saloon del pueblo, donde su relato provoca la lástima de los parroquianos y del dueño del bar, a quien le debe tres dólares. Todos los hombres que escuchan su historia coinciden en la imperdonable atrocidad de que hayan matado al perro, pero no parecen darle importancia al hecho de que Sadie haya sido raptada y, muy posiblemente, esté siendo víctima de violencia sexual mientras Marder mendiga unos tragos de whiskey.

Tras pasar la noche en un establo, Marder sale a buscar a Bubba, de quien todo el mundo dice que es el mejor rastreador de la zona. De camino al rancho donde esta Bubba topa con un joven muchacho, Jake, cuyos padres han sido asesinados (quizás por la misma banda de delincuentes). Los tres forman un inusual grupo en persecución de los criminales: Marder, sin un centavo, le promete la mitad de su tierra al rastreador Bubba (de raza negra) si consigue recuperar a Sadie. La mala suerte a la que parece estar condenado querrá que esa misma noche Marder pierda toda la propiedad en una partida de póker muy posiblemente amañada.

Esta es una deliciosa novela picaresca de la época moderna, ambientada en la frontera durante la conquista del Salvaje Oeste de los EE.UU. tras la Guerra Civil. Everett toma la estupenda decisión de adoptar la primera persona y hacer que sea Marder quien confiese sus temores, aprensiones, mentiras, cobardías y traiciones. Gracias a ello, de su boca sale contantemente un torrente de prejuicios resultado de su «flaca educación» imbuida de racismo y sexismo, además de una sarta de estupideces y demostraciones de ignorancia, múltiples mentiras, latrocinios y traiciones a quienes, en teoría, debería agradecerles su ayuda.

En poco más de 200 páginas encontrarás un poco de todo: peleas de bar, duelos a la puerta de un establo, la masacre de una tribu india, el atraco a un banco, el linchamiento de un pobre muchacho negro que no ha cometido ningún crimen, jóvenes mujeres que ofrecen sus encantos en el único hotel de la ciudad, entre otros variados incidentes. Evitando hacer un spoiler, diré que el desenlace no debiera sorprendernos. El mundo es como es y las conductas morales no siempre tienen cabida en él: además, Marder es quien es, como se deduce del primer párrafo de la novela.

Otro autor al que seguirle la pista: Percival Everett. Fotografía de Phibeatrice.

Everett publicó God’s Country inicialmente en 1994. Además de su corrosiva carga irónica, el libro destaca por la altísima calidad literaria de la voz que el autor genera para el protagonista, quien si viviera en 2025 sería muy probablemente un acérrimo seguidor de MAGA. El libro se lee en menos que canta un gallo y los nombres que Everett otorga a los estrafalarios personajes que Marder y Bubba van encontrando en sus desventuras te harán reír.

Me pregunto, sin embargo, la razón por la que ningún guionista o director de Hollywood no ha querido hasta ahora convertirla en una película. Hay en este libro una gran historia que no solamente entretendría a muchos; también podría transmitir un mensaje que es cada vez más necesario. ¿Irritaría a muchos espectadores que siguen creyendo que la expansión de los EE.UU. hacia el oeste fue una epopeya heroica en vez de la conquista brutal y homicida impulsada por el supremacismo blanco que sigue latente en el corazón del país?

28 nov 2025

Reseña: There's no Time like the Present, de Paul B. Rainey


Paul B. Rainey, There's no Time like the Present (Canadá: Drawn & Quarterly, 2025). 333 páginas.

Imaginemos por un instante que existiera la posibilidad de viajar en el tiempo y que la tecnología necesaria para ello fuera similar al Internet. ¿A que época del Tiempo irías? Para los tres personajes principales de esta novela gráfica del británico Paul B. Rainey, lo más provechoso de esa tecnología sería simplemente la posibilidad de ver episodios futuros de sus series y franquicias favoritas.

Los tres personajes, al comienzo de la obra, están luchando por abrirse camino en la vida, intentando sortear las dificultades que todo el mundo encuentra en esa tercera década (trabajo, vivienda, relaciones estables, etc.). Barry, que vive todavía con sus padres, es el típico nerd enganchado a las series de ciencia ficción, ganándose los cuartos quemando DVD con episodios futuros de series descargados de la llamada ultranet, que es el canal de entrada al futuro. Su mejor amigo se llama Cliff, también aficionado a Dr. Who y series similares. Cliff vive como inquilino en la casa propiedad de Kelly Elegance, adicta al yogur y a los batidos de chocolate. Cuando termina la jornada laboral, se sientan a ver episodios de sus series favoritas.

No hay mejor momento que el presente, así que fíjate en el menú, Barry. (p. 76)

No son personajes particularmente excepcionales, ¿verdad? En cierto modo, lo que les une es el hecho de que no han dejado completamente atrás la adolescencia. Las viñetas de Rainey se centran mayoritariamente en circunstancias cotidianas y en las reacciones a los sucesos que les afectan en el día a día mediante primeros planos de sus rostros.

Cuando el futuro amenaza con ser igual que el presente... (p. 102)

La novela se compone de siete capítulos, pero la historia comprende, grosso modo, tres partes. La ya mencionada sobre la juventud de los protagonistas, una segunda parte que se sitúa en la misma ciudad (Milton Keynes) unos cincuenta años más tarde, y la tercera, un continuo desplazamiento por el futuro en el que la narración sigue las vicisitudes y aventuras de Kelly en sus viajes por el tiempo.

Them geezers o'er there... (p. 205)

Es ciertamente una novela gráfica entretenida y de muy fácil lectura. Confieso, no obstante, que no me convenció la tercera parte. No porque crea que el recurso narrativo del viaje a través del tiempo es imposible además de absurdo; más bien, es el hecho de que los hilos que debieran ajustar la madeja de esta historia de manera más firme se antojan un tanto improvisados y sueltos.

14 nov 2025

Reseña: The Message, de Ta-Nehisi Coates

Ta-Nehisi Coates, The Message (Londres: Penguin Books, 2024) 232 páginas.

En 1967, el canadiense Marshall McLuhan llegaba a la conclusión de que «el medio es el mensaje». Mucho han cambiado desde esa época los medios de comunicación. Cabría cuestionarse hasta qué punto la máxima de McLuhan sigue siendo válida: las redes sociales son sin duda el medio más extendido y popular en esta segunda década del siglo XXI, pero apenas constituyen mensaje alguno. En tanto que medios, están vacíos de significado. La inanidad es su principal característica, ¿no?

Ta-Nehisi Coates publica este libro en 2024 con un título muy llamativo. Se compone de tres secciones digamos que son tres ensayos que Coates, profesor en Howard University (Washington DC), presenta a sus propios estudiantes para que se los valoren y evalúen. Cada uno de los tres capítulos presenta las reflexiones que un viaje a tres lugares diferentes del mundo provocan en el autor: Dakar (Senegal), Columbia (Carolina del Sur) y Cisjordania (Palestina).

La visita a Senegal le da pie a analizar los orígenes míticos del sistema colonial que los países europeos desarrollaron para justificar los excesos de dicho sistema. El tono general de esta parte es triste. Pasa de la nostalgia por un pasado irrecuperable a la realidad contemporánea de un país que sufre el cambio climático y del que quieren emigrar sus ciudadanos más brillantes.

En el siguiente capítulo, Coates visita a una profesora de inglés de secundaria de una escuela de Columbia llamada Mary Wood. La profesora quiere usar en sus clases un libro de Coates, Between the World and Me, pero se encuentra con la feroz oposición de quienes pretenden prohibir recursos educativos que explican la Teoría Crítica de la Raza y suprimir el empoderamiento de los jóvenes estudiantes que se enfrentan al racismo y a la ideología supremacista tan extendida en los estados sureños.

Pero es quizás la tercera sección, la más extensa, la que resulta ser más oportuna. El viaje a Palestina (de diez días de duración) se produce en 2023. Durante su estancia en los territorios ocupados de Cisjordania comprueba con estupor e indignación que el sistema discriminatorio en el que sus padres habían crecido en los EE.UU. (las llamadas leyes ‘Jim Crow’) se ha reproducido en Palestina de manera más sofisticada en parte gracias al uso de tecnologías de represión en buena parte financiadas por los propios EE.UU. Coates refiere que, si Israel fue fundado con el propósito de proteger a quienes fueron objeto de una persecución salvaje e inhumana, el estado israelí ha pasado a adoptar violentos sistemas de control de los pobladores palestinos, a quienes les niega su humanidad. En tanto que periodista, denuncia la supresión de las voces palestinas en el escenario mediático global.

¿Cuál es, por lo tanto, el mensaje? Como buen profesor, Coates insta a sus alumnos a que analicen cuáles deben ser los propósitos de la escritura. Y en el caso del periodismo, su puntos de vista sobre la situación actual de la profesión no deja lugar a dudas: «Los periodistas dicen escuchar “a las dos partes” como si un dios desinteresado hubiese establecido una oposición binaria. Pero son los propios periodistas los que están jugando a ser dios; son los periodistas quienes deciden qué partes son legítimas y cuáles no lo son, qué opiniones han de tenerse en cuenta y cuáles han de quedar excluidas del marco. Y ese poder constituye una extensión del poder de otros curadores de la cultura —los ejecutivos de las cadenas de TV, los productores, los editores— cuya función principal es decidir qué historias se cuentan y cuáles no. Cuando te borran de la discusión y te eliminan de la narrativa, ya no existes». (p. 148, mi traducción)

The Message se añade a toda una serie de ensayos que propugnan que la lucha contra la opresión debe ser de ámbito global y debe contar con la intercomunicación de la amplia mayoría de pobladores del planeta que quisiéramos hacer de él un mundo más justo. Es obligación del periodismo decidir contar historias de quienes no tienen acceso a los medios y de aquellos cuyas voces son silenciadas, ya sea mediante el borrado de su existencia o mediante la violencia de la guerra. Con demasiada frecuencia, advierte el autor de The Water Dancer, son los mismos que detentan el poder quienes manipulan la realidad con su discurso: «Puede parecer extraño que las personas que ya han alcanzado una posición de poder mediante la violencia inviertan tanto tiempo en justificar su expolio con palabras. Pero incluso los expoliadores son seres humanos cuyas violentas ambiciones deben enfrentarse a la culpa que los corroe cuando se encuentran con los ojos de sus víctimas. Y por lo tanto debe contarse una historia, una historia que levante un muro entre ellos y aquellos a quienes pretenden estrangular y robar». (p. 29, mi traducción)

Publicado este año también en castellano (El mensaje) por Capitán Swing, con traducción a cargo de Paula Zumalacárregui.

11 nov 2025

Reseña: Why Nations Fail, de Daron Acemoglu y James A. Robinson

Daron Acemoglu y James A. Robinson, Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty (Londres: Profile Books, 2013 [2012]). 529 páginas.

Los sistemas político-económicos nacionales fracasan de muchas maneras. No cabe considerarlos un éxito si albergan en sus sociedades tan atroces niveles de desigualdad que coexisten en ellos billonarios y pobres sintecho en apenas unos kilómetros cuadrados, o colegios privados con todo tipo de lujosas instalaciones y escuelas públicas en las que la falta de recursos influye muy negativamente en la educación de sus alumnos, por poner un par de ejemplos.

De una de las pruebas irrefutables de ese fracaso soy testigo todas las mañanas, de lunes a viernes, cuando acudo a la piscina local a hacer mis 36 piscinas (a veces más, según el día). Desde hace casi tres años, alguien duerme en su automóvil en un aparcamiento cercano a la piscina, sea invierno (con temperaturas de hasta -6 o -7 grados) o verano. Siendo Australia un país rico que parece gozar de las instituciones inclusivas que tanto ensalzan los autores, existen a pesar de ello muchos reductos de pobreza. Se calcula que hay en Australia cerca de veinte mil menores de edad que no tienen un techo bajo el que dormir por las noches. Se puede hablar por tanto de un fracaso, tanto a nivel microeconómico como (micro)político.

Mas la tesis de Acemoglu y Robinson es obviamente de un ámbito macro. La razón de que haya estados cuyo fracaso los aboca a la pobreza y al subdesarrollo, según los autores, tiene una estrecha conexión con la existencia de instituciones económicas extractivas (ejemplos de estas serían los monopolios, el feudalismo y el esclavismo). Este tipo de instituciones económicas conllevan no solamente la mala gestión de los recursos, sino que ayudan a que quienes detentan el poder político se agarren a él como a un clavo ardiendo y continúen reforzando las antedichas instituciones económicas.

El libro esta repleto de ejemplos históricos con los que los autores quieren demostrar su teoría. Niegan en un principio que los factores geográficos o culturales sean determinantes. El primero es un punto problemático y discutible. Me resulta inconcebible que los factores geográficos y naturales se vean como virtualmente irrelevantes en este estudio.

Los autores recibieron el Nobel de Economía en 2024. Este libro se publicó en 2012, y no deja de ser una defensa a ultranza de las democracias liberales occidentales y el modelo capitalista liberal que domina la economía mundial, nos guste o no.

Una mañana llegó al Departamento, cambiando para siempre el proceso de edición y corrección de textos. Ciertamente produjo una destrucción creativa. El Apple Macintosh 512K. Fotografía de Maksym Kozlenko. «El miedo a la destrucción creativa es la principal razón por la que no hubo un incremento sostenido de los niveles de vida entre el Neolítico y las revoluciones industriales. La innovación tecnológica hace prósperas a las sociedades humanas, pero también implica la sustitución de lo viejo con lo nuevo, y la destrucción de los privilegios económicos y el poder político de ciertas personas. Para que haya un crecimiento económico sostenido necesitamos nuevas tecnologías, nuevas maneras de hacer las cosas, y por regla general vendrán de los neófitos […]. Puede que haga que la sociedad sea próspera, mas el proceso de destrucción creativa al que da inicio amenaza el sustento de quienes trabajan con tecnologías anticuadas». (p. 183, mi traducción)    

Además de la cuestión geográfica, los autores parecen soslayar el factor humano en muchos de los ejemplos de naciones que a lo largo de la historia han sido víctimas de sus instituciones extractivas y el círculo vicioso al que se abocan: cuando riqueza y poder se concentran en unas pocas manos (élites), aumenta su capacidad para dilatar ese poder y reforzar las instituciones que sostienen a quienes detentan el poder (político y económico).

Why Nations Fail no es un libro de historia, pero los autores realizan un largo recorrido por la historia universal con el objeto de demostrar su tesis. Y pienso que es ahí donde realmente aparecen algunas grietas en su tesis. Afirman acertadamente Acemoglu y Robinson en lo siguiente: «La desigualdad en el mundo de hoy existe porque durante los siglos XIX y XX algunas naciones pudieron aprovechar la Revolución Industrial y las tecnologías y métodos de organización que esta trajo consigo, mientras que otras naciones no pudieron hacerlo. El cambio tecnológico es solamente uno de los motores de la prosperidad, pero es quizás el más decisivo. Los países que no aprovecharon las nuevas tecnologías tampoco se beneficiaron de los otros motores de la prosperidad. […] ese fracaso se debió a sus instituciones extractivas, bien como consecuencia de la persistencia de sus regímenes absolutistas, bien porque carecían de estados centralizados. Pero este capítulo también ha demostrado que, en varias instancias, las instituciones extractivas que sustentaban la pobreza de estas naciones fueron impuestas, o como mínimo aún más reforzadas, por el proceso mismo que estimuló el crecimiento europeo: La expansión comercial y colonial. De hecho, la rentabilidad de los imperios coloniales europeos a menudo se basó en la destrucción de sistemas políticos independientes y economías indígenas en todo el mundo, o en la creación de instituciones extractivas esencialmente desde cero, como en las islas caribeñas, en las que, tras el colapso casi total de las poblaciones nativas, los europeos importaron esclavos africanos y erigieron los sistemas de plantaciones». (p. 271, mi traducción)

Muy bien. La colonización cimentó las instituciones extractivas que existían ya en esos países además de decimar las poblaciones locales de esas tierras. Pero los autores alaban repetidamente el proceso de creación de instituciones inclusivas de Inglaterra tras su Revolución Gloriosa de 1688 y subrayan que, gracias a ese evento, los ingleses avanzaron en el desarrollo económico y político que ayudó a que se diera la Revolución Industrial y el progreso tecnológico que trajo la prosperidad: «Inglaterra contaba con una amplia coalición de reciente formación, compuesta por comerciantes en el Atlántico, industrialistas y una alta burguesía con inclinaciones comerciales, que estaba a favor de que los derechos patrimoniales se cumplieran a rajatabla». (p. 410)

Discrepo: estaban a favor de que se cumplieran sus derechos patrimoniales, evidentemente no los de los demás, especialmente los derechos de los pueblos a los que impusieron su colonización. Los derechos de las poblaciones indígenas, tuvieran o no instituciones extractivas o regímenes absolutistas o autoritarios ya existentes, no contaron para ninguna de las naciones europeas que durante siglos se dedicaron al hurto, a la transformación irreversible de entornos naturales y a la sobreexplotación de los recursos y la esclavitud de las personas.

Otros capítulos de Why Nations Fail están dedicados a China y a la ayuda exterior. Del gigante asiático los autores pronostican que no podrá sostener el crecimiento porque no cuenta con instituciones políticas inclusivas. Respecto a la ayuda exterior, la critican ferozmente porque apenas consigue llegar a quienes realmente debería estar destinada.

Es un libro atractivo y de lectura fácil. Una pega que se le puede poner es que a ratos resulta un poco repetitivo. Cabría preguntarles a los autores si piensan que el modelo de los EE.UU., donde las élites económicas han irrumpido en las instituciones políticas, sigue siendo un ejemplo de éxito o si se trata de una nación encaminada al fracaso. El tiempo lo dirá.

Thanks, Jeff, for the tip. Cheers, mate.

28 oct 2025

Reseña: Olga Dies Dreaming, de Xochitl González

 
Xochitl González, Olga Dies Dreaming (Londres: Fleet, 2022) 373 páginas.

En una reseña anterior, la que escribí hace apenas dos o tres semanas sobre Monkey Boy, de Francisco Goldman, mencionaba esa suerte de profecía que hizo Carlos Fuentes en los años 90 a propósito de la coexistencia del inglés y el español en los EE.UU. El Spanglish es ya una realidad, de manera que, puesto que soy alguien who moves constantly, daily, between the two languages, se me ocurre una idea un tanto provocadora.

Yes: this is un reto, qué carajo, to those Latino writers out there in the USA que escriben en inglés pero que quizás piensan tanto en castellano como en la otra lengua. ¿Quién será el autor o la autora que, one day, will make it possible for us readers to leer una novela unida por las dos lenguas? Is it enough to scatter unas cuantas palabras en castellano across two hundred, three hundred pages of a novel, simplemente para aderezar con una pizca de sabor latinoamericano un pinche libro estadounidense? IMHO, no, it is nowhere near enough.

Se me dirá probablemente algo un rato socorrido: “Es el mercado, amigo”. Sure, the market rules, pero también el mercado se podría abrir to new, audacious perspectives. The sky would not fall, ¿no  crees?

Olga Dies Dreaming narra las vidas de la protagonista y su hermano. Ambos son Nuyoricans (born in New York, de ascendencia portorriqueña). Olga labura como wedding planner, ha aprendido las triquiñuelas necesarias to make some extra dollars out of gullible wealthy people and then some. Prieto, el hermano, es político (quite obviously a Democrat; I mean, this is New York, the city that never sleeps and hates Donald Trump!). Desde muy pequeños, ambos han conocido el ideal de lograr la independencia para Puerto Rico. In fact, their mother left them and joined radical leftwing groups in Central America and la Isla del Encanto.

Gonzalez intercala algunas cartas de la madre en la narración. El efecto es surprisingly positive, pues te permite ir deduciendo where the whole thing is heading. Los hermanos, en sus vidas públicas, tratan de esconder certain family secrets (their father died of AIDS as a result of his heroin addiction; Prieto is gay, pero no se atreve a salir del armario).

La novela progresa hacia 2017, camino de un desastre con nombre de mujer: el huracán María. When Puerto Rico is flattened by the hurricane, la miserable respuesta de la administración colonial enciende los ánimos en la isla. Olga y Prieto viajan con el propósito de hacer whatever they can do to help. Una vez en la isla, they find that their mother is the anonymous leader of a pro-independence group que sí está ayudando a la comunidad tras el desastre.


El subtexto es francamente político, pero no primordial. La historia de Puerto Rico desde la colonización castellana should be enough to make Jesus weep. Xochitl Gonzalez condimenta estos temas con diversas subtramas (romantic stuff, family disputes, local politics, sexual assault) y muchos personajes, muy variopintos. Olga Dies Dreaming ain’t half bad, if you know what I mean. La pregunta que le haría a la autora es si le tentó la idea de hacer hablar a muchos de sus personajes en castellano en vez de hacerlo mayoritariamente en inglés. The more, the merrier. Many a scene from the book would definitely improve si las conversaciones sonasen un poquito más genuinamente portorriqueñas.

Los macheteros. La enseña del Ejército Popular Boricua. Fotografía de BaptisteGrandGrand

Compruebo con mucha sorpresa que Xochitl Gonzalez ha publicado dos ediciones de la novela en castellano (Olga muere soñando (2024) una en Planeta México y otra en “español neutro” en Planeta).

16 oct 2025

Reseña: I Ate the Whole World to Find You, de Rachel Ang

Rachel Ang, I Ate the Whole World to Find You (Melbourne: Scribe, 2025). 316 páginas.

El libro cuenta con un título que promete (algo así como ‘Me comí el mundo entero para poder encontrarte’), pero se trata de un volumen que trata temas muy actuales con una perspectiva sombría. La australiana Ang recopila cinco cuentos gráficos en los que la protagonista es una misma mujer, Jenny. Cada una de esas historias revela un episodio bizarro o traumático para ella.

Gran parte de lo que la autora quiere transmitirnos se expresa por medio de los dibujos. Las expresiones faciales de los personajes te dan a entender perfectamente la tristeza, los desaciertos en la comunicación, los atropellos y humillaciones, los anhelos malogrados por la pobre interacción que tiene lugar entre seres humanos que, si bien se conocen, nunca logran traducirlos correctamente mediante palabras.

 

En la primera historia, ‘Hunger’, Jenny descubre que el chico con el que está comenzando a desarrollar una relación romántica persigue un objetivo muy inquietante por el que quisiera convertirla en un objeto de capricho morboso.

En ‘The Passenger’, Jenny viaja en tren junto a su ex y a su nueva amiga, perdida en sus pensamientos sin control. La ficción convierte el momento en un desastre: el tren descarrila. Página tras página, los bocadillos de los personajes se presentan vacíos de texto. Vacilaciones, dudas, inseguridades. La incapacidad de comunicarse se desborda en un caos alucinatorio. Este capitulo enlaza perfectamente con el siguiente, ‘Your Shadow in the Dark’, en el que Jenny está hablando con su prima por Skype cuando un recuerdo desagradable de su niñez provoca una crisis entre ellas. Como suele ocurrir, las palabras o la ausencia de estas causan malentendidos y sinsabores.

En la cuarta parte, ‘Swimsuit’, Jenny acude a una piscina de verano con un amigo. La cita no parece estar yendo a ninguna parte: hay sentimientos que no son correspondidos. De repente, se produce un grave incidente racista en la piscina. Su reacción a este suceso es muy diferente de la de su amigo.



El capítulo final se titula ‘Purity’, un recorrido vital con parto incluido, un homenaje a la maternidad y al cuerpo femenino: «dos almas que conectan en el mundo», reza la primera viñeta, en la que Jenny sostiene en alto un bebé.

I Ate the Whole World to Find You refleja una visión crudamente lúgubre de la sociedad de nuestra época y de la incapacidad para comunicarnos cuando más herramientas tecnológicas parecemos tener a nuestro alcance para ello. Algo falla, sin duda.

12 oct 2025

Reseña: Monkey Boy, de Francisco Goldman

Francisco Goldman, Monkey Boy (Londres: Grove Press, 2021). 323 páginas.

La migración es una cuestión que, tras mis casi 30 años como emigrante, continúa despertando mi interés, tanto en un ámbito sociopolítico como en el literario. La identidad del migrante en el país de destino la marcan numerosísimos factores, naturalmente. En los Estados Unidos de América, donde los migrantes ya son objeto de caza y captura por parte de un régimen que no esconde sus verdaderas intenciones, la literatura producida por migrantes o descendientes de migrantes goza de una excelente salud, a pesar de (o quizás precisamente a causa de) la represión reinante.

En el telón de fondo lingüístico pareciera estar teniendo lugar un forcejeo entre la ‘vieja América’ anglosajona y el futuro, entre el inglés y la lengua castellana, escenario que parecía intuir entre líneas el gran Carlos Fuentes en un artículo de 1998 (ojo, casi 30 años): «en el siglo por venir, nada se ganará con oponer el castellano y el inglés en los Estados Unidos. Como parte y cabeza de una economía global, los Estados Unidos deberían renunciar a su actual condición, oscilante entre la estupidez y la arrogancia, de ser el idiota monolingüe del universo» (EL PAÍS, 18 de junio de 1998). «Cosas veredes», don Carlos. No solo no han renunciado, sino que le han regalado al idiota monolingüe las riendas del poder.

En la época en que apareció el artículo, me gustaba compartir ese texto con mis mejores estudiantes de lengua castellana y apreciar las reacciones que producía entre australianos angloparlantes que querían mejorar sus destrezas lingüísticas en castellano. En cierto modo, muchos razonaban que la convivencia de las dos lenguas era en el largo plazo era lógica. La convivencia se da y se seguirá dando. A todo periodo de oscuridad le sigue uno de iluminación.

Monkey Boy es una autoficción que se disfruta por muchas razones. Por su elástica prosa y su constante y excelente ritmo narrativo, por el coctel de humor, ironía, traumas y vivencias que sirve Goldman, y quizás por la presencia de cadencias centroamericanas en el inglés de Goldman, cadencias y ritmos que sospecho podrá detectar quien realice un profundo análisis discursivo de la novela.

Goldman crea un alter ego llamado Francisco (Frankie) Goldberg. El personaje y narrador, como el autor, es el hijo de un padre judío-americano de origen ucranio y de una mujer guatemalteca que cuenta con algún antepasado de la vieja Castilla y posiblemente alguno de origen africano. Hay muchas otras coincidencias del narrador protagonista con la verdadera personalidad del autor: creció en un barrio de las afueras de Boston, reside ahora en la ciudad de México, y ha desarrollado su carrera profesional trabajando como periodista. Como Goldman, Goldberg ha publicado libros, entre ellos un reportaje en torno al asesinato de un obispo guatemalteco y las violaciones de derechos humanos en el pequeño país centroamericano. Se puede, por lo tanto, leer como un guiño a una posible autobiografía, que Goldman parece no querer escribir.

«…una verdad fundamental de la guerra de Guatemala siempre fue que quienes más riqueza y poder tenían que perder eran los más indiferentes respecto a saber cuántos habían sido masacrados: jóvenes madres, bebés, pueblos enteros, lo que fuera, no les importaba en absoluto. Hasta el día de hoy están seguros de que estaban en el lado correcto de la Historia, aunque lo único que puedan mostrar sean narcoestados fallidos con poblaciones que pasan hambre y de donde todo el mundo intenta largarse como carajo pueda, y ahora viene el siguiente narcopresidente, el General Cara de Culo, ‘a good boy’, según lo calificaba el embajador gringo en un artículo de periódico el otro día». (p. 63, mi traducción) El exgeneral Efraín Ríos Montt. Fotografía de Elena Hermosa / Trocaire.

Goldberg cuenta una vida en un viaje de cuatro días —de jueves a domingo— durante los cuales visita a su anciana madre en la residencia donde esta internada y a su hermana, a quien no ve con regularidad. Es la presencia constante del padre, el recuerdo imborrable de la violencia tanto física como psicológica y el menosprecio con los que trataba a Frankie, el hilo conductor de buena parte de la narración. Incluso describe el momento en que, ya con la fuerza de un adolescente harto de las constantes humillaciones, se rebela y le devuelve los golpes de una vez, derribándolo en el jardín de la casa. Nunca más volvería a ponerle un dedo encima.

No todos los recuerdos son tan negativos o traumáticos. Con el paso de las páginas, la novela se convierte en un entrañable homenaje a la madre, cuya memoria se ha ido deteriorando con el paso de los años. Es la experiencia migrante de la madre la que Goldman quiere transmitir: el tira y afloja que se produce entre el lugar de origen y el país de adopción.

Monkey Boy es una novela de la que realmente uno disfruta. Goldman adopta una estrategia que da muchos dividendos y que un lector atento agradece. Renuncia al uso de las comillas para expresar el estilo directo y con frecuencia te obliga a que deduzcas quién es el que habla. En la novela, el tiempo avanza y retrocede conforme los recuerdos de Frankie lo hacen necesario, pero en ningún momento se rompe la lógica narrativa.

En la antesala de la vejez, Goldberg/Goldman se pregunta si ha perdido el tren de la ‘normalidad’: pareja, hijos, hogar estable, etc. Quizás la cuestión no sea esa. Para alguien que es fruto de tantas ricas identidades, la normalidad quizás estribe en interiorizar todas esas vetas culturales, raciales y políticas y hacer de ellas un manifiesto existencial.

Monkey Boy la publicó en 2022 en castellano la editorial Almadía, con traducción a cargo de Daniel Saldaña París.

3 oct 2025

Reseña: La manada, de María del Mar Ramón

 

María del Mar Ramón, La manada (Bogotá: Planeta Colombiana, 2021). 280 páginas.

74 450 palabras, se anuncia en la tapa que contiene este libro. Algo inusual, ciertamente. Como si el número de palabras fuera a convencer al posible lector. El título les recordará a muchos el caso de la violación grupal de una joven durante los sanfermines hace ya nueve años. La novela de la colombiana María del Mar Ramón no trata estrictamente de un suceso como el de Pamplona, pero es una historia tan brutal y macabra como aquella y, desde luego, tan plausible.

El caso de la manada española marcó un antes y un después. O al menos, eso quisiéramos muchos. Fotografía de ProtoplasmaKid.  
El inicio es trepidante y violento. Solamente en los tres primeros párrafos, la palabra ‘sangre’ figura hasta cinco veces. La voz narradora nos revela que el protagonista, Hache, y la víctima, Juani, «se habían hecho la primera paja juntos viendo pelis porno a escondidas, a los doce años. Tampoco … contó que cuando el padre de Juani había muerto, Juani había vivido con él durante un mes…» (p. 16) ¿Qué llevó al victimario a matar a golpes al que fue durante mucho tiempo su buen amigo Juani en un parque de Bogotá?

En una novela que presenta algunos altibajos en su ritmo, la autora utiliza la técnica del flashback constantemente, de manera que la conjunción de circunstancias que conducen a que Hache consume esa salvajada se nos va revelando poco a poco. Del descalabro financiero y emocional de su familia se pasa al quebranto moral de un adolescente perdido y confuso al que se le hace insoportable la presión de sus pares al verse obligado a cambiar de colegio.

Como telón de fondo, la hipocresía reinante en los miembros de la alta burguesía bogotana, atados por una lógica de raíces absurdamente coloniales a la apariencia y sus ambiciones de estatus. Se vive en una sociedad que es nociva en cuanto que alimenta una forma altamente tóxica de concebir las relaciones interpersonales: imperan la inseguridad y la violencia física y sexual en detrimento de la empatía y la comprensión emocional. ¿Es de extrañar que alguien como Hache caiga en la trampa de formar parte de una manada de asesinos, violadores?

La manada es un oportuno intento por parte de María del Mar Ramón de desentrañar las claves que marcan lo que nunca deja de ser una tragedia predecible. Al libro, no obstante, le habría venido bien que un corrector de estilo lo hubiese revisado. No tiene mucho sentido que el registro del habla coloquial bogotana irrumpa en la sintaxis de la voz narradora omnisciente. Chirría.

Muchas gracias a la bogotana Ingrid, la sobrina de su tío, que me trajo La manada desde allá.

1 oct 2025

Reseña: Who Owns the Moon? de A.C. Grayling

A.C. Grayling, Who Owns the Moon? In Defence of Humanity's Common Interests in Space (Londres: Oneworld, 2024). 196 páginas.

El subtítulo de este libro del filósofo británico nos propone la «defensa de los intereses comunes de la Humanidad en el espacio», mientras que la ilustración de la portada, un montaje impagable, muestra en mitad de un paisaje lunar un cartel que reza: «FOR SALE». Pero solamente quien es propietario de algo tiene derecho a venderlo, ¿no?

La pregunta que plantea Grayling podría parecernos prematura (no lo es) e incluso capciosa: nada ni nadie vive en la Luna. Y sin embargo, ha comenzado una carrera en la que no solamente participan diversos estados. También hay grandes corporaciones mineras que contemplan la explotación de nuestro único satélite natural y los recursos que contiene y la posibilidad de emplear la Luna como la base potencial para reenviar naves espaciales a Marte y a otras partes más lejanas del sistema solar. Será ciencia ficción, claro, pero solamente hasta que deje de serlo.

De hecho, Grayling no especula mucho sobre lo que pudiera ocurrir a finales de este siglo o el siguiente. En lugar de eso, el autor retrocede en la Historia y analiza los precedentes de que disponemos para razonar sobre la gran cuestión: ¿De quién es la Luna? Grayling acude a los tratados internacionales que regulan zonas terrestres que, al menos en teoría, no pertenecen a nadie porque nadie puede vivir en ellas: la Antártida, los océanos y los fondos marinos. Los antecedentes no son como para confiarse. Hay tratados, sí, pero tienen bastantes limitaciones, no todos los países los han ratificado y su vigencia tiene fecha de caducidad (ojo, es el caso del de la Antártida). Además, en el caso de la pesca en aguas internacionales, son numerosos los países que se pasan los tratados por la faja.

No contento con mostrarnos la triste realidad en torno a esos convenios internacionales, Grayling indaga en una verdad histórica que debiera causar vergüenza en los países occidentales. Se trata del proceso histórico que conocemos como repartición o la “carrera por África”, la descarada apropiación por parte de los europeos del territorio africano, en un periodo que va desde finales del siglo XIX hasta los inicios de la I Guerra Mundial. En esa carrera participaron Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Portugal, Bélgica y España. Las consecuencias de esa voraz rapiña las conocemos de sobra y seguimos siendo testigos de que lo acontecido entonces tiene conexión directa con los fenómenos migratorios de la primera mitad del siglo XXI. Políticos fascistas, racistas y xenófobos podrán negarlo todo lo que quieran, mas es una verdad incontestable.

Grayling, en definitiva, alerta de los más que probables conflictos que acarreará la inevitable explotación comercial de la Luna: «[…] tratar el espacio como una terra nullius sin regulación alguna de la explotación comercial constituye un método inequívoco para causar problemas tanto en el espacio como en la Tierra, pues tenemos – habrá que repetirlo una y otra vez – amplias pruebas de lo que normalmente provocan las carreras incontrolables por adquirir ventajas y beneficios. Por razones de prudencia, ya que no por otras, asegurarnos de que el espacio no se convierta en motivo de perturbación de la paz en el sentido militar del término exige asegurarnos de que se preserve también en dicho ámbito la paz comercial. Eso parecería ser de sentido común» (p. 112, mi traducción).

Si en nuestra época hay algo demostradamente incompatible con el sentido común, ese algo se llama capitalismo neoliberal. Grayling insiste en el hecho de que la Luna no tiene propietario. Lo que urge es un «reconocimiento de que, si bien nadie es dueño de la Luna, no obstante, porque es parte de la ‘herencia común de la humanidad’, todos somos responsables de ella» (p. 112)

En mi opinión, sería mejor dejarla tranquila otros mil millones de años. La lluna, setembre de 2022. Fotografía de Dinkun Chen.
El autor no ofrece ninguna solución. No es ni su competencia ni su misión hacerlo. Con carácter meramente informativo, el libro agrega tres apéndices: los tres tratados antes mencionados (el Tratado de las Naciones Unidas sobre el espacio ultraterrestre de 1967, el Tratado Antártico de 1961 y algunos extractos de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982).

La próxima luna llena, aquí en la tierra de los Ngunnawal, se producirá el martes 7 de octubre de 2025, a las 2:47 de la tarde.

27 sept 2025

A Social Truth, not TruthSocial


“Observad. El cadáver purulento de la podredumbre estadounidense empotrado en un traje que no queda nada bien: La sordidez de un estafador, la cobardía del que se evade del servicio militar, la glotonería de un parásito, el racismo de un miembro del Ku Klux Klan, el sexismo de un asqueroso tipejo de callejones oscuros, la ignorancia de un borrachito de taburete de bar, y la avaricia de un monstruoso demonio de un fondo especulativo —todo él bañado con un espray de color naranja y exhibido como marrano galardonado en una feria de condado. No es un presidente. Ni siquiera es un hombre. Solamente la síntesis enferma de todo lo que este país jura que no es, pero que siempre ha sido —arrogancia disfrazada como excepcionalismo, estupidez que se hace pasar por sentido común, crueldad que se nos vende como dureza, codicia exaltada como ambición, y corrupción adorada como un evangelio. Es la sombra de los EE.UU. hecha carne, un ídolo de calabaza podrida que demuestra que, cuando una nación se arrodilla ante el dinero, el poder y el rencor, no solamente pierde el alma: Ha cagado una obscenidad desmesurada y la llama su líder.” Oliver Kornetzke, 18 de agosto de 2025.


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